Acabemos de una vez con la lusofonía

Lusofonia

En esta ocasión, nos complace acercar el artículo de opinión Acabemos de una vez con la lusofonía publicado el pasado 18 de enero de 2013 en el diario portugués Público.

 

La lusofonía es la última marca de un imperio que ya no existe. Es el último escollo para un abordaje maduro sobre las múltiples identidades de los países de habla portuguesa.

Lusofonía es un concepto vago, demasiado vago, una versión kitch de una buena relación de Portugal con los países que fueran sus colonias, sus ex-colonias. Alimentada por la izquierda más retrógrada y por la derecha más nacionalista y nostálgica del Imperio, la lusofonía tiene una historia, caracterizada por algunos acontecimientos.

En un primer momento, surge al albor de una ilusión, la de unir el Atlántico con el Índico, Angola y Mozambique[1], bajo la idea de un proyecto político que buscaba encontrar recursos económicos extraordinarios en el momento en que se comenzaban a sentir en el país los efectos de la revolución industrial en Portugal (hágase notar que estos mismos argumentos se evocan en la actualidad, esta vez vestidos de inversión empresarial y la cooperación económica, evocando esa lusofonía). El proyecto fue presentado en el congreso de Berlín (1884-1885) fundamentándose en el derecho de ocupación de aquellos territorios, derecho que en realidad era falso, en aquella época ninguna de las potencias coloniales ocupaban franjas de territorio entre ambos océanos. Este proyecto, denominado Mapa de Color de Rosa, fue completamente rechazado por los países que a posteriori trazarían las fronteras africanas, principalmente por Inglaterra (que impuso el Ultimatum de 1890).

En un segundo momento, se produce la apropiación salazarista[2] de la tesis del luso-tropicalismo del brasileño Gilberto Freyre (1900-1987), tesis que está presente en la defensa política y diplomática del colonialismo, en particular entre 1933 y 1961: “La primera fecha corresponde a la publicación de Casa-grande & Senzala, obra en que se indican los fundamentos de la doctrina luso-tropicalista; la última, al año de publicación de O Luso e o Trópico, libro en que la doctrina surge en su “estado final” (O modo portugués de estar no mundo, Cláudia Castelo). El luso-tropoicalismo, que se configuró como una esencia identitaria de los portugueses, pasó a tener como objetivo cimentar las bases de un imperio mítico construido sobre los afectos mutuos y el multi-racialismo (en el cual el autor no denotó señales de tensión). Sin bases históricas, basando su teoría en el origen, también “mestizo”, de los portugueses bajo la influencia de árabes y judíos, en la capacidad de adaptación a los trópicos y en su humanismo cristiano, Gilberto Freyre, sociólogo de prestigio internacional, dio a su tesis una cientificidad que aseguró un tipo de política de Estado (a partir de la segunda mitad de los años 50) y produjo, en el ámbito cultural, un vasto conjunto de miradas que acabarían estructurando el campo de las mentalidades.

Después del 25 de Abril[3], parte del trauma y del luto por la pérdida de las últimas colonias se tradujo en la relativización de la violencia de los portugueses sobre los africanos[4], la colonización portuguesa había sido más blanda de la llevada a cabo por otras potencias. Como si las masacres portuguesas en Wiriyamu y Mihinjo no fuesen una expresión misma de la barbarie. Se impuso aquello que sería cultura común, cuya matriz era la portuguesa y para la cual la confusión entre lengua y cultura era oportuna, basada en la relativización de los dolores.

Perdido lo que quedaba del imperio, la crisis de identidad nacional no fue superada por un trabajo de revisión de las narrativas identitarias ni por un trabajo colectivo de la memoria en la educación, la política y en las actividades culturales y artísticas. Más de 20 años tardaron en aparecer en la literatura algunos rasgos; unas pocas, muy pocas, artes performativas se acercaron al problema, y solo una generación de cineastas, en los años 90, comenzó a filmar y tratar estos temas confrontando las narraciones míticas y el presente de las ex-colonias. “Las cuentas a ajustar con las imágenes que nuestra aventura colonizadora suscitó en la consciencia nacional son amplias y con una trama compleja. La urgencia política parece aparentemente haber suprimido una cuestión que el país parece no haber abordado. Pero que existe. Lo queramos o no, ahora somos otros, aunque como es natural, no solo continuamos pensando que somos los mismos sino que hasta fabricamos nuevos mitos para asegurar una identidad que, si persiste, cambio de forma, estructura y consistencia” (Eduardo Lourenço).

