ACERCA DE LOS NACIONALISMOS ETNO-RELIGIOSOS EN ORIENTE PRÓXIMO

“A quien como yo, enumera sus múltiples pertenencias, se lo acusa al instante de querer “disolver” su identidad en un batiburrillo informe en el que todos los colores quedarían difuminados. Sin embargo, lo que trato de decir es lo contrario. No que todos los hombres sean parecidos, sino que cada uno es distinto de los demás (…) Es nuestra mirada la que muchas veces encierra a los demás en sus pertenencias más limitadas, y es también nuestra mirada la que puede liberarlos.”

Identidades Asesinas, Amin Maalouf, 

Del Estado moderno se relatan sus atributos vinculados a modernización, a la emergencia de sistemas educativos universalistas, la secularización y el acceso de la mujer a algunos derechos. En menos ocasiones, se relatan los estragos de las ideas nacionalistas, y no solo de los fascismos y totalitarismos, sino también de los Estados nacionales liberales, y sus políticas identitarias, que definen inclusiones/exclusiones.

En sociedades pluriétnicas/plurinacionales, como las de Oriente Próximo, los mecanismos de creación de Estados Nacionales, concebidos en Europa central y oriental, basados en el dogma de que para ser racionales debían ser homogéneos, como un ethos que vinculara a un pueblo, con una lengua, con una tierra, con una etnia (única o hegemónica) y a veces con una religión “nacional”, han sido la causa de las situaciones de caos, guerras fratricidas, genocidios, limpiezas étnicas, ocupaciones, desplazamientos forzosos de poblaciones, sometimiento de grupos étnicos a otros, conflictos abiertos que se eternizan, etc.

En Oriente Próximo, los nacionalismos étnico-religiosos alemanes, polaco o ruso, serán los que influirán en los posteriores nacionalismos armenio, griego, turco, judío, árabe, persa, y algunos nacionalismos locales y regionales (egipcianismo, sirio, fenicianismo). También en los más recientes nacionalismos kurdo, amazigh y asirio que parecen seguir los mismos esquemas mentales y cometer los mismos errores, aunque se trate de pueblos que no tiene Estados Nación.

Cada nacionalismo étnico de la región tendrá sus peculiaridades, pero todos bebieron de los mismos modelos.

Quiero enunciar algunos postulados, que considero claves:

1- El nacionalismo es una ideología, que refleja el “espíritu de una época”, desde una geografía, que luego se naturalizó y fue adoptado por multitud de pueblos, en forma acrítica, mitologizada y esencialista.

… y como dice esta cita:

“Una nación es un grupo de personas unidas por un error compartido sobre su ascendencia y un desagrado compartido hacia sus vecinos”.

Nationality and Its Alternatives, Karl Deutsch, 1969

2- Las consecuencias de los nacionalismos étnicos que se han impuesto en Oriente Próximo en el siglo XX que han pretendido crear Estados Nacionales, son la causa de la mayoría de los conflictos. Estos se impusieron a sociedades milenariamente pluriétnicas/pluriculturales, a base de exclusiones sociales, desplazamientos forzosos, presuntos derechos de unos sin reconocimiento de los derechos de los otros, estratificaciones étnicas de ciudadanos con una estratificación de acceso a derechos basados en pertenencias étnicas y/o religiosa, matanzas/genocidios, y políticas asimilacionistas que vulneraron y vulneran el derecho a la de las personas al disfrute de sus respectivas culturas en igualdad de condiciones e igualmente reconocidas. En definitiva, en todos los casos por imponer modelos monoculturales de identidad nacional, basadas en la etnia (derechos “de sangre”, no de nacimiento) con imaginarios reproducidos por sistemas educativos, que funcionan en gran parte como reproductores de las mitologías nacionalistas y religiosas que adoctrinan y legitiman , la exclusión de quienes no se ajustan al “ethos” nacional.

Y citaré a Ernest Renan quien se refiere a la necesidad del “olvido” de la historia real, para construir una identidad nacional, mitologizada:

“El olvido, e incluso diría que el error histórico, son un factor esencial en la creación de una nación, y de aquí que el progreso de los estudios históricos sea frecuentemente un peligro para la nacionalidad. La investigación histórica, en efecto, ilumina los hechos de violencia ocurridos en el origen de todas las formaciones políticas, incluso aquellas cuyas consecuencias han sido más benéficas. La unidad siempre se hace brutalmente; la reunión de la Francia del norte y la Francia del mediodía ha sido el resultado de una exterminación y de un terror continuados durante casi un siglo. La esencia de una nación es que todos los individuos tengan muchas cosas en común, y también que hayan olvidado muchas cosas. Ningún ciudadano francés sabe si es burgundio, alano, taifalo, visigodo; todo ciudadano francés debe haber olvidado la noche de San Bartolomé, las matanzas del Mediodía en el siglo XIII”.

