Palmira es la última apuesta del régimen

El análisis aquí presentado, fue publicado originalmente en inglés en el Syria Blog de Inspired by Syria del Centro de Estudios Sirios de la Universidad de St. Andrews en Escocia el 4 de junio de 2015, como respuesta a la pregunta de si Asad estaría dispuesto a negociar una solución política. Cabe señalar que se han añadido pequeñas matizaciones y corregido al menos un error de edición en la versión inglesa del que la autora no es culpable.

A continuación, se reproduce el artículo en castellano:

palmyra03Nuevamente, algunos analistas han predicho la proximidad de la caída de Asad, teniendo en cuenta las recientes pérdidas que el régimen ha sufrido en la provincia de Idleb, por un lado, y en el sur de Siria, por otro. Incluso en Qalamun, Hezbollah ha experimentado importantes retrocesos que no podría haber imaginado hace unos meses. Más aún, parece que el círculo interno del régimen estuviera a punto de implosionar, como evidencia la serie de “desapariciones” de destacados miembros, explicadas por causa de muerte o enfermedad. Además, existen varios indicadores que apuntan a una alianza regional emergente formada por Catar, Turquía, Arabia Saudí y posiblemente Jordania, países que de una manera u otra, han mostrado su deseo de echar a la familia Asad del poder. Aunque aún no está claro cómo se materializaría dicha alianza, los continuos rumores sobre el inminente anuncio por parte del Frente de Al-Nusra de su abandono de Al-Qaeda (y la entrevista de Al-Golani en Aljazeera, en la que respondió más bien con un rodeo a la pregunta directa) parecen ser parte de la estrategia para aumentar el apoyo al Ejército de Al-Fath. Por su parte, Zahran Alloush (principal sospechoso del secuestro de la activista Razan Zaitouneh y sus compañeros en Al-Ghoutta) visitó Estambul e hizo unas declaraciones bastante sorprendentes en relación al futuro del país.

A tenor de lo comentado, uno podría argüir que el régimen está listo para negociar una solución política, por la cual a Asad se le garantizaría un salvoconducto. Sin embargo, esto puede ser más difícil de lo que parece, especialmente si se tiene en cuenta la acumulación de evidencia que apunta a Asad como responsable directo de la represión de los manifestantes, las detenciones ilegales, e incluso las masacres, por lo que podría ser acusado de crímenes contra la Humanidad en el futuro. No obstante, en este contexto, se habla de que la madre de Bashar, Anisa, ha abandonado el país hacia Bielorrusia, tras el asesinato de algunos miembros del clan Asad, lo que podría ser una pista sobre el posible destino de Bashar al-Asad en caso de lograr un salvoconducto y abandonar el poder.

Frente a tales predicciones, creo firmemente que el régimen sigue determinado, como lo ha estado desde el principio, a mantenerse en el poder. Para ello, ha aprovechado una serie de elementos:

1. La profecía takfirí autocumplida:

Desde el inicio de la revolución en Siria en 2011, Bashar al-Asad ha insistido en que los islamistas y Al-Qaeda han sido en todo momento los instigadores los sucesos en el país, como parte de una conspiración internacional para desestabilizar Siria. Más aún, según el régimen y una serie de “pruebas visuales” de la televisión siria, se habían encontrado montones de armas en varias mezquitas del país ya en marzo de 2011. El régimen insistió en que tales factores exigían una respuesta de los servicios de seguridad para detener el avance de los “inflitrados”, pues en caso contrario, Siria caería en una fitna o escisión/crisis social. En consecuencia, las pasadas políticas sectarias del régimen se convirtieron en una verdadera estrategia de corte sectario, un hecho que dio alas al rencor popular que, en muchos casos, pasó a expresarse mediante un discurso más religioso. Tras meses de represión, finalmente el conflicto armado terminó dominando la situación, cada vez con mayor peso de brigadas salafistas. El descubrimiento de la presencia de Al-Qaeda en Siria y la posterior aparición de Daesh (sin olvidar el papel del régimen en ello) terminó de realizar la profecía del régimen, y Asad se presentó como el único que podría preservar la estabilidad en el país.

