Des-dignificando la traducción…

Entretierras, un espacio especialmente adecuado para abordar un tema que no adolece de una extrema complejidad, pero que sí suscita polémica en determinados ámbitos: la traducción.

Imagen tomada dela web de la UCM

Imagen tomada dela web de la UCM

Sin el conocimiento de otras lenguas, resulta harto complicado llegar a comprender a aquellos cuya lengua madre difiere de la nuestra. A lo largo de los años de contacto con otras dos lenguas he podido constatar que la lengua y la cultura (de todo tipo: religiosa, social, política, literaria) van muy de la mano, que el día a día en esa lengua se desarrolla de una manera que poco tiene que ver en muchas ocasiones con cómo se desarrolla en esta lengua en la que ahora mismo escribo. Con esto no querría crear malentendidos: no es que no pueda comprender una cultura o una sociedad sin su lengua, pero no podré llegar a determinados aspectos de la misma y es ahí donde está la labor del traductor, que nos ayuda a viajar entre tierras. La diferencia, pues, entre una buena traducción y otra mala –a mi modo de ver como traductora no profesional- no es la híper-corrección lingüística, ni el barroquismo en el enlace de sintagmas, ni el uso de vocablos complejos en la lengua meta, que en muchas ocasiones dificultan la comprensión al lector no especializado y no transmiten el mensaje. La buena traducción es aquella que transmite el espíritu del texto, no una hilera de frases con sentido, pero sin sentimiento. El mensaje es lo que importa, y el mensaje que se transmite en esa lengua se hace con unos términos concretos que debemos hacer llegar a quien nos lee o escucha con el sentido y sentimiento de la palabra en sí, especialmente cuando se trata de lenguas cuyos conceptos van cargados de significado.

El oficio de traductor, pues, es clave en la comprensión del mundo y, aún más, de la conexión entre tierras, entre concepciones del universo y entre sentimientos humanos. Por ello, es quizá una de las labores más dignas que, por desgracia, tienden a infravalorarse o entenderse como el deber de aquel que conoce dos lenguas en una situación comunicativa en la que los hablantes (generalmente sucede en situaciones de comunicación oral) no comparten el código, como en una conferencia o charla, por ejemplo. Un favor se hace siempre (todos los pedimos, no lo olvidemos), pero quien se dedica profesionalmente a esto debe exigir siempre que su trabajo se reconozca como tal y –salvo excepciones- recibir su sueldo de pleno derecho y el reconocimiento del tiempo invertido.

No obstante, hay un tipo de traducción que en algunos círculos se entiende como aquel que “des-dignifica la traducción” , y que personalmente me parece que lo que hace es dignificarla por usarla como vehículo de transmisión de algo que se desconoce, que puede aumentar la curiosidad del receptor y sí -¿por qué no?-, aumentar los ingresos del traductor si empiezan a llegar encargos o se aceptan proyectos: la traducción altruista y la traducción militante.

La traducción altruista es aquella que uno hace sin esperar nada a cambio, de manera voluntaria y que muy probablemente venga motivada por el deseo de transmitir algo que no llegará a muchos si no se traduce. Como ejemplo, recuerdo aquí un intenso debate con profesionales de la traducción en que, al hilo de una pregunta acerca de la falta de pensamiento filosófico o político árabe traducido y la promoción del mismo, tuve la mala idea de proponer que aquellos que traducen, de vez en cuando, si tenían interés en difundirlo, publicasen la traducción de un pequeño artículo de un par de folios en algún periódico o revista de amplia tirada nacional por si ello iba despertando el interés (sí, y creaba demanda) o al menos daba a conocer una parte más desconocida del mundo árabe. “Lo primero que hay que hacer es dignificar la traducción como profesión” fue la respuesta que recibí, tras la cual llegó la explicación de que es una profesión y no un voluntariado. Con ello me pregunté si un médico al que pagan por su trabajo y que atiende a alguien en la calle fuera de su horario des-dignifica la medicina. En cualquier caso, la pregunta fundamental es: ¿queremos hacer llegar eso que nuestro conocimiento de la lengua nos permite conocer o solo hacer negocio? Yo creo que ambas cosas son compatibles y no por ello uno está des-dignificándose a sí mismo, sino todo lo contrario: empleo mi conocimiento para que otros puedan alcanzar a entender otras culturas (en su sentido más amplio nuevamente) a partir de su propia producción y gracias a que gente como nosotros se la presenta. Ello dignifica una profesión que no necesariamente ha de reducirse a un negocio. Quien la des-dignifica es quien -siendo un trabajo- no sabe pagarla o no reconoce su valor.