“Qué es una nación?”, Ernest Renan (1882)

Y es que Renan, considerado el primer y más relevante teórico del nacionalismo, fue también el fundador del sistema de categorías y clasificaciones de “razas” y lenguas, donde “descubre” o más bien crea el concepto de “lo semítico”. Un Especialista europeo en un nuevo campo Estudios Semíticos … desde un punto de partida antisemita.

Algunas citas de este autor nos permiten ver la conexión real que existe entre nacionalismo y antisemitismo, y porqué la figura de Renan es tan importante en esta relación.

“Podemos observar cómo en todos los aspectos de la vida la raza semítica parece incompleta debido a su simplicidad. Esta raza -si me atrevo a usar la analogía- es para la familia indoeuropea lo que el carboncillo para la pintura; carece de esa variedad, de esa amplitud y de esa abundancia de vida que es condición de lo perfecto. Igual que esos seres tan poco fecundos que, tras una infancia agradable, solo alcanzan una mediocre virilidad, las naciones semíticas experimentaron su mayor florecimiento en su primera edad, pero nunca fueron capaces de la verdadera madurez”.

Quien así opina, es la misma persona que describía como una aberración antinatural a cualquier ciudad del Estado otomano, dado que convivían, en un solo espacio griegos, hebreos, árabes, sirios, armenios y kurdos. Una situación problemática para él, porque apareja dificultades a la hora de crear “Estados Nacionales” que son para él las formas de organización más modernas y racionales, desde sus propios prejuicios, que marcaron época, incluso entre los intelectuales de Oriente Próximo y Europa Oriental, y aquí comienza el drama.

“En los países que acabamos de enumerar no hay nada análogo a lo que encontraréis en Turquía, donde el turco, el eslavo, el griego, el armenio, el árabe, el sirio, el kurdo, son tan distintos hoy como en el día de la conquista. Dos circunstancias esenciales contribuyen a este resultado. En primer lugar los pueblos germánicos aceptaron el cristianismo desde que tuvieron contactos algo continuados con los pueblos griegos y latinos. Cuando el vencedor y el vencido son de la misma religión –o mejor cuando el vencedor adopta la religión del vencido- el sistema turco, la distinción absoluta del hombre por su religión, no puede producirse. La segunda circunstancia fue el olvido de su propia lengua por los conquistadores”.

Si los pueblos semitas carecen de capacidad de madurez, necesitan ser gobernados por quienes sí han alcanzado dicha madurez y han creado la civilización, encarnada hoy en Estados Nación, es decir Europa. Los alegatos contra la existencia de “antinaturales” Estados multinacionales como el Otomano, solo presagiaban y ambicionaban la fragmentación en naciones, susceptibles de ser controladas por la combinación de la fuerza y la diplomacia, y completar la ocupación del mundo de entonces por las potencias europeo-occidentales, como efectivamente ocurrió tras la Primera Guerra Mundial.

Lo que sucedió fue que esa era del colonialismo fue contestada por intelectuales nativos, educados en el mismo ideario nacionalista, asimilado en forma acrítica y lineal, es decir con las interesadas estrecheces mentales europeas. Y lo mismo que el movimiento nacionalista sionista, nacido al calor de los guetos de una Europa Oriental que creaba progromos, y una occidental donde estallaba el “Caso Dreyfus”. Una Europa secularizada, que al calor de las ideologías nacionalistas, pasó a concebir a las ya marginadas comunidades judías, desde nuevas narrativas basadas en conceptos de origen, raza y nación. La población judía comenzó a ser vista como un “cuerpo ajeno a la nación”, con lo cual se extienden hechos de violencia antisemitas en Polonia, Alemania y Rusia, no por casualidad los lugares de origen de los nacionalismos étnicos, trasladados pronto a Oriente Próximo.
Veamos muy someramente el impacto de estas nuevas ideas en Oriente Próximo:

Los relatos míticos del nacionalismo turco:

Jóvenes aristócratas del Estado otomano que estudian en Francia y Alemania, crean los primeros grupos literarios y de estudios de la lengua turca, y se apartan de los llamados Jóvenes Otomanos para crear el movimiento de “Los jóvenes turcos”. Coquetean muchos de ellos con la masonería y tienen mucho predicamento entre grupos militares, en especial en la ciudad macedonia de Salónica. Asumen el poder de un Estado que viene de perder posesiones frente a potencias europeas y “entienden” que la debilidad de su Estado es su pluralidad, foco permanente de conflictos intercomunitarios. Así, imbuidos de un ideario positivista, crean los “Comités de Unión y Progreso”, y desde el poder del Estado, en sus manos, se proponen turquizar a los súbditos del Estado Otomano. Al menos, a los “elementos asimilables” que eran para ellos los musulmanes sunnitas, mientras que a los grupos nacionales como armenios, griegos pónticos, asirios, alevíes y yezidíes, debía convertirlos, desplazarlos, dispersarlos o eliminarlos, “por el peligro interno” que suponían, también como “cuerpo ajeno a la nación”, luego de 500 años de convivencia. Resultados: genocidio armenio, casi exterminio de asirios/siriacos, matanzas de yezidíes, griegos pónticos y alevíes (grupo turcomano chiíta), y desplazamientos forzosos con intercambio de poblaciones y repoblamientos de zonas que devastaron entre griegos, turcos, kurdos y asirios, entro otros. La idea de “trasvase de poblaciones” para crear Estados homogéneos, será una idea muy recurrida, incluso tomada en el ideario sionista que pretendió desplazar a palestinos y repoblar con judíos europeos y orientales.

