Convergencias, divergencias, etnias e identidades entre los grupos cristianos de Levante y Mesopotamia

Sacerdote Siriano Ortodoxo y guardaespaldas. Foto Familiar. Aproximadamente 1920.

Sacerdote Siriano Ortodoxo y guardaespaldas. Foto Familiar. Aproximadamente 1920.

1. Invisibilización.

Las comunidades no musulmanas de Oriente Próximo, siguen siendo superficialmente conocidas o mal conocidas en los discursos de occidente, pero no solo en los medios de prensa occidentales, sino también en muchos casos entre las propias comunidades musulmanas de Oriente.

En los relatos de “occidente y de oriente” muchos periodistas y “especialistas” en la región, cada vez que se refieren a minorías étnicas y religiosas de Oriente Próximo, las reducen al concepto de “cristianos”, cuando profesan ese grupo de religiones (hay más de un cristianismo), invisibilizando su identidad étnica, al reducirla a religión.

Incluso cuando se está hablando de los grupos étnicos de un país de la zona, es frecuente ver que a algunos grupos los definen por etnia, mientras que a algunos minoritarios, los engloban el pack de “cristianos”, sin mayor explicación, y a otros directamente ni los mencionan (sabeo/mandeos, ezidi/jezidi, zoroastrianos, etc.). Así describen a las poblaciones de creciente fértil como conformadas por “árabes, kurdos, turcomanos y cristianos ” (sic), y últimamente quizá podamos encontrar alguna referencia a la minoría yezidí, recién ahora conocida en occidente por la irrupción de los genocidas de Estado Islámico ensañados con las minorías en general, incluso con las que profesan el islam.

Cuando se intenta profundizar un poco en las etnias de las comunidades cristianas, se entra en un terreno de confusión, y a lo sumo se aventuran a tildarlos en bloque como “árabes cristianos“, o ahora también, con el auge del nacionalismo kurdo, espejo y calco de lo hecho por el nacionalismo árabe, se inventaron la categoría de “kurdos cristianos“, reflejada incluso en libros en español sobre los kurdos, con lo cual se promueve una información falsa (Ver al respecto las obras de Manu Martorell y Nazanim Armanian acerca de los kurdos).

Otra forma de invisibilizarlos es, por ejemplo, en el caso de los asirios, de Mesopotamia, distribuidos entre Turquía, Iraq, Siria e Irán, denominarlos por sus diferentes etiquetas eclesiales, obviando la unidad étnica/lingüística, geográfica e histórica de esta comunidad o pueblo/nación. Es lo que hace Yves Ternon, en su obra “Mardin 1915, Anatomía Patológica de una destrucción”, publicado en 2002, donde describe la comunidad armenia como una etnia/nación, independientemente de la iglesia de pertenencia o de la lengua que hablen, mientras que se refiere a la población cristiana mayoritaria de la región de Mardin y Diyarbakir, como Caldeos, Sirianos Ortodoxos y Sirianos católicos, a pesar de que en todo momento se refiere al hecho de que hablan la misma lengua, el siríaco.

2. Polisemia, rencillas religiosas y confusiones semánticas.

La polisemia y similitudes de las denominaciones religiosas y las rencillas internas entre ellas también producen ruido y confusión a la hora de delimitar a los grupos. Por ejemplo, los términos sirio, asirio, suriani, ashuri, suryoye, siriani, hacen referencia al mismo grupo étnico, en diferentes lenguas y dialectos, todos derivados de “Suriani”, que era el termino utilizado para designar a los que practicaban la religión oficial asiria, el asurismo (o ashurismo, según el dialecto) antes de la conversión al cristianismo, y a la vez designaba a la etnia asiria (assuri o ashuri), lo cual es una huella antropológicamente hablando, de continuidad de un mismo grupo étnico, ya que suriani o siriani, no es sólo el nombre con el cual este grupo étnico se identifica desde siempre, sino que es el nombre que también le asignan los otros pueblos de la región.

En el caso de “Sirio”, era una denominación de la etnia muy usual, antes de la creación del Estado al que se le ha dado el nombre de esta etnia, aunque no corresponda del todo,  a la “patria histórica”, salvo la parte mesopotámica del país. Sí es cierto que todo el territorio del creciente fértil formó parte del Estado Asirio, que fue multicultural, y que fue el Primer estado que unificó la región, incluso en gran parte cultural y lingüísticamente.

Otra confusión la genera la creación reciente de la denominación “Caldeo”, totalmente artificial y creada por los misioneros dominicos en el siglo XIX, para denominar a los fieles de la Iglesia “del Este”, conocida como Nestoriana (por seguir las tesis del Obispo Nestorio), conversos al catolicismo. Es decir, no se trata de una etnia real, diferenciada de la anterior, sino simplemente una denominación religiosa, reciente, designado por la curia romana, como forma de diferenciar a los conversos del nestorianismo creando una estructura eclesial paralela.

Otra fuente de malos entendidos podría tener que ver con las disputas interreligiosas entre iglesias, por ejemplo, como la Iglesia Siriana Ortodoxa “del Este”, presente especialmente en el norte de Iraq, y en la región de Hakkari (Turquía) se autodenominó “asiria”, los miembros de la misma etnia fieles de la Iglesia Siriana Ortodoxa (de la línea jacobita), siendo de la misma etnia y origen, utilizan menos ese término y prefieren llamarse “surianis”, que significa exactamente lo mismo, pero no tiene para ellos esa connotación de pertenecer a una rama religiosa específica y “competidora”. Pero hay más, algunos sectores minoritarios religiosos de esta parcialidad, comenzaron a considerarse “arameos”, por una cuestión lingüística y de prestigio religioso al “ser la lengua de cristo”, también en parte porque asocian la palabra asirio o ashuri, a la Iglesia Nestoriana, y le daría más visibilidad a la misma, en detrimento de la suya. Y me refiero a los cristianos mesopotámicos, de etnia asiria y no aramea, ya que los arameos, aunque inmigraron a Mesopotamia y se mezclaron con las poblaciones locales, son originarios del oeste de Siria, especialmente del valle del Orontes (Damasco, Homs, Hama, parte de Líbano y Jordania).

