¿Dónde están los negritos?

 

Los negros

 

“Las minas no podríamos hacer bochinche cuando vemos un buen banana, que se compró unos tamangos para ir a la milonga. Los chongas estarían esperando ansiosamente el guiso de mondongo que les preparó la mucama, deseando no abombarse para ir al candombe si el taita les tira unos mangos. Y si se arma quilombo, rajar porque entre tanta burundanga no sea cosa que caigamos en cana.”

El párrafo anterior no deja de ser un divertimento. Lo redactó la historiadora Liliana Pruzzo, empleando palabras muy comunes en el habla popular rioplatense y que, esto quizás lo desconozcan casi todos los argentinos que las emplean a diario, derivan de términos de origen africano. ¡Sí, Don Bartolomé, africanos!

Argentina, o mejor dicho sus habitantes, se consideran abiertos y hacen gala de antirracismo, pero basta que se deje caer una palabra, para muchos maldita, para que ese discurso se venga abajo: negro.

Esto nos obliga a hacer alguna precisión. Bartolomé Mitre, uno de los más conspicuos representantes de la oligarquía terrateniente argentina, que fuera presidente entre 1862 y 1868 es autor de diversos textos sobre la historia nacional, que tienen la consideración de “historia oficial” y en la que, como es el caso de los afrodescendientes los ninguneó, casi no existieron o fueron, según sus planteos algo secundario, casi folclórico.

Sin embargo, si nos atenemos a los documentos históricos se puede comprobar que en el año de 1778 se realizó un censo que arroja datos muy esclarecedores y totalmente contrarios a los planteos de Don Bartolomé; veamos algunas de las cifras que arrojó:

 

  1. La ciudad de Buenos Aires tenía 24.363 habitantes, de los cuales la friolera de 7.256 eran negros o mulatos[1].
  1. En el noroeste del país, que era por esa época la zona más densamente poblada del territorio, vivían alrededor de 126.000 habitantes de los que 55.700 eran negros, mulatos o zambos[2].
  1. Entre los habitantes de Tucumán los afrodescendientes alcanzaban el 64%, en Santiago del Estero, el 54%; en Salta, el 46%. En Córdoba vivían 44.052 personas, el 60% negros, mulatos o zambos.
  1. En 1810, estimaciones señalan que los afrodescendientes constituía el 40% de la población total del Virreinato.

 

Pero, es muy importante comprobar la situación en que se encontraba esta parte de la población. Puede definirse con una palabra: eran esclavos (de hecho y de derecho), siendo la agricultura, el cuidado de ganado y la carga y descarga de barcos en el puerto sus principales ocupaciones.

Sin Embargo, Don Bartolomé contó sin ningún rubor que: “entraban a formar parte de la familia con la que se identificaban, siendo tratados con suavidad y soportando un trabajo fácil, no más penoso que el de sus amos, en medio de una abundancia relativa que hacía grata la vida”. Paul Groussac[3] le contestó con aspereza, ¿se acuerda Don Bartolomé?: “los negros y mulatos urbanos pertenecían a la casa del patrón, no ‘como miembros de la familia’, sino como parte de su fortuna”

Además, es increíble que alguien tan informado de las fuentes históricas, se olvidase de decir, por ejemplo, que el famoso sargento Cabral[4], era negro, mejor dicho, mulato. Y de los 1.300 hombres que cruzaron los Andes a las órdenes del general San Martín y que participaron en las campañas que consiguió la derrota sobre los españoles y la independencia del país, 800 eran… negros. O que uno de los prohombres argentinos, Bernardo de Monteagudo era afrodescendiente. Y que la infantería que el propio Bartolomé Mitre comandó en la guerra con el Paraguay, esa vergüenza nacional que amañó con brasileros e ingleses para decapitar el gobierno progresista de Solano López signando el colonialismo en Latinoamérica, esa infantería era casi toda negra. Y así, cómo no iban a desaparecer los negros en los inútiles asaltos a las trincheras paraguayas.

Digamos, Don Bartolomé, que los argentinos deben buena parte de su independencia de los españoles a un montón de afrodescendientes, que como reconocía en propio general San Martín, lucharon “codo con codo con los criollos”.

Pero habría que preguntarse, qué pasó con esa ingente cantidad de afrodescendientes. Muchos de ellos murieron en las luchas de la independencia o posteriormente participaron en campañas de la guerra fratricida de federales y unitarios[5]. Pero las mujeres no estuvieron en el frente de combate. Ellas siguieron esclavas en el campo y no desaparecieron, simplemente fueron diluyendo su sangre en el conjunto de la población.

No falta quien asegura que por buena parte de las venas de los argentinos corren gotas de sangre africana. Y puede que los “cabecitas negras[6] no sean nada más que el resultado de tantos años de mestizaje. Y que sepa, Don Bartolomé, que mestizaje y riqueza llevan Z, la de zorongo, otro vocablo que aportó la cultura africana a Latinoamérica.

*****

Para todos aquellos que quieran acercarse a este tema queremos recomendar:

  1. Antes que nada, un ilustrativo capítulo de la serie televisiva “Qué hubiera pasado”, dirigida por el historiador Pacho O’Donnell para Canal Encuentro, de la red de televisión oficial argentina. El capítulo en cuestión se llama “El esclavismo en el Virreinato del Rio de la Plata”.
  2. Catedra Libre de Estudios Afroargentinos y Afroamericanos UNLP.
  3. Los negros-africanos en la historia argentina, artículo de la profesora Miriam Victorias Gomes.

[1] Se reconoce como mulato a la persona nacido la unión de negro (o negra) y blanco (o blanca).

[2] Zambo es la persona fruto de la unión de negro (o negra) e indígena.

[3] Paul Groussac (1848-1929) un francés liberal que con certeza criticó a la clase dirigente nacional.

[4] El sargento Cabral fue un auténtico héroe en la iconografía argentina. Participó, a las órdenes del general San Martín, en la batalla de San Lorenzo, en la que murió.

[5] Auténtica guerra civil que durante casi cincuenta años enfrentó a los terratenientes del puerto de Buenos Aires con la población del interior.

[6] Nombre con que Evita, cariñosamente, nombraba a una inmensa masa de la población que emigró del norte del país hacia Buenos Aires y que constituyó la base fundacional del peronismo.

 

 Juan Carlos D’Angelo

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