El nacionalismo turco creará su Estado nacional, a costa de la asimilación forzosa de los más de 40 grupos lingüísticos de Anatolia, Tracia y Mesopotamia; y a través de un sistema educativo estatal, creará las bases de un adoctrinamiento nacionalista, siguiendo al ideólogo oficial del nacionalismo turco, el sociólogo durkheniano, Ziya Gokalp (paradogicamente un aristócrata de etnia zázake y no turca). Este instalará un imaginario “nacional”, que procuró dar respuesta a cómo legitimar la preeminencia turca en una región que no es su patria histórica, y poblada por muchos pueblos antiquísimos. La respuesta, fue crear un relato nacionalista mítico con estas características: por un lado, se narraba la historia de una etnia, y no del Estado, y dado que la tierra histórica del pueblo turco son las estepas de Asia Central, debieron instrumentalizar la antropología y la biología para darle coherencia “científica” al mito. Así, inventaron la existencia de una patria prototurca en torno a un imaginario lago desaparecido detrás del Mar Caspio, tierra a la que llamaron “Turania”, y que abarcaba toda Asia Central, desde Mongolia. Dicho gran lago, se habría secado en épocas neolíticas, lo cual ocasionó el primer poblamiento de Anatolia y Mesopotamia (incluso a Egipto) con “prototurcos” (según el mito cientificista, “reconocibles por cráneos braquicéfalos y mesocéfalos”) , que ya habrían emigrado al oeste, poniendo las bases de las civilizaciones antiguas.

Los pueblos anatolios, cuya lengua en ese momento no había podido traducirse, automáticamente pasaron a ser “prototurcos”. Los sumerios, pasaron a ser de etnia turca, y así, los siriacos/semitas de habla neoaramea y árabe, pasaron a ser entonces, en tanto descendientes también de los sumerios, “turcos semitizados”, mientras que los kurdos, “turcos de las montañas”.

Pero veamos cómo actuaron los otros nacionalismo recién “concienciados”.

Los relatos míticos del nacionalismo judío:

El sionismo, en sus tierras originarias de Europa central y oriental, lejos de discutir los paradigmas racistas coloniales que los afectaron en forma directa y fueron causa de los intentos de exterminio, y luego de “trasvase” a Palestina, “purificando” Europa de “elementos extraños”, también aceptó la idea de raza, conformándose con discutir solamente las cualificaciones negativas que le atribuían los apologistas del racismo/nacionalismo.

Comenzaron a considerarse así mismo una raza, y con el transcurrir del tiempo promovieron “el olvido” de sus raíces mestizas, en el caso europeo, mas vinculadas a poblaciones jázaras, eslavas e indoarias del Caucaso, que a hebreos emigrados de Oriente Próximo. Era cuestión de “prestigio étnico”, acorde con las ideas esencialistas de la época, negando todo vestigio histórico de proselitismo y mestizaje, y dándole carácter de “historia” a los libros y tradiciones sagradas.

Así, se acepta y amplifica la falsa idea de una diáspora en el año 70 dC con la destrucción del Templo de Salomón por los romanos, historia de un destierro inexistente cuya única fuente fue Flavio Josefo, pero que no resistió el rigor de investigaciones históricas serias. Debido a que, por un lado los romanos nunca desterraron poblaciones sojuzgadas, y por otro, con posterioridad a esas fechas hay constancia de permanencia judía en la mayoría de las zonas rurales, e incluso otras rebeliones judías. Esto lo sabían los primeros sionistas, pero este discurso, inicialmente minoritario, luego fue retomado y se convirtió en hegemónico, en la medida en que Israel debía legitimarse como “Estado judío” (y no hebreo), frente a las aspiraciones de los palestinos, para reclamar tierra y derechos. De un plumazo, desaparecieron de la historia las conversiones y asimilación del reino arameo asmodeo, de los bereberes norteafricanos judaizados, del reino caucásico de Adiabane y de los árabes judaizados himyaríes de Yemen. Así, todos los judíos del mundo pasaron a ser descendientes directos, sin mezclas, puros, y únicos herederos del antiguo pueblo hebreo, a la par que se despojaba de su carácter de pueblo autóctono a los palestinos, o “sirios del sur”, que era como se consideraban los palestinos a sí mismos en esa época.