Finalmente, tenemos como factor de confusión, la cercana denominación de algunas iglesias. Por ejemplo, la Iglesia de mayor presencia en Siria, es la Iglesia Ortodoxa, a secas, de rito bizantino, conocida como Greco-Melkita, hasta hace poco de liturgia griega, y ahora árabe. Son los conocidos como “rumis”, por los musulmanes (que significa “romanos”, pero del Imperio Romano de Oriente), y despectivamente como “melkoye” (partidarios del Emperador -bizantino-) por los cristianos asirios. Es la misma iglesia de los ortodoxos eslavos y griegos. Pero muchos la confunden con la Iglesia Siriana Ortodoxa, de tradición mesopotámica, lengua siríaca y presente mayoritariamente en el Este de Siria (yazire) y Sudeste de Turquía, dado que a veces también es llamada Iglesia Ortodoxa Siria, por decir “de Siria”.

A este panorama de por sí atomizado de las distintas tradiciones culturales de las iglesias cristianas de la zona, debe agregarse otro elemento fragmentador, como fue la llegada de misioneros católicos (y en mucha menor medida protestantes) a raíz de acuerdos con el Sultán Soliman el Magnífico (S. XVI) y las capitulaciones, que dieron lugar a la creación de las llamadas Iglesias Uniatas. Es decir, escindidas de las iglesias autóctonas, que reconocieron la autoridad del Papa romano, pero manteniendo los ritos y organización como iglesia oriental, salvo el caso de que en las Iglesias Orientales las autoridades y obispos son elegidos por la propia comunidad, y en este caso sus representantes son elegidos directamente desde Roma. Estas nuevas iglesias, se caracterizaron por ser también en cierto modo un instrumento político de Francia, pero fomentaron la apertura de colegios y hospitales, y la difusión de la imprenta, que tuvieron una fuerza proselitista tremenda, socavando las bases de las iglesias nacionales. Su papel y poder se consolidó especialmente a fines del siglo XIX y principios del XX, porque frente a las primeras matanzas y pleitos, donde el Estado Otomano hacía caso omiso, Francia utilizando las prebendas consentidas por los sultanes, brindaba “protección legal” a las minorías católicas como si fueran súbditos de esa nación. Esta jugada de división entre cristianos la utilizó en su momento Soliman el Magnífico cuando tenía excelentes relaciones con Francia y veía como enemigo al imperio Ruso Zarista, ortodoxo, que se había autoproclamado protector de las minorías ortodoxas (aunque sólo las de rito bizantino). Pero en el siglo XVIII, las cosas habían cambiado y las potencias Europeas occidentales estaban en plena expansión imperialista, e incluso se habían asentado invadiendo Argelia (Francia) y poco después, transformando a Egipto en un Protectorado (Inglaterra).

Las Iglesias unidas a Roma (Uniatas) son la Maronita, la Caldea y la Siriana Católica, todas de tradición siríaca-mesopotámica. Luego la Armenia Católica, y la Greco Melkita católica, esta última de tradición bizantina.

3. La cuestión Lingüística.

Otra cuestión: según la geografía, una determinada etnia y grupo religioso (que en parte confluyen, pero no en forma absoluta, como veremos), podía hablar o su lengua original (siriaco, armenio, arameo o variantes populares de árabe), o la de la sociedad donde estaba inmersa. En las grandes ciudades de Siria y Líbano, especialmente Damasco, Alepo, Beirut, fue común la arabización, siendo una minoría de personas las que se expresaban en siriaco o en armenio. En Cilicia (Antep y Marash), los armenios hablaban turco, mientras que hablaban únicamente en árabe en Mardin (sudeste de Turquía) y persa en Irán.

Los cristianos de tradición bizantina, mayoritariamente arameos, fueron los primeros en comenzar a  arabizarse, especialmente en Palestina, y Oeste de Siria. Lo mismo podemos decir de los maronitas libaneses. Esta arabización lingüística comenzó a desarrollarse en el siglo X y, salvo algunas regiones de habla aramea como Maaloula, que continúan con su lengua nacional hasta hoy, podemos decir que en el siglo XIV la mayoría de las comunidades cristianas levantinas ya había desarrollado un dialecto de árabe, el ameya, que incorpora no obstante mucho vocabulario de origen arameo. No obstante, aunque poco estudiado, hay quienes sostienen que el siríaco se siguió utilizando en amplias región hasta entrado el siglo XVIII.

En definitiva, un mismo grupo étnico, puede tener diferentes lenguas madres, según su situación geográfica, y según variables urbano y rural, como sucede también en el norte de África con la relación entre el amazigh y el árabe. En las zonas más aisladas y rurales es donde se han conservado hasta hoy las lenguas originales del Creciente fértil. En otras, se han desarrollado “dialectos” o verdaderos idiomas locales, derivados del árabe más incorporaciones arameas, siríacas, acadias, turcas, kurdas, etc.

4. Iglesias reconocidas por el poder otomano e iglesias marginadas.

Un tema que añade confusión, incluso para los propios descendientes de inmigrantes a América Latina, vinculados a estas iglesias, que casi han perdido su memoria histórica, es que en el Estado Otomano, sólo había dos grandes jerarquías eclesiásticas reconocidas, hasta el siglo XIX: la Ortodoxa Griega (bizantina) y la Apostólica Armenia. Es decir, dos patriarcados que oficiaban de representantes de todos los cristianos del Imperio, asentados en Estambul, cada uno de ellos con un milletbashi (cabeza/jefe del Millet -nación/comunidad-), uno griego y otro armenio.

En este contexto, los asirios, no eran una comunidad reconocida, sino que formalmente para el Estado Otomano dependían del Milletbashi armenio. De ahí que cuando ocurrió el genocidio “armenio”, (donde también se masacraron a los fieles de estas iglesias, que eran los cristianos mayoritarios en Mesopotamia), se los contabilizara como “armenios”, y se los invisibilizara.

Dicho esto, a fines del siglo XIX La “Sublime Puerta” reconoce a otro Millet con autonomía, y que agrupa a varias etnias, unidas formalmente entre sí por el hecho de su conversión al catolicismo. Así maronitas, caldeos, sirianos católicos y armenios católicos dependieron de las mismas jerarquías religiosas, un tercer Millet católico, que no fue como los anteriores referentes de dos grandes etnias, sino transversal a todas ellas.

