Al-Yulani o cómo negar los postulados de la revolución

De la entrevista realizada por el conocido reportero de la cadena catarí Aljazeera, Tayseer Alony, a Abu Muhammad al-Yulani, líder del Frente de Al-Nusra, la filiar siria de al-Qaeda, han trascendido grandes titulares; sin embargo, se ha puesto poco énfasis en algunas expresiones utilizadas por Al-Yulani en su primera entrevista (por la cual se dice que Alony le prestó servicios como la grabación de un mensaje difundido posteriormente como si del propio Yulani se tratase) y en los matices que de ellas se derivan.

En primer lugar, destaca la presentación que hace del Frente, del que asegura que, si bien “no es fruto de este momento preciso, sino que es resultado de una larga historia de yihad” -basada en el interés que en tiempos del Profeta ya tuvo la zona del Bilad al-Sham y que tras la caída del Imperio Otomano comenzó a desarrollarse en Egipto en los 70, posteriormente en Afganistán, a la par que en Siria tenía lugar la lucha de los años 80, que permitió a muchos sirios ir a Afganistán, y que los acabó llevando a Iraq-,  “Siria no habría estado lista para nuestra entrada si no hubiera sido por la revolución siria, que eliminó todo lo que impedía nuestra entrada en esta tierra bendita”.  Aunque posteriormente elimina en gran medida el componente nacional para centrarse en la lucha transnacional que se lleva a cabo en Siria, esta afirmación en la que el pueblo se levantó contra la dictadura, sería suficiente para desmontar el resto de su discurso según el cual lo que acontece en Siria “es una lucha sectaria desde hace mucho tiempo […], un enfrentamiento entre la verdad y la falsedad”. Así, sin tapujos, Al-Yulani reconoce cómo aprovecharon la revolución, para llevar a cabo su plan ya formulado en los años en que estuvieron en Iraq cuando “nuestros cuerpos estaban allí, pero nuestra alma estaba ligada a Siria, donde el régimen era una de las trabas impuestas a la umma islámica”.

En ese sentido, comete el mismo error que achaca a Hasan Nasrallah cuando al reconocer que estaba ayudando al régimen en Siria, “nos abrió la puerta de par en par para entrar en Líbano a despertar a los suníes allí, que ahora piden que se vaya a protegerlos de la opresión a la que los someten Hezbollah y otras milicias”. Con sus declaraciones, Al-Yulani ha abierto la puerta a una crítica que sobre todo se observa en las redes sociales, de miles de activistas de distintas confesiones que comenzaron la revolución sin motivación sectaria y que no han dejado de criticar la presencia de Al-Qaeda en Siria, su particular interpretación del conflicto, y su forma de administrar las zonas liberadas (que es parte del plan de cara al futuro), a pesar de reconocer que su potencial militar es grande. Si bien estos activistas poco pueden hacer para evitar tal presencia, no está de más señalar que Al-Yulani ha incurrido en un error tan grande como el de Nasrallah, aun considerando que todo el mundo en las zonas liberadas los aceptan por su buena gestión, tal y como asegura, y que puede que algunos de sus apoyos se le vuelvan en contra, más aún desde la reciente creación del Frente Islámico, que está abiertamente enfrentado con las filiales de Al-Qaeda.

En lo referente al futuro de Siria, tras titubear considerando que aún es “pronto” para hablar de ello, insiste en que “no gobernaremos solos, no impondremos al gobernante, y por lo que trabajamos es por la implementación de la sharía”, colaborando “con todos los que compartan la visión del gobierno según la sharía, como Dios nos ha ordenado” -por lo que toda facción laica queda descartada-, porque “eso es a lo que tiende el sentir general en las zonas liberadas, ya que la gente ha cambiado mucho con la revolución y ya no es como antes, cuando les faltaba una guía correcta hacia el Bien”. Pero ¿cómo se establecerá la naturaleza del Estado según Al-Yulani?

