Carta de amor a Beirut

Es Beirut.

Huelo la nostalgia, el más barato de los sentimientos, como el melodrama de echar la vista atrás constituye una de las posturas más patéticas. Todos lloran la ciudad que fue y continúan con sus vidas, como si el llanto pudiera sustituir al amor o ser su contrario, pues la tristeza nostálgica sugiere inocencia. Hasta la cultura sufre de la incapacidad del pasado y de la nostalgia de lo que fue.

Es Beirut, que celebra mañana su muerte y todos se apresuran a compadecerse de ella. Veo a la Beirut que amamos todos y a la que nadie ama. Veo a la nostalgia devorando las palabras, pues Beirut se ha convertido en un recuerdo de Beirut: la Beirut de los sesenta, la Beirut de la bonanza, la Beirut de la cultura, la Beirut de los pudientes árabes, la Beirut del etcétera.

No, Beirut. No te quiero como un pasado al que le han sobrevenido las alucinaciones. El amor más sencillo es el pasado, pues el pasado nos libera de la pasión, haciendo de la relación una mera palabra que masticamos y escupimos cuando deseamos.

No, Beirut. No eres una palabra, ni un recuerdo, ni una idea. Tus restos se han mezclado con los nuestros y te has convertido en nuestro cuerpo deformado y alma destrozada. Eras una ciudad y te has transformado en un cuerpo. Todos nuestros espejos han estallado en tus recodos y te has convertido en un espejo de nuestras almas, nuestra voz y nuestro silencio; nuestros ecos se han colado en tu mar. Y cada noche, en mitad de la sombría oscuridad, escucho el eco de las almas de las víctimas, que emiten un débil gemido.

Tu noche, Beirut, es el dibujo de nuestra imagen en la oscuridad. El carbón ha dibujado nuestras almas sobre tu tierra, que sigue abrazando la sangre, restos, cristales y escombros que quedan.

No amo a tu imagen, sino que te amo a ti, como eres. Amo tu pobreza, tu tristeza, tu desesperación y tu decepción. Amo tu silencia y tu ira. Amo tu amor y tu odio, y el gemido de la justicia que vaga perdido por tus calles. Amo tu rebeldía y tu colapso. Te rebelas contra los asesinos y te aplastan el hambre y la pobreza. Amo tu sentimiento de abandono frente al dragón que te ha destruido para vengarse de tu revolución y libertad.

No, Beirut, somos nosotros los que teníamos por destino tu muerte y hemos muerto contigo. Te amamos porque las almas que amamos se han convertido en paredes para nuestras paredes derrumbadas. Escucha nuestras voces, Beirut.

No digas que desperdiciaron tu dignidad cuando te destruyeron y se quedaron mirando el resultado mientras proseguían con el juego del poder, la intimidación y el saqueo. Sí, te han destruido, pero tu dignidad la protegieron los ojos de tus jóvenes, que se apagaron con las pelotas de goma que les dispararon y la cercaron las víctimas con el agua que quedó bendecida con la sangre en el bautismo de la muerte.

No es esta tu primera destrucción, Beirut. Te destruyeron los bombardeos indiscriminados y los invasores y el monstruo israelí trató de asesinarte, mientras el despotismo no dejaba de intentar matar tu alma, pero resististe por nosotros porque nosotros lo hicimos por ti. Y sin embargo, el 4 de agosto de 2020, llegó el auge de la destrucción. Te hicieron estallar con las armas más destructivas: trajeron nitrato de amonio para convertirte en una plataforma de muerte, por lo que fuiste la principal asesina y la mayor víctima.

No, Beirut. Te queremos con amor y el amor, querida, es que el amante se derrita en el amado y que se mezclen la copa y el vino, como escribió Suhrawari, de forma que resulte imposible distinguir entre el recipiente y el alma. Nosotros somos el recipiente y tú, el alma, o tú eres la copa y nosotros, el vino. Después de que destruyeran nuestra copa, nuestra misión fue reunir las astillas de nuestra alma desperdigadas entre los cristales y escombros para vendar tu herida y la nuestra, y tener siempre una cita contigo.

Intentamos no faltar nunca a esa cita, pero descubrimos que el dragón del régimen ataca todas las posibilidades de justicia para protegerse de la rendición de cuentas. Un dragón con varias cabezas que se enfrentan entre sí para quedarse con el poder de la intimidación y el saqueo, pero que están de acuerdo en una cosa, que es matarnos y matar nuestra ciudad.

Te escucho susurrar entre las grietas de tu destrucción tu sabio mensaje, que debemos aprender a transformar en actos. Beirut nos ha dicho que, en mitad de su destrucción, ha descubierto la realidad de que la estructura autoritaria libanesa se basa en dos fórmulas.

La primera, que ya conoce todo el mundo, es que el régimen sectario mafioso es más fuerte que el Estado y que el Estado no solo es débil, sino que cada día lo es más; es decir, que la fuerza del régimen no nace solo de una fragilidad estructural del Estado, sino también de la decisión de los bloques hegemónicos sectarios de debilitarlo y destrozarlo. Cuanto más colapse el Estado, más aumentará la fuerza del régimen con sus componentes sectarios mafiosos. El régimen se dedica hoy a destruir, saquear, arruinar y humillar al Estado y sigue insistiendo en subirse al carro de lo que queda de él.

Así es como leemos tu explosión, Beirut. La posibilidad de que se nos ignore está ahí y su papel está claro, pero ello no solo expresa la indiferencia y la irresponsabilidad frente a la vida, sino que lleva en su interior las intenciones delictivas que el régimen esconde contra esta ciudad, que se rebeló contra él y sus fantasmas déspotas árabes. Es así como los asesinos vieron en Beirut un objetivo contra el que dirigir sus rencores, y se reunieron en su contra desde el extremo de la normalización despótica hasta el extremo de la dictadura que pretende normalizar la situación y someter a la gente a la humillación. 

Se han vengado de ti, oh ciudad que nace de las olas y del aroma de los pinos. Se vengaron de la ciudad de los extranjeros y los pobres, sabiendo bien lo que hacían.

Eres nuestra, de nosotros que te amamos en tu salud y tu enfermedad, en tu miedo y tu valentía y en tu modestia y tu orgullo. Eres nuestra ciudad, convertida en un cuerpo, y nuestros cuerpos convertidos en ciudad. Te amamos y morimos contigo, para vivir por ti y en ti.

Elías Khoury, Al-Quds al-Arabi, 3 de agosto de 2021

Traducción del árabe: Naomí Ramírez Díaz

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