Y en relación a lo anterior, una última consideración: aunque en algunos casos especialmente en los ámbitos rurales había una mayoría de una u otra etnia, en las ciudades y aldeas donde convivían,  no fue inusual que hubiera matrimonios mixtos entre, por ejemplo, armenios y asirios, especialmente entre los católicos. De hecho, en el sudeste de Turquía, compartían parroquias, clero y consta que ya entonces el clero promovió matrimonios mixtos. Lo que sí, y esto es una costumbre arraigada, una ley consuetudinaria y premoderna en Oriente Próximo, casi con certeza de influencia islámica (habría que investigarlo), los hijos de esos matrimonios entre etnias diferentes, pero de fe cristiana, asumían la identidad por vía paterna, dejando en la invisibilidad el legado materno. Y ahí ya vemos que no hay una correlación absoluta (sí relativa) entre iglesia y comunidad étnica de referencia, especialmente entre los católicos. En los países de emigración, también se han dado casos de matrimonios mixtos entre personas de diferentes tradiciones culturales cristianas, pero provenientes de una misma ciudad o poblado.

5. Los estatutos legales de los no musulmanes y la desigualdad de derechos: Coexistencia religiosa, pero no como iguales.

Comparando el mismo período con Europa donde sólo se permitía una religión, que era la del poder, al menos el Islam ha tenido la virtud de favorecer una sociedad más abierta y plural, al menos hasta el siglo XX (y no en todas partes). Pero en el contexto de la era moderna, con la irrupción de la noción de ciudadanía, de derechos sociales e individuales, del Estado como contrato social entre ciudadanos que eligen a sus representantes, del desarrollo del pensamiento científico, secularización de la sociedad, relativización de la concepciones mágico/religiosas del mundo, todos elementos centrales que hacen a la modernidad, las nociones de tolerancia y derechos desiguales se tornaron arcaicas e insuficientes para garantizar la cohesión social y por lo tanto la desigualdad se tornó inaceptable para los sectores sociales más educados e ilustrados. Sin embargo, la modernidad en Oriente Próximo, está amputada por la falta de renovación teológica del Islam y la irrupción de un Islam rigorista y conservador, profundamente reaccionario, que domina la escena social, mental y política de la región. Los islamistas políticos a día de hoy siguen defendiendo en forma anacrónica y reaccionaria un tipo de legislación basada en leyes e interpretaciones religiosas de más de quinientos años de antigüedad, sin consideración de contextos, y de asumir el conocimiento social, psicológico, sociológico, antropológico y empírico en general, fruto de la revolución científico-tecnológica iniciada en el siglo XVIII que, en lugar de decrecer, han cobrado fuerza desde los años 70 a esta parte, (influencia de la Revolución Islámica de Irán, financiamiento de Islam conservador y antimoderno por parte de esta potencia y petromonarquías del golfo, fracaso del nacionalismo árabe, altas tasas de analfabetismo, etc.). Estas ideologías obsesionadas como antaño, con la idea de “pureza” y de prohibiciones más que en derechos, pero apelando a una solidaridad y moral basada en el Islam y solo para musulmanes es, en cualquiera de sus vertientes hegemónicas, reactiva a toda  idea de cambio social que implique reconocimiento de  igualdad de derechos, incluyendo el derecho al acceso al poder y gobernar. Y aún arcaicas y anacrónicas, siguen siendo corrientes políticas muy vitales (y virales) en un Oriente Próximo que no logra encontrar su lugar y sus modelos sociales de inclusión en un mundo moderno globalizado, desde la caída del Estado Otomano. La falta de alternativas democráticas y educativas, y la exclusión social, ha permitido prestar oído a la predica y las ayudas provenientes del dinero del petróleo y del utilizar la religión como inversión sectaria para tener influencia, de corrientes político-religiosas como el salafismo/wahabismo, y la escolástica ultraconservadora chiita.

Volviendo al modelo y formas de vida y las leyes en el Estado Otomano, debemos decir que, hasta el siglo XVIII se definieron de hecho dos tipos de súbditos, los osmanlíes y los “reayas” (rebaño). Los primeros, representantes de una clase social administrativa del Estado y terratenientes que tenían por función recaudar impuestos de los “rayas”, reclutar para la guerra y garantizar que las tierras que dieran en sistemas de arriendo fueran productivas. De más está decir, que ningún miembro de grupos minoritarios no musulmanes podían acceder a los privilegios de los osmanlíes, salvo que cambiaran de religión, cosa que sucedió con mucha frecuencia dado que la islamización significaba mayores garantías de ascenso social.

Asimismo, debemos destacar una ambigüedad de base que marca las relaciones entre musulmanes y no musulmanes, donde desde el Estado Islamico clásico, se distinguía a la vez a los no musulmanes, entre la “gente del libro”, sujetos de cierta “tolerancia”, pero sometidos a autoridad musulmana y los límites para el ejercicio de las libertades que éstos establecían, y los “kuffar”, carentes de todo derecho, incluso al de la vida o la libertad, en la mayoría de los casos. A los primeros se les garantizaba cierta “paz y seguridad” dentro de una sociedad musulmana, mientras que los kuffar carecían hasta al derecho de vivir dentro de la sociedad, y eran sujetos pacibles de guerra.

En el Corán, hay muchas contradicciones, pero en lo que respecta al trato que se debe dar a “la gente del libro”, el Corán establece, por una parte que “No hay coacción en la religión” (Corán II, 256) , lo cual se entiende funda el principio de tolerancia con que de modo general se intentó aplicar este principio, aunque sólo con la “gente del libro” (ahl el kitab), regulando las relaciones sociales entre un Estado que se asume como musulmán y los súbditos que no lo fueran, quienes podían no aceptar el Islam, pero debían pagar un gizya (un impuesto especial).

Pero por otra parte otra cita referida a los no musulmanes extraída del Corán dice:

“¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Dios, ni en el último Día, ni prohíben lo que Dios y su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, entreguen el tributo directamente!” (Corán IX, 29)

Otro principio, jurídico, establecido por Muhammad al Qurtubi (1272) establecía que “Todos los infieles constituyen una única comunidad religiosa (milla)” (ar. “al- kufr milla wahida”).

Y, para sintetizar, como dice Alejandra Álvarez Suárez citando a Abdallah Saeed, “el fiqh o derecho musulmán respecto a los no musulmanes se plasmó en cinco ideas fundamentales:

1- El Islam es la religión verdadera,

2- por consiguiente, los no musulmanes deben reconocer su superioridad,

3- en los dominios musulmanes debe haber restricciones en la práctica y la propagación de las otras religiones,

4- las diferencias entre musulmanes y no musulmanes deben apreciarse claramente, incluso en la vida diaria, y

5- políticamente, los musulmanes han de prevalecer sobre los no musulmanes”1.

En la vida cotidiana, si bien hubo grandes diferencias en un periodo u otro, donde las reglas podían ser más relajadas o más estrictas, normas que siguieron vigentes hasta las reformas del Tanzimat en torno a 1860, algunas normas establecían por ejemplo, la prohibición de tañer las campanas de las iglesias   “para no herir la sensibilidad de los musulmanes”, la prohibición para un no musulmán de contraer matrimonio con una musulmana (norma vigente en todos los países musulmanes hasta hoy), la prohibición de montar a caballo, (o la práctica de que debía desmontarse frente a un musulmán), la prohibición de heredar de un musulmán (En muchos países hasta hoy), la prohibición de portar armas, y la prohibición de vivir en las costas.

A día de hoy, y sin ningún tipo de pudor, podemos encontrar  primitivismos y atrocidades de este tenor, tanto en países que se asumen como musulmanes sunnitas (petromonarquias del golfo) o en el Iran islamista, leyes y normas extraidas del pensamiento y los escritos  del Imán Jomeini, como las  denominadas “Las leyes prácticas del Corán”.

  1. Es precaución no dar el Corán (en árabe) a un impío o un incrédulo.  Si llega a su poder debe sacárselo de las manos, si es posible.
  2. Si un incrédulo dice los dos testimonios (Ash-hadu an la ilaha  illal-lah ua ash-hadu anna muhhammadadn rasulul-lah: (Testimonio que no hay dios sino Dios y que Muhammad es el mensajero de Dios), se convierte en musulmán. El cuerpo, las salivas, las secreciones nasales y el sudor del hombre o la mujer no musulmanes que se convierten al Islam automáticamente se vuelven puros. En cuanto a sus prendas de vestir continúan impuras aquellas que estuvieron en contacto con su cuerpo antes de convertirse.

Para más información ver Las leyes prácticas del Islam

Cuando el Sultan Abdelmajid I (1823-1861), profundizó en reformas que abolieron el término de reya, asumiendo todos los súbditos el gentilicio de “Osmanli” (otomano), y estableciendo la igualdad ante la ley (secular y no religiosa), hubo levantamientos de poblaciones musulmanas, entre ellas una revuelta promovida por la tarika sufí conservadora Neqshbendiye, y las primeras matanzas, entre 1860 y 1863, contra grupos de cristianos levantinos (Damasco y zonas del sur/oeste sirio y Líbano) por parte de sectores de la ciudadanía que achacaban a éstos “los males” que les aquejaban, entre ellos las pérdidas de territorios del Estado Otomano, y también el incipiente ascenso social de estos grupos levantinos, que comenzaban a prosperar comerciando desde las costas de Líbano, con Marsella (Francia).

Esta primera ola de incidentes coincidirá con la primera ola de inmigración hacia América (del norte y sur), en ese entonces realizada por pioneros cristianos procedentes de lo que luego serían Siria, Líbano y Palestina. Pero curiosamente, estas reformas también fueron atacadas por el clero cristiano, porque aseguraban que comenzaron entonces a reclutar a soldados entre los campesinos, a los que mandaban, por práctica, a las primeras líneas de combate, quedando mujeres y niños solos a cargo de hogares. Esto fue particularmente importante en 1911, en la Guerra contra Italia por Libia, y el dato puede encontrarse en varias obras, la ya citada de Alejandra Álvarez Suárez, y la de “El Islam II, Desde la Caída de Constantinopla hasta nuestros días”, de Von Grunbebaun. En ambas, mencionan la disconformidad del clero cristiano, pero no sitúan la causa. En entrevistas que realizara a algunos viejos inmigrantes en Argentina2, mencionan lo del envío de cristianos al frente de batalla, y al guerra de Libia, como un motivo por el que algunos pioneros inmigraron escapando de un reclutamiento que significaba para ellos una muerte segura.

6. Etnias/tradiciones culturales y denominaciones:

Básicamente hay tres tradiciones culturales en la región: Bizantina o Greco-Melkita, Mesopotámica y Armenia. La primera de ellas, es la mayoritaria en Siria y Palestina, de tradición urbana y básicamente, aunque sea de rito griego, étnicamente es mestiza. La segunda y la tercera en cambio, sí tienen una mayor correlación con pueblos determinados de la región, vinculados por una lengua nacional, aunque hacia dentro tengan un conjunto variado de tradiciones religiosas. Existe una cuarta tradición, que es extranjera pero tiene alguna presencia en ciudades como Damasco, Alepo y Beirut, y es la tradición latina.

Veamos esto en más detalle.

6.1. Los “melkoyes” o “rumis”: Cristianos de tradición bizantina.

Aunque no hay datos oficiales, son al comunidad cristiana hoy día más numerosa de Siria y Palestina, con también importante presencia en Líbano y Jordania, y también en el sudoeste turco, la región de Antioquía, es decir, que es una tradición que geográficamente tiene su centro en Levante, en importantes ciudades de hoy día y/o la antigüedad. Por su origen imperial, representando la ortodoxia de Bizancio, no es una iglesia nacional o étnica, ya que, aunque de rito y autoridades griegas, sus fieles en épocas de mayor esplendor abarcaban a griegos, eslavos, albaneses, anatolios, rumanos, y otras nacionalidades especialmente en el sur y Este europeo. Aunque a nivel regional, tengan sus patriarcas, unidos casi como confederación a iglesias locales de la misma tradición, cuya dirección pasó de Bizancio, a la Rusia de los Zares. Hoy los núcleos principales de la Iglesia Ortodoxa (a secas) siguen siendo Grecia y Rusia.

