IDEOLOGOS DEL NACIONALISMO ARABE: EL NASERISMO

   Naghib_Nasser

IV- IDEÓLOGOS DEL NACIONALISMO ARABE

                                                           Por Ricardo Georges Ibrahim

Hablar del Naserismo, es referirnos al movimiento fundado por el líder árabe más conocido y popular, el de mayor repercusión en el mundo árabe, con epicentro en Egipto, y también un líder destacado a escala mundial, especialmente por la proyección internacional que tuvo con su papel activo en la creación del Movimiento de Países No Alineados, junto con el primer Ministro de la India, Sri Pandit Jawaharlal Nehru y con el Mariscal Josip Broz Tito, de Yugoeslavia. También por la nacionalización del Canal de Suez, que lo popularizó y dio a conocer a nivel mundial, y representó una esperanza en la lucha de países recién independizados y los que aun no lo habían hecho, frente al colonialismo y neocolonialismo británico especialmente, aunque también el francés. Otra de las causas de su popularidad fue su apoyo claro a las independencias de Argelia, el norte de África, a la causa palestina, y contra los regímenes monárquicos aliados a Gran Bretaña, y finalmente su participación en la creación de la Organización para la Unidad Africana, junto a Haile Selassíe I de Etiopía y Kwame Nkrumah, de Ghana.

En el plano interno, destaca como mayor logro, la realización de la reforma agraria en Egipto, aunque en honor a la verdad, el mérito no es tanto de Nasser, como del General Muhammad Naghib, que lo precedió en la presidencia del país, hasta que lo depusiera Nasser en 1954. Por dicho motivo, creo justo hacer una reseña previa de la figura de Muhammad Naghib, dado que probablemente sería hoy otra la historia de haber logrado este viejo general asentar el impulso y los logros de la revolución, con un sistema parlamentario y un modelo institucional y pluripartidista que devolviera el control del Estado a la sociedad civil, con presencia activa de los sectores obrero y campesino en las instituciones egipcias, en lugar de dar cabida a un modelo, pseudosocialista que, más allá de su importantes y legítimos logros sociales iniciales, terminó consolidando el monopolio del poder en las nuevas clases emergentes de cuño militar, en alianza con poderes tradicionales y trasnacionales a partir de los años 80, y nuevos dueños de la economía de un país, que no logró sacar a sus mayorías nacionales de su tremendo nivel de pobreza, analfabetismo y marginación, pese a algunos logros iniciales, que no se consolidaron.

La mayoría de los “oficiales libres”, que conformaron un grupo clandestino que tomaría el poder con ocasión de la humillación que los británicos infringieran al pueblo egipcio y al propio rey, obligando incluso a hacer firmar la renuncia de primeros ministros y disolver el parlamento en más de una ocasión, son militares oriundos del alto Egipto, de origen campesino, o de clase media baja, como Nasser, hijo de un funcionario de correos, que estuvieron excluidos de los altos cargos del ejército, cuyos cargos superiores estaban en manos de oficiales de origen circasiano, turco o incluso británico, y muy alejados de cualquier interés de los sectores populares.

Hablamos de un país, mayoritariamente rural y analfabeto, (en 1968 la tasa de analfabetismo rondaba aun el 85%) cuyas mayorías nacionales vivía en chozas miserables a orillas del Nilo, trabajando tierras de grandes aristócratas y terratenientes, especialmente en plantaciones de algodón, economía que depende además, casi enteramente del trabajo infantil, mientras que muchos campesinos emigran a la ciudad de El Cairo, a zonas periféricas y hasta en cementerios, conformando uno de los lugares de mayor densidad de población del planeta. Aun hoy, la mayoría de los egipcios rara vez tiene acceso a la carne, siendo la base de su alimentación las habas, el arroz y las lentejas.

En este contexto, del que provendrán los militares que integraron el “Comité de los oficiales libres” y acompañaron al movimiento dirá Enrique Meneses que: “Casi todos los militares que constituyen la estructura del nuevo régimen de Nasser son “saidis”, gente que tuvo que elegir, para salir de la ignorancia y de la miseria, entre el ejército y la religión, entre el uniforme y la sotana, para utilizar una expresión occidental. Estas dos eran, para un muchacho pobre, las dos formas de llegar a ocupar una posición de cierta envergadura. (…) Traían el barro del pueblo pegado al cuero de sus botas. Preferían comer un bocadillo de foul (habas) con unas taamías (croquetas populares de Egipto similares al falafel, pero hechas con habas), que los vistosos platos de cocina francesa que eran corrientes en las familias acomodadas de El Cairo. (…) El hombre del “tarbuch” ha simbolizado siempre para ellos el “effendi”, el “señorito” de nuestra Andalucía. Y el político o comerciante cairota, con su endiablada facilidad para los idiomas, ha molestado siempre a estos muchachos del Alto Egipto que alcanzaron la cima del poder en un pañis que estaba estructurado de tal forma que siempre hubiese tenido un oficial de origen turco o circasiano o albanés que hubiese saltado el escalafón por encima de los “saidis”. Pero el Golpe de Estado del 23 de julio de 1952 cambiaba las cosas. Ahora “los effendi” tenían que solicitar, rogar a los oficiales que les hiciesen favores, que les diesen recomendaciones para otros oficiales, que les dejasen vivir lo más parecido a antes (…)

La reforma agraria será la primera preocupación de quienes huelan campiña egipcia. (…)

El conservadurismo fellah (campesino) constituye, para los militares, un freno importante en su actuación, casi tan importante como el que ejerce la misma religión. Podrán suprimir al citadino su amor por la política, su respeto hacia el dinero que considera en sí como un producto, pero no quitarán al “omdeh”, al alcalde del pueblo, su patriarcal autoridad, ni suprimirán el trabajo de los niños en los campos de algodón. Nasser y sus compañeros se apoyan sobre las masas rurales, aunque quienes les aclamen sean los hombres del asfalto que, por otro lado, han aclamado a prácticamente todos los gobernantes que han tenido, unas veces por simpatía y otras por las cuatro piastras que les pagaban para hacerlo (…)” 1.

Los militares además de la reforma agraria, crean cooperativas agrícolas, con asesoramiento de ingenieros y técnicos en los distintos poblados de Egipto. Amplían la superficie de la tierra cultivable, y para ello construyen la grandiosa obra de ingeniería de la Represa de Asuán, que no obstante traerá aparejados problemas ecológicos, disminuyendo la cantidad de limo fertilizante, además de haber introducido, con ayuda de ingenieros soviéticos, en las aguas del río Nilo, un tipo de perca, sumamente voraz que acabó prácticamente con muchas especies autóctonas.

También intentaron desarrollar una política de sustitución de importaciones, tendiente a la autarquía industrial y productiva, con logros modestos, y de mala calidad en algunos casos, como en los intentos de fabricar acero para los rieles ferroviarios. Sin duda lo más desarrollado, además de la agricultura, siguió siendo la industria textil, dada la calidad del algodón de fibra larga egipcio. Industria que requiere de la habilidad de las manos pequeñas de los niños para recoger los capullos en época de siembra, motivo por el cual, la edad legal mínima para trabajar, aun vigente en 1968, era de nueve años. La magnitud del trabajo infantil minó a la vez los esfuerzos educativos y sanitarios, que tuvieron apenas logros modestos, durante los años 60 y 70, y experimentaron un retroceso a partir de los años 80. El otro gran tema que no pudieron solucionar con eficiencia, y menos en un ambiente conservador y religioso de los sectores populares, es el del tremendo crecimiento demográfico que por un lado, mientras muchos sectores obreros y campesinos veían consolidarse derechos y mejorar sus condiciones de vida, por el otro, una masa ingente de campesinos siguió teniendo entre 5 y 10 hijos, como garantía de sustento para una vejez prematura y agobiado por enfermedades, que era lo que conocía el campesino egipcio.

Los gastos militares, el endeudamiento especialmente con los rusos, por armamento y aviones que ni llegaron a ser utilizados, al ser destruidos en la guerra árabe israelí de 1966, también comprometieron (y siguieron comprometiendo), el desarrollo de mejores niveles de vida de la población egipcia.

A nivel simbólico en cambio, Nasser y su gobierno, representaron en el imaginario colectivo, la confianza en sí mismos y el orgullo frente a poderes extranjeros, haciendo de Egipto un país de referencia internacional en los movimientos de descolonización y de intentos de desarrollo desde el tercer mundo y su gran escaparate, el Movimiento de Países No alineados.

Luego, también hay que mencionar al Naserismo como uno de los focos del pensamiento no democrático, y, en nombre de un socialismo “a la árabe”, durante la guerra fría terminó asumiendo los peores ejemplos del modelo soviético, y, como en éste, en nombre del proletariado y de los campesinos, impuso una dictadura militar que, como en el caso del Baasismo, (influenciado por el Naserismo), terminaron cristalizando el ascenso de una nueva clase social en el mundo árabe, que algunos llaman “burguesía militar” y que a través de diferentes golpes de Estado se impondría en la mayor parte de los países árabes republicanos, aplastando la vida civil y política, creando verdaderos estados policíacos, inspirados en el estalinismo soviético o el maoísmo chino, que fue lo que más adaptaron del llamado “sistema del socialismo real”.

