LOS NACIONALISMOS LOCALES EN EL MUNDO ARABE ORIENTAL. EGIPTO: EL MEDITERRANEISMO DE TAHA HUSAYN Y LAS PRIMERAS IDEAS SOCIALISTAS DE SALAMA MUSA

 

Taha_Musa

VI- LOS NACIONALISMOS LOCALES EN EL MUNDO ÁRABE ORIENTAL: EGIPTO.

 

Será en Egipto donde surjan los ideólogos más destacados y conocidos de los primeros nacionalismos locales, modernistas, liberales y occidentalistas. Se trata de Taha Husayn, hombre de letras, con formación árabe-islámica, que formula la idea del mediterranismo, y Salama Musa, cristiano copto que, centrado en Egipto, funda el primer Partido Socialista en la región, en 1920.

Estamos hablando de una época inmediatamente anterior al Naserismo, la época donde gobernaron los británicos, desde 1870 prácticamente en toda la cuenca del Nilo, y el Rey Fuad I, y luego el rey Faruq, gobernaron con un parlamento, pero maniatados por las presiones y condiciones británicas. Un Egipto que se convierte en protectorado británico cuando comienza la primera guerra mundial, y donde la economía la maneja directamente Lord Cromer, el administrador del país, cuando por las fabulosas deudas contraídas por este país en tiempos del jerife Ismail, por una parte se modernizan las infraestructuras del país, incluyendo la construcción del Canal de Suez, pero por otro se contraen grandes deudas, difíciles de pagar, cuando decaen las exportaciones de algodón al terminar la guerra civil americana, y por las condiciones de verdadera usura que firma el Jerife, con potencias extranjeras y banca privada. No obstante en Egipto se han producido ya levantamientos populares, como la revolución de Urabi en 1919, con el lema “Egipto para los egipcios”, que logra una independencia tutelada y el ascenso del Partido Nacionalista Wafd, que es pionero en garantizar derechos a la mujer, y leyes populares que benefician a los sectores populares urbanos del país, y un parlamento cuyas dos terceras partes de sus miembros se elegían en las mayores circunscripciones por un periodo de 10 años, mientras que el tercio restante era elegido por el Rey.

Hablamos de un Egipto, eminentemente rural, donde los niños comienzan a trabajar desde los 6 años en la cosecha del algodón, y por eso no van a la escuela ya que son la mano de obra que complementa los ingresos familiares, de familias numerosas, que habitan en chozas. En época de Nasser, se elevó la edad mínima de trabajo a 9 años, pero siguió sin combatirse el trabajo infantil.

En las crónicas que realiza Enrique Meneses, de los años 60 dirá que el 80% de la población egipcia, es decir el 95% de los campesinos, padece la enfermedad endémica de la “bilharziosis”, cuyo responsable es el lodo de las aguas estancadas del Nilo, en las que el fellah pasa la mayor parte de su vida. En la región del Delta, la malaria alcanza al 90% de la población de los arrozales. Cerca de un millón de egipcios padecía, como padeciera el propio Taha Husayn, de ceguera parcial o total. El 75% de los egipcios, aun entrados los años 60, eran analfabetos, y esta tasa subía al 95%, entre los campesinos1.

TAHA HUSAYN ( 1889-1973)2:

De origen pobre y campesino, queda ciego a temprana edad. Realiza estudios en un medio islámico tradicional, la Universidad Mezquita Al Azhar, donde estudia lengua árabe y ciencias religiosas. Entonces apoya los intentos reformistas del islam de Muhammad Abduh (reformista y liberal islamico, nacido en 1849 en el delta del Nilo, seguidor del reformista Yamal Eddin Al Afgani, y fallecido en 1905). Se transforma en un escritor afamado, autor de novelas, ensayos y obras de investigación histórica. Y es un escritor e investigador polémico, acusado de trasgredir ideas tradicionalmente aceptadas referidas a la historia del Islam, los primeros califas, y a la literatura preislámica, que le valen críticas, censura, y volver a publicar parte de sus obras, con cambios y omisiones. En sus investigaciones históricas aplicó métodos modernos, descartando apriorismos y prejuicios.

En 1938 escribe “Mustaqbal al taqafa fi Misr” (El futuro de la cultura en Egipto), publicado en 1944.