La lusofonía en su intento de crear una patria con una lengua común, una forma torpe de neo-colonialismo, es a su vez, una prueba de la incapacidad de construcción de un país pos-colonial que no consigue mirar hacia sus antiguas colonias desde el respeto hacia las identidades que cada una de ellas pretende construir. Hay por parte de la izquierda conservadora, una pretendida relación fundada en los afectos y los negocios; para la derecha, esta relación se basa en la nostalgia, los negocios y en la defensa del uso de la lengua conforme a su matriz lusitana.

Pues bien, para que esta pretensión neo-colonial exista, RTP África, RTP Internacional[5], y de una forma más naif, el JL[6], son instrumentos adecuados a tal fin. Otro elemento sería el Acuerdo Ortográfico[7], por la manera en cómo vino a desarrollarse, como una tentativa de resistir la fragmentación de la lusofonía. Sin embargo, tampoco salen bien parados aquellos que acusan el Acuerdo como una cesión de la lengua a otros países, como si fuese propiedad de los portugueses[8]. Y no deja de ser paradójico que un Gobierno que tanto aboga por la lusofonía, como si esta fuese el campo ideal de los negocios – acaso el capital tiene bandera- haya hecho desaparecer la cultura de la misión del Instituto Camões[9] en la última Ley orgánica. Y no tenga, en este momento, ningún consejero cultural en ninguno de los países africanos de lengua portuguesa.

Colonizar o neo-colonizar y civilizar siempre fueron de la mano; por eso es corriente encontrar, bajo la forma de cooperación, la imposición de un asistencialismo en la lengua portuguesa que “les” civilice sin preguntar (a ellos) lo que quieren (lo que quiere el otro) y como quieren (como quiere ese otro) la cooperación.

En este proceso de reconstrucción de identidades, Brasil comenzó hace mucho con la investigación y reconstrucción de las narrativas de sus memorias – habiendo sido el trabajo desarrollado sobre el pasado indígena menos relevante que el del origen africano -, consiguiendo constituirse como un país glamuroso, tierra de oportunidades, mito que lo libera definitivamente de Portugal y lo transforma en una país de oportunidades míticas tanto para los europeos como para los chinos, los antillanos o los africanos. La responsabilidad de esta construcción mítica y aparentemente glamurosa no es, obviamente, fruto de los historiadores ni de los estudiosos de la cultura.

En África, muchos africanos han comenzado la reconstrucción de su identidad, de sí mismos como sujetos históricos y en un contexto dado y de sus respectivos países. De esto son prueba los trabajos de los angolanos Vitor Barros y Antonio Tomás, de los mozambiqueños Mia Couto y Eliso Macamo y, en Portugal, los pertinentes estudios de Joaquim Valentin, Cláudia Castelo, o el trabajo de la revista/sitio web Buala, entre otros. De hecho, “a pesar de que la lusofonía se mantiene como un principio organizador de las representaciones sociales de los portugueses, no existe una concordancia con los africanos, ya que los portugueses lo valoran de manera positiva y los africanos lo rechazan. Dicho de otra manera, en este punto, la valoración de la lusofonía no encuentra correspondencia del lado africano que son, en buena medida, los interlocutores por excelencia de esa lusofonía. Es más, los africanos no solo manifiestan una posición contraria a la de los portugueses en relación a la lusofonía, sino que dentro de su concepción de identidad étnico-nacional existe una asociación de índole negativo a la concepción lusófona de las representaciones de semejanzas de los portugueses con otros pueblos”.  (Joaquim Valentim, Identidade e Lusofonia nas Representações Sociais de Portugueses e de Africanos).

Es comprensible y posible crear una comunidad de países que tienen como lengua oficial el portugués, con todas sus variantes y cuyo uso puede ir del 100% (Portugal), al 4% (Timor) o el 40% (Mozambique). Lo que no es posible, es entender una patria lusófona común en países con otras diversidades lingüísticas, con tantas diferencias económicas, regímenes políticos tan distintos e historias singulares.

