La paz de los cementerios

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Tal vez pase a la historia la teoría de Noam Chomsky sobre la creación de consensos. Esa teoría, tiene un ejemplo autoexplicativo para quien no la conozca, la sufrimos todos con los pretextos inventados previos a la invasión de Irak, por lo que sólo requerimos un poco de memoria para volver a tenerla en mente.

El problema que presenta dicha teoría  puede suponer a su vez para el lector una oportunidad y un riesgo en igual medida. Dicha rareza radica en su dualidad de acierto/error si se usa como paradigma del pensamiento crítico.

El riesgo aparece siempre que el promotor que busca ese consenso parte de un hecho cierto. Bajo estos determinados casos suele suceder que se presupone la falsedad del hecho al quedar manifiesta la intención de manipulación por parte del poder que busca generar consenso. Supone asumir que el consenso que se busca carece de pretexto, desechándolo sin investigación ni razonamiento. La trampa en si, esta en el uso de una verdad para crear consenso, cuando lo que expone la teoría de Chomsky es el uso de una mentira, a poder ser lo mas burda posible.  Sin animo de querer entrar en el arduo debate de la verdad, si dicha verdad existe como concepto o es únicamente una percepción de la misma, uno debe reflexionar sobre lo real y tangible y en que medida el creador o promotor de consenso parte o manipula un hecho cierto, ya que asumir la falsedad del hecho porque el promotor la use supone un grave error, que nos aleja de la dicha verdad e impide una libre compresión de los hechos.

La oportunidad, la encontramos si usamos el mismo análisis crítico entendiendo que no hay un único creador/promotor de consenso. Esto puede parecer muy simple o muy complicado depende de cuan grande sea la percepción de la supremacía del poder establecido. Sin embargo dicho poder no es único, y veremos como bajo el mismo paradigma encontramos figuras que buscan crear su consenso a veces en contra del general previo y a veces coincidiendo con el completamente. Por tanto, el lector puede aplicar esta teoría donde y cuando le apetezca y preguntarse a si mismo: ¿Es el autor un promotor de consenso aunque vaya vestido con la camiseta del Contrapoder?

Poder y contrapoder.

Actualmente vivimos bajo el ataque de diversos creadores de consenso en diversos temas muy variopintos. En algunos  de ellos el consenso  pretendido es rápidamente identificado, denunciado e incluso combatido por parte de las diversas fuerzas de izquierda que dentro del planteamiento de  Chomsky actúan como contrapoder. Sin embargo el consenso es aceptado, consumido e incluso elaborado desde sectores de esa misma izquierda en otros casos en los que el consenso buscado es acorde a su lógica.

La existencia de una búsqueda de consenso dirigido a criminalizar la actuación de Rusia en Ucrania no es per se la negación de que dicha actuación suponga una agresión o un acto imperialista.

Denunciar como se juzga y condena a Irán por su teocracia no supone que esta sea mas abierta o mas acorde a los principios de izquierda. Por mucho que en el articulo en cuestión se remarque al máximo la hipocresía presente en el buscador de consenso, al hablar de Irán y callar de Arabia Saudí, el propio contrapoder acaba siendo en si otro poder que busca crear su propio consenso, siendo de igual manera falaz e hipócrita, minimizando o obviando el totalitarismo del régimen, su carácter conservador (o ultraconservador, según toque) y su papel imperialista, al no ser estos acordes con el ideario que se presupone en un socio de dicho contrapoder.

Ahora vivimos con tristeza la convergencia de dos de los poderes creadores de consenso con respecto a la tragedia Siria. Por un lado, el poder clásico, al que Chomsky dedica su teoría y que parece para muchos ser el único al ser su supremacía tan evidente. Por otro, buena parte de ese contrapoder, en el que cabe de todo, desde los partidos comunistas más recalcitrantes, la extrema derecha, los pseudo-intelectuales oportunistas…etc etc

Ambos nos dan desde hace meses la murga con la intención de crear un consenso que permita la rehabilitación de Al Assad y su consideración como la única solución a la guerra en Siria.

El consenso se forma desde muchas fuentes, con muchas voces y muchos intereses. Buena parte de los “autores” que caen en la trampa lo hacen por simple incompetencia, por absoluto desconocimiento de Siria y de su revolución, y porque en sí, son simples oportunistas que se apuntan al carro de un tema que requiere voces que apoyen el consenso buscado. A lo largo de la historia los buitres siempre han ido a la carroña, y tristemente, los muertos son de las pocas cosas que no escasean en Siria.

Sin embargo, el grueso de estos voceros del consenso Pro-Assad son sus auténticos activos. Desde estas mismas páginas este humilde autor ha denunciado hasta aburrirse la conspiración contra la Primavera Árabe que desde ambos, poder y contrapoder, se ha urdido. El resultado de esta trama, el baño de sangre Sirio, se explica como la lección de muerte que cierre toda iniciativa revolucionaria en Oriente Medio, frenando el virus del jazmin e instaurando el virus del miedo.

El embargo al ESL, la creación del ISIS y la invasión Iraní son los hitos que han propiciado el resultado esperado por ambos poderes creadores de consenso, que ahora convergen sin remilgos al afirmar que Al Assad es el mal menor, o la mejor opción para Siria.

La afirmación es en si mezquina y cruel. Sin embargo, obviando todo sentimentalismo y siendo lo más pragmático posible, es en sí irreal. No falsa, sino falaz. Al Assad ha recibido todo el apoyo por parte de fuertes potencias mientras que sus únicos enemigos han recibido un embargo y una retahíla de falsas promesas y dilaciones que han acabado hundiendo su dirección política.

Un dictador que ha provocado que un tercio de su población se refugie en países vecinos, que no ha dudado en bombardear con barriles de TNT sobre centros urbanos, que ha usado armas químicas en reiteradas ocasiones y que ni con todo eso controla un tercio del territorio no puede ser visto como una solución.

No puede ser, simplemente porque no se ha dejado de intentar y no ha dado resultado. El régimen, es cierto que se ha mantenido, pero a costa de quemar su supuesta patria y con ello su rastro de sangre y fuego perdurará durante generaciones, por lo que la guerra contra él, de una u otra manera durara hasta su caída. Existe, sin embargo la posibilidad de que un régimen intervenido desde el exterior sea capaz de mantenerse, perdurar y gobernar. Si se diera ese caso, ambas corrientes tendrían la paz y la estabilidad que ansían desde el inicio, y muchos de los necios arrastrados por estos poderes la paz que creen merece Siria.  Aún soñando con la paz, el que conoce y sabe lo que han vivido los sirios, sabe a ciencia cierta que la paz de los cementerios no es la salida. Al Assad, no es la salida, es la continuación de la guerra y la perduración del conflicto regional que hace enriquecerse a los vendedores de armas de uno y otro lado.

Aspiramos a la paz, pero queremos que cada sacrificio cuente, por tanto no aceptamos la paz que nos quieren imponer, la paz de los cementerios sin nombre.

Memoria, justicia y dignidad para el pueblo sirio!

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