En este polémico ensayo, sobre la cultura egipcia, incluye algunas alusiones a lo árabe, que provocan reacciones, entre ellos el de Sati Al Husri3. No obstante en esta obra de Husayn, hay un acercamiento mayor al arabismo que en ensayos anteriores, acercamiento bastante generalizado entre la mayoría de los intelectuales de la región, después de la guerra de Palestina de 1936-1939.

En esta obra, habla de la necesidad de que Egipto se marque un rumbo nacional, que debe estar acorde con su esencia, y con su mente, vinculada a Occidente desde la Antigüedad. Concluye con la necesidad de adoptar todas las facetas de la civilización moderna, a pesar de algunos defectos. Luego, confirma la existencia de una peculiar cultura egipcia y define la posición de Egipto con respecto a los demás países árabes vecinos, como de “central e irradiante”4.

La figura de Taha Husayn, sin embargo es más conocida a nivel popular por su investigación respecto a la poesía preislámica, y su afirmación de la falsedad de los testimonios conservados, concluyendo en que la misma estaba escrita en época ya islámica.

Citas de textos de Taha Husayn:

De “EL FUTURO DE LA CULTURA EN EGIPTO” (1938)

“Vivimos en una época específicamente caracterizada porque en ella libertad e independencia ya no son una meta perseguida por pueblos y naciones, sino un medio para alcanzar objetivos más elevados y permanentes y de más completa y general utilidad.

Muchos pueblos, en diversas zonas del mundo, han vivido libres e independientes, sin que eso les valiera de nada, pues no impidió que otros pueblos nuevos, que gozaban de libertad e independencia también, les agredieran. Estos últimos no consideraban a ninguna de estas cosas como una meta, sino que tras ellas añadían otras: la civilización, base de la cultura, y la ciencia, con la riqueza que ambas producen. Si no fuera porque Egipto se quedó escaso, de buen o mal grado, en lo fundamental de la cultura y de la ciencia, no hubiera perdido su libertad ni su independencia, ni hubiese necesitado de ese noble e ímprobo esfuerzo para recuperarlas (…)

Quiero también, como todo intelectual egipcio que ame a su país y vele por su dignidad, que cuando nos encontremos con los europeos no sintamos que existen entre nosotros y ellos unas diferencias que les permiten sernos superiores y despreciarnos, obligándonos a humillarnos y a no reconocer que nos oprime con su arrogancia y superioridad manifiestas (…)

Sólo Dios puede crear algo de la nada. Pero los seres humanos no pueden hacerlo. Por eso creo que el nuevo Egipto no se creará ni creará ni erigirá sino a partir del eterno Egipto antiguo, y que el futuro de la cultura de Egipto no será sino una auténtica, más alta y excelente prolongación de su humilde, exhausto y débil presente.

Por eso no me agrada pensar en el futuro de la cultura en Egipto si no es a la luz de su remoto pasado y de su presente cercano. En la medida en que afirmemos nuestra vida futura sobre nuestra vida pasada y presente nos evitaremos muchos errores que parten de los excesos y equivocaciones en los cálculos y de entregarse a fantasías y elaborar sueños.

Pero la cuestión grave que debemos aclararnos por completo, cuidar sin encubrir y despojar de cualquier género de dudas es saber si Egipto es de Occidente o de Oriente. Y no me refiero, naturalmente, a un Oriente o un Occidente geográficos, sino a unos términos culturales. Parece que en la tierra existen dos tipos completamente diferentes de culturas, relacionadas mediante una violenta tensión que encuentra a cada una de las partes luchando o preparándose para la guerra. Uno de estos tipos se encuentra desde la antiguo en Europa, y el otro es el que encontramos, también desde la antigüedad, en el Lejano Oriente (…) La mente egipcia, en su imaginación, aprehensión, compresión, juicio, ¿es occidental u oriental? En resumen y dicho claramente ¿Qué le es más fácil a la mente egipcia: comprender a un chino y un japonés o a un inglés o un francés? Esto es lo que tenemos que dejar claro y establecer antes de pensar en las bases sobre las que hay que cimentar la cultura y la educación que nos convienen, las bases sobre las que establecernos. Esto es lo que tenemos que dejar claro y pensar antes que pensar en las bases sobre las que hay que cimentar la cultura y la educación que nos convienen, las bases sobre las que establecernos.

