Salvajes y canibales

Zoológicos

Maurice Maitre y los selkman capturados y

expuestos en la Exposición Universal de París

 

La historia ha ido mostrándonos a través de los siglos la degradante impronta del racismo, en especial cuando los pueblos adquieren potencia e imponen una política imperialista y colonialista sobre aquellos pueblos más débiles y que ha dominado.

Una de las máximas expresiones de ese racismo lo constituyeron aquello que hoy día definimos como zoológicos humanos, recintos especialmente adecuados para mantener encerrados y a la vista del público a otros seres humanos, ridiculizando su vida a la que generalmente consideran más primitiva de unos pueblos a los que han sometidos por la fuerza.

En algunos casos, estos zoológicos nacieron para mostrar a seres humanos deformes o con ciertas taras, como el aquel propiciado por Motēcuhzōma Xōcoyōtzin, más conocido por Moctezuma II, el Huley Tlatoani (Venerable Orador), título que ostentaban los emperadores entre el pueblo mexica al que el gobernó poco antes de la llegada de los españoles. Poseía en Tenochtitlan, capital de su vasto dominio, en el interior del magnífico palacio que se hizo construir, un auténtico zoológico que contaba, entre otras, con una sección de seres humanos.

Y, aunque al emperador de los mexicas, se lo calificó de salvaje y bárbaro (no sólo por su particular zoológico sino también por la utilización de su pueblo de sacrificios humanos como parte de rituales religiosos), casi por las mismas épocas, en pleno Renacimiento italiano, el cardenal Hipólito de Médicis, hijo natural de Juliano, hermano del mismísimo Lorenzo el Magnífico, también contaba con una colección de seres humanos de diferentes orígenes. Moros, tártaros, indios, turcos y africanos, eran expuestos por el cardenal a sus invitados, sin sonrojarse lo más mínimo.

Y el muy conocido Cristóbal Colón cargó, en 1493, a la vuelta de su primer viaje al Nuevo Mundo, a unos cuantos indígenas para ser “presentados” en la corte de Isabel y Fernando, los muy católicos reyes de España, y mostrados ante nobles y cortesanos.

Los pueblos originarios del sur patagónico fueron también objeto de exposición en el Viejo Mundo. Los primeros fueron Jemie Button y varios compañeros suyos, historia que pueden leer un anterior artículo de esta misma publicación. Pero, en setiembre de 1881, se exhibieron, en el conocido como Jardín de Aclimatación, en la muy poderosa y avanzada Berlín, once fueguinos que habían sido capturados en las orillas del Estrecho de Magallanes, por el aventurero alemán Johann Wilhelm Wahlen. Fueron alojados en un lugar muy “humanitario”, la jaula de los avestruces, y allí estuvieron expuestos a la curiosidad y risas de los berlineses durante trece días. A continuación realizaron lo que fue calificada de “gira” por Leipzig, Múnich, Stuttgart y Núremberg. A medida que pasaban los días enfermaban y morían y, cuando quedaban sólo cinco vivos el “cerebro” que había preparado continuar su triunfal gira por Suiza, un tal Carl Hagenbeck, conocido dueño de circo, decidió devolverlos a su país originario. Sólo cuatro llegaron con vida a Punta Arenas.

Nunca se tuvo claro si los once fueguinos eran alacalufes o yaganes, pero si se tiene la certeza que era selknam los once miembros de una misma familia que años después se exhibieron en la culta París, con motivo de la Exposición Universal realizada para celebrar de los cien años de su Revolución, en el marco de la gran fiesta de la “igualdad, libertad y fraternidad”. Habían sido raptados, en la bahía de San Felipe, en la zona norte de la isla Grande de Tierra del Fuego, por el francés Maurice Maitre. Dos de ellos, ni siquiera pudieron ver la “Ciudad Luz”, murieron durante el viaje.

Para demostrar lo “salvajes” que eran estos “caníbales” los alimentaron exclusivamente con carne cruda de caballo y no les permitieron ningún tipo de higiene, durante el tiempo que lo tuvieron expuestos al escarnio de lo más granado de la “culta sociedad europea”. Ante tamaño despropósito, la S.A. Missionary Society, exigió la libertad y la vuelta inmediata a Tierra del Fuego de los indígenas. Pero fueron sólo seis los supervivientes que pudieron volver a pisar tierras patagónicas.

¡Por desgracia, no fueron los últimos zoológicos humanos!

Tráiler Calafate, zoológicos humanos

 

Juan Carlos D’Angelo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

UNA NUEVA IZQUIERDA

buscando alternativas

A %d blogueros les gusta esto: