Blaise Campoaré, persona non grata

Blaisé Campoaré

Todavía está reciente la revuelta acaecida en Burkina Faso, que dio lugar a la caída del dictador Blaise Campoaré. Sátrapa que gobernó con mano de hierro desde 1987 hasta el pasado octubre. En esta ocasión acercamos el artículo de opinión Blaise Campoaré, Persona non grata de Plinio Borges, publicado el pasado 5 de noviembre en el sitio GBissau.com. Si bien, no es un artículo de la misma Burkina Faso, es una opinión vertida desde un país próximo y encuadrándolo en la situación de la región.

“Burkina Faso acaba de entrar en el reducido círculo de los países revolucionarios. El viento revolucionario que barrio el norte de África, y que algunos juzgaban marginal y Magrebí, encontró una corriente descendiente que está ahora dirigiéndose hacia el sur del continente. La meteorología geopolítica prevé un fin próximo de la dictadura.

Una revolución que vino del Pueblo y que, aunque pueda parecer anodino, los militares, como siempre, usurparon para quedar bien. Los mismos que apoyaron incondicionalmente y sin escrúpulo alguno al Presidente que se creía monarca.

La miopía y la sordera hace de los hombres de poder, unos incompetentes, aun cuando ostentan numerosos diplomas y están de sobre formados. Parece que no tienen ojos que les permita ver lo ocurrido en Túnez, donde una tempestad barrió a Ben Ali y su escoria. No tienen oídos que les permitan oír lo que aconteció en Egipto o en Libia para que se hagan una idea de que tarde o temprano les llegará su turno. Debería servirles de ejemplo, que entre otros motivos, lo que llevo a dar la patada a Ben Ali fue la intención de modificar la constitución para amoldarla a sí, siempre ostentando el poder.

Otros como Abdoulaye Wade[1], con 85 años todavía se siente en la flor de la vida para realizar proyectos y argumentar que la Nación y el Pueblo todavía le necesitaban. Sin hablar de la vergonzosa sucesión filial, dando lugar a monarquías republicanas, vulgarmente conocida como “Repúblicas Banareras”. Si las monarquías y las dictaduras resolviesen los problemas de los africanos, los hombres que desde hace casi medio siglo ostentan el poder, ya habrían transformado sus respectivos países en paraísos prósperos, sin hambre, con trabajo, competitivos en el mundo.

En Zimbabue, el todopoderoso Robert Mugabe juró morir en el poder, desafiando el deseo del Pueblo y modificando la constitución a su gusto.

La controvertida llegada al poder del señor Blaise Campoaré es una historia que nada tiene que envidiar a algunas novelas policíacas. Su situación y trayectoria no parecían mostrar el perfil de aquellos con intenciones de perpetuarse en el poder. Sin embargo, el asesinato del malogrado Thomas Sankara[2], que lo debería haber marcado con la estrella negra de la vergüenza, le sirvió como trampolín hacia el poder.

El señor Blaise Campoaré, ha sido un canalizador en las reconciliaciones entre los aquellos que ostentaban el poder y los que lo ambicionaban, quien conoce la situación de la región, sabe que cualquier conflicto en África acaba repercutiendo en la región. Y a nadie le gusta tener problemas con los vecinos.

Pensar que un presidente africano pueda ser reelecto más allá de dos mandatos, es una quimera. La ignorancia del Pueblo por más mediocre que sea nunca dejará en el poder a aquellos que se corrompieron, robaron, violaron las leyes de la república y les ignoraron. Cualquier Presidente en África que haya obtenido más de dos mandatos, es un Presidente caduco. El retraso en el desarrollo de África es fruto de una gestión calamitosa, salpicada de los todos los defectos posibles e imaginables.

En Angola, el señor José Eduardo dos Santo, parece vivir en otro planeta, sin querer ver ni oír. Todo cuanto sucede en el resto de África, parece no interesarle. Él está esperando que le den la patada, algo que los angolanos harán un día de estos, y morir en el anonimato y mayor de los desprecios, como ya le ocurrió a su vecino, Mobutu Sese Seko

¿Quién dice que la democracia se consigue en un día?

Podemos acusar a los Occidentales de inmiscuirse en los problemas internos africanos pero, sólo el Pueblo sabe y siente lo que supone la caída de un dictador. En los países donde hubo revoluciones, la vida hoy no es mejor ¿Pero quién ha dicho que la democracia se consigue en un día? Europa ya no hace guerras en el seno de la unión, porque los parlamentos y sus representantes son capaces de restaurar el orden constitucional ante cualquier posibilidad de vacilación. Es evidente que las guerras no resuelven el problema, pero sin duda, hay Presidentes, que sufren el virus de la grandiosidad y que solo el poder de las armas consigue que suelten la poltrona presidencial.

No hay dudas, de que hay Presidentes que sueñan con funerales con toda la pompa y ceremonia que le es reservado a ese cargo. Por eso precisamente el Pueblo dicto: si la Mosca quiere el cadáver que sea enterrado con él.[3]

Vladimir Putin apropiándose del poder, haciendo y deshaciendo cuanto quiere en torno a la constitución en la cara de sus conciudadanos, demuestra que el apropiamiento del poder no es una enfermedad afro-africana.

El Pueblo teme la alternancia porque algunos desconocen y no imaginan como puede ser el futuro. ¿Pero no es precisamente ese el desafío, la tentación que lleva a los hombres a rebelarse, manifestarse y transcender?

Un dictador que construye escuelas y facultades crea, sin saber, reaccionarios y revolucionarios que mañana dirán ¡Ya basta!

Ser Presidente de la República es un viaje en crucero, donde todo tipo de atenciones se permiten y conceden al todopoderoso. Sin embargo, ese viaje se puede transformar en una terrible pesadilla, en alta mar, donde no hay fronteras y los tiburones salen de las profundidades para devorar a aquellos tipos que les son extraños.”

 

[1] Presidente de Senegal entre 2000 y 2012 y líder del Partido Democrático Senegalés

[2] Militar revolucionario de inspiración marxista y panafricanista. Se le denomina el “Che Guevara de África”. Presidente de Burkina Faso entre 1984-1987, donde se aupó tras un golpe de estado. Fue asesinado y por ende depuesto, por el golpe de estado protagonizado por su antiguo colaborador Blaise Campoaré en 1987.

[3] Esta última parte del párrafo, sin una contextualización y un conocimiento más profundo de los acontecimientos, de los que por desgracia carecemos en esta ocasión, dificultan una traducción no del lenguaje sino del mensaje, del sentido que se quiere transmitir. Llevándonos directamente al post que publicamos hace unos meses Des-dignificando la traducción.

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