El método más sencillo de hacerlo es remitirnos a la historia de la mente egipcia, desde la antigüedad más remota, con su curso a través de su larga, penosa y sinuosa historia, hasta ahora (…)

No creo que la relación que existiera entre los antiguos egipcios y los países orientales pasara de este oriente Próximo al que llamamos Palestina, Siria e Iraq, es decir, este Oriente que está situado en la cuenca del Mediterráneo (…) Las leyendas egipcias nos muestran cómo sus dioses habían ido más allá de las fronteras del país, civilizando a los habitantes de estas zonas del Oriente. La historia nos enseña que los reyes de Egipto extendieron su autoridad, a veces, por estas regiones, y en ellas se expusieron a algunos peligros de carácter político.

La historia del antiguo Egipto también nos cuenta que nuestro país fue en aquellos tiempos una de las fuerzas básicas de cooperación político-económica, respecto a estos países y también respecto a otros que fueron cuna de esta cultura europea, con la cual queremos reconocer nuestras relaciones (…)

Los estudiantes aprenden en la escuela que Egipto conoció a Grecia desde tiempos muy remotos, y que los faraones egipcios, desde el primer milenio antes de Cristo, establecieron colonias griegas. También estudian que una nación oriental algo alejada de Egipto lo invadió, estableciendo su dominio en él hacia el siglo VI a. C., que es la nación persa. Egipto no se sometió a esta autoridad oriental extranjera sino a disgusto, y la siguió resistiendo recurriendo a veces a la sumisión a los griegos, y a la alianza con las ciudades griegas en otras ocasiones. Hasta la época de Alejandro.

Todo esto tiene un significado muy claro: que la mente egipcia no tiene relaciones de importancia con la del Lejano Oriente, ni ha vivido con la mente persa una vida de paz y cooperación, sino de guerra y hostilidad.

Esto significa también que la mente egipcia se relacionó, por un lado, y de forma organizada, con als zonas de Oriente Próximo, en cuya vida influyó y por las cuales se vio influida, y de otro, con al mente griega, desde épocas muy tempranas, en una relación de cooperación y entendimiento e intercambio continuo y sistemático de intereses en el arte, la política y la economía (…)

Si la mente egipcia ha sido influida por algo desde los comienzos, este algo es el mar Mediterráneo, y si ha existido un intercambio de diversos beneficios, lo ha sido con los pueblos del Mediterráneo.

SALAMA MUSA ( 1887-1958)

Es miembro de la minoría copta, y de origen rural, aunque acaudalado. Esto le permite estudiar en el exterior, en Inglaterra y tomar contacto con las ideas socialistas que se respiraban alli en torno a 1910. Adhiere a estas ideas y las difunde en Egipto, siendo el fundador del Partido Socialista Egipcio, de efímera vida, pero que tiene importancia por ser el primer partido de estas ideas en la región. Fue periodista y editor de revistas.

Entre sus ensayos políticos destacaron: “Al youm wa al Gadd” (El hoy y el mañana), escrito en 1928, y “Misr asl el hadara” (Egipto, el origen de la civilización), de 1935. Su pensamiento es el más occidentalizante y hasta internaliza postulados orientalistas denigrantes para la propia cultura de origen. Conjuga un occidentalismo extremo con un peculiar marianismo, donde para él Egipto es la cuna de toda la civilización occidental, y de este modo justifica su occidentalismo. Al mismo tiempo desde un marco ideológico donde se define como socialista.

Siendo copto, uno esperaría que en todo caso postulara un nacionalismo egipcio sobre bases propias, pero en cambio, desprecia en su totalidad la cultura egipcia, sea árabe o no, y parece enfrascado en occidentalizar de tal modo al país, como si el mismo fuera un extranjero, llegando hasta a postular, cosas que parecen de una extrema ingenuidad, como que hay “que comer lo que comen los europeos, vestirse como europeos” y celebrar los matrimonios con europeos, entre otras cosas para “blanquear” el color de los egipcios. Mezcla así al admiración por los progresos tecnológicos y políticos de Europa, con una veneración e idealización que ve en los occidentales, poco menos que a ángeles. De todas formas, esta ingenuidad y admiración aparece en sus primeros escritos, luego viene el desencanto y la postulación de ideas más maduras y coherentes, aunque mantenga ciertos prejuicios de base.

En efecto, en sus primeros escritos, nada de cuestionar el hecho colonial, ni la explotación de Egipto o de otros países por parte de las potencias europeas. Quizá pesen en su valoración positiva inicial, algunas medidas importantes que introducen los ingleses, y que benefician a los campesinos (felah), sector del que proviene Musa, y de cuya situación de pobreza y servilismo, se hace eco y los denuncia. En efecto, en los años previos a la primera guerra mundial, los ingleses han saneado las finanzas de Egipto, establecieron una administración moderna, y suprimieron el “kurbash“, un látigo de piel de hipopótamo con el cual los terratenientes castigaban a los siervos que trabajaban sus tierras. También prohíben el trabajo no remunerado y desarrollan una red de escuelas dirigidas a los sectores populares5.

Pero su propuesta político cultural, es la de la asimilación total a la cultura europea, renegando de toda herencia “oriental”, en una cuestión de todo o nada, como si tal cosa fuera posible, y reduciendo la situación de subdesarrollo de su país a la contradicción entre los “rasgos de mentalidad oriental”, totalmente oscuros y negativos para él, y su contracara, la idealizada “mentalidad y civilización occidental”. Por cierto, ideas nada extravagantes entre muchos intelectuales de educación y formación europea de la época, y me remito al ejemplo de la revolución kemalista, que también discurrió por estos senderos. En uno de los escritos de Salama Musa, propone “cambiar de hábitos y la vestimenta para que los europeos vean a los egipcios como iguales” (y no como a “asiáticos”). Quiere que sea obligatorio el uso de sombrero, dejando de lado el tarbush (gorro de fieltro de origen otomano) como algo importante, que hace al “reconocimiento de personas civilizadas”. Pareciera haber un dejo de cierto positivismo marxista que creía en la misión civilizadora de Europa, en relación a los “pueblos atrasados”, aun a costa del “mal menor” del colonialismo, y con la internalización de la idea de un occidente civilizado vs resto del mundo bárbaro, u “oriental”, en este caso.

Dicho todo esto, parece ser el ideólogo más comprometido, y sin ambigüedades, con la emancipación de la mujer y su total igualdad con respecto al hombre, y por su preocupación por alcanzar en niveles de progreso a los europeos, tanto industrialmente, como en la adopción de legislaciones de avanzada y formas de gobierno no despóticas. Y por supuesto es quien, entre tanta retórica y preocupación puramente nacionalista, plantea la necesidad de concentrar todos los esfuerzos del gobierno, en su propio país, para erradicar lo que considera un escándalo, que es la situación de pobreza y miseria de la mayoría del pueblo egipcio, y de las pésimas condiciones de vida de los campesinos, y su falta de acceso a las tierras que trabajan.

En sus escritos de 1947, como ya veremos, ya no sostiene posiciones tan idealizadas o ingenuas respecto a los europeos, y sorprendentemente critica agudamente a los ingleses, por todas sus politicas e intervencionismos, planteando con claridad la situación de los campesinos y de la pobreza en Egipto como el mayor problema que aqueja a su país.

Citas de textos de Salama Musa:

De “HOY Y MAÑANA”6 (1928)

“Cuando aumentaron mis conocimientos, experiencia y cultura, vi más claramente cuáles son las metas que persigo en mi obra literaria, y que se pueden resumir en que debemos salir de Asía y adscribirnos a Europa. A medida que han aumentado mis conocimientos de Oriente, ha aumentado la antipatía que siento hacia él, así como el sentimiento de que me es extraño. Y cuanto más he conocido a Europa, más la he amado y me he vinculado a ella, aumentando mi sensación de que ella venía de mí y yo de ella. Esta es la doctrina por la que he actuado a lo largo de mi vida, secreta y abiertamente. Soy pagano respecto al Oriente y creyente en el Occidente.

Mis metas son la libertad de la mujer, tal y como lo entienden los europeos, confiando en poder ver un día a mujeres jueces, médicos, aviadoras, maestras, directoras, ministros, trabajadoras, etc. (…)

Que la enseñanza sea europea, sin que la religión tenga potestad sobre ella, y ni siquiera entre en ella (…); que el gobierno sea parlamentario y democrático, como en Europa, y se castigue a todo aquel que intente convertirlo en un gobierno al estilo del de Al Rashid o Al Maamun7en una autocracia religiosa; que se castigue con la cárcel al que se case con más de una mujer y que se prohíba el repudio, a menos que sea por decisión de un tribunal, y que se elimine de la literatura la huella del servilismo, el sometimiento y la confianza pasiva en Dios.

Ismail8 comprendió agudamente que teníamos que extranjerizarnos y cortar las relaciones con Asía. Creó una Cámara de Diputados y un Consejo de Ministros.; luego nos hizo vestir a la europea y distribuyó entre las personalidades del país jóvenes circasianas para que mejorara el color y se acercara el tipo al europeo.

Se deben adoptar las costumbres europeas, vestir las mismas ropas que los europeos, comer lo mismo que ellos, adoptar sus sistemas de gobierno, familia, sociedad, industria y agricultura. El nombre de oriental el viene a Egipto de que seguimos al Imperio romano de Oriente cuando éste se separó de Occidente. Vivimos cerca de mil años como parte del Imperio romano. Tenemos los mismos rasgos faciales que los europeos; el primer pueblo que vivió en Egipto no se distingue en absoluto del que vivía en Europa hace cuatro mil años; entre la antigua lengua egipcia y el inglés actual hay cientos de términos comunes, tanto en la forma como en el significado, y la verdad es que Al Azhar es una universidad europea fundada por un europeo, Yawhar el Siciliano.

La convicción de que no somos orientales se ha vuelto en nosotros una enfermedad que tiene complicaciones. No odiamos a los occidentales, ni nos quejamos de la tiranía de su cultura, ni pensamos que haya que ser fieles a la cultura árabe, ni estudiar los libros de los árabes y aprenderse de memoria sus expresiones. (…) La manía de estudiar su cultura es una pérdida de tiempo para los jóvenes y una dispersión de fuerzas. Debemos acostumbrarlos a escribir en estilo egipcio moderno, no en el antiguo estilo de los árabes (…), y debemos recordar que la manía de estudiar a los árabes dispersa a la literatura egipcia, haciéndola algo común, que carece de color propio.

El vínculo oriental es una estupidez (…) ¿Qué tenemos que ver con el Oriente? ¿Qué intereses nos ligan a los habitantes de Java? ¿En qué nos benefician y en qué les resultamos de provecho? Necesitamos una vinculación occidental, como sería crear una Liga Egipcia con miembros suizos, ingleses, noruegos, etc. Y sentarnos con ellos para aprovechar la legislación modernista que ha penetrado en sus países, que nos la expliquen y nos beneficiemos de ella, o de una nueva filosofía recién surgida que nos expliquen, o de una máquina recién descubierta, y entremos en negociaciones para poder utilizarla. Podemos formar una liga con esa gente limpia e inteligente. ¿Pero qué ventaja tiene formar una Liga con los indios o los habitantes de Java? (…)

De los árabes sólo tenemos sus expresiones. Y no digo su lengua, sino todas sus expresiones. De ellos hemos heredado esta lengua árabe, que es una lengua beduina que apenas si asegura el instrumento cuando se la expone a una situación de civilización, de progreso, como la que ahora vivimos (…)

Necesitamos una cultura libre, lo más alejada que se pueda de las religiones. Tenemos que apoyarnos en gran medida en la traducción, haciendo que se egipcianicen la ciencia y su terminología. Luego procederemos a escribir (…)

Hay que vincularse a Europa estrechamente, casándonos con sus hijos e hijas, adoptando todas las innovaciones y descubrimientos y enfocando la vida del mismo modo. Hay que progresar con ella: industrial, socialista y socialmente; hay que hacer que nuestra literatura sea como la suya, y lejos del sistema de los árabes; que nuestra filosofía vaya como la suya, y que nuestras familias se formen de la misma manera que las de ellos.

A los extranjeros que viven en Egipto, hay que egipcianizarlos, casándonos unos con otros, animándolos a que lleven a nuestras escuelas a sus hijos para que conozcan nuestra lengua, y que lean nuestros periódicos y libros. También tenemos que permitirles que ocupen puestos en el Gobierno y voten en el Parlamento para que sus sentimientos se vuelvan egipcios y no conozcan otro país que Egipto.

El adoptar el sombrero es lo que más nos acercaría a los extranjeros, haciéndonos una sola nación. Pues es el símbolo de la cultura que todos los hombres civilizados adoptan, ya sean japoneses, chinos o americanos (…) La gente civilizada tiene costumbres por las cuales se reconocen entre sí, en las que están de acuerdo. Llevar sombrero es una de ellas. No queremos salirnos del mundo civilizado con un traje especial que nos convierta en la excepción, en el blanco de todas las miradas; ni que los turistas se dediquen a describirnos como una nación extraña a las naciones de donde han venido; al movimiento de adopción del sombrero que surgió el año pasado se opusieron sus propios líderes, matándolo en la cuna, con lo que confirman que siguen siendo asiáticos de ideas y que solo a regañadientes desean la cultura de Europa.

Los extranjeros nos desprecian con razón, y nosotros los odiamos sin ella (…)

Si procedemos de buena fe con los ingleses y les garantizamos sus intereses, podemos llegar con ellos a un acuerdo. Y si a su vez ellos actúan de la misma buena fe con nosotros, acabaremos con los núcleos retrógrados de Egipto. Volvamos el rostro hacia Europa.

Henos aquí dudando entre Oriente y occidente. Tenemos un gobierno organizado según un sistema europeo, pero en medio del mismo se encuentran cuerpos orientales, como el Ministerio de Awqaf y los Tribunales de la Sharía, que retardan el progreso de país. Tenemos una universidad que propaga entre nosotros la cultura del mundo civilizado, pero a su lado se encuentra la facultad del Azhar, extendiendo la cultura de “los siglos oscuros”. Tenemos effendis que se han extranjerizado, que viven en casas limpias, leen buenos libros, pero a su lado hay shaijs que siguen vistiendo aljuba y caftán, y no dudan en hacer la ablución ritual en medio de la calle, en los campos, ni en llamar “infieles” a los coptos y judíos, como hace mil trescientos años atrás Umar Ibn al Jattab.

La enseñanza del árabe en Egipto sigue estando en manos de shaijs que tienen en el cerebro una cultura árabe, es decir, la cultura de los “siglos de oscuridad”. No podemos esperar reformar la enseñanza mientras no impidamos a estos Shaijs que al ejerzan y se la entreguemos a los effendis que han avanzado gran trecho por la cultura moderna.

Si la liga oriental es absurda, porque se establece sobre una base engañosa, el vínculo, es decir, al Liga religiosa9 está fuera de lugar porque los hijos del siglo XX han ido más allá y no están ahora para basarse en ligaduras religiosas”.

En “De 1919 A 1947”10 (1947)

“Entre 1900 y 1919 he seguido con pasión la actuación y orientación del Gobierno británico en Egipto. Del mismo modo he seguido los del gobierno “egipcio”, entre los años 1919 y 1947. Y digo “egipcio” entre comillas porque en muchas ocasiones no ha sido absolutamente nada egipcio, dominado y dirigido por la mano inglesa hacia la corrupción y el mal. Fueron los ingleses quienes hicieron que en 1925 Zayyur Pacha disolviera el Parlamento, el mismo día en que se convocaba; ellos los que nos impusieron entre 1930 y 1934 a Ismail Sidqi para que azotara y bombardeara la nación. Son ellos los que instauraron a Muhammad Mahmud Pacha en 1929 a dejar desactivo el Parlamento durante tres años “en espera de renovación”. Pero a pesar de eso debemos llamar egipcio a este gobierno de entre 1919 a 1947, porque las manos que ejecutaron la política fueron egipcias y porque si hubieran querido, hubieran podido evitarle los daños a la patria.

Entre 1900 y 1919 la autoridad británica era evidente. Allá por 1900 yo estudiaba geografía en segundo año de primaria en ingles. Toda la enseñanza en las escuelas secundarias, con excepción, naturalmente, de la lengua árabe, era en inglés, y para todas las asignaturas. No podíamos resolver ningún problema que tuviera relación con el gobierno si no era por mediación de un inglés. Pero todo esto o su mayor parte, cambió en 1919.

