¿Por qué no hay rebeldía estudiantil? 

Autor: Zoran Ćirjaković 

Publicado en “Politika”,  14/09/2014

El autor que traducimos en esta ocasión es profesor de la Facultad de Medios y Comunicación de la Universidad de Belgrado. El texto habla de la situación en Serbia, pero muchos aspectos que trata son perfectamente reconocibles en otros contextos sociales occidentales. 


 

Hace tiempo que los estudiantes no se encuentran frente a una perspectiva tan desoladora. Desde Canadá, donde una quinta parte de los jóvenes está desempleada, hasta Grecia y España, donde más del 53% está sin trabajo, se habla de una “generación perdida”.

Las tasas de crecimiento económico que se esperan no prometen un futuro mejor. Hasta Mario Draghi, el principal banquero de la Eurozona – donde una cuarta parte de los jóvenes está en el paro – admite que el desempleo en estos años clave dejará secuelas de por vida.

A pesar de eso, no hay grandes manifestaciones estudiantiles. Las pocas que se han visto, como Occupy Wall Street, acabaron en fracaso, perdidas entre retweets y likes. ¿Que es lo que ha dormido las mentes rebeldes? ¿Qué las ha anestesiado?

Probablemente la mayor sorpresa es la indiferencia que se ha extendido entre los estudiantes de humanidades y ciencias sociales, en las facultades que representaban la cuna de las ideas y movimientos subversivos. Su desinterés por los grandes cambios y su desconfianza hacia las ideas impulsoras del cambio está relacionada en gran parte con las ideas de un hombre – Jacques Derrida.

Ningún pensador del siglo XX ha influído en tantas disciplinas y tanta gente pensante como este carismático francés. Muchos viven la obra de Derrida como “el fin de la filosofía”, la cumbre del desarrollo intelectual de la humanidad.

En las universidades a lo largo y ancho del mundo la “lectura de Derrida” constituye un ritual de iniciación en la “verdadera” élite intelectual. Aunque es difícil explicar a los no infectados la seducción de un filósofo que explica su idea más importante así: “La deconstrucción, si una cosa así existe, supone la experiencia de lo imposible”.

La estrategia Derridiana de interpretación de los textos, la deconstrucción, puso el acento en encontrar las contradicciones, prejuicios e incoherencias. Con el tiempo se ha convertido en una destrucción, afirman los críticos. Una descomposición obsesiva de todas las grandes ideas y una descalificación de sus autores.

Aunque presentada como una expresión de la rebelión intelectual contra teorías y enseñanzas viejas y agarrotadas, el pensamiento narcotizante de los seguidores postmodernos de Derrida se ha convertido en enemigo de cualquier otra rebelión. Su influencia se menciona a menudo como una de las principales razones por las que da la impresión de que ya no hay izquierda.

Mientras los filósofos y politólogos de “palacio”, junto con los economistas de la “escuela de Chicago”, desarrollaban un grupo de teorías que construyen los cimientos del orden mundial que dirige nuestras vidas ya un cuatro de siglo, los admiradores de Derrida en la izquierda se divertían demostrando la absurdez y vacuidad que todas las grandes ideas.

No extraña que los apólogos del neoliberalismo ya no dudan en admitir que los derridianos, antaño grandes enemigos, son ahora sus aliados.

Los conservadores americanos perdieron en los 80 la batalla en las universidades, pero pronto se demostró que ganaron la gran guerra. Obsesionados con la “teoría” y la jerga oscura, cínicos y escépticos, los postmodernistas y sus estudiantes se quedaron aislados e incomprensibles, no sólo sin voluntad sino también sin capacidad para tomar parte en los importantes debates sociales de la época del ascenso del Thatcherismo y la Reganomía.

La ideología que favorece los intereses de la élite privilegiada, el 1% de los super-ricos y sus peones, triunfó sin resistencia digna de mención.

Noam Chomsky afirma que los postmodernistas han contribuído a la autoexclusión de los intelectuales no sólo de importantes luchas políticas sino también de la realidad. En las rebeldes mentes jóvenes ha anidado el nihilismo, la creencia de que nada tiene valor y la opinión de que todo es tan relativo que ya nada es importante.

Peter Lennon, columnista de The Guardian, escribió que “utilizando la lógica de Derrida, podemos deconstruír el “Mein Kampf” y descubrir que Hitler estaba en conflicto con el antisemitismo”.

Con Derrida y la interpretación supuestamente errónea de su obra se relacionan dos de las principales obsesiones de los activistas actuales: la corrección política y las “políticas de identidad”. Éstas están enfocadas en la situación de las minorías amenazadas por parte de las mayorías – hombres, nacionalistas, fundamentalistas… cuya identidad se presenta como malvada, dominante y no digna de respeto. La victimización y la demonización se han convertido así en las principales líneas maestras del activismo.

