FARAONISMO EN EL EGIPTO DEL MARISCAL AL ABDELFATAH AL SISI

Por Ricardo Georges Ibrahim

Foto 1: Agencia Reuters. Foto 2: Agencia EFE

Foto 1: Agencia Reuters. Foto 2: Agencia EFE

El faraonismo es un término acuñado en política que, tomando como analogía el Egipto de los faraones que, obsesionados porque su nombre fuese recordado mucho después de su muerte, a través de sus obras, se lanzaron a edificar grandes monumentos, esclavos y guerras mediante, para “seguir vivos a través de esas obras”. Es decir, hace referencia a la megalomanía de determinados gobernantes que ostentan el poder absoluto, y que sacrifican o anteponen su ego y obras monumentales y propagandísticas para legitimar su poder, frente a una masa la más de las veces miserable, manipulable y empobrecida. En el Corán de los musulmanes curiosamente, la figura del “faraón”, aparece mencionada para referirse a los opresores que gobiernan a sus súbditos en forma injusta y opresiva. En la época moderna, en base a ideales que cuestionaron el antiguo régimen donde la soberanía residía en el monarca absoluto y no en el pueblo, elecciones mediante, sin embargo el faraonismo se aplica a determinados políticos que, toman decisiones en solitario (o  afinando, con empresarios amigos), para crear megaestructuras, a veces innecesarias, generando deuda pública y riqueza en los allegados. En España podemos recordad hechos como al construcción de aeropuertos y otras megaestructuras, en total desuso. En el caso de monarcas absolutos o dictadores militares que son su alteridad, en muchos países del mundo  vemos cómo para legitimarse frente a un pueblos a los que han reprimido y empobrecido, se recurre a este tipo de estratagemas propagandísticas con los mismos fines que los antiguos faraones, más incentivos de castas allegadas al poder y prestamistas varios, dado que no es rentable y es en cierto modo “peligroso”, invertir en solucionar los problemas reales de la gente, como la educación y el desarrollo de una vida digna. Y el faraonismo no es exclusivo de países ricos. Se dan el lujo de apelar a él dictaduras de paises muy empobrecidos y endeudados, como es el caso de Egipto. En la región, hay un machismo megalómano en quienes detentan actualmente el poder, una faceta más de conservadurismo  tradicionalista, que lleva a “competir”, a ver quien construye la mayor cantidad de mezquitas, o la más grande, o el palacio presidencial más grande. Quizá un sustituto de machismo internalizado de “ver quien la tiene (o la construye) más grande”.

FARAONISMO EN EL EGIPTO DE LAS GRANDES PASHAS: En el siglo XIX, El hijo y el nieto del virrey otomano de origen albanés Muhammad Ali Pasha, (idealizado con posterioridad por la historiografía oficial del nacionalismo árabe),  Said Pasha (1854-1863) e Ismail  Pasha (1863-1879), realizaron ingentes obras,  que llevaron a Egipto a contraer grandes deudas, que terminaron con el país bajo ocupación extranjera. El nieto de Muhammad Ali Pasha,  el Jerife Ismail, construyó puentes, redes ferroviarias, puertos, faros, canales de irrigación,  instaló fábricas de azúcar y estimuló el cultivo de algodón, (habia repartido grandes latifundios a sus allegados) que durante la época de la guerra civil estadounidense, dio grandes ingresos al país, aunque al final de la misma  le dejó un saldo de endeudamiento y recesión.  Y en 1869 inauguró el Canal de Suez, que hizo contraer a Egipto una deuda  de un millón de liras egipcias, dado que las condiciones de negociación con Francia e inversores fueron gestionadas en forma totalmente contraria a los intereses de Egipto y sin previsión. En ese entonces, y para evitar la bancarrota,  recurrió a los acreedores británicos y franceses estableciendo en el país un “control dual” de la economía, por parte de estas potencias, para controlar la economía. Los controladores de las finanzas finalmente abogaron por la deposición de Ismail, el cual se ve obligado a dejar el poder a su hijo Tawfiq en 1879. En 1880, éste crea  una ley que estipula que el 50 % de los ingresos del Estado se destinarían al pago de las deudas con las potencias acreedoras, lo cual empobreció enormemente a campesinos imposibilitados de pagar impuestos e imposibilitó el pago de salarios a militares, dándose una situación de descontento generalizado y más en un país manejado por elites de terratenientes y militares. El movimiento fracasó, porque las potencias acreedoras temiendo las consecuencias sobre el no pago de su deuda, bombardearon Alejandría y ocuparon el país en 1882. Así, durante los siguientes 20 años, hasta 1907, Egipto fue gobernado por el Consul General Ingles, Lord Cromer. Y durante la primera guerra mundial, Inglaterra declara a Egipto Protectorado Británico.