Lo primero que uno se pregunta al comparar una ocupación con una independencia es cuál es el grado de libertad de que disfruta el individuo. Libertad de expresión, de prensa, de asociación. Por desgracia, y con gran dolor, debo reconocer que esta libertad disminuyó, y no aumentó tras 1919. En 1947 tenemos menos libertades que las de 1905 o 1910. Y eso lo he experimentado en mí mismo (…)

En 1922 se promulga la Constitución egipcia. Con ello entendimos que sería respetada y que era un documento solemne que debía exigirnos un sentimiento de sagrado respeto hacia ella. Pero aquella Constitución fue reemplazada en época de Zaglul Pacha, en 1925, por otra. Luego se la anuló con Muhammad Mahmud Pacha, en 1929, y más tarde fue abolida y sustituida por otra en 1930, con Ismail Sidqi Pasa, Y si bien los colonialistas ingleses estaban detrás de estas alteraciones de nuestra vida constitucional, la mano ejecutora fue egipcia.

Todos nosotros sabemos que los que han luchado, los que se han manifestado, son los egipcios. Y, sin embargo, si se calculan los años que entre 1923 y 1947 (un cuarto de siglo) han tenido el poder, se ve que son sólo cinco años y ocho meses (…) Como si la Constitución no hubiera cambiado para nada la situación gubernamental que Egipto padecía antes de 1919. Entre 1930 y 1934, Ismail Sidqi Pacha nos hizo padecer formas de despotismo tan odiosas que tuvo que pedirnos perdón por ellas en 1946. Por parte de los ingleses nunca vimos semejantes muestras de despotismo, excepto en el suceso de Dinshaway (…)

Esta alteración de nuestra vida constitucional y de nuestra actividad política es la que llevó a que se fundara un partido religioso como “los Hermanos Musulmanes”, que enfoca la política desde un ángulo religioso y nos hace dudar o temer sobre cuál va a ser el futuro, después de que Lutfi al Sayyid y otros han combatido por la separación de la religión y la política. Los “Hermanos Musulmanes” tienen en una liga islámica las mismas esperanzas y horizontes que el Partido nacional, de Mustafá Kemal, veía en una Liga Otomana. El nacionalismo egipcio se encuentra, con esto, en descomposición, y hace dudar de sus valores y de su futuro. Me veo obligado a declarar que soy pesimista respecto de la continuidad de la orientación que entonces se mantenía.

Pero también hay que referirse a lo que se ha ganado, que es mucho. Me parece que entre nuestros hechos gloriosos se cuenta el paso de la mujer de las tinieblas medievales a la luz del siglo XX (…)

Yo he visto con mis propios ojos, hasta 1898, cómo las mujeres egipcias “sacrificaba” escarabajos y respondían a quien las preguntaba que eso engordaba, a las que estaban delgadas.

Y he visto a las alumnas de la escuela suní, hacia 1903, con velo, a pesar de no tener más que once o doce años. Y la inspectora de la escuela, que era inglesa, les insistía en que lo llevaran, porque esas eran “nuestras costumbres”. El haber pasado de esa situación a la “nueva mujer”, abogado, médico, periodista, mientras las demás mujeres siguen veladas, es un síntoma de progreso social que apenas creemos si no fuera porque lo vemos y lo experimentamos (…)

En la enseñanza también hemos obtenido algunos logros, aunque menores. Recuerdo cuando yo estudiaba en la escuela secundaria, en todo Egipto sólo existían tres escuelas secundarias y en ellas no entraban las chicas. Ahora se cuentan por decenas, y las niñas estudian en ellas sin dificultades. Y lo mismo con las universidades, que no sabíamos ni o que significaban en nuestro tiempo, y que los ingleses nos impidieron fundar (…)

Hemos progresado también en la industria. Tenemos grandes industrias. Y hemos olvidado las mentiras que los ocupantes británicos difundían entre nosotros, exigiendo credulidad de que Egipto era un “país agrícola” para que nos limitásemos a cultivar algodón, quedándonos sin industria. Es decir, pretendían que fuésemos una Nación que sólo produjese materia prima para el mundo, como los negros africanos. Por la fuerza les hemos arrebatado la enseñanza y la industria. En ambas cosas nos combatieron con todas sus fuerzas, pero al final quedaron derrotados.

Respecto a nuestra vida de independencia o constitucional, con todas las reservas que haya que tener debido a la intromisión británica en la misma, hay que hablar de algo que entirstece. Desde 1922 a 1947 no hemos llevado a cabo ninguna reforma que eleve la situación económica del campesino, que aligere de sus lacras a la pobreza. El campesino vive ahora como antes de 1919 (…)

Y no me referiré aquí al nivel de pobreza en que se encuentran las nueve décimas partes de la población egipcia, con las consiguientes situaciones de endemia y privaciones. Ni me refiero a nuestra ausencia de reforma social al hablar de esta escandalosa negligencia hacia los hijos de nuestra nación. Es que hemos llegado a acusar de comunista a todo aquel que pretendiera realizar una reforma social y poner en evidencia las vergüenzas de esta negra y sombría pobreza en que viven nuestros campesinos y obreros. Una parte del odio que se ha tenido al Wafd se debe a que intentó modificar esta situación y por eso se le acusó de basarse en una democracia que no apoyaban ni los colonialistas ingleses ni los déspotas egipcios (…)

El problema al que nos enfrentamos ahora en Egipto es el de la pobreza, cómo remediarla y cómo erradicarla. Ninguna nación tiene valor, ni ningún progreso tiene sentido si su objetivo no es combatir la pobreza, la ignorancia, la desposesión, la enfermedad. Sí, la enfermedad del cólera, que ahora diezma a nuestra clase pobre, porque ésta es incapaz de conseguir una comida adecuada y una limpieza profiláctica”.

Ricardo Georges Ibrahim

 

 

1 Ver el Libro de Enrique Meneses, “Nasser, el último faraón”, pags. 153 y 154. Editorial Prensa Española. Madrid, 1968.

2 La base biográfica acerca del autor, así como sus textos, los he tomado de CARMEN RUIZ BRAVO, “La controversia Ideológica Nacionalismo árabe/nacionalismos locales” Instituto Arabe de Cultura. Madrid. 1978

3 Extractos de estas críticas las transcribo en “Ideólogos del nacionalismo árabe”.

4 Ver, RUIZ BRAVO, Carmen. “La controversia Ideológica Nacionalismo árabe/nacionalismos locales”. Cap. Tercero. Pág 109. Instituto Árabe de Cultura. Madrid. 1978.

5 Ver al respecto el libro de Enrique Meneses, “Nasser, el último faraón”, Capítulo VI, paginas 63 y 64. Editorial Prensa Española, Madrid 1968.

6 Ver RUIZ BRAVO, Carmen. Obra citada. Págs. 298 a 303.

7 Califas abbasíes árabes de Bagdad de los siglos VIII y IX.

8 Se refiere a Ismail Pacha, nieto de Muhamad Ali, y Jedive de Egipto entre 1863 y 1879. Fue quien inició la construcción del Canal de Suez, creó más de 700 km. de líneas ferroviarias, y por cierto, a efectos del colosal endeudamiento con Inglaterra, fue el que terminó haciendo que el país, sea administrado por éste país, y luego declarado protectorado británico.

9 Probablemente se refiera a la creación de la Liga Islámica, a iniciativa del rey Ibn Saud del Hiyaz, y de otros líderes de naciones musulmanas, para coordinar y cooperar en cuestiones referidas a la descolonización, entre otros asuntos comunes.

10 Ver RUIZ BRAVO, Carmen. Ob. Cit. Págs. 458 a 462.

 

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One Comment to “LOS NACIONALISMOS LOCALES EN EL MUNDO ARABE ORIENTAL. EGIPTO: EL MEDITERRANEISMO DE TAHA HUSAYN Y LAS PRIMERAS IDEAS SOCIALISTAS DE SALAMA MUSA”

  1. Me han encantado estas buenas informaciones. Yo también trabaje de niño. Por tanto Odio este capitalismo salvaje e inhumano. Luchemos todos en contra de los abusos de los poderosos.

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