Es curioso que los primeros sionistas, incluyendo a Ben Gurión, hasta 1929 consideraran que los palestinos actuales son descendientes de los campesinos hebreos y arameos, que luego se mestizaron con otros conquistadores y adoptaran la lengua árabe. Luego de este período, y con el ascenso de los gobiernos de la derecha israelí tras 1948, los “arabim” , los “árabes” a secas, pasaron a ser vistos como poco más que una horda de beduinos, llegados a Palestina, una tierra “vacía” que esperaba ansiosamente la llegada de sus “legítimos herederos venidos de ultramar”, refiriendose ahora a los palestinos como llegados “apenas unos cientos de años atrás, incluso, en el último siglo “atraidos por el progreso y las oportunidades traídas por los judíos europeos” (la civilización en el paradigma conocido de civilización vs barbarie).

En paralelo, y para completar la construcción ideológica de la realidad, todo el que cuestionara el dogma oficial o hiciera referencia a orígenes no hebreos del “pueblo judío”… era tildado de antisemita o de “judío que se odia a sí mismo“.
Así, la limpieza étnica (de palestinos) fue la política de Estado “natural” de un nacionalismo que fundaba sus raíces tanto en el viejo testamento como en la idea de “raza”, y no la asimilación.

El  asimilacionismo del nacionalismo etno-lingüistico-religioso árabe:

Aquí hubo varias líneas, convergentes, algunas a partir de la toma de conciencia basada en la lengua, de intelectuales residentes en “el mahyar” (la tierra de emigración, las diásporas, mayoritariamente Estados Unidos), que se acercaron al arabismo a partir de grupos literarios y estudios de la historia. Pero en paralelo el nacionalismo árabe fue también promovido por Gran Bretaña, quien provocó las revueltas árabes de 1918 contra el Estado Otomano, y una vez desintegrado, pactaron con señores feudales traídos de la península arábiga para colocarlos como monarcas de una Siria, luego repartida en cinco Estados por los acuerdos de Sykes-Picot entre Inglaterra y Francia.

El nacionalismo árabe, no abarcaba más allá de las regiones arabófonas de Asia, y se construye en oposición al nacionalismo turco y de forma tardía. Es un nacionalismo de tipo lingüístico, asimilacionista, donde se integran también elementos religiosos musulmanes sunníes, aunque las corrientes más laicas digan lo contrario. Y eso pese a que, algunos de sus ideólogos, como los levantinos Amin el Rihani, o el Fundador del Partido Baath, eran cristianos melkitas (Iglesia Greco-Ortodoxa), es decir greco-arameos arabizados.

Tiene su mayor alcance entre los años 1952 y 1976, de la mano de militares que toman el poder por golpes de Estado en Egipto, Siria, Irak y Libia, imbuidos en algunos casos de idearios de intelectuales que fundaron partidos políticos. En general narran su historia a partir de la emergencia del Islam, incorporando a su relato como “árabes” a todos los pueblos semitas de Oriente próximo y África del norte. Los bereberes/amazigh, pasan a ser “árabes”, los egipcios, con toda su historia y cultura milenaria, quedan desdibujados frente a la construcción de  un nuevo relato nacionalista donde la historia que interesa, arranca con las  tribus árabes de beduinos conversos al Islam y sus conquistas; los asirios/siriacos de lengua neoaramea de Mesopotamia y Levante, así como los de tradición greco melkita, “árabes” y “árabes cristianos”, los judíos de la región “judíos árabes”, los kurdos y turcomanos, invisibles. Los armenios y otros grupos, integrados pero como invitados. Todo el que habla árabe, es considerado árabe, y la Liga Árabe llega a incluir entre sus miembros a países no árabes, por la conjunción del factor islámico + semítico (que no árabe ni siquiera arabófono), como Somalía.

El sistema educativo “cubre”  y pasa de puntas por la historia preislámica y borran  la real diversidad étnica y religiosa existente. Se produce una suerte de mistificación donde regiones y naciones milenarias, terminan casi borrando su historia, por otra considerada más relevante y fundante,  que se inicia con las conquistas de beduinos musulmanes llegados de Arabia, y la historia anterior, por analogía al imaginario árabe musulmán, es equiparada a la “yahilía”, es decir la llamada “Edad de la Ignorancia”, por lo cual, entra en el campo de lo irrelevante en el esquema mental nacionalista árabe.  La diferencia se convierte en una amenaza a exorcizar mediante las apelaciones a la cohesión en torno a una “nación árabe”, que intenta suplantar a sentidos de solidaridad previos basados en el Islam. El prestigio de la lengua árabe del Corán, hace que este nacionalismo deseche las ideas de raza, y priorice las de lengua, dado el caracter sagrado que tienen la lengua del Coran, aunque el árabe hablado difiera enormemente del clasico, y algunos dialectos (casi idiomas) son practicamente ininteligibles entre sí. No obstante, la lengua oficial es el árabe clásico, una lengua practicamente muerta. Se promueven políticas de Estado asimilacionistas que buscaron “arabizar” las culturas antiguas y autóctonas absorviéndolas mediante la educación nacionalista, cuyo elementos centrales serán la lengua árabe clásica, y la historia islámica. En el caso de la población judía, se cometió la vergüenza de expropiarles y echarlos de sus paises en los años 50, haciendo culpables a los “arabes judios”, de las prácticas del Estado de Israel, con unos reflejos dictatoriales y populistas, en igual grado a la estupidez de los militares nacionalistas que ocuparon el poder en esos países.

Por otra parte, crean los Estados con “apellido étnico” de “República Árabe”. Aunque otros nacionalismos contienen el componente étnico, ya sea en sus constituciones “Estado Judío”, en su gentilicio “Turquía”, o “Kurdistán”.
Volviendo a los árabes, aunque se plantearon una utópica unidad en un solo Estado de todos los países arabófonos, no fue más que un discurso de apelación a tener infuencias fuera de sus fronteras, prevaleciendo siempre los intereses de las castas militares que se auparon en el poder, y de las monarquias absolutas únicamente interesadas en su estabilidad. Cabe recalcar, que, aunque se dijeron laicos, siguieron teniendo una legislación religiosa, donde el Islam es la religión oficial, y donde las autoridades en materia civil siguen siendo las corporaciones religiosas. Algo en común con Israel, un miedo común a la perdida de poder de los estamentos religiosos y a la perdida de control de ciudadanos sin identidades religiosas.

Pueblos “sin Estado” pero con aspiraciones a  crear Estados Nacionalistas étnicos:

Las corrientes nacionalistas más actuales de los pueblos sin Estado, como los Kurdos (el grupo de mayor importancia numérica y extensión territorial) y asirios, un grupo ya muy minorizado y con más habitantes en las diásporas que en su hogar histórico, varían en función de sus corrientes políticas. Ambos nacionalismos, tanto en Turquía como en Siria, tienen entre sus objetivos, al menos las corrientes mayoritarias, el reconocimiento de sus derechos como pueblos, en sus respectivos Estados, que pasen a ser Estados plurinacionales donde todos los habitantes y culturas tengan acceso al poder, acceso a educación en lengua materna, organización, celebración de sus fiestas, y quizá algún régimen de autonomía.

Pero también en el imaginario social, especialmente entre los kurdos de Iraq y muchos de Turquía, Iran y Siria, está presente la idea de un Estado Nacional, con todos los defectos de los nacionalismos ya mencionados. En Iraq es el pensamiento dominante y también a nivel de las diásporas se refuerza un discurso de nacionalismo étnico muy vigoroso, muy centrado en la historia, o mas bien en la falsificación de la historia o en la selección interesada de la historia.

Las pretensiones hegemonistas del Nacionalismo kurdo:

Se puede resumir en tres frases

La primera (definición que dan de Kurdistán)
1- “Kurdistán son todas aquellas tierras donde viven kurdos”. Al respecto dice Nazanim Amirian: “Etimológicamente hablando Kurdistán tiene una naturaleza muy sencilla: es el lugar donde residen los kurdos, sin más complicación. El término stán, procede del verbo astan que en persa significa “estár” (…) Por lo tanto, aplicaremos el nombre de Kurdistán a una extensa región donde viven, mayoritariamente, todas aquellas personas que se consideran kurdos, aunque este lugar no exista en los mapas políticos” 3.

La segunda y la tercera, en el marco de la primera, son de cosecha propia, pero que creo reflejan, con un poco de ironía y sentido del humor, los lugares comunes de este nacionalismo, y el alcance de sus pretensiones:
2- “Todo lo que respira en el Kurdistán (según la laxa definición de Kurdistán ya mencionada), es kurdo”.
3- “Todo lo que no respira en Kurdistán (misma definición laxa), pero alguna vez respiró, fue kurdo”.
Estas tres premisas, marcadas a sangre y fuego entre los nacionalistas kurdos, explicarían la totalidad de su pensamiento, sus acciones y discursos, sin necesidad de agregar nada más. Pero también todo tiene un porqué y debe matizarse.

La población kurda ha sido una población nómada y campesina. Carne de cañón de persas y otomanos, utilizados como avanzada en las fronteras de sus respectivos Imperios, siendo en general  la fuerza represora de la región acostumbrada a vivir del bandidismo y el pillaje, donde unos pocos jefes tribales se convirtieron rápidamente en terratenientes, mientras el grueso en campesinos o en fuerza bruta de represión.

Con la caída del Imperio Otomano, fueron la población que más descolocada quedó. Entonces no había desarrollado ideas nacionalistas, sino mas bien protonacionalistas/religiosas, en torno a algunos líderes como Sheikh Said, y fueron las tribus kurdas el brazo ejecutor de las matanzas de armenios, asirios, y grupos iranios zazake, de religión aleví, emparentados con los kurdos, así como yezidíes (zoroastrianos, y de etnia también vinculada a los kurdos). Pero con la emergencia de los Estados Nación de Turquía, Iran, Siria e Irak, quedaron marginalizados, tanto físicamente como social y culturalmente. Pasaron a ser una población sin ningún tipo de reconocimiento de su especificidad, fragmentada entre una serie de paises, su cultura prohibida y reprimida, y además víctimas de numerosos abusos y matanzas, en todos los paises en que se encontraban, como ciudadanos de segunda categoría, justamente porque esos Estados asumieron nacionalismos étnicos donde sus minorías como las kurdas, no formaban parte del ethos nacional. En Siria, carentes de casi todos los derechos civiles y en la yazira, sin reconocimiento de nacionalidad siria.