Sin duda, las revoluciones árabes y todos los acontecimientos en la zona han conllevado una ingente producción de pensamiento, literatura, filosofía, etc., que no llegará a muchos, pero también ha producido llamadas de solidaridad, testimonios de un día cualquiera y comprensión de su lucha. ¿Qué hace uno ante todo eso que no vende ni se considera interesante en determinados ámbitos intelectuales? ¿Se puede dejar pasar sin más? Sinceramente, creo que adoptar la postura de no transmitir nada de eso, aunque sea una mínima parte, des-dignifica con mucho el oficio de traductor, que es ante todo un transmisor de sentidos y sentimientos.

Cuando recibí esta carta, por la que no me pagaron ni esperaba que lo hicieran, de manos de su escritor, que me pidió una traducción al castellano, por si lograba despertar alguna conciencia, no lo pensé. Cuando buenos amigos me pidieron acompañarles a unas entrevistas que además a mí me interesaban, no pensé ni por un momento en dinero (amigos y simbiosis son más que suficiente para mí).  Cuando se me propuso participar en este blog, del que desde su sexto mes de vida pasé a ser responsable, dudé por mi falta de tiempo y mi deseo de transmitir el máximo posible, pero seguí adelante. Ello no significa que un trabajo de traducción vaya a hacerlo gratuitamente (cuando se me ha pedido siempre se ha hecho con la correspondiente tarifa), pero aprendamos a diferenciar entre nuestra labor de oficio con beneficio y nuestra labor humana, que nos dignifica mucho más. Si gracias a lo que conozco puedo viajar entre tierras sin moverme de mi casa, me encanta saber que hay quien también puede hacerlo gracias a mi pequeña aportación. Sé que hay más que piensan como yo, y que ven este tipo de acciones como una forma de militancia. Si conozco una línea de pensamiento, un autor que me interesa especialmente dar a conocer, un programa político que pasa desapercibido, y lo traduzco, con ello no hago daño al trabajo ni al negocio de la traducción, sino que se pongo énfasis en su dimensión esencial: transmitir.

En estos tiempos que corren de desigualdades, de carencias, de precariedad y de falta de trabajo, nunca se me ocurriría promover el trabajo gratuito, y más entre los traductores autónomos, pero cuando algo se hace porque siente la necesidad de transmitirlo, ni trabaja gratuitamente, ni des-dignifica lo que hace. Muy al contrario, muestra su digna vocación.

Se que mucho de lo que digo no gusta en ciertos foros, ni cuando reclamo una consideración hacia las nuevas generaciones de investigadores, ni cuando emito este tipo de opiniones; sin embargo, creo que es de justicia expresar lo que se piensa desde el respeto, y de derecho ser escuchado. Abierto queda el debate, aunque este sea un blog de asuntos más sociales que lingüístico-académicos… Sin embargo, la traducción tiene la virtud de colarse en todos los ámbitos por su carácter ineludible, y como decía, este espacio es óptimo.

Naomí Ramírez Díaz

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One Comment to “Des-dignificando la traducción…”

  1. Reblogueó esto en Espacio de Rodrigoy comentado:
    exelente!estoy de acuerdo con tu posicion

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