Las celebraciones del antiguo año nuevo en Oriente Próximo, siguen vivas bajo la forma de Akitu, Nowruz y Semana Santa

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1- INTRODUCCIÓN:

Hoy día el inicio de la primavera y año nuevo están disociados para en la cultura globalizada contemporánea, incluyendo a las sociedades mesorientales donde se originan estas celebraciones, con un profundo significado cosmogónico vinculado a la naturaleza, que marcaba hitos temporales en función de la observación y la experiencia (ciclos naturales agrarios, basados en la posición del sol, la luna y las estrellas, la duración de los tiempos de luz y de sombra, la variación de las temperaturas en determinadas épocas del año, etc.

Esta cosmovisión y sus manifestaciones más antiguas, las encontramos en Mesopotamia, y, dentro de este mundo que se encuentra entre dos grandes ríos y en una posición de continuo trasiego de distintos pueblos, en el más antiguo del que se tiene noticia, los sumerios, de cuya cosmovisión bebieron los diferentes pueblos e imperios para, aun con sus matices, recrear una y otra vez en forma de mito, determinadas alegorías, que incluso y, sin ser conscientes de ellas, siguen vigentes como huellas e historias, para muchos “ciertas”, en las religiones mesorientales monoteístas miles de años después. Muchas sentencias sumerio-akadias y babilónicas, pueden verse luego en los libros sagrados del judaísmo, cristianismo e islam, así como distintas historias populares como la de Noe, o la de Adán y Eva, o en las biografías de profetas y mesías, como la de Moisés abandonado en una cesta de mimbre en el Nilo, o en la propia biografía de Jesús de Nazareth, en el episodio de la muerte y resurrección, por estas fechas, etc.

Las observaciones y festividades en torno a los ciclos marcados como organizadores de la vida de nuestros antepasados, que para ser precisas requerían de la creación de templos y de una clase sacerdotal con conocimientos astronómicos, entre otros, tomaban la forma de sagas, de epopeyas en los que el mundo de los dioses y el de los hombres interrelacionaban, y donde salvo la longevidad, la capacidad de realizar proezas sobrehumanas y de ejercer influencia sobre la vida de los mortales, no diferían entre sí. Eran dioses con pasiones humanas, que se aliaban con determinadas ciudades, reyes y pueblos, contra otros dioses, reyes y pueblos, en una situación cambiante. Esta forma de concebir dioses y hombres sumeria y luego asirio babilónica, pasa, con otros nombres, al panteón griego, e incluso puede verse su impronta en el panteón romano.

Volviendo al tema específico de marcar el inicio del nuevo año en forma racional, con la llegada de la primavera, todavía podemos ver que en algunos pueblos iranios, como los kurdos y los persas, o semitas, como los asirios, celebran en estas ocasiones fiestas que se entroncan con las viejas formas de medir el tiempo en la región, vinculadas a la naturaleza, que en el primero de los casos llaman Nowruz (día de la luz, si no me equivoco), y en el segundo AKITU. Hay variaciones de días entre una y otra, pero el sentido, pese a que en torno a ella cada pueblo ha ideado fábulas con sentido moral que difieren en la historia, aunque los contenidos suelen ser semejantes o convergentes al menos. En cualquier caso dos observaciones: muchas de estas tradiciones en cierto modo se recuperaron del olvido, por manifestaciones ideológicas contemporáneas como han sido los nacionalismos, nutridos en la región por descubrimientos arqueológicos e históricos. Es decir, no podemos rastrear una continuidad de prácticas desde los tiempos antiguos a los modernos, sino una creación de señas de identidad, recreando viejas tradiciones en gran parte olvidadas.

Luego, la segunda observación, es que dado que los pueblos que recuperaron estas viejas tradiciones, lo han hecho con un sentido nacionalista y hoy practican religiones distintas, el islam y el cristianismo respectivamente, el sentido cosmogónico no es el mismo. Incluso en el caso persa-kurdo, como veremos, el sentido es a través de la mitología, dar cuenta del nacimiento de una etnia/nación.

Finalmente, y antes de narrar algunos de estos mitos y sagas épicas que adornan el hecho racional del inicio del año nuevo con el solsticio de primavera, decir que las tradiciones proféticas, originada entre pueblos que eran más pastores nómadas que agricultores en Oriente Próximo, con sus distintos cuerpos sacerdotales o clericales durante el Imperio Romano, su variante oriental el bizantino, y luego el Imperio árabe-islámico, pasaron a utilizar otros calendarios, otras formas de medir el tiempo, donde el inicio del año (incluso de las eras, marcando un antes y un después -de Cristo, de la Hégira-), más arbitrarios y antinaturales, en la medida en que no parten de medir los ciclos de tiempo, en lo referido a principio y fin de año, en forma racional, sino a acontecimientos de sus respectivos mesías o profetas. Nacimiento de Jesús, año de la Hégira de La Meca a Yatrib (luego Medina) entre los musulmanes. Y así, las formas naturalistas de medir los ciclos de tiempo en base a solsticios, común por cierto a muchos pueblos de diferentes partes del mundo, en tanto parten de datos observacionales de la naturaleza, quedó suplantado por el “nuevo orden de los tiempos marcados por los profetas”. O bien, pasan a ser celebrados, cambiándoles el contenido y con patinas de las respectivas religiones contemporáneas, como la Pasión de la “Semana Santa”, donde un Dios encarnado, muere y resucita, exactamente en el mismo ciclo cosmogónico que el de nuestros antepasados mesopotámicos y mesorientales en general. Y es que la cultura, muy instalada en los inconscientes colectivos, vuelve en forma persistente, aún con otras formas y mitos una y otra vez, y eso es en sí mismo algo ciertamente mágico.

2- Y TODO ESTO NACE EN SUMERIA:

DICHOS SUMERIOS, ALGUNOS DE LOS CUALES SE PARECEN MUCHO A LOS QUE CIRCULAN ACTUALMENTE EN LA MISMA REGIÓN EN LENGUA ÁRABE

“Cuando la facultad de pensar es vasta, el lama (un genio bueno) coloca en ella la eficiencia”

“Si el pobre va a morir ¡ojalá pueda no revivir! Cuando tiene pan, no tiene sal; cuando tiene sal, no tiene pan; cuando tiene gazi (una especia), no tiene carne; cuando tiene carne, no tiene gazi”

“Sigue tu fortuna y regocija a tu madre. Sé activo y regocija así a tu dios”.

“En la villa donde no hay perro guardián, es el zorro quien hace la ley”.

“Di una mentira, después di una verdad: todos creerán que es una mentira”.

“El sacerdote se rasca su culo y después se dice: no debo dañar algo que pertenece a la diosa Inanna, ¡mi señora!”

“Es alegremente como se encuentra una cosa, pero tristemente como se pierde. No hay que ligarse demasiado a los bienes materiales”.

“El hombre fuerte (físicamente) vive (de lo material), el sabio, brilla”.

“Aquel que posee bienes es su esclavo; aquel que nada tiene, señor de sí mismo”.

“La casa que ha construido un justo, un malvado la ha destruido 1”.

La fiesta de año nuevo/comienzo de la primavera, en Sumeria se llamaba A KI TIL que significa “Fuerza que hace revivir al mundo”, y el mito épico fundacional de los años nuevo/festividad de primavera que irradió desde Mesopotamia a Levante, Egipto, Anatolia e incluso Grecia (mito de Plutón y Proserpina), es el de Dummuzi e Innana, y se remonta al menos en 5.000 años, pero es reconocible y recreado, en la misma región, por los distintos pueblos y con matices regionales, trascendiendo las épocas y religiones, hasta hoy. Veamos la versión más antigua del mito que intenta explicar el ciclo del tiempo y de la vida, con ciclos de muerte y renovación de la vida.

3. EL MITO SUMERIO DE DUMMU-ZID E INANNA

La diosa Innana, símbolo de la luz y de la vida, el amor, la fecundidad, y también paradójicamente, de los combates, cuya representación es la “estrella de la mañana” (el planeta venus), sin razón aparente, concibe la idea de descender a la tierra de los muertos.

Desciende, y encuentra en el mundo inferior, a la diosa soberana de aquellos lugares, que no es otra que su hermana gemela Eres-ki-gal (diosa de las tinieblas, opuesta complementaria de Inanna).

Inanna, para poder penetrar en el mundo de los muertos y las tinieblas, debe despojarse de todo lo que lleva, ya que tanto dioses como hombres deben someterse a las reglas que permiten al cosmos su buena marcha (gran preocupación de los sumerios). Por esto, cuando protesta ante ello, el portero de los infiernos (o mundo de los muertos) le responde: “Guarda silencio Inanna. Los decretos que gobiernan la tierra son perfectos. ¡Que tu boca no desprecie las leyes que gobiernan la tierra!”.

Una vez en presencia de su hermana Eres-ki-gal, ésta dirige al punto sobre ella la “mirada de muerte”, ya que sólo en “estado de muerte” es posible entrar, por las leyes que rigen el universo, al mundo de los muertos. “Y entonces, pues, la dama (Inanna) fue alcanzada por su mirada y su cuerpo quedó inerte”.

Al cabo de tres días, el mensajero de la diosa, al no observar su vuelta, hace un llamamiento a diversas divinidades superiores para sacarla de esta aventura en la que se comprometió.

Los dioses solicitados se excusan argumentando: “La diosa Inanna ha querido ocuparse de cosas prohibidas. Los decretos que gobiernan la tierra de los muertos, son decretos inviolables, y ella aun así, ha querido entrar en sus dominios”.

Sin embargo, el dios En-ki, señor de la sabiduría y del conocimiento (y creador de los hombres a partir de arcilla, sea dicho de paso), se decide a intervenir. Más las potencias del mundo de los muertos exigen, para dejar partir a Inanna, diosa de la luz, un “cabeza por cabeza”, es decir, alguien que la sustituya.

Aquí, entra en escena el dios Dumu-zid, dios de la vegetación, que muere y renace, medio hermano de Inanna, y su consorte. Dumu-zid, se sacrificará por Inanna y baja al mundo inferior. Allí recibe de Inanna una especie de investidura, de consagración a su misión de sustituto: convertida ella misma en un elemento del reino de las tinieblas, la diosa trata a Dumu-zid como ella misma ha sido tratada y hace pasar al dios, lanzándole a su vez, una “mirada de muerte”.

Así, le es posible regresar y volver a convertirse en un ser de luz después de haber efectuado una aproximación entre lo alto y luminoso y lo bajo y tenebroso.

El Dios Dumu-zid, afligido por su desgracia, levanta los brazos hacia el cielo, hacia el dios Ud, y le dice “haz que mis manos se conviertan en manos de reptil, y haz que mis pies se conviertan en pies de reptil”.

Y con esto, adoptará una forma que le permite poder y moverse entre la tierra, y la tierra de los muertos, morada de las tinieblas y los difuntos2.

Y así termina la historia, y Dumu-zid se convertirá, en época asiria-babilónica en Tammuz, y en el periodo greco-asirio, en Adonis. Mientras que Inanna se convertirá en Ishtar, y veremos reaparecer esta historia base, con nuevos elementos.

  1. EL MITO ASIRIO-BABILONIO DE TAMMUZ E ISHTAR

Unos mil años después, con la paulatina fusión de los elementos y la cultura sumeria con grupos semitas, nace la cultura asiria y babilonia, y la lengua sumeria se convierte en lengua litúrgica, sólo conocida por los sacerdotes y sacerdotisas, y toda la liturgia y documentación se redacta en acadio, que es la lengua hablada mayoritaria. Luego, en el periodo greco-asirio, desde el 700 a.C., el siríaco, o “arameo de Edessa” sustituirá al acadio. Es en el periodo acadio, cuando la vieja celebración de A Ki Til, se convierte en el AKITU de los asirios y babilonios, y cuando las historias independientes de la “Epopeya de Gilgamesh”, se agrupan en un texto único.

Así nos llega la historia en acadio:

“Tammuz desde los cielos veía la perfección creada por Ea (el Dios En Ki sumerio, señor de la sabiduría, creador de la humanidad y dios de las aguas dulces), y decidió tomar aspecto de hombre y bajar a la Tierra. La única condición que le puso Ea es que nunca fuera visto por mujer, ya que se enamoraría perdidamente de él y no podría corresponderla.

Tammuz en las noches paseaba por los bosques, y a su paso nacían los brotes en los árboles y los animales quedaban preñados, las flores alfombraban su paso. En las profundidades del averno, la reina de la ciudad de los muertos se había enamorado de Tammuz, aún si conocerle. Otro tanto ocurrió, en el lugar de los dioses, con Ishtar, que alabando la obra de Ea, pidió permiso para bajar a la Tierra. Y así es como se vieron. Uno a un lado de un río, la otra en la orilla contraria.

Tammuz quiso huir, sabía que no podía ser visto por mujer. Había oído a los hombres sobre ellas, y ahora comprendía cada palabra pronunciada sobre una mujer. Tammuz se enamoró. Cruzó nadando el río y en un abrazo los enamorados se fundieron íntimamente. Los árboles comenzaron a dar las mejores cosechas, todas la hembras de todas las especies quedaron preñadas o embarazadas….

La reina de la ciudad de los muertos furiosa no estuvo dispuesta a perder a su amado. Esa misma noche, cuando exhaustos descansaban Tammuz e Ishtar, un relámpago despertó a Tammuz. Éste cogió su arco y su carcaj y se dispuso a cazar junto al río. Vio una paloma y la apuntó … La reina de la ciudad de los muertos, no tenía poder para aparecer en el mundo de los vivos, pero sí para ordenar a las fieras fechorías.

Un terrible jabalí apareció de entre las matas cercanas, y clavó sus afilados colmillos contra el costado de Tammuz, que cayó agónico al suelo. Su sangre al regar la tierra hace brotar rosas rojas (en otra versión, anemonas, y en otra, tiñe las rosas blancas, de rojo).

Mientras, Tamuz llama desesperado a su amada entre estertores de muerte. La reina de los muertos envía a un ser de ultratumba para recoger el cuerpo de Tammuz, que es llevado hasta el reino de las sombras, para goce exclusivo de ella.

Una gran tormenta se levanta por los cuatro puntos cardinales. El rayo hace acto de presencia, el trueno martillea las montañas. Los árboles dejan caer sus frutos que se pudren en la tierra, y todas las hembras abortan. La oscuridad se adueña de la Tierra.

Ishtar al despertar ve la sangre de su amado que tiñe los rosales. Comprende lo ocurrido y pide hablar con Ea, que halagándole de nuevo, la da permiso para descender al mundo de los muertos. Una vez allí llama a la puerta, el cancerbero la niega la entrada, ella está viva y no debe pasar. Ishtar se jacta de poder derribar la puerta y la ciudad de los muertos.

Ante la seguridad de sus afirmaciones, el cancerbero consulta con la reina de los muertos, que autoriza su entrada, pero despojándose antes de sus atributos divinos. (Hay una versión más larga, llamada “de los siete velos”, donde en la medida que va descendiendo al mundo de los muertos, debe ir dejando algo, una joya, una prenda en cada nivel, hasta quedar desnuda, y dejar su cuerpo). Una vez dentro se da cuenta que ya no es inmortal…, demasiado tarde.

Es encarcelada por la reina de la ciudad de los muertos. Ea, contempla el desorden de su creación. Ve una Tierra estéril, donde el terror campa. Desciende a la ciudad de los muertos y obliga a la reina a dar libertad a Ishtar y la vida a Tammuz de inmediato. La reina de los muertos se niega abandonar su amado es ahora una mujer enamorada.

Ea sabiamente decide que Tammuz sea compartido por las dos mujeres. Una larga temporada con Ishtar durante la cual los árboles darán frutos el sol calentará la Tierra, las hembras quedarán embarazadas, y otra temporada con la Reina de los muertos, durante la que la tierra será fría, los árboles quedaran sin frutos y desnudos, a la espera de un nuevo renacer.

  1. EL MITO GRECO-SIRIO DE ADONIS Y AFRODITA

La expansión de Macedonia por los países del sur y el Este del Mediterráneo, obra de Alejandro Magno (Iskandar Dul Karnain en árabe), hace que los griegos, hasta entonces chovinistas y encerrados en los estrechos límites mentales de su cultura, y los pueblos conquistados, vivan una revolución y un cambio de sus visiones  del mundo, en la medida en que al conquistar al cosmopolita Imperio Persa y Egipto, se creará un nuevo mundo, “helenístico”, donde la cultura griega se funde y absorbe elementos de los pueblos de Egipto, Levante, Mesopotamia, Asia Menor, Persia, e incluso regiones más remotas de Asia Central e India. La filosofía griega fecunda a los distintos pueblos unificados en un nuevo Estado, y a su vez los pueblos que venían de tradiciones de formar parte de Estados pluriétnicos, (como lo fueron el Estado Asirio, el babilónico, el hitita, el persa, etc.) con gran diversidad de idiomas y orígenes entre sus gentes, trasmiten a estos recién llegados del Oeste un nuevo sentido de cultura y de pólis, más amplio y más cosmopolita en cuanto modelo de sociedad, a raíz de lo cual la lengua y cultura griega, o mejor dicho, la nueva cultura Helenista, se respira desde África hasta Asia Central, sin suplantar a las culturas locales.  Creando distintos niveles de cultura, donde los sectores más ilustrados de todo el territorio adoptan formas y lengua griega, además de resignificar sus propios legados culturales y con él sus deidades y formas de ver el mundo, en nuevos sistemas de conocimiento, a la luz de su fusión con la filosofía griega. Y los griegos “helenizan” los mitos y deidades de los distintos panteones, asumiendo algunas de estas cosmovisiones, diversas, fundiéndolas y adoptándolas en su propia matriz cultural, que luego heredaría otro Estado Universal como fue el Romano.

En el periodo del que nos ocupamos, en Mesopotamia, Anatolia y Levante, floreció una rica cultura greco-siria, o greco asiria, que se expresaba y escribía ya en siríaco (el arameo de Orhay, que los griegos llamaron Edessa -actual Urfa en el sudeste de Turquía-) y que tradujo tanto al arameo como al griego, el viejo mito sumerio, luego acadio y babilonio, con nuevos ropajes helenísticos. En época romana, persistirá en la región el fondo autóctono con elementos griegos, y no tanto latino-romanos, y nuevos sistemas de pensamiento, nuevas religiones, o las viejas religiones, helenizadas, seguirán documentándose en copto, arameo y griego, y no en latín. Del periodo helenístico nos llega el dios Tammuz transformado en Adonis, y la diosa Ishtar, en Afrodita.

Mirra era hija del rey Tías, el cual se estaba fanfarroneando de que su hija era más bella que Afrodita, la diosa del amor y de la belleza. Cuando Afrodita se enteró de lo que estaba diciendo, se enfadó y se vengó de la joven inculcándole un irresistible deseo por su padre. Mirra durmió doce noches seguidas con su padre, pero en la última noche, su padre se dio cuenta de que se estaba acostando con su propia hija. Armado con un cuchillo, Tías persiguió a su hija para matarla. Mirra salió huyendo y pidió ayuda a los dioses. Éstos le ayudaron y la convirtieron en un árbol, el de la mirra.

Después de nueve meses, de su corteza nació un niño muy bello, Adonis. Afrodita se encargó de él y lo confió temporalmente a la diosa del submundo, Perséfone. Ésta se quedó prendada de la belleza del niño y se negó a devolvérselo a Afrodita. Zeus y Orfeo decidieron que Afrodita se quedaría un tercio del año con Adonis y Perséfone otra parte del tercio. La tercera parte del tercio la podía elegir Adonis, quedarse con Afrodita o con Perséfone. Afrodita consiguió que Adonis se quedara con ella los dos tercios del año, por desagrado de Perséfone. Adonis fue creciendo, convirtiéndose en un hermoso y atractivo joven que pasaba la gran parte del día en los bosques cazando. Afrodita abandonó sus quehaceres para estar con Adonis, que la había cautivado por su belleza.

Un día, Afrodita prevé la muerte de Adonis cazando y le advierte del peligro que corre. Le dice que tenga mucho cuidado con los animales a la hora de cazarlos, ya que éstos se pueden volver en contra suya. Después de esto, Adonis se fue a cazar con sus perros y lanzó su lanza contra un jabalí que había en el bosque y éste corrió tras de Adonis y le clavó sus dientes en una ingle. Adonis cayó moribundo en el suelo.

Afrodita sintió lo que le estaba pasando a Adonis y corrió a verlo. Al llegar se clavó con una espina en el pie y la sangre que corrió, convirtió a una rosa blanca en una rosa roja. Al llegar donde estaba Adonis, Afrodita se arrodilló junto a él y empezó a lamentar su muerte.

Al morir, Adonis vuelve al inframundo y Perséfone se complace al verle de nuevo. Finalmente, Afrodita advierte que él está allí, y corre a recuperarle. De nuevo, Perséfone y ella riñen sobre quién puede quedarse a Adonis hasta que Zeus interviene. Esta vez dice que Adonis debe permanecer seis meses con Afrodita y seis con Perséfone, como debió hacer sido desde el primer momento, con lo cual se restablece el equilibrio en el cosmos.3

  1. LOS ECOS DE ESTAS HISTORIAS, DESDE LA IRRUPCION DEL CRISTIANISMO A LA IRRUPCIÓN DE LAS IDEOLOGIAS NACIONALISTAS

Cuando los pueblos asirio-arameos-fenicios y otros, que participaron en esta cultura común de lengua siríaca se convierten al cristianismo, y a otros movimientos religiosos, algunos de tipo gnóstico, o movimientos de renovación mesiánica en religiones constituidas como el judaísmo, los relatos asirio-babilónicos y egipcios, que ya habían influido en la mitología hebrea, desde el siglo IV a.C. cuando el sacerdote Esdras recopila documentos de diferentes épocas y orígenes que dan lugar a los libros sagrados hebreos, integrados en el llamado “viejo testamento” por la naciente comunidad cristiana, originalmente judía, pero luego abierta a predicar entre los “gentiles”, se inicia una nueva cultura en esta parte de Oriente Próximo, donde el peso del monoteísmo “sepulta” los viejos dioses, mitos y creencias, pero resulta que la memoria histórica y las tradiciones culturales milenarias, herencia de estos pueblos no desaparecen, sino que asumen nuevas formas. La nueva religión, cuando se hace Imperial (Romana-Oriental), comienza a cambiar la manera de marcar el tiempo, que ya no se iniciaría con el solsticio de primavera, y los viejos dioses Tammuz e Ishtar, sino con otra bien diferente, presumiblemente proveniente del mundo persa (nacimiento de Mitra), y asimilada como fecha del nacimiento del mesías Jesús, que también simbolizaba la luz, y la sanación.

En esta historia de un Jesús histórico, los Evangelios, escritos entre cien a doscientos años de su muerte, reaparece la historia de Tammuz, con el episodio de su muerte crucificado (probablemente un hecho real), con la idea mesiánica de un renacimiento, con lo cual, vemos que coinciden las fechas de las antiguas celebraciones del año nuevo asirio-babilónico-levantino, con las de la llamada “Semana Santa”, que conmemora la muerte y resurrección, tras tres días del mesías, elevado luego al mundo superior, no ya de los dioses, sino del dios (único). Una manera sin duda de mantener la esperanza y poder transmitir el mensaje, en la creencia de un profeta o mesías que resucitó y que retornaría al cabo del fin de los tiempos y a la vez un guiño para convertir a la nueva fe a la población de la región, apelando a un fondo cultural común, con ecos de un mito con mucha historia y anclaje en los corazones de la gente superponiendo el mito, al probable Jesús histórico.

La forma de celebrar la vieja festividad, parece haberse integrado, con pocos cambios en la nueva religión. En el mundo levantino-mesopotámico, se sacaban las estatuas en procesión, renovando sus vestimentas, a cargo de cofradías que representaban a los distintos gremios (carpinteros, joyeros, tejedores, metalúrgicos, etc.). El rey era quien oficiaba las celebraciones, y curiosamente representaba un acto de constricción, en el cual pedía perdón a los dioses por cualquier ofensa que se hubiera podido cometer, de modo tal de asegurarse un nuevo año con buenas cosechas, sin guerras, y sin enfermedades. Y también pare haber habido celebraciones donde por un día quienes se encontraban en los estratos más altos de la sociedad se encontraban en pie de igualdad con los esclavos, campesinos y ciudadanos que ese día participaban en festejos comunes. También parece haber un antecedente aquí de la fiesta hebrea del Purim.

Esa fue una forma, ya desdibujada, pero en la que puede reconocerse el mito de origen. Pero también, algunas de estas comunidades mesopotámicas, cristianizadas, que siguen hablando siríaco y viven entre cuatro países (Turquía, Irak, Siria e Irán), más otros países de acogida, a día de hoy, recuperaron la celebración del A Ki Tu, con fines y lecturas nacionalistas, al fin y al cabo, una de las formas “seculares” que en la modernidad, europea y luego mundializada, que asume la religión.

Como estas comunidades, asirias-arameas, que continúan hablando siríaco y manteniendo su identidad mesopotámica, hoy día asumen el cristianismo como parte intrínseca a su identidad, no podían celebrar festividades de carácter religioso precristiano, sin revestirlo de un nuevo sentido que no se contraponga al cristianismo que asumen como parte de su identidad, pero a la vez remarcando sus diferencias étnicas con los pueblos del entorno, recuperando una vieja tradición, que probablemente se mantuvo en paralelo como folklor, pero hoy es un elemento simbólico nacionalista. El 2 de abril los asirios modernos, desde hace al menos cien años, vuelven a celebrar el AKITU, pero no ya como conmemoración o veneración a los dioses Tammuz e Ishtar, ni sacando en procesiones a las estatuas de ambos dioses (eso se disocia e integra en el cristianismo con imágenes del Cristo, y de la Virgen María) sino como “aniversario de la fundación de la ciudad de Nínive”, a partir de la cual comenzó el año cero. Y seguramente que la fundación de la ciudad, se hiciera coincidir con la celebración y veneración a Tammuz e Ishtar, pero hoy este elemento central para los antiguos mesopotámicos, quedó dejado de lado, y fuera del ámbito religioso, para centrarse en un aspecto puramente “fundacional/mito de origen, de un pueblo /nación”. Es decir un sentido moderno, muy diferente al que tenían sus antepasados.

  1. CONMEMORACIONES SIMILARES DE OS PUEBLOS IRANIOS E IDENTICO PROCESO DE RESIGNIFICACIÓN NACIONALISTA.

El Mito del Rey Zahak, el Nouruz y el origen del pueblo kurdo y persa:

La historia que sigue, es la versión medieval, escrita por el persa Abulghasem Firdawsi, en el Siglo X, en su obra Shahnamé (el rey de los libros), aunque el origen de esta historia parece ser una similar, contenida en el Avesta, libro sagrado de los Zoroastrianos. En la historia antigua, el tirano de la historia era un rey asirio, y el inicio de la primavera fue el levantamiento contra este tirano por parte de grupos iranios que tomarían Mesopotamia, colocando un rey Medo en el trono, con lo cual quienes eran sometidos, pasan a gobernar. Al menos esa es la lectura que se hace desde una perspectiva nacionalista contemporánea (y no necesariamente la que pueda reflejarse en el Avesta). Del mismo modo, en la historia medieval de Firdawsi, el tirano es un rey árabe, y los que se alzan y deponen al tirano, serían los “gord” (robusto en persa), refugiados en los Montes Zagros, que deponen al rey que se transformó en instrumento del mal.

En cualquier caso, semitas (asirio-babilonios), anatolios, iranios y Elamitas, compartieron creencias, dioses y festividades mesopotámicas vinculadas a ciclos astrales, manteniendo a la vez sus propios dioses, cosmovisiones y tradiciones culturales de origen Indo-iranio. Ha habido influencias mutuas, y probablemente la misma creencia en los cambios de ciclos vinculados a las estaciones y a ciclos de tiempo más prolongados (como los yezidis, que mantienen creencias de origen zoroastriano, entre las cuales, hay un dios creador, pero quienes gobiernan el mundo son siete ángeles, en ciclos de mil años). En este sentido, han creado sus propios mitos, como el que nos ocupa. Y cuando me distingo entre semitas, anatolios e iranios, me refiero a tradiciones culturales, pero sin olvidar, no solo los intercambios, sino los mestizajes de pueblos con estos orígenes, que convivieron, coexistieron y en diferentes periodos se dominaron unos a otros, con lo cual es indudable que ha habido mestizajes.

“…Érase una vez un monarca llamado Yamshid, que reinaba con justicia y sabiduría la tierra. Por ello, Izad, el dios de la Luz y del Bien, le bendijo y le premió, otorgándole la Gloria Divina. Para celebrar este acontecimiento, el rey Yamshid declaró festivo el primer día de la primavera, festividad a la que denominó Nouruz, término compuesto por la palabra nou, que significa “nuevo” y ruz que es sinónimo de “luz“, “claridad”. El monarca tenía tan buen predicamento entre sus súbditos que desde que se autocoronó, la ciudad que los griegos llaman Persépolis, perdió su nombre original y pasó a ser recordada como Takht-e Yamshid, El trono de Yamshid. Pero poco a poco la codica y la maldad fueron adquiriendo más parcelas de poder en el alma y el corazón del soberano, hasta hacerle perder la conciencia. Así fue como Yamshid terminó creyéndose un dios en la tierra.

Delirio de amargas consecuencias: Izad (Dios en persa) castiga al rey, retirándole la gracia otorgada en el pasado, circunstancia que aprovecha Ahriman, el Señor de las Tinieblas y del Mal, para que la oscuridad y la injusticia cubran la tierra y la felicidad abandone el país de los iranios. Su estrategia fue ladina: Ahrimán se disfraza de un joven encantador y elocuente y se presenta ante el príncipe Zahak, primogénito del rey de Arabia. El señor de las Tinieblas enciende la llama de la ambición del heredero al trono y le persuade para que asesine a su padre y le sustituya en el trono. Zahak cae en la tentación y elimina a su progenitor, pero El Amo del Mal tiene nuevos planes para él: no es suficiente con reinar sobre Arabia, Zahak debe atacar el reino de Yamshid y ocupar su palacio.

Ahrimán parece haber encontrado un perfecto aliado en el nuevo y ambicioso rey, porque Zahak consigue el objetivo y toma Irán. Es el momento propicio para que El Mal ponga en marcha un plan destructivo de grandes dimensiones. Para ello, de nuevo toma la apariencia de un joven y se presenta en el palacio del monarca parricida, para deleitarle con su arte culinario, ofreciéndole los manjares más deliciosos procedentes de los cuatro mundos, de un modo que sólo él sabe hacer. El soberano, que es seducidopor el estómago, cae en la tentación y le contrata. Cada día Ahrimán le prepara un plato que supera los límites de placeres gastronómicos. Zahak está tan satisfecho de tenerlo en su palacio que un día le concede un deseo. Ahrimán, que lleva tiempo esperando este momento, le dice:

  • ¡Majestad! Mi único deseo es que me honréis permitirme besar sus hombros.

Sorprendido por la sencillez del deseo, el rey se lo concede. Ahrimán posa sus labios en los hombros del monarca y se esfuma, como por arte de magia. Zahak, que aún no ha salido de su asombro, se da cuenta, de repente, que en el lugar donde Ahrimán posó sus labios habían enraizado dos serpientes negras. Asustado y desesperado por lo ocurrido, convocó a todos los sabios y curanderos del reino, pero nadie supo arrancar aquellos horribles monstruos de sus hombros.

De nuevo es el turno de Ahrimán que vuelve a aparecer, haciéndose pasar por un prestigioso médico, para dar la solución, es decir, el último y definitivo paso de su plan:

  • Para que no molesten al rey, las serpientes deben ser alimentadas a diario con el seso de dos jóvenes sacrificados.

A partir de ese momento, el rey ordena detener cada jornada a dos jóvenes, matarles y, con sus sesos, mantener tranquilos a los reptiles. Un día, un herrero llamado Kawé irrumpe en palacio, encabezando una multitud de personas airadas que protestan contra el asesinato de los jóvenes. Kawé, que acusa al rey de ser un criminal y un déspota, exige una amnistía para el único hijo que le quedaba vivo, de los dieciocho que le habían sido arrebatados por los agentes de aquel gobernante.

Asustado por la revuelta, el rey perdona la vida al hijo de Kawé. El movimiento de protesta se calma pero no cesa, la larva de la revolución ha nacido y es imparable. Dos de los simpatizantes con la causa desarrollan un plan: irrumpir en palacio y salvar la vida de los jóvenes presos, a su manera. Su primer paso es ofrecerse para trabajar en la cocina real. Una vez allí, sustituyen cada día el seso de uno de los jóvenes por el de un cordero y liberan al agraciado.

Uno a uno, los afortunados muchachos huyen por la puerta trasera del palacio y se refugian en las montañas de Zagros. Con el tiempo, los jóvenes liberados crean un gran grupo que declara la guerra al malvado y cruel rey Zahak. Pues estos mismos jóvenes fueron los que crearon la gran etnia kurda4.”

Lo mismo que sucede con los asirios contemporáneos, un mito zoroastriano antiguo, tras la conversión mayoritaria de casi todo el universo de grupos étnicos iranios al islamismo, sunní o chiita, el mito de origen, otrora religioso, se recupera desde un lugar no conflictivo con la religión practicada mayoritariamente por los pueblos kurdo, persa, y otros emparentados, el islam, dándole un sentido nacionalista y de diferenciación étnica con el mundo semita: lectura nacionalista de pasajes del Avesta de diferenciación con los asirios, y también lectura nacionalista (aunque en los escritos de Firdawsi, además de enseñanzas contra la tiranía, seguramente habría un sentimiento protonacionalista), de diferenciación de otro pueblo con el que comparten religión como los árabes (en ese entonces los iranios eran mayoritariamente zoroastrianos, los musulmanes de allí sunníes, y otros grupos religiosos minoritarios. Para ver en Irán al chiismo como religión de Estado, habría que esperar aún varios siglos, hasta la llegada de turcomanos que se asientan primero en Azerbaiyán, y crean una secta chiita radical, de los “kizilbachis” (“cabezas rojas” -por un gorro de ese color que utilizaban-), y luego se hacen con el poder en el Estado persa Saffaví, en lo que hoy es Irán.

En definitiva: Lo importante no es tanto el texto, en estos casos míticos y sagrados, sino los ojos que lo leen, recitan e interpretan los mismos, con la lente de la sociedad y cultura en que viven. Y es muy interesante ver cómo desde mitos originarios de más de 5.000 años, se los recupera en épocas más actuales, tanto en un sentido deísta de salvación de quienes comparten el “hacer el bien” y vivir la fraternidad entre todas las personas independientemente de su origen (una revolución debida al cristianismo comunitarita de los primeros dos siglos), hasta lecturas contra la tiranía que rememoran la liberación de pueblos/etnias de la misma, y un cambio de ciclo fundacional, donde los tiranos finalmente son vencidos por el pueblo llano, anteriormente sometidos, como un pueblo que fundó un Imperio, finalmente por la ambición y la injusticia que se instala en el corazón de hombres poderosos, termina siendo sometido por otro pueblo que sufrió la injusticia del poder.

Ricardo Georges Ibrahim

1Tomados de “La Religión Sumeria”; de Raymond Jestin. En “Las religiones antiguas. Vol. I” Historia de las Religiones. Siglo XXI. 1970

2Fuente: JESTIN, Raymon. Obra citada.

3Este mito se puede encontrar muy fácilmente, y muchas veces presentado como “griego”. Aquí dejo un par de enlaces de los que tomé la historia, haciendo un mix. http://topicosymitos.wikispaces.com/AFRODITA+Y+ADONIS y http://mariamito.blogspot.com.es/2012/02/afrodita-y-adonis.html

4La versión de esta historia que cito, se encuentra en el libro de Nazanin Amirian, “Los kurdos. Kurdistán País inexistente. Capítulo 2. Flor del viento Ediciones. Impreso en España en 2005.

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One Comment to “Las celebraciones del antiguo año nuevo en Oriente Próximo, siguen vivas bajo la forma de Akitu, Nowruz y Semana Santa”

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