¿Por qué desenterrar los muertos de la Guerra Civil Española?

Fosa común guerra civil

… yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Miguel Hernández, “Vientos del pueblo me llevan”.

“Los capítulos de una historia se cierran cuando se han leído completos”

Baltasar Garzón

 

Mucho se ha escrito y no poco queda por contar acerca de la Guerra Civil española. Numerosos historiadores consideran clave este acontecimiento para entender el siglo XX. Pero, más allá de su transcendencia en la historia mundial contemporánea, esa guerra se llevo por delante los sueños y la vida de muchos, dejando un país hecho jirones y dividido irremediablemente. Y la única forma que encontraron sus políticos fue hacer sufrir a su pueblo primero 40 años de dictadura y después meros parches.

Vayamos pues al inicio, la Guerra es producto del fracaso del Golpe de Estado protagonizado por los mal llamados nacionales, como si los republicanos repudiaran el país que defendieron con su vida, conduciendo a todos a una conflagración cruenta que duro algo menos de tres años y finalizó con la victoria de los golpistas.

En esos tres años se cometieron tropelías y asesinatos en ambos bandos, con miles de muertos en las trincheras. Tras el final de la contienda, los caídos del bando vencedor recibieron honores y condecoraciones como héroes de guerra, y sus restos pudieron descansar en paz. Sin embargo, los republicanos que sobrevivieron y no tuvieron la suerte de exiliarse fueron perseguidos, encarcelados, torturados y muchos de ellos asesinados a lo largo de cuarenta años de dictadura[1].

Sin embargo, la muerte del dictador trajo una “transición” engañosa que, entre otras cosas, decretó una amnistía que afectó a todos los hechos y delitos de intencionalidad política ocurridos entre el 18 de julio de 1936 y el 15 de diciembre de 1976. Con ello se intenta que la “democracia” avance y se consolide, usando una falaz coletilla, “obviemos lo sucedido anteriormente y miremos al futuro todos juntos”, el argumentario esgrimido por aquellos que vivieron este proceso en primera persona. Posiblemente en ese momento y en esas circunstancias no había muchas opciones; el ejército estaba a la expectativa supervisándolo todo. Y, desde la derecha ultramontana vencedora a la izquierda derrotada, firmaron la salida que ofrecían los llamados “Pactos de la Moncloa”; España se hacía “democrática” y eso era lo importante.

Pero la situación de los mayores derrotados, los muertos y sus familias, no cambió un ápice. No sólo no han podido sepultarlos, en muchas ocasiones no saben dónde se hallan sus seres queridos.

Pero ese status quo no podía ser eterno, aún cuando una parte de la sociedad, la vencedora, que no tiene a nadie mal enterrado en una cuneta dice “no es el momento”, “no hay que reabrir heridas”, “eso pasó hace mucho, avancemos todos juntos”, “no hay que revivir viejos fantasmas”, “con la amnistía, decidimos avanzar todos juntos”. Es muy fácil hablar cuando el dolor no se siente y no se tiene la capacidad de empatizar.

A lo acaecido en España, se suma el factor de la actuación ante situaciones similares dadas en otros países (Argentina, Guatemala, Alemania, Timor Oriental, etc.), y que han sentado un precedente de gran valor para quienes luchan por recuperar los restos de los que un día desaparecieron. Pero los precedentes no sirven de mucho en España, un país que se golpea el pecho cuando uno de sus jueces juzga crímenes de guerra y lesa humanidad de terceros, pero que no es capaz de hacer lo propio con los suyos. Como bien señala el refranero “ve la paja en ojo ajeno, pero no la viga en el propio”.

Esta argumentación puede parecer sensiblera, pero vayamos a los datos y ver qué opinan los organismos internacionales. España es, como señalan Jueces para la Democracia, el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos no recuperados, superando los 100.000, únicamente por detrás de Camboya. Para hacernos una idea de las dimensiones pongamos como ejemplo la Argentina de Videla con unos 30.000 desaparecidos[2] o el Chile de Pinochet con cerca de 40.000[3]. Entre esos 100.000 se contabilizan aquellos desaparecidos durante la Guerra Civil, la dictadura e incluso en democracia, como es el caso de los niños robados, otra práctica habitual durante los cuarenta años del franquismo.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde distintos comisionados, como son nada más y nada menos que el de Derechos Humanos o el de Desapariciones Forzadas, han instado reiteradamente al gobierno español a derogar la ley de amnistía, por lo menos en aquellos casos relacionados con las desapariciones; a colaborar con la justicia internacional que está investigando el tema; a crear una comisión de expertos que aborde el asunto; a no poner impedimentos; a facilitar medidas de indemnización y reparación previstas en el ordenamientos jurídico[4].

Algunos de los artículos (2, 3, 5, 9, 10, 12, 13, 14, 18, 19, 20, 21) de la Declaración Universal de Derechos Humanos fueron vulnerados y dichas violaciones no pueden quedar impunes. Para ser francos, si uno lee detenidamente los 30 puntos de la carta se da cuenta que posiblemente no existe país en el mundo que los respete todos, lo que nos habla de la hipocresía humana. Al hilo de esa falsedad, Jorge Rafael Videla, de tan infausta memoria para Latinoamérica llegó a decir en un discurso, en defensa de su política de represión: “nosotros somos derechos y humanos”.

Acerca de las resoluciones de la ONU y sus organismos es importante señalar:

“Una resolución de la Asamblea General de la ONU sólo pueden tener el carácter de recomendaciones y no constituyen normas de carácter vinculante. No obstante, la opinión dominante en la doctrina afirma el carácter obligatorio de las Declaraciones de Derechos Humanos en forma indirecta, basándose en que los derechos reconocidos en ellas representan “principios generales del derecho de las naciones civilizadas”. Cabe destacar que estos principios constituyen una de las cinco fuentes de derecho internacional reconocidas por el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia (art. 38.1) para ser aplicadas por ese tribunal. Por otra parte, las resoluciones de la Asamblea General de la ONU, además de su valor jurídico, tienen importancia moral y política que los Estados no pueden desconocer”.

Endere y Ayala (2012)[5]

Pero, ¿cuál es la repuesta de España ante los asuntos relacionados con memoria histórica?: reducir los presupuestos destinados a estos fines[6], protestar por la “excesiva atención” de la ONU[7], dificultar los intentos de ciertos jueces de investigarlo e incluso a aquellos que desde fuera intentan impartir justicia se les dice de manera arrogante desde los círculos próximos “que se encarguen de su país y no se metan donde nadie les ha llamado”[8].

Lo único que realmente hace falta es JUSTICIA, aceptar la carta de los Derechos Humanos. Como señala John Rawls “el respeto por los derechos humanos es una de las condiciones impuestas a cualquier régimen político para ser admitido como miembro pleno de una sociedad política de pueblos justa”.

La memoria y el tipo de políticas que rodean a esta, es un tema ampliamente tratado. Son numerosos los libros, artículos y ensayos que abordan este asunto. Este texto es simplemente una aproximación. Recomendamos para profundizar más: Derechos Humanos y Desaparecidos en Dictaduras Militares.


One Comment to “¿Por qué desenterrar los muertos de la Guerra Civil Española?”

  1. Gracias por estas grandes informaciones, tan verídicas y humanas. Todavía existen dos —Espáñas— Los vencedores y los vencidos. Todavía siguen dominando, machacando y enmudeciendo a los vencidos.

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