En Siria y Levante en particular, la Iglesia Griega Ortodoxa de Antioquía, conocida también como Iglesia Ortodoxa Siria (No confundir con la Iglesia Siriana Ortodoxa, de tradición mesopotámica), tiene mayor presencia, en Damasco, Alepo, Beirut, Jerusalem, Belen, Maaloula, Sednaya, Homs y Hama, entre otras importantes ciudades y capitales de provincia. Sabemos que la mayoría de la población de la región era aramea, pero que había fuerte presencia urbana de núcleos griegos, que fueron la clase dirigente de esta iglesia. Pero también hay algunos datos muy curiosos, porque entre sus fieles también ha habido árabes. De hecho, el Estado bizantino creó Estados tapón en el sur de Siria e Iraq, con tribus árabes conversas a esta iglesia. Al momento del avance de los árabes musulmanes, tuvieron que luchar en Siria contra la resistencia de la tribu/estado de los gassanidas, de lengua árabe, aunque utilizara la escritura siríaca. También, familias de origen árabe yemení cristianas, tras la invasión islámica, se refugiaron en el sur de Siria.

Estos factores quizá influyeran en que las ideas nacionalistas árabes nacieran entre intelectuales prestigiosos, urbanos, con más acceso a estudios universitarios y manejo de otras lenguas que, en épocas de la descomposición del Imperio otomano, al estar esta comunidad casi totalmente arabizada (a excepción de Maaloula y Sednaya, cuyos habitantes, cristianos y musulmanes continúan hablando arameo), desarrollaron ideas panarabistas partiendo de círculos literarios donde se revalorizaba la lengua árabe. Poco a poco, en el transcurso de los últimos 150 años, la Iglesia Ortodoxa de Siria, abandonó la lengua griega incluso para sus ritos, para adoptar una liturgia enteramente árabe.

Cabe decir que hoy día y desde fines del siglo XIX, esta tradición está representada por dos iglesias y no una. De hecho, el proselitismo católico (y en menor medida protestante), ha logrado crear organizaciones y jerarquías religiosas paralelas entre conversos de esta iglesia al catolicismo. Hoy el nombre Melkita se usa más para designar a los católicos de tradición griega (mayoritariamente presentes en Líbano y Alepo), y “Ortodoxos” a secas o “rumis”, a los no conversos.

Grandes figuras como los intelectuales actuales Amin Maalouf y George Corm, pertenecen a esta tradición cultural “melkita”, es decir “imperial” (según los llamaron los asirios). El propio Amin Al Rihani, escritor católico melkita libanés, radicado en Estados Unidos e imbuido de orientalismo, viajó a lo que hoy es Arabia Saudita (entonces el Hayd y el Heidjaz), y escribió un libro titulado “Los reyes de los árabes”, donde románticamente ensalzaba las supuestas virtudes y austeridad de costumbres (entonces no tenían petroleo) de los jefes tribales de estos reinos, a los que contribuyó a ensalzar como deseables reyes de todos los pueblos arabófonos de Asia.

Luego, siguiendo en la tradición nacionalista tenemos al propio Michel Aflaq, fundador del Partido Baath, gobernante en Siria e Iraq, como uno de los intelectuales que pertenece a esta comunidad religiosa, y que acuñó y pretendió extender a todas la comunidades cristianas, el término de “cristiano árabe”, sentimiento identitario mayoritario (pero no único) en esta comunidad, al menos hasta los años 70. Todavía en los discursos de las jerarquías religiosas de estas iglesias resuenan ecos de nacionalismo árabe.

Pero no todos sus fieles e intelectuales orgánicos han sido nacionalistas árabes. Otros, como Antun Saade, fue nacionalista sirio, y preconizó una identidad alterna, basada más en el componente étnico real de la región levantino/mesopotámica, mayoritariamente arameo en el oeste, asirio en el Este, y con aportes de muchos pueblos antiguos (fenicio-cananeos, hititas, mitanios, etc.). De hecho, la población de Maaloula (arameo parlantes) no tiene obviamente una identidad árabe, a pesar de su filiación religiosa con esta tradición.

6.2. Los asirio/siríacos: Cristianos de tradición y origen mesopotámico

Asumen varias denominaciones pero, a excepción de los maronitas, que provienen de esta tradición y conservan el siríaco como lengua litúrgica y asumieron una identidad diferenciada, el resto de Iglesias comparten y asumen una identidad colectiva a nivel étnico, lingüístico y cultural, aunque no se pongan del todo de acuerdo en su denominación.

Junto con los armenios, consideran que son las primeras naciones en convertirse al cristianismo, y conservan un cristianismo semítico con ritos, incluso formas de rezar, que recuerda al de los musulmanes. Mientras que la Iglesia Bizantina tiene su biblia originalmente en griego, los cristianos mesopotámicos o “asirios”, tienen su propia biblia semítica, la llamada Biblia Peshita,  en lengua siríaca, con algunas divergencias con la iglesia imperial, por lo cual fueron consideradas, en sus dos vertientes cristológicas (la jacobita y la nestoriana) “herejes”.

Las iglesias históricas de esta tradición son la Iglesia Siriana Ortodoxa (Jacobita) y la Iglesia Siriana Ortodoxa del Este (Nestoriana).

La primera concentra sus fieles en el sudeste de Turquía, y noreste de Siria, mientras que la segunda, hoy casi desaparecida en sus territorios históricos, en el valle de Ninive (Iraq), anteriormente tenía presencia en las provincias de Hakkari y de Sirt (Turquía). El territorio histórico de esta comunidad de habla siríaca o neoaramea (diferente al arameo de Maaloula), es el que abarca la actual región de Sanliurfa (sudeste Turco), la antigua Edessa (nombre griego), y más antigua Orhay (nombre siríaco), muy importante simbólicamente porque allí habría nacido el alfabeto siríaco, en torno al año 300 Ac. La cuestión es que el siriaco oficial que se lee y estudia es el de esta ciudad, y difiere un poco de los dos dialectos vivos, el turoyo (en Turabdin/Mardin -asirio occidental, para el nacionalsimo asirio-), y el asuret (o asirio oriental, en Ninive y en Hakkari) desaparecido aquí por las matanzas de 1915 y los trasvases étnicos forzosos.