Uno de los mayores atropellos del luso-tropicalismo no fue querer imponer a Brasil una esencia lusitana. Fue, aun admitiendo una herencia indígena de Brasil y árabe de Portugal, extirpar a las ex-colonias africanas su historia anterior a la colonia. La expresión más perversa de la lusofonía es la amnesia sobre el pasado pre-colonial de los países africanos o de Timor y, de algún modo, la repetición de esa expresión del colonialismo que fue “el descubrimiento” de aquellos pueblos, que solo pasaron a tener historia en el momento en que los “descubridores” los encontraron. La lusofonnia es, por tanto, la última marca de un imperio que ya no existe. Es también un impedimento para un trabajo maduro sobre las múltiples identidades que cohabitan en Portugal.

Fue por causa de esta realpolitik que Lula da Silva, siendo presidente de Brasil, estableció relaciones económicas Sur-Sur con la mayoría de los países subsaharianos. En esta concepción, poco importó la lusofonía: el argumento común fue la africanidad común (otro mito, naturalmente).

En cuanto a los otros países cuya lengua oficial es el portugués, no nos queda si no admitir que producen sus propias investigaciones y trabajos acerca de sus identidades. Si la presencia de los estudios portugueses y de la literatura es cuasi residual en las universidades de estos países, no sucede por la falta de lusofonía, más bien por un exceso de esa caricatura de producción cultural portuguesa exportada que tiene por nombre “Cultura Lusófona”.

Los portugueses no tienen ningún atributo de excepcionalidad mítica. No precisamos de una diplomacia lusófona; lo que necesitamos es una diplomacia de derechos e igualdad. Este es el momento de conocer y dar visibilidad a las producciones culturales y artísticas, literarias y a los trabajos científicos de estos países por su valor propio, por ser parte de un mundo global, por contener extrañezas que son, quizás, consecuencia misma de la muerte de esa lusofonía.

 

 

[1] Ambos países son las colonias más importantes que tuvo Portugal en África. Entre ambas se encuentran Zambia y Zimbabue, antiguas colonias británicas

[2] Antonio de Oliveira Salazar, dictador portugués entre 1932 y 1968.

[3] De 1974, también conocido como Revolución de los Claveles. Levantamiento militar que dio lugar al fin de la dictadura salzarista, que en ese momento comandaba Marcelo Caetano.

[4] Se vendrá a llamar africanos, a aquellos individuos pertenecientes a las antiguas colonias portuguesas en el continente africano, esto es: Angola, Mozambique, Guinea Bissau. Cabo Verde y Santo Tome y Principe.

[5] RTP: acrónimo de Radio e Telivião de Portugal.

[6] JL: acrónimo de Jornal de Letras, Artes e Ideias.

[7] El Acuerdo Ortográfico de la Lengua Portuguesa es un tratado internacional cuyo fin es crear una ortografía unificada para aquellos países que tienen el portugués como lengua oficial, que son: Portugal, Brasil, Mozambique, Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau y Santo Tomé y Principe.

[8] Existe un fuerte debate en el ámbito de los países lusoparlantes sobre la conveniencia y aceptación del Acuerdo ortográfico.

[9] Institución estatal portuguesa que promueva la lengua y cultura portuguesas en el mundo.

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2 comentarios to “Acabemos de una vez con la lusofonía”

  1. El lusitanismo es un mito, el concepto que usted busca es la “Galeguía”
    http://www.redeangola.info/opiniao/trocar-a-lusofonia-pela-galeguia-2/

    • Muchas gracias por el aporte, es realmente interesante eso que señala. Si bien, a pesar de que se tenga la intención de ser superado, no es ningún mito. Es más, citando la referencia a la que usted hace mención “Galeguia, além de ter um som mais bonito, remete para a origem galaica da língua portuguesa e subtrai-lhe, elegantemente, o peso do passado colonial luso. Há muitos angolanos que não se consideram lusófonos mas talvez pudessem estar dispostos a pertencer à Galeguia, com a Galiza como entidade neutra e unificadora através da língua comum.”

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