En Turquía, masacrados por las sucesivas dictaduras militares desde mediados de los años 40. En Irán, donde se encuentra su tierra histórica, en torno a los Montes Zagros, el viejo país de los Medos, la experiencia de crear una república independiente, la República de Mahaband, fue reprimida brutalmente por el Shah.

En Iraq, a pesar de haber tenido algún reconocimiento inicial de sus derechos culturales, terminaron siendo el chivo expiatorio en la guerra Iran -Iraq, y gaseados con armas químicas por Saddam Hussein, además de sometidos a liderazgos tribales consuetudinarios que duran hasta hoy. No es de extrañar que las jóvenes generaciones de kurdos, reprimidas hasta hace nada, ahora se encuentren exultantes y promuevan un nacionalismo étnico primario, donde el primer reflejo es nombrar todo lo que los rodea, personas y lugares, con gentilicios étnico/nacionalistas. Comprensible, aunque no se justifique y deba alertarse sobre el camino sin salida al que conducen este tipo de nacionalismos tribales, y repito, especialmente nefasto entre los kurdos iraquíes.

De tal modo, el nacionalismo kurdo actual, no sólo llama kurdo a todo lo que camina, sino Kurdistán a una inmensa región que excede con creces, en más de diez veces el tamaño de su tierra histórica, su homeland en Irán.
En el nacionalismo kurdo, el elemento central elegido no es la raza, ni la lengua, sino la historia y la geografía. Una historia, adulterada, eso sí, dado que también su preocupación es demostrar la legitimidad de sus reivindicaciones nacionalistas maximalistas en los sitios en que viven actualmente y son mayoría. No tienen reparos en llamar Kurdistán a lugares donde han sido reasentados hace menos de 100 años, tras el genocidio armenio y asirio, ni a lugares de migraciones recientes, dentro de Anatolia, como la región de Cilicia (Marash y Antep), históricamente de mayoría armenia y griega.

Pero saltando estos “detalles menores”, inventan presencia y continuidad en esas tierras, en miles de años, utilizando la arqueología en forma chapucera, y al estilo turco, donde a pueblos de idiomas sin emparentar, como los hurritas y mitaneos -sin parentesco con pueblos iranios de los que proceden los actuales kurdos- los definen como antepasados de los kurdos. Incluso he llegado a leer, que el templo más antiguo del mundo, neolítico de más de 9.000 años, encontrado recientemente en las afueras de la ciudad de Urfa (Antigua Edessa asirio/aramea/armenia) en Gobeklitepe son ruinas kurdas; el antiguo rey de Malatya, Nemrut, hijo de giregos y persa, kurdo; el rey asirio Nimrud de Urfa (que no es el mismo rey de Malatya, muy posterior) kurdo. Y contra toda evidencia histórica real, la lista sigue y sigue.

Por otra parte, engloban como kurdos a pueblos iranios de diverso origen como los zazake, cuya lengua está emparentada, pero definitivamente no es un dialecto kurdo, sino otra lengua y otra población. Con los yezidís ocurre algo similar, asimilándolos como kurdos, cuando es real el origen común, pero las diferencias religiosas y la historia reciente hacen que los yezidís, tengan una identidad diferenciada y hasta antagónica, ya que ellos perdieron a 200.000 miembros en torno a 1915, en un genocidio que cometieron tribus kurdas, (el mismo que afectó a armenios y asirios). Parte de la historia se omite, y se considera hoy que los yezidís representan la religión primordial de los kurdos antes del Islam (que puede ser cierto o una verdad a medias). Una curiosidad: a los yezidís no les gusta que les llamen kurdos, porque según ellos la palabra “kurdo”, viene del yezidí “kurt bu ne“, “los que perdieron la cabeza” (al convertirse al Islam) que fue el nombre que dieron los yezidís a los conversos y a su patria la llaman Ezidxian, no Kurdistán.

Otra cuestión que vulnera los derechos de los pueblos, es que viven en territorios que no son colindantes, y donde viven otros pueblos ancestrales, como los asirios en la provincia de Niniveh, en Mosul, y otras regiones del sudeste turco, también pobladas por árabes, mahallamiyes, y turcomanos, y hasta hace 100 años por armenios, siendo los kurdos sólo un componente más y ni siquiera el mayoritario. Lo que hacen entonces es, o bien pretender que esas regiones “son kurdas”, es decir que “todos sus habitantes son kurdos”, y en el caso de los asirios/sirianos, cristianos pretenden denominarlos como “kurdos cristianos”. La historia mesopotámica, tanto antigua como reciente, también es falsificada, siendo “kurdizados” reyes, pueblos y ciudades.

El nacionalismo asirio (y arameo):

Se encuentra fragmentado por pertenencias religiosas, todas cristianas, y no trasciende el marco de referencia (ni busca hacerlo) fuera de las estrecheces del  confesionalismo cristiano. Al menos hasta hoy. La excepción es el emparentado Nacionalismo Sirio, fundado por Antun Saade, que era más ambicioso y más incluyente.