En Siria habitan el “Yazire”, donde hay fuerte presencia en Qamishlo, Rakka (ahora no por la invasión del Estado Islámico), Hasake, y aldeas como Tell Tamer sobre el río Khabour. Pero también había una fuerte presencia en Alepo, y Damasco, especialmente en el último siglo, debido al genocidio conocido como Seydo, acaecido en 1915, y adonde acudieron como refugiados. Muchos de ellos de allí emigraron a América y desde los años 60, Canadá, Estados Unidos, Australia y Escandinavia son otros destinos de esta población, hoy mayoritaria en las “diásporas”.

En Iraq la población asiria se encontraba principalmente en Mosul y las llanuras de Nínive, Al Qosh, Erbil, Kirkuk, y también en Bagdad, además de en áreas rurales y aisladas como fue característico de estas comunidades, normalmente alejadas de los grandes centros urbanos, lo que les permitió conservar en mayor medida su lengua y tradición.

En Irán, también hay una importante comunidad, especialmente en la ciudad de Urmiye (Azerbaiyan iraní), y Teheran.

También hay comunidades dispersas en Armenia, Georgia, Rusia, Asia Central (esto último producto de deportaciones que desde Georgia, promovió Stalin).

Fueron estas antiquísimas y autóctonas comunidades e iglesias de Levante y Mesopotamia quienes, para liberarse del yugo bizantino, abrieron las puertas de las ciudades a los árabes musulmanes y los recibieron como liberadores. De hecho, fueron los traductores de los árabes de toda la obra de la filosofía griega, inicialmente en la ciudad de Harran, y luego en Damasco, Samarra, Mosul y Bagdad. Recordemos que durante los primeros siglos, los árabes gobernaron aquí a una mayoría no musulmana y no arabófona, sino siríaca/aramea.

Un grueso de la comunidad se convirtió al Islam, mucho antes que en los grandes centros urbanos helenizados. Incluso el folclore, parte de la gastronomía, el idioma (dialectal) de la región, tiene innumerables huellas asirio/arameas, digamos que, pese al nacionalismo árabe, la arabización y la islamización, constituye el común fondo cultural, reprimido pero vivo, a nivel más inconsciente que consciente entre las poblaciones de los países de Levante y Mesopotamia, también llamado “bilad a Sham”, por los árabes.

Durante la época abbasí, fueron iglesias que se expandieron hacia el Este centroasiático, de la mano del Islam y con apoyo estatal, fundando comunidades religiosas hasta en el Turquestán, el país de los Uigures, y la India, donde pervive una comunidad étnicamente india, pero parte la Iglesia siriana Ortodoxa y con ritos y costumbres siríacas (en la costa Malabar).

Junto a la caída de Bagdad, con la conquista Mongol, se produce una primera gran catástrofe también de la comunidad asirio mesopotámica, de la que nunca más se recuperaría, quedando aisladas las comunidades en sus territorios de referencia hasta el siglo XX.

De estas comunidades surge en el siglo VI, la comunidad Maronita, cuyos fundadores emigran de Mesopotamia a Alepo y se radican mayoritariamente en Líbano. Aquí es oscura la historia, porque ya bajo dominio árabe, en el siglo XI, se arabizan pero conservan la lengua siriaca en la liturgia. Entablan relaciones con el Vaticano y el mundo Europeo, especialmente en el siglo XVII, e incluso, familias gobernantes de la minoría drusa, como los Emires Shihab, se convierten al maronitismo en el siglo XVIII, porque esto favoreció el comercio de seda con Francia. Por todo ello, por su alejamiento geográfico, conversiones de diferentes grupos étnicos locales, desde arameos hasta drusos, y por su sentimiento localista y particularista, la Iglesia Maronia, que termina reconociendo la autoridad Romana, siendo la primera Iglesia Uniata (de origen no romano latino, unida a Roma), es un grupo étnico que podríamos calificar “de frontera”. De hecho, a nivel político asume como parte de su ideología un origen fenicianista (todo nacionalismo olvida sus mestizajes), y promueve un sistema comunitario, similar al del Milet otomano, que en pequeña escala es como un pacto entre comunidades religiosas, que rige los destinos del Líbano. Hoy también en Líbano hay muchas instituciones, población y hasta partidos políticos asirios, producto del reasentamiento en el siglo XX de sobrevivientes que huyeron del genocidio de 1915, tanto desde Mardin, como de Hakkari, y en las últimas décadas, refugiados asirios iraquíes de Iraq, llegados desde la invasión norteamericana.

En el siglo XVI, se produce otra reducción de esta comunidad, por la conversión al Islam de un sector que hasta hoy vive en Mardin, y también ha emigrado en gran parte a Alemania y Escandinavia, autodenominados “mahallamiyes”, y que tienen una identidad peculiar, entre árabe islámica y siriaca por costumbres, lengua (aunque en parte están arabizados, igual que muchos asirio/siriacos de Mardin), pero no se consideran así mismos asirios, ni árabes. Siendo sospechosos durante los últimos siglos de seguir practicando en secreto el cristianismo, han adoptado un relato histórico sobre sí mismos como de una parcialidad árabe llegada de Kirkuk.

En el siglo XVI, también misioneros católicos italianos y franceses, al amparo de pactos con el Sultan Soliman el Magnífico, sectores de las Iglesias Siriaca Ortodoxa, de la Iglesia “del Este” y de la Iglesia Apostólica Armenia, llegan a la región con el permiso de realizar conversiones e influir en estas iglesias, creando jerarquías paralelas, lo cual debilita sobremanera a esta etnia/nación. Hacia 1830 crean colegios y forman un clero católico al que, sin embargo, y luego de fuertes presiones populares, autorizan a mantener los ritos originales en lengua siríaca y ciertas facultades, como al del permiso de contraer matrimonio de los sacerdotes, pero bajo sumisión y supervisión de Roma. Crean escuelas y hospitales, y dan lugar al nacimiento de las llamadas “Iglesias Uniatas”. La precursora fue al maronita, pero ahora surgen dos nuevos sismas, que se consolidan y son reconocidos como un Millet catolico conjunto, hacia fines del S. XIX. Surgen asi la Iglesia Siriana Católica, como desprendimiento de la jacobita Iglesia Siriana Ortodoxa, y la llamada por Roma “Iglesia Caldea”, como producto de las labores de proselitismo y conversión entre los fieles nestorianos. Las conversiones aumentan por 10, en tan solo una década, por dos factores: las capitulaciones donde el Estado Otomano, reconoce derechos de protección de la Iglesia Católica a los súbditos católicos, y las matanzas que comienzan a producirse desde 1860 hasta 1924, siendo el hito principal el genocidio de 1915, organizado por el nacionalismo turco, y ejecutado al igual que anteriores matanzas, por las belicosas tribus kurdas, en las que el Estado delegó las responsabilidades militares y paramilitares desde el ascenso del sultán Abdelhamid II. De esta forma los consulados franceses son los únicos que frenan algunos abusos contra los subditos catolicos, y esto sumando a la apertur de colegios y hospitales, ahce que las iglesias autocéfalas (es decir, autoctonas y autorganizadas), que se encuentran en situación de mayor pobreza, al igual que sus fieles, sean marginalizadas y minorizadas. Tal es el drama, que hoy día en Iraq, la iglesia mayoritaria no es ya la Asiria o Siriaca del Este (Nestoriana), cuyo patriarca en 1933 se exilió, tras la matanza de Simele (Mosul/Iraq) en Chicago, Estados Unidos, sino la Caldea, considerada en tiempos de Saddam Hussein, la Iglesia Oficial del país, pero en tanto se remitiera a sus templos y asumiera un cierto discurso nacionalista árabe, del Estado.

Sobre el genocidio de Seyfo (1915), las matanzas de Simele (Iraq 1933), y la situación actual, habría mucho que escribir, pero excede con creces el formato de un articulo. Sobre Seyfo y la situación hasta mediados del 2000, puede verse  en el documental sobre las víctimas cristianas de las atrocidades de ISIS de Ferrán Barber

6.3. Las comunidades de tradición armenia:

Las comunidades de esta tradición tienen varios núcleos de población. Mayoritariamente su centro ha sido Anatolia Oriental, siendo un pueblo indoeuropeo, cuyos orígenes pueden remontarse a los frigios y urarteanos. Desde el Lago Van hacia el Cáucaso en las fronteras con Irán y Rusia, pero y sin continuidad territorial, también ha habido hasta 1915 una gran concentración de población armenia en Cilicia (actuales provincias de Antep y Marash, Turquia), en Estambul, Ankara y todas las principales ciudades de Anatolia, y aun con presencia importante en otros núcleos urbanos como Jerusalén, Líbano, Alepo y norte de Siria. También en la Mesopotamia Turca (Diarbakir, Van, etc.) y en menor medida el norte de Iraq. También hay una importante comunidad armenio iraní y armenio azerí.

Si bien, había importantes núcleos de población armenia arabizadas en Siria, Líbano y Palestina, antes del genocidio de 1915, es a partir de abril de 1915 cuando llegan deportados en masa, concentrándose especialmente en Alepo (Siria) y Líbano, y en menor medida en Iraq.

Es una comunidad que logra sobreponerse al desastre manteniendo vivas su lengua, cultura y memoria histórica.

En Siria, Líbano, Palestina, Iraq e incluso Egipto, a diferencia de los rumis, maronitas, coptos y asirios, no fueron visualizados ni se les asignó desde el nacionalismo árabe la etiqueta de “árabes cristianos”, sino que se respetó su identidad y cultura sin forzar su asimilación. Pero el precio a pagar fue el de ser visto y considerado como un “pueblo invitado”, no autóctono, no parte del tejido social nacional, en los países de mayoría arabófona.

Mayoritariamente Ortodoxos de la Iglesia Apostólica Armenia, aproximadamente un 20% son fieles de la Iglesia Armenia Católica, y una pequeña minoría, protestantes.

Los armenios procedentes del sudeste de Turquía, en especial de la región de Mardin, donde la mayoría de los cristianos eran de etnia asiria, eran católicos y arabófonos, y en muchos casos tanto en su zona de origen como en sus migraciones, se casaron/mezclaron con caldeos y siriano católicos.

7. El peligro de etnocidio y desafíos actuales.

Actualmente las comunidades cristianas se encuentran en un proceso de reducción dramática en Oriente Próximo, iniciado en el siglo XIX por persecuciones, matanzas, guerras, desigualdad de derechos, traslados forzosos de población y limpiezas étnicas. Por supuesto, también otras causas de las primeras migraciones se debieron a las consecuencias de la primera guerra mundial y al huir de la pobreza.

Podemos decir que en Oriente Próximo subsisten algunos núcleos importantes en Egipto, donde serían el 10% de la población los cristianos coptos; en Líbano, aproximadamente el 40%, en Palestina, Jordania, y sudeste de Turquía (entre 24.000 a 60.000 personas en toda Turquía), y hasta hace poco y disminuyendo como consecuencia de la guerra y las persecuciones de grupos islamistas radicales, en Siria y norte de Iraq. En Siria e Iraq, durante los gobiernos militares baasistas, gozaron de ciertos derechos, mientras no se dedicaran a la política y asumieran la artifical identidad de “árabes cristianos”. En Iraq, ya desde 2010 fueron víctimas de bombas en iglesias y de amenazas y presiones para que abandonen el país por parte de grupos terroristas de inspiración islamista.

Recientemente, padecieron en Iraq una nueva limpieza étnica por parte del grupo DAESH/Estado Islámico, que obligó a los cristianos y yezidíes de la provincia de Nínive, incluyendo la ciudad de Mosul, a abandonar sus casas y propiedades con lo puesto, yendo a refugiarse muchos a la región autónoma del Kurdistán, o bien a países europeos (nórdicos especialmente), Australia, Canadá o Estados Unidos.

En los nuevos países de acogida, han logrado, no obstante un alto grado de organización, que ha llevado a estas comunidades a fundar colegios, asociaciones culturales, partidos políticos, tener canales de TV, agencias de noticias, e incluso a tener cargos políticos como diputados y como funcionarios en el Parlamento y Gobierno sueco.

Recientemente en Turquía, en la región/Ciudad de Mardin, ha sido elegida alcaldesa una asiria, Februniye Akyol, quien cogobierna con un líder kurdo, en un modelo de gestión pluriétnico e intercultural.

No obstante, la tendencia es a la emigración y a la reducción. La menor tasa de natalidad en relación a sus compatriotas musulmanes, es otro factor que hace que hasta en comunidades solidas como Líbano, que llegó a contar con una mayoría de población cristiana, estén siendo superados en número por sus compatriotas musulmanes, cuyos líderes en algunos casos promueven el tener un alto número de hijos. En el Norte de Iraq y Turquía, en zonas donde conviven con población kurda, también las familias cristianas, ya de por sí minimizadas, tienden a tener una tasa de natalidad más baja que la población kurda, motivo por el cual también corren el riesgo de minorizarse en proporción aún más.

Refiriéndome a Siria también quiero destacar que si bien la emergencia de grupos islamistas ha terminado por inclinar la balanza de simpatías a favor del régimen militar, percibido como laico por una gran parte de las comunidades cristianas, especialmente los rumis y armenios, hay también detenidos en las cárceles de la dictadura a líderes y cuadros de ADO (Asociación Democrática Asiria) e intelectuales de izquierda, de origen asirio cristiano.

Los tiempos que corren son desesperanzadoras, y las identidades asumidas por las mayorías sociales de los países levantinos no auguran ninguna mejora en términos de democratización social, modernización, reconstrucción de los respectivos países y reconocimiento de derechos, entre ellos, el de conciencia, que hacen a la concepción de ciudadanos. Las identidades propiciadas por el nacionalismo árabe, en el que curiosamente participaron como intelectuales muchos cristianos (rumíes) en un esfuerzo de integración, ha fracasado, y ahora las ideologías dominantes y en ascenso son las islamistas, en todos los casos retrógradas y conservadoras, sólo que al menos hay sectores dialogantes, pacíficos y democráticos, pero fuertemente imbuidas de arabismo monocultural y de la creencia en la tutela islámica y el monopolio del poder de dirigentes islámicos en sociedades que siguen viendo con ojos del siglo XIX.

Quizá el desafío de la región es volver a verse a sí mismas, recuperar sus verdaderas identidades como pueblos no árabes, sino arabizados del Creciente fértil, secularizarse y soltar amarras con el lastre del arabismo y el islamismo político reaccionario (haya corrientes islamistas progresistas, pero más fuera que dentro de las sociedades musulmanas orientales y minoritarias), especialmente en lo que hace a tener como referencias culturales a los países de la Península Arábiga (o la teocracia iraní), y plantear la construcción de nuevos pactos sociales, desde un enfoque intercultural y plural, con una profunda reforma educativa y lingüística que plantee la cuestión de oficializar como lengua (y no dialecto) el ameya, el siríaco/asirio, y el kurdo, como lenguas cooficiales. Soñar no cuesta nada, pero es una esperanza en los tiempos oscuros que corren donde dominan las identidades asesinas, como diría Amin Maalouf.

GRUPOS ETNICOS CRISTIANOS DE LEVANTE, MESOPOTAMIA Y ANATOLIA

TRADICIONES ETNIA

RELIGIONES

IGLESIAS

SISMAS Y CONVERSIONES

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA LENGUAS
BIZANTINA Arameos, griegos, árabes y mestizos entre estos grupos.Mayoria de arameos y otros semitas arabizados. Iglesia Ortodoxa Griega de Antioquia S. VIII

Iglesia Ortodoxa Griega (Griegos anatolios y pónticos.)

Iglesia Católica Greco-Melkita (1724)

Conversiones al islam desde el siglo VII

Oeste de Siria (Damasco, Homs, Hama, Latakia) Alepo. Líbano, Palestina, Israel, Jordania.Sudoeste de Turquía (Antioquía y Alejandreta) Griego y árabe (liturgicas)Arabe levantino y turco (en sudoeste de Turquia)

Arameo en Oeste de Siria

MESOPOTAMICA Asirios modernos con aportes de arameos, otras poblaciones mesopotamicas y semititas orientales, occidentales y armenios (en el caso de los católicos caldeos, especialmente) . Iglesia Católica Apostólica Asiria del Oriente (Nestorianos) S.VIglesia Siriana Ortodoxa de Antioquia (Jacobita) S.VI Iglesia Católica Caldea (1830)Protestantes (S.XIX)

Musulmanes Mahallamiyes (S. XVI)

Iglesia Maronita (1638)

Iglesia Siriana Católica (1782)

Musulmanes (desde el S. VII)

Arrianos

Sabeos/mandeos, maniqueos, y otros grupos monoteistas de la misma tradición.

Judíos mizrajíes

Norte de Iraq, Sudeste de Turquía, noreste de Siria. Damasco, Alepo, Beirut, Jerusalem,

Diasporas hacia America , norte de Europa y Australia.

Hay comunidades también en Armenia, Georgia, Rusia, India, y Asia Central.

Suryoyo (siríaco/neoarameo), como lengua liturgica.Dialectos Turoyo y Asuret.

árabe mesopotamico, turco y persa (según paises donde habiten).

ARMENIA Armenios, en ocasiones mestizos con asirios en las comunidades del Sur de Turquia, (especialmente entre los católicos- caldeos y sirianos católicos-). Iglesia Apostólica Ortodoxa Armenia (S. VI) Iglesia Armenia Católica (1792)Protestantes

(S. XIX)

Musulmanes Hemshin (¿S. XVI?)

Musulmanes (desde siglo XV)

Todas las grandes ciudades de Anatolia, incluyendo Estambul. Con mayor concentración en Cilicia (Marash y Antep), el noroeste de Anatolia (armenia historica) y Caucaso. Omunidades dispersas en Iran Levante y Mesopotamia.Diásporas hacia America y Europa (especialmente Francia). Armenio Occidental y oriental. Turco, árabe, persa (según regiones y países donde habiten).

Cuadro de elaboración propia. En color rojo se nombran, grupos emparentados o “de frontera”.

Ricardo Georges Ibrahim

1 ÁLVAREZ SUÁREZ, Alejandra. Comunidades no musulmanas en un entorno musulmán. La pervivencia del modelo otomano en la actual siria. Cantarabia Editorial. Madrid, 2013, pp. 59. Cita a Abdallah Saeed, “Rethinking Citizenship Rights of the Non Muslimos in an Islamic State” (1999, pp. 308-309)

2 Entre ellas entrevistas realizadas en 1990 y 1991 a Yamil Kalala, Faride Aho, y conversaciones con Mary Zakho.

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