Esta no es Beirut

 

Dejamos a continuación la traducción de un texto de Elías Khoury, escritor libanés, sobre lo que supone la explosión del puerto de Beirut, sobre los orígenes y causas de semejante suceso y sobre el futuro que espera a un país asolado por sus élites, siempre con su característico tono poético.

Hiroshima en Beirut: el poder devastador de la explosión en el ...

Esta no es Beirut.

No. Esta es Beirut, una ciudad destruida y herida, en la que la sangre cubre con cristales los ojos: una ciudad asfaltada con cristales, como si estos se hubieran convertido en ojos arrancados que llenan las calles. En Beirut debes caminar sobre tus ojos para ver y, cuando lo consigues, te quedas ciego.

La ciudad de la ceguera de cristal, el nitrato de amonio y la vorágine de la explosión que se ha tragado a las personas y ha partido en dos el mar.

Esa no es Beirut.

Llevamos cuarenta y cinco años diciendo de Beirut que no es Beirut. Hemos perdido Beirut y la seguimos buscando en el pasado imperfecto. “La ciudad que no es”. Ese es el nombre que le pusimos a la ciudad desde el inicio de la devastación provocada por la guerra civil, estableciendo un vínculo entre Beirut y su pasado.

Pero ayer, cuando caímos al suelo ante el monstruo que estalló en el puerto de la ciudad, descubrimos que esta destrucción es nuestra ciudad, que esas casas despojadas de muros son nuestras casas, y que ese quejido de dolor es el nuestro.

Esa es Beirut, gente, apartad los ojos del suelo y mirad a vuestra ciudad en el espejo de esta devastación. Dejad de buscar su pasado imperfecto.

No os sorprendáis, pues la explosión que ha convertido vuestra ciudad en escombros no es casualidad ni error, sino que es esa realidad que habéis intentado ocultar mucho tiempo, la de una ciudad asolada por los ladrones, dominada por ignorantes y destrozada por los señores que están al servicio de las potencias extranjeras. Una ciudad que ha estallado porque estaba tirada en el lecho de una larga agonía.

No preguntéis a la ciudad por el nombre de su asesino: la han asesinado sus gobernantes. Beirut lo sabe y todos vosotros también. El asesino de la ciudad es quien quiso matar la revolución del 17 de octubre mediante la creación de un gobierno de marionetas tecnócratas y sacó a los perros de la represión a las calles.

Los asesinos de la ciudad son las mafias de los partidos sectarios que tomaron el control del país y anunciaron el final de la guerra civil transformando el espectro de la guerra en un sistema político.

El asesino de la ciudad es quien eligió a Michel Aoun presidente, convirtiendo la tragedia fabricada por la oligarquía en una farsa.

Vuestra ciudad, nuestra ciudad, se muere. Estalló y la carne de sus hijos se dispersó: ¡2700 toneladas de nitrato de amonio, requisadas y almacenadas en el puerto desde hace siete años! ¡Cuán bárbaras son la temeridad y la estupidez!

Hace tiempo, los señores de la guerra civil enterraron deshechos químicos en sus montañas y hoy descubrimos que la temeridad de esos mismos, que se transformaron en mafias en esa etapa que denominaron “la paz civil”, ha permitido que Beirut sea bombardeada con algo similar a una bomba nuclear. Esos señores de la guerra se sientan en tronos fabricados con los huesos de nuestros muertos, nuestra pobreza y nuestra hambre.

¿Todavía no os habéis hartado, hienas, de devorar nuestros cadáveres?

Largaos: ha llegado el momento de que os vayáis. Dejad que nos ocupemos de nuestro país que habéis asolado, marchaos al Caribe y al océano donde os habéis llevado ilegalmente las riquezas y propiedades del pueblo para disfrutar de ellas.

¿Es que no os saciáis?

Llega vuestra hora: nuestra muerte y el ardor de nuestros corazones son nuestras armas hoy para enfrentarnos a la era de la oscuridad y la humillación. Nos enfrentaremos a vosotros con nuestros cadáveres quemados, con nuestros rostros sangrantes, y os ahogaréis con nosotros en el infierno de esta devastación.

Escuchad bien: Beirut nos ha estallado para anunciar vuestro final, no el nuestro.

Beirut no es el pasado; Beirut es nuestro presente, que derrama sangre, pero no nuestra dignidad. Dejad de hablar, cerrad la boca: todos vuestros discursos ya no nos importan.

Solo os pedimos una cosa: que os larguéis. Marchaos al infierno vosotros, los dueños de los bancos y todos aquellos que han especulado con nuestra muerte.

Nosotros vendaremos las heridas de Beirut y le diremos a nuestra ciudad que volverá a ser nuestra. Lo será pobre, pero hermosa; agotada pero con un espíritu nuevo; cubierta de heridas, pero acogiéndonos en su dolor y frotando las lágrimas de nuestros ojos.

El tiempo de los villanos que tomaron el control de nuestro destino con distintos nombres ha terminado. Coged todas las sectas y confesiones y lleváoslas con vosotros. Dejadnos en paz.

Los jóvenes de la intifada del 17 de octubre deben saber que el tiempo de la revolución total ha llegado.

Haced la revolución para vengar a Beirut.

Haced la revolución para levantar vuestra patria a partir de estos escombros.

Haced la revolución para dibujar a Beirut utilizando  la sangre de sus hijos como tinta.

Traducción del árabe de Naomí Ramírez Díaz

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