2. Las masacres y atrocidades de Daesh:

¿Cuántos de ustedes recuerdan la masacre de Al Houla cuyo tercer aniversario se celebró hace apenas unos días? Exacto, Asad ha encontrado en las decapitaciones de Daesh el aliado perfecto para que sus propias acciones pasen desapercibidas. En Al-Houla, cerca de 150 personas fueron pasadas a cuchillo por milicias enviadas por el régimen allá por 2012. En Yarmuk, la población llevaba dos años muriendo de hambre antes de que Daesh apareciera en el campamento: solo entonces el mundo se desgarró las vestiduras en señal de rechazo. En verano de 2013, cientos de personas murieron en Al-Ghoutta, como resultado de un ataque químico cuyo autor puede ser fácilmente identificado si se analizan las pruebas aportadas. Sin embargo, el régimen ha seguido utilizando pequeñas cantidades de sustancias químicas, como el cloro, sin apenas llamar la atención porque, comparado con Daesh y su parafernalia, lo que él hace parece un mal menor, si es que se considera como un mal.

3. El reciente interés de los medios occidentales:

Desde su “reelección” en 2014, Asad ha concedido entrevistas a diferentes periódicos y televisiones para defender que él es la única solución para Siria, y que no se irá hasta que la gente se lo pida. Además, se ha beneficiado de sus apariciones para negar el uso de barriles explosivos, de sobra documentados, y para insistir en que Siria es un Estado soberano, a pesar de que el poder de decisión ha sido en gran medida entregado a Irán, cuyo dominio en temas militares parece estar provocando el descontento de algunos sectores del régimen.

En este contexto del empeño del régimen por mantenerse, es en el que ha de analizarse la pérdida de Palmira. Igual que hizo cuando utilizó las armas químicas en Al-Ghouta, Asad ha hecho su última apuesta para mantenerse en el poder entregando Palmira. Frente a las otras pérdidas antes mencionadas, la parte ganadora aquí es Daesh y no las brigadas armadas que luchan contra el gobierno central en Damasco.

Si uno mira un mapa, la expansión de Daesh da miedo: un mantra negro que cubre la mitad de Siria. La realidad es menos chocante: la mitad de ese territorio es desierto, lo que lleva a preguntarse por qué han llegado hasta Tadmor y quién se lo ha permitido. Sin embargo, Palmira no es Idleb en el imaginario occidental. Al margen de su (no) importancia estratégica, dicho enclave alberga uno de los más valiosos patrimonios de la Humanidad, y Bashar al-Asad lo sabe. Por eso, ha hecho un nuevo intento de ganarse el apoyo internacional para reducir las pérdidas que ha sufrido en otras áreas y presentarse como barrera ante la expansión de Daesh. De hecho, la situación en Palmira ha hecho sonar las alarmas de la conciencia internacional sobre el hecho del peligro que supone este grupo terrorista, no para los sirios e iraquíes –que son las verdaderas víctimas-, sino para el mundo entero. Sin embargo, hasta este momento, ni una sola piedra de la capital de la reina Zenobia ha sido dañada, mientras que decenas de personas han sido asesinadas y otras aguardan su destino o intentan escapar.

Teniendo en cuenta lo presentado hasta aquí, es difícil imaginar un final para Asad que no sea la implosión o una victoria armada de sus oponentes. El primer escenario sería el resultado de un aumento del descontento internacional o una sumisión total a Irán, que parece estar ganando peso como resultado del empuje de Obama de cara a alcanzar un acuerdo en relación al tema nuclear. El segundo sería resultado de una batalla abierta en diferentes frentes, incluida la capital, Damasco, una situación que beneficiaría también a Daesh, ya que los frentes vacíos serían ocupados por su mantra.

Por tanto, a pesar de sus esfuerzos, el régimen de Asad terminará colapsando, no sin antes “quemar el país”, algo que ha logrado en al menos un 50%. El verdadero desafío al que los sirios tendrán que enfrentarse posteriormente es detener el fascismo ‘religioso’de Daesh, después de haber lidiado durante décadas con el fascismo “laico” de Asad. Ello sin caer en enfrentamientos fratricidas entre los diferentes señores de la guerra que poco a poco van aumentando su base de poder, a fin de tener voz en el futuro de Siria (véase el ejemplo de Zahran Alloush), incluso si simbólica o realmente han sido responsables del secuestro de la revolución y no han logrado detener a Daesh.

En conclusión, no puede predecirse una solución política en un futuro cercano, ni un final claro para el régimen de Asad, que, no obstante, terminará cayendo. En este sentido, la pregunta sigue siendo si Siria caerá también –y si aún no lo ha hecho-, especialmente con el resurgir de las teorías de división territorial a lo largo de líneas religiosas y sectarias.

Naomí Ramírez Díaz

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One Comment to “Palmira es la última apuesta del régimen”

  1. Personalmente, no estoy nada de acuerdo con el contenido de este artículo. La verdadera causa de este conflicto, son los intereses de las grandes potencias. Sobre todo EE UU que han sido los promotores del conflito.

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