MILITARES EGIPCIOS: LA VUELTA DE LOS PASHAS En 1968 el periodista español enrique Meneses, que vivió en los años 50 en Egipto, publica “Nasser. El último faraón”. desgraciadamente no fue el último, y Nasser, a pesar de sus desaciertos, y su tipo de liderazgo no democrático, invirtió en políticas agrarias que beneficiaron entonces a amplios sectores populares que vivían en chozas miserable y en régimen de semiesclavitud. Dirá Meneses  que entonces Egipto era  mayoritariamente rural y analfabeto, (en 1968 la tasa de analfabetismo rondaba aun el 85%) cuyas mayorías nacionales vivía en chozas miserables a orillas del Nilo, trabajando tierras de grandes aristócratas y terratenientes, especialmente en plantaciones de algodón, economía que depende además, casi enteramente del trabajo infantil, mientras que muchos campesinos emigran a la ciudad de El Cairo, a zonas periféricas y hasta en cementerios, conformando uno de los lugares de mayor densidad de población del planeta. La mayoría de los egipcios rara vez tiene acceso a la carne, siendo la base de su alimentación las habas, el arroz y las lentejas. (aun hoy es así). En este contexto, del que provendrán los militares que integraron el “Comité de los oficiales libres” y acompañaron al movimiento dirá que: “Casi todos los militares que constituyen la estructura del nuevo régimen de Nasser son “saidis”, gente que tuvo que elegir, para salir de la ignorancia y de la miseria, entre el ejército y la religión, entre el uniforme y la sotana, para utilizar una expresión occidental. Estas dos eran, para un muchacho pobre, las dos formas de llegar a ocupar una posición de cierta envergadura. (…) Traían el barro del pueblo pegado al cuero de sus botas. Preferían comer un bocadillo de foul (habas) con unas taamías (croquetas populares de Egipto similares al falafel, pero hechas con habas), que los vistosos platos de cocina francesa que eran corrientes en las familias acomodadas de El Cairo. (…) El hombre del “tarbuch” ha simbolizado siempre para ellos el “effendi”, el “señorito” de nuestra Andalucía. Y el político o comerciante cairota, con su endiablada facilidad para los idiomas, ha molestado siempre a estos muchachos del Alto Egipto que alcanzaron la cima del poder en un pañis que estaba estructurado de tal forma que siempre hubiese tenido un oficial de origen turco o circasiano o albanés que hubiese saltado el escalafón por encima de los “saidis”. Pero el Golpe de Estado del 23 de julio de 1952 cambiaba las cosas. Ahora “los effendi” tenían que solicitar, rogar a los oficiales que les hiciesen favores, que les diesen recomendaciones para otros oficiales, que les dejasen vivir lo más parecido a antes (…) Recordemos que la revolución y la reforma agraria realmente no son impulsadas por Nasser sino por Muhammad Naghib, quien es quien asume inicialmente la presidencia y que, tras un discurso donde promete devolver a Egipto las instituciones parlamentarias y la legalización de los partidos políticos…. es depuesto y recluido en una casa de campo, hasta 1982, por sus propios camaradas militares que, una vez en el poder y aunque originalmente de extracción humilde, vuelven a ocupar todo el espacio social de un país donde se consolidan como nueva oligarquía terrateniente y rentista, siendo hasta hoy los dueños de la mayor parte de las industrias y sectores vinculados al turismo, especialmente a partir de 1982, donde se realizan politicas de “intifah”, apertura economica y privatizaciones de las otrora empresas estatales que pasan a ser propiedad de militares. Se crean nuevos barrios de lujo donde viven los militares concentrados, como Heliópolis, y Egipto vuelve a su historia de manejo del pais por castas militares. Antes de 1952, eran elites albanesas, turcas, kurdas y circasianas las que detentaban los altos grados del ejercito. Luego de 1952, serán egipcios, pero igualmente una nueva casta en toda regla que controla también los medios, la administración y el aparato judicial. El modelo de dominio militar en Oriente Proximo y Africa del norte, será imitado por otros militares de la región, y  no son pocos los que opinan que se exportan desde el Egipto naserista,  las tácticas de control policial de la vida por parte de servicios secretos, las  desapariciones y la tortura y la prohibición de otros partidos políticos. Y los militares ya no se retirarían. Este es el contexto del que surge Al Sisi.