Los estudiantes movilizados hoy en día hablan principalmente con el lenguaje de la identidad, y no con el lenguaje del cambio. Se han obsesionado con el reconocimiento y la asimilación de la diferencia, lo cual ha generado nuevos antagonismos y ha multiplicado los campos de batalla políticos.

El destacamiento de la diferencia y la enumeración de las injusticias ha sustituído la búsqueda de similitudes y relaciones entre grupos e individuos.

La deconstrucción y las políticas de indentidad han llegado a las universidades serbias y han embrujado muchas brillantes mentes jóvenes. Aquí también aquellos que les gustaría movilizarse han escogido objetivos previsibles.

Les mueve, por ejemplo, el hecho de que las vidas de las madres de Srebrenica están llenas de un dolor infinito, y que no es fácil ser gitano gay en Zemun o lesbiana en Vracar(1).

Por desgracia, nuestros estudiantes son mayoritariamente indiferentes hacia el sufrimiento de las políticamente incorrectas, pero muy numerosas víctimas del fundamentalismo de mercado. El orgullo gay ha pasado a ser una cuestión más importante que el crecimiento constante del número de personas que rebuscan en los contenedores.

En las protestas de 1968, los estudiantes belgradenses clamaban “Obreros-estudiantes” y “Somos los hijos del pueblo obrero”. Por desgracia, hoy en esos mismos pupitres la palabra la tienen rebeldes empeñados en demostrar que no tienen nada que ver con ese pueblo obrero.

A ellos les parece inimaginable compartir barricada con gente que a lo mejor es homófoba, posiblemente escuchen a Aca Lukas (2), se ríen de los chistes racistas de gitanos y seguro no entenderían a Derrida o a Baudrillard.

El problema no está sólo en estos jóvenes elitistas políticamente correctos, que creen que el albañil parado de Batajnica y el carpintero despedido de Svrljig (3) merecen vivir en la miseria. Gran parte del activismo de izquierda se ha reducido a colectivos que parecen una policía de actitudes y pensamientos – postmoderna y bien vestida, pero una encarnación incansable de Ilija Cvorovic.

“Si mañana se levantaran las fuerzas de la revolución, los izquierdistas primero tendrían que comprobar si la composición de éstas contiene los grupos de identidad adecuados. Si la composición no es la adecuada, cancelarían la revolución. No les sería importante que ésta les sería útil a todos, y que haría la vida más soportable sobre todo a aquellos que están marginados”, escribe el profesor Michael Rectenwald de la Universidad de Nueva York.

Los jóvenes rebeldes están obligados a elegir entre dos extremos. En uno están las apasionadas batallas identitarias que acaban o bien con una pequeña victoria, o con la retirada a cuevas elitistas impregnadas de autocompasión y desprecio hacia la “masa inconsciente”. En otro están los movimientos fundamentalistas de extrema derecha, que son los únicos que quieren cambiar el mundo.

Esta gran ausencia de visones movilizadoras está dolorosamente descompensada con las expectativas de la gente joven a la que han robado el futuro. Y por desgracia, estas visiones determinan el alcance de toda rebelión, también de la estudiantil.

Infrecuentes protestas, empapadas de una mezcla de resignación y rabia, seguirán siendo la manera de vaciar las frustraciones acumuladas y llegar a un poco de satisfacción consumista – una oportunidad de llevarse unas zapatillas de un escaparate roto, un smartphone o algun que otro trapito de marca.

Humillada y culpada, la mayoría silenciada ha comprendido que hoy en día no merece la pena luchar por grandes objetivos.


 

(1) Barrios de Belgrado. 

(2) Aca Lukas es un cantante de música comercial, comparable a Camela. 

(3) Batajnica y Svrljig son, respectivamente, un suburbio de Belgrado (por ejemplo, como Fuenlabrada a Madrid) y una pequeña ciudad deprimida del interior de Serbia. 

(4) Ilija Cvorovic es un personaje de una comedia de culto en la antigua Yugoslavia, “El Espía de los Balcanes”. Es un paranoico que constantemente cree que grandes poderes (imaginarios) están espiando y conspirando contra él y contra el sistema.  

Anuncios
Etiquetas: , ,

One Comment to “¿Por qué no hay rebeldía estudiantil? ”

  1. Buen análisis pero no suficientemente bueno. Le falta puntualizar que los jóvenes no se pueden movilizar contra nada porque para empezar tendrían que movilizarse contra si mismos. El “enemigo” de la humanidad ya no está solamente sentado en los despachos de los “patronos” sino que se ha infiltrado insidiosa e inexorablemente en las mentes de cada una de las personas potencialmente revolucionarias. Las revoluciones al estilo clásico ya no son posibles, lo que se requiere ahora son revoluciones personales para desprenderse de toda la infecta doctrina mental que el consumismo imprime mediante publicidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

UNA NUEVA IZQUIERDA

buscando alternativas

A %d blogueros les gusta esto: