Yalta, Yalta

Miroslav Lazanski, Yalta, Crimea
Original publicado en Politika, Belgrado, 10/3/2014

Si Washington dice que cualquier punto del planeta es de vital importancia para su seguridad de los EE.UU., Moscú dice que Ucrania tiene esa misma importancia vital para la seguridad de Rusia.

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Parece que la historia universal vuelve a escribirse en Crimea. Porque desde la Conferencia de Yalta, que duró desde el 4 hasta el 11 de febrero de 1945 y donde se reunieron Stalin, Roosevelt y Churchill, parece como si el círculo de la historia se hubiera cerrado. ¿Está Europa volviendo a los tiempos de la guerra fría, y quién tiene la culpa? ¿Desde los tiempos del famoso musical “Yalta, Yalta”*, hasta el conflicto geopolítico más serio entre Occidente y Rusia en los últimos 30 años?

Para entrar en el complejo del Palacio de Livadia en Yalta, donde tuvo lugar la Conferencia de Yalta que determinaría el destino de muchos países y pueblos de Europa (y también en el Pacífico, tras la II Guerra Mundial) es necesario pagar una entrada de 50 hryvnas. El lugar transpira historia, aunque tengo que reconocer que en las fotos me pareció mucho más imponente. En la realidad, el palacio es un lugar apenas más grande que la mansión media de un oligarca serbio. Ahora hay un museo, una pequeña iglesia y tiendas de souvenirs. Y una vista espectacular al Mar Negro. Sólo se echan en falta los sillones con Stalin, Roosevelt y Churchill. Y su acuerdo sobre cómo será la arquitectura político-militar de la Europa de posguerra. Alemania dividida en cuatro zonas de ocupación, Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Rumanía y Bulgaria cien por cien en la zona de intereses soviéticos, Grecia dividida 70 frente a 30 por ciento en favor de Occidente, y Yugoslavia fifty – fifty.

Y así fue hasta la caída del muro de Berlín y la desintegración del Pacto de Varsovia. En ese período, Nikita Jrushchov mandó a Cuba misiles soviéticos de medio alcance con cabezas nucleares, lo que para Washington fue casi una declaración de guerra. El presidente de los EE.UU. John Kennedy ordenó el bloqueo marítimo de Cuba, y el mundo se encontró al borde de una guerra nuclear entre la Unión Soviética y los EE.UU. Los americanos explicaban que, por su seguridad, no podían permitir la existencia de misiles soviéticos en Cuba, porque estos alcanzan Washington y Nueva York en cinco minutos sin que los EE.UU. tengan la posibilidad de evitarlo o responder. Y tenían razón, y Jrushchov retiró los misiles de Cuba.

La historia siguió su curso, y cuando desapareció el Pacto de Varsovia, George Bush padre prometió a Mihaíl Gorbachov que la OTAN nunca cruzaría al territorio de la Alemania del Este, sólo que las dos Alemanias se unificaran. Después, el presidente americano prometió a Gorbachov que la OTAN nunca recibiría como miembros a los países del antiguo Pacto de Varsovia, y que nunca cruzaría al territorio de la antigua Unión Soviética. Gorbachov, que se creyó todo eso, ahora anuncia pizzerías en Moscú. Con Yeltsin, Rusia callaba ante todo lo que Occidente prometía y luego incumplía. Del otro lado, desde Washington, llegaban mensajes claros de que los EE.UU. nunca permitirían que apareciera en el mundo un rival con la potencia de la antigua Unión Soviética, y que cualquier punto del planeta tierra es un punto de vital importancia para la seguridad de los EE.UU.

Todo lo que se hizo en la relación de Occidente con Rusia tras la caída de la Unión Soviética fue un engaño. La OTAN entró en los países del antiguo Pacto de Varsovia y en las repúblicas bálticas, antiguos miembros de la URSS. Washington engañó a Moscú de manera directa en 2011 con la resolución de las Naciones Unidas referida al bombardeo de Libia, siendo presidente ruso Medvedev. Los países occidentales engañaron de manera directa a Moscú con el acuerdo entre Yanukovich y la oposición del 21 de febrero. Los ministros de exteriores de Alemania, Francia y Polonia garantizaron ese acuerdo, y previamente Obama y la señora Merkel pidieron a Putin que influyera en Yanukovich para que lo firmara. Cuando Yanukovich lo firmó y la oposición no lo respetó, unas horas después de firmado, el acuerdo fue traicionado y los ministros de Alemania, Francia y Polonia se hicieron los locos. La UE acudió con prisa a reconocer el nuevo gobierno de Kiev. ¿Acaso alguien en Occidente pensaba que Vladimir Putin era, en realidad, Gorbachov o Yeltsin?

Aunque no fuese la cuestión la decepción de Putin en la falta de honorabilidad de Occidente, la culpa del jaleo en Ucrania está principalmente en el lado Occidental, es decir, en Washington y Bruselas. Rusia por razones de seguridad no puede permitir la entrada de Ucrania en la OTAN, al igual que en su día los EE.UU. no pudieron permitir la instalación de misiles soviéticos en Cuba. La entrada de Ucrania en la OTAN (y esta es, en realidad, la cuestión) anula todos los mecanismos de defensa rusos, y los mecanismos de misiles ofensivos se devalúan. ¿Por qué no pensaron en eso a tiempo en Washington y Bruselas? ¿Por qué nadie dijo públicamente que, por todas estas razones, Ucrania no puede entrar en la OTAN? Si Washington dice que cualquier punto del planeta es de vital importancia para la seguridad de EE.UU., Moscú también dice que Ucrania es de vital importancia para la seguridad de Rusia. ¿Quién animaba a Ucrania en su camino hacia la OTAN? ¿Quién la sigue animando hoy en día en esa dirección? Quien hace eso es también el principal culpable de la situación hoy en Crimea. Los antigos países del Pacto de Varsovia y las antiguas repúblicas de la URSS no deberían construir la nueva identidad nacional de sus estados en base a posturas antirrusas, por mucho que eso agrade a algunos en Bruselas y Washington. Los EE.UU. nunca van a arriesgar una guerra nuclear con Rusia por Ucrania, Georgia o Letonia. Porque Nueva York y Washington valen más que una misa por Kiev.

Sí, Yalta se repite con una forma diferente. Crimea es el principio de una nueva arquitectura para la seguridad en Europa. Cuando Churchill y Roosevelt le preguntaron a Stalin aquí en Yalta si podían consultar la nueva configuración de Europa de posguerra al Santo Padre de Roma, Koba Dzhugashvili les espetó ¿de cuántas divisiones dispone el Santo Padre de Roma? Hoy, hemos regresado al lenguaje de la fuerza, porque Occidente así lo quiso. Los Rusos tuvieron que aceptar ese partido, les fue impuesto. Es más, en febrero de 1945, Occidente jugó de manera más honesta y sincera con Moscú de lo que lo hace hoy en día. ¿O acaso alguien alguien pensaba que Rusia ya no es tan fuerte como la Unión Soviética? Craso error.

En la plaza principal de Yalta se ha erigido una carpa en la que trabajan los activistas por la anexión de Crimea a Rusia. Resuenan las canciones rusas, ondean banderas de Rusia. Cuando asomé la cabeza y saqué la cámara para grabar a los activistas, dos de ellos se abalanzaron sobre mí para quitarme la cámara. En medio de un estrangulamiento no especialmente tierno, tuve que chillar que a nosotros en Serbia la OTAN nos bombardeó en 1999. “¡Nas su bombili!”- grité. Solo entonces desistieron del ajuste de cuentas físico, el personaje principal de la carpa me pidió disculpas, algunas mujeres miembros del comité me sonrieron amablemente. Alguna más joven hasta me dio un beso. Increíble, la OTAN me salvó de una paliza. A medida que se aproxima el referendum, la tensión aquí crece paulatinamente y todos están bastante nerviosos. Todos los periodistas son de alguna manera sospechosos de agentes inflitrados de Kiev o de Occidente.

Yalta es el paraíso de la antigua URSS, la costa de Crimea es preciosa. Mi conductor Víctor aún no está seguro de votar en el referendum, pero está seguro de que el resultado será favorable a la anexión de Crimea a Rusia.

-¿Por qué? – le pregunto.

-Porque lo hemos intentado con Ucrania, y no funcionó. Ucrania no invertía nada en el desarrollo de Crimea, es más, el dinero de aquí se invertía en Ucrania. Vamos a probar con Rusia, quizá salga mejor.

Miroslav Lazanski (nacido en 1950 en Karlovac, actual Croacia, de padre esloveno y madre serbia) es periodista especializado en asuntos militares y geopolítica. Es licenciado en derecho por la Universidad de Zagreb, donde comenzó su carrera periodística. Ha sido corresponsal en Siria, en las guerras de Afganistán, en Chechenia, Congo, Irak, Iran, Líbano, Yemen, Libia… Ha entrevistado a dos Comandantes Supremos de la OTAN, tres mariscales de la URSS, jefes de la KGB, KHAD, unos 50 ministros de defensa. Actualmente es corresponsal en Crimea para el periódico belgradense “Politika”.  Aquí traducimos su columna “Yalta, Yalta”, en referencia a un musical estrenado en 1971 en Zagreb famoso en la antigua Yugoslavia, cuya historia se desarrolla en torno a la Conferencia de Yalta de 1945. 

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3 Responses to “Yalta, Yalta”

  1. Muy de acuerdo con estas valiosísimas informaciones. Gracias por ellas

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