Se autorrestringe, tanto a nivel geográfico, como histórico, como de las personas que considera asirias.

A nivel geográfico, las demandas de hoy parecen circunscribirse a tener una autonomía (o independencia) en las llanuras de Niniveh. A nivel histórico, sólo hace referencia al nombre de uno de los Estados, (si bien es cierto que fue el primer Estado Nación de la región) asirio. A nivel historico y geografico podria ser más ambicioso, considerando el conjunto de Mesopotamia y Levante como su homeland.

Se encuentra dividido entre quienes prefieren denominarse como asirios (en turco suriani, en árabe siriani, en siríaco suryoye o athuroye) y quienes por referencia a la lengua, prefieren denominarse arameos (son minoría). Uno de los fundadores de estos movimientos, Farid Nuzha, sin embargo, y considerando Asiria a toda la región llamada “Gran Siria”, hablaba de una Nación asirio-aramea.

Una crítica que puede hacerse también, es que deja de lado otros aportes en la configuración de pueblo/etnia nación, como ser el mestizaje con poblaciones arameas, y los periodos posteriores de época babilónica. A nivel humano, restringe su proselitismo a poblaciones cristianas de tradición siríaca/mesopotámica, sin llegar a contemplar otras inclusiones como cristianos greco-ortodoxos de Levante, maronitas … y toda la población de la gran Siria, independientemente de su religión (incluyendo musulmanes), y mandeos, que perfectamente, con origen asirio-arameo, podrían asumir un nacionalismo asirio si fuera éste más incluyente.

Del mismo modo, no indaga ni investiga ni realiza tareas de proselitismo, con la comunidad Mahallamiye, del sudeste de Turquía, especialmente Mardin, de origen asirio/arameo/siriaco y converso al Islam en el siglo XVI, siempre sospechoso ante las autoridades otomanas de “practicar el cristianismo en forma oculta”.

Olvida frecuentemente que el Estado Asirio fue un Estado multinacional, y se encierra en paradigmas europeos obsoletos de Estado-Nación, de matriz Europeo Oriental (nacionalismos étnicos).

En algunos casos aspira a los mismos territorios que los kurdos, con lo cual hay un conflicto entre dos nacionalismos étnicos, en un mismo territorio que unos denominan con el nombre de su etnia y los otros de la suya, aunque una gran parte de los asirios-arameos se refieren a su patria como “Beth Nahrein” (país de los dos ríos, Mesopotamia, y no Asiria).

En algunos casos, especialmente en Siria y Turquía, asume discursos plurinacionales, buscando reconocimiento de sus derechos en el marco de Estados más amplios. La excepción parece ser, como en el caso kurdo, Iraq.

Finalmente, y para cerrar este punto, podría seguir relatando los mitos y manipulaciones de otros nacionalismos mesoorientales, caucásicos, iraníes o europeos, pero como muestra, ya hemos visto bastantes y las taras de unos, se reiteran en otros. Todos ellos, de alguna manera, atentan contra los derechos humanos al fomentar la pretensión de identidades únicas, monoculturales y la vieja aspiración colonial de Un Estado, para Un Pueblo, con Una Lengua, y en lo posible Una Religión oficial, forzando a las personas y a los pueblos a asumir las identidades del grupo dominante. Nuevos gérmenes de genocidios, matanzas, y desplazamientos forzosos de población, situaciones que vemos aún que se producen en forma dramática en la región. Y son estas mentalidades e identidades excluyentes, nacionalistas o religiosas, alimentada por el odio, y la desconfianza “al diferente” el causante de gran parte de los desencuentros e injusticias que siguen vigentes a día de hoy.

Incluso el proceder de las sectas islamistas radicales que utilizan metodologias terroristas ocupando vastas extensiones, no deja de ser un tipo de nacionalismo religioso, no basado en una lengua común o una raza, pero sí en el común denominador de una religión concebida como única, totalitaria y totalizante.

Algunas conclusiones:

En síntesis. El impacto negativo de estas nuevas ideas en Oriente Próximo pueden sintetizarse en:

Creación de “historias” nacionales para acomodarla a los intereses, pretensiones y legitimaciones del poder de un grupo étnico nacional sobre los demás y sobre el control exclusivo o dominante, de un territorio.

Utilización de los textos religiosos interpretándolos como si fueran libros de historia, y en clave nacionalista. Lo mismo con leyendas y mitos populares.

Políticas de trasvases de poblaciones para crear “Estados homogéneos” que sean reflejo de un “pueblo eterno” y puro (sin mestizajes, inmune a las invasiones de las que resurge una y otra vez en forma indemne e inmaculada, sin contacto íntimo con el opresor).

  • Matanzas, limpiezas étnicas, etnocidios de los grupos considerados “inasimilables”.
  • Trasvases de población y desplazamientos forzosos o fomentados desde los Estados (Turcos de Balcanes y Grecia a Turquía, griegos pónticos y de Tracia y Anatolia desplazados a Grecia, Armenios y asirios desplazados a Siria, Libano e Iraq, Palestinos desplazados fuera de sus fronteras y sin capacidad de retorno, judíos de países árabes desplazados al continente  Americano e Israel, cristianos de diversas etnias desplazados de paises arabófonos y Turquía a otros continentes, etc).
  • Estados con pedigrí étnico (Estado Judío, República árabe, Turquía, Kurdistán, etc.) y que genera situaciones de estratificación étnica y de acceso a derechos según estamentos etnoreligiosos, incluso exclusión de amplios grupos de población.
  • Negación de la diversidad de la región y relectura de la historia de un territorio como vinculado a una etnia en exclusividad.
  • Políticas asimilacionistas a través del sistema educativo que ademas de impartir educación en una unica lengua oficial, adoctrina.

3- Estamos en un momento de cambio de paradigma, que es postnacionalista, pero este cambio aún no se perfila en Oriente Próximo. Sin embargo es la solución a décadas de conflicto, desencuentros y atomización.

¿Será posible recuperar modelos de convivencia plurales, que se demostraron exitosos durante siglos, conciliando modernización, con aspectos positivos de nuestra praxis y tradición histórica, con derechos de ciudadanía, y la Carta Universal de Derechos Humanos, centrados en nuevas formas de identidad colectiva trasnacional y transreligiosa?

Quizás, si somos conscientes de los límites de las ideas nacionalistas que heredamos, y que tan solo tienen doscientos años de existencia, podamos deconstruyendo, volver a construir desde nuevas perspectivas, conocimiento y propuestas que alienten sociedades abiertas, inclusivas e igualitarias, y proyectos liberadores.

Estados que asuman la diversidad desde una perspectiva multiétnica e intercultural. No desde una perspectiva que asigne lugares fijos de las personas según etnia o religión, reconociendo a los personas de diversas identidades y culturas en pie de igualdad real, con todas las culturas y lenguas como oficiales del Estado.

Y también, Estados seculares, que dejen lugar a las libertades individuales y faciliten espacios neutrales de convivencia, incluyendo interacciones positivas y mestizajes. Vasos comunicantes entre las personas de diferentes origenes y tradiciones, que puedan optar tambien a formar familias mixtas.

Deberíamos poder tamizar lo positivo de las propias culturas, recuperando lo mejor, desechando lo obsoleto e incorporando lo mejor de las experiencias de otros pueblos. El ejemplo de sustituir las identidades complejas y los Estados multinacionales “orientales” (malos malísimos, según los paradigmas de la época) por la idea de Estados Nación homogéneos, hemos visto que no es el camino y que han llevado a callejones sin salida y a nuevos horrores.

Los nacionalismos de los grupos minoritarios y oprimidos, sean por motivos étnicos como religiosos, tienen un sentido para demandar igualdad de derechos. Todos los Estados deberían incorporar a sus símbolos, elementos culturales de todos los grupos étnicos, incluyendo la cooficialidad de todas las lenguas, en todo el Estado. Hay una visión también desde las izquierdas tradicionales, de origen leninista, que planteaba los derechos de autodeterminación de los pueblos. Y se apela aun a ese principio, aunque se deberían revisar algunos problemas: primero, la definición de pueblo, ¿pueblo como etnia o pueblo como conjunto de grupos étnicos que cohabitan en un territorio? Quizás, sea más interesante considerar lo segundo, dado que si no, el criterio que prevalece es el del peso numérico, y no otras variables y consideraciones históricas.

Hay suficientes ejemplos tras los procesos de descolonización, donde los Estados asumen la referencia o bien a una identidad mestiza (no se trata de eso), o bien a la del elemento étnico mayoritario, o bien al de la etnia dominante, basada en lengua e historia de conquistas. Sin embargo, estos estados oprimen a otros pueblos. Generan un colonialismo interno, si no se asumen como Estados plurietnicos plurinacionales. Por ejemplo, los Estados criollos en América, en relación a sus pueblos indígenas minorizados y subalternizados.

Finalmente, he abierto con una cita de Amin Maalouf, y voy a cerrar estas reflexiones con otra cita del mismo autor, extraida de su libro “Identidades Asesinas”. Allí expresa:

No puedo evitar, yo que reivindico con voz bien alta todas mis diversas pertenencias, soñar con un día en el que la región que me vio nacer siga ese mismo camino, dejando atrás el tiempo de las tribus, el tiempo de las guerras santas, el tiempo de las identidades asesinas, para construir algo en común; sueño con el día que podré llamar “patria” a todo el Oriente Próximo, igual que llamo así a Líbano, a Francia y a Europa, y “compatriotas” a todos sus hijos, musulmanes, judíos y cristianos de todas las denominaciones y de todos los orígenes”.

 Ricardo Georges Ibrahim

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2 comentarios to “ACERCA DE LOS NACIONALISMOS ETNO-RELIGIOSOS EN ORIENTE PRÓXIMO”

  1. Te importaria pasarme un correo con el artículo?

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