Cuando cerca del 80% del territorio esté liberado, y sobre todo haya caído Damasco, “se reunirán los consejos que aplican la sharía, las gentes que ‘atan y desatan’ (en términos islámicos, aquellos cuya sabiduría en tiempos del Califato les permitía establecer los preceptos sobre los que asentar el Estado entre otras funciones), los ulemas, pensadores de entre la gente que se ha sacrificado, y todos aquellos dignos de dar su opinión, aunque vengan de fuera […], tras lo cual se establecerá un plan conveniente para la administración del país, naturalmente según la legislación islámica […], por lo que el Consejo que se establezca, sea dentro de estos parámetros ordenados por Dios, y si se hace así, nosotros seremos una parte más”. En definitiva, “lo que nos interesa es la implantación de un Estado Islámico bien guiado según el modelo de los tiempos del Profeta y que busque liberar los territorios musulmanes”, en el que los no musulmanes tengan sus derechos y obligaciones reguladas según establece el islam.

Por ello, “no reconoceremos” decisión alguna que se tome en Ginebra (que es un intento de “revivir al régimen, como cuando se utiliza un desfibrilador para reanimar a un enfermo”) por esos a quienes “nadie ha autorizado para hablar en nombre del pueblo ni negociar a costa de su sangre” y que “carecen de toda influencia y presencia sobre el terreno”, porque nadie se reirá de esta umma. El plan, según él, es cambiar a Bashar al-Asad por otro “nusayrí” (término con claro matiz negativo en la actualidad pero utilizado históricamente para referirse a los alauíes) con tal de que los suníes no gobiernen. Y ese, afirma, es el objetivo que comparten Hezbollah e Israel, que solo volverán a luchar entre sí si acaban con los suníes en la zona, pues Israel está más tranquilo con el régimen sirio y Hezbollah en sus fronteras, que rodeado de suníes.

Así, no le sorprende el acercamiento entre EEUU e Irán, que dice ya habían vaticinado miembros de su grupo, y que se ha producido en detrimento de los antiguos aliados estadounidenses en el Golfo (que son responsables del adormecimiento en que la población suní estaba sumida) y de Israel, porque lo que buscan es penetrar más en la zona, y para ello pretenden explotar el hecho de que la enemistad doctrinaria con la confesión safaví (nunca utiliza chií, pero sí, ráfid –los que rechazan la sunna, grosso modo) no es algo tan aparente como en el caso del judaísmo. Así, “los ojos del mundo infiel, judío, safaví e islámico –nótese que no considera a los chiíes parte del islam- están puestos en la lucha en Siria”, que considera que será decisiva porque en ella “los muyahidines han alcanzado logros impresionantes no alcanzados hasta ahora desde la caída del Imperio Otomano”. Ahora “los suníes han comprendido la naturaleza de esta lucha”, con lo sucedido en Iraq y otros lugares como Líbano, y ahora en Siria, “y no prescindirán de quienes les protegen”.

Al margen de las referencias a EEUU e Irán (a los que no amenaza directamente con nada) o a los países del Golfo (a quienes tampoco profesa gran estima), lo realmente importante de esta entrevista es que Al-Yulani minimiza hasta el punto de casi negar la agencia de la población revolucionaria que se levantó contra la tiranía, y que preguntado por si la población siria que hizo la revolución tan solo lo hizo para pedir libertad contra la dictadura, insiste: “la lucha es sectaria”. Más aún, en un momento dado y de forma casi imperceptible, cuando menciona a los países que apoyan la revolución, matiza “la revolución, como se dice”. En definitiva, para Al-Yulani, la revolución fue una excusa para implementar un plan preconcebido aprovechando que el pueblo había dicho “basta”, y por tanto, sus postulados se desmarcan de los postulados originales de la revolución, algo que él mismo deja patente en la entrevista.

Naomí Ramírez Díaz

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