AL SISI PASHA La historia del ahora Mariscal Abdelfatah Al Sisi es bien conocida. Sube al poder en Egipto tras un golpe de Estado contra el electo Mohamed Mursi,  el 3 de julio de 2013, apoyado por petromonarquias del golfo,  Europa e Israel.  Luego, como en las peores épocas de pantomimas electorales, organiza pseudoelecciones plebiscitarias, donde como cualquier dictador de la región “gana” con porcentajes dibujados que rara vez son menores al 98 %. No obstante a los Estados occidentales y los regímenes autocráticos de la zona les basta para lavarle la cara al régimen que contribuyeron a elevar al poder, siendo el inicio de la contrarrevolución de las llamadas “primaveras árabes”, una nueva restaruación y “normalización”, del poder concentrado en las manos de los mismos sectores oligárquicos que rigieron la vida del país, y la región, desde hace más de 50 años. El ahora presidente y Mariscal Abdelfatah Al Sisi, no sólo deja un reguero de sangre de miles de muertos, entre ellos activistas de derechos humanos y civiles, de la hermandad Musulmana y de sectores laicos y de izquierda o liberales. También bajo su mandato se libera a Mubarak, sus hijos y los responsables de violaciones a los derechos humanos del anterior régimen militar. Se cierra y aisla, en coordinación con Israel, a la franja de Gaza. Se hace una constitución a  su medida y a la medida de los militares, donde éstos manejan en forma escandalosa y sin control alguno el presupuesto militar, las compras de armas, y las ayudas recibidas por parte de Estados unidos en calidad de ayuda tras firmar la paz con Israel. De más está decir que se dispara, a pesar de las deudas del pais y de la pobreza extrema, la compra de armas, entre las que se cuentan armas españolas.

Y comienza el show del faraón, de las excentricidades …y de los negocios con quienes lo empoderaron.

Anuncios de que “El ejército egipcio encontró la cura contra el SIDA”, por supuesto un bluff sin ningún tipo de viso de realidad, que puede verse en las siguientes noticias: http://www.elpais.com.uy/vida-actual/ejercito-egipcio-anuncia-cura-sida.html

Para exhibir credenciales “religiosas” declara “peligroso para la seguridad nacional” a la homosexualidad y a los ateos, a los que persigue. http://www.elmundo.es/internacional/2014/12/21/5495bc3922601d86348b4574.html

Y ahora comienzan los negocios: el más estrafalario el de construir el célebre Faro de Alejandría, considerado una de las maravillas del mundo en época de los Ptolomeos, y destruido en un terremoto. Proyecto que, como ayer, encuentra socios que no le hacen asco a “detalles menores” como son el que se trate de un dictador y con las manos manchadas de sangre, que viola sistemáticamente los derechos humanos. En este caso, los prestamistas ya no son ingleses, como antaño, sino chinos. http://internacional.elpais.com/internacional/2015/05/14/actualidad/1431615717_785356.html

Pero es que los españoles también han demostrado no hacerle asco a “cosas menores”, y con la mira puesta en ser contratados para la construcción de un ferrocarril de Alta velocidad (AVE) que una Luxor con El Cairo, además de las tradicionales venta de armas, lo han recibido con honores por los propios reyes, regalándonos una de las más tristes  imágenes de la democracia española:

http://www.laizquierdadiario.com/El-dictador-egipcio-Al-Sisi-fue-recibido-con-honores-en-Espana

En la historia reciente, la paradoja es que los países occidentales, que se llenan la boca hablando de democracia y derechos humanos como valores que los rigen a ellos y debieran regir a toda la humanidad, (además de otros Estados que no apelan a este discurso como China y Rusia), han preferido establecer alianzas con monarquías absolutas y regímenes autocráticos que con sectores democráticos, a los que siempre han abandonado o excluido. En pos de políticas exteriores basadas en “el realismo” y “la estabilidad”, que les permitió y permite pingües negocios, y jugosas comisiones, imposibles de obtener si esos países estuvieran dirigidos y controlados por presidentes electos, parlamentos y aparato judicial independientes.

Porque hoy, como dice el intelectual libanés George Corm, “El ciudadano normal es marginado, aplastado, insignificante; en todas partes debe contentarse con su papel secundario de consumidor o con su estatus de pobre, nuevo o viejo, sin más preocupación que su subsistencia cotidiana o la educación de uno o varios de sus hijos. Como mucho el ciudadano de clase media que disponga de un ordenador podrá expresar su disidencia en internet. “Monótona y repetitiva esta literatura (de organismos internacionales y financieros) hace creer, o desea hacer creer que el mundo vive bajo un régimen ejemplar en el que la moral, la ética y la lucha contra la pobreza son una preocupación permanente del orden internacional gestionado por Occidente[1]”.

[1] CORM, Georges. “Oriente y occidente: la fractura imaginaria”. Cap. 7

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