Sobre la creación de la República Árabe Unida entre Siria y Egipto, significó en su momento una fuente de esperanzas para todos los pueblos arabófonos, pero pronto se convirtió en frustración, dado el fracaso de la experiencia, que marcará el declive si no del nacionalismo árabe, que es un movimiento con mucha historia y base y que puede recomponerse, sí al de los métodos utilizados para procurar tales uniones, donde los actores principales han sido militares, que concibieron dichos proyecto como “desde arriba”, y disputándose la hegemonía política entre diferentes dictaduras regionales. Al respecto, en el artículo anterior, acerca del nacionalismo árabe de Michel Aflaq y las políticas de los militares baasistas, he transcrito las propias críticas que el fundador de esa corriente política formula a los regímenes de Siria, Iraq y egipcio2.

Para Gustave Von Grunebaun, asi como para el periodista Enrique Meneses, fue gobierno baasista, y el presidente Shukri Al Quwatli, fueron quienes tomaron la iniciativa de proponer a Nasser la fusión de los dos países, afirmación que parece confirmar el propio Nasser en uno de sus discursos, que cito al final de este trabajo. Grunebaun y Meneses coinciden en hablar de “fusión”, más que de una unión o una federación; Meneses dirá literalmente que “Siria se convirtió realmente en una provincia, y no una provincia de un nuevo Estado llamado República Árabe Unida, sino en una provincia de Egipto”3. Grunebaun dirá que “El presidente sirio, shukri al Quwatli y el partido Baas insistieron en la fusión por miedo a un golpe de Estado comunista. Nasser accedió, a condición de que Siria, como Egipto, disolviera sus partidos políticos y de que se coordinaran las políticas económicas de ambos países. Ambas condiciones iban a ser la causa de que la disolución de la RAU en 1961, porque el Baas no se consideró incluido en el decreto de disolución de los partidos políticos y se pasó a la oposición cuando se dió cuenta de que no habría excepciones” La economía siria sufrió un duro golpe con la fusión y las clases ricas se irritaron por la política de nacionalización, lo mismo que muchos sirios cuando funcionarios egipcios empezaron a controlar el gobierno de Siria. Esto generó la separación, engendrada por una alianza del ejército, los políticos y los ricos industriales y terratenientes”4.

Por su parte, Meneses comentará que “Cuando los sirios se resistieron a las medidas de socialización, que llevaba a cabo Nasser por medio de su procónsul Abdel Hakim Amer, los egipcios apretaron los tornillos. Los últimos restos del liberalismo económico sirio, que tanto dinero les había proporcionado en el pasado, quedaban triturados bajo un socialismo que no hizo más que disminuir su nivel de vida, siempre muy superior al egipcio. “!Quiere hacer la nivelación rebajándonos a la altura de sus masas harapientas!”, me comentaba un periodista sirio en el Hotel Omayad de Damasco. Lo difícil de comprender es que Siria, en masa, no viese lo que le iba a suceder antes de meterse en la boca del lobo (…) Y es que Egipto, durante el tiempo que permaneció unido a Siria, se comportó en forma muy parecida a la de cualquier país europeo en los coloniales años en que dominaban al mundo. Nasser venía a mostrar al descolonizado que podía ser nuevamente colonia de un descolonizado más fuerte”5.

Como balance de cómo evolucionaron estos nacionalismos, el profesor Burhan Ghalioun, por una parte distingue entre una primera oleada de nacionalismo, correspondiente a la finalización del Imperio Otomano, con los levantamientos contra los británicos y el establecimiento de una vida parlamentaria, aunque limitada, vinculado de alguna manera a la llamada Nahda, donde destacamos al levantamiento de Urabi, y la creación de partidos políticos como el Wafd, que adoptaron formas liberales y aspiraron a mayores libertades y al constitucionalismo, pero que sin embargo para él fracasan porque el parlamentarismo y el pluralismo queda reducido a meras fachadas democráticas que escondían la reproducción de antiguas fisuras y donde el pueblo llano no accedía a los órganos de representación, y quedaba excluido de la política y de las políticas, manteniéndose una fisura social.

Por otra parte menciona a la segunda oleada de nacionalismos, a partir de un paulatino desmoronamiento y pérdida de legitimidad de los gobiernos liberales, acusados de haber aumentado las desigualdades y monopolizado el poder por parte de una clase especuladora de nuevo cuño. En este marco y como reacción, en la región árabe habría surgido en los años cincuenta un nuevo tipo de nacionalismo, al que califica de “antiliberal, anticolonial, populista, igualitario, progresista y resueltamente modernista (…) Gracias a este nuevo nacionalismo de corte populista, la política dejó de estar monopolizada por una dinastía o una elite aristocrática o burocrática. Las esperanzas que suscitaba llevaron a millones de hombres y mujeres a movilizarse en la conquista de sus libertades.

No obstante (…) después de un momento de euforia y entusiasmo populares, os regímenes que se habían proclamado vencedores en las luchas nacionalistas han caído en la dictadura y la tiranía. Los nuevos regímenes nacionalistas han cambiado la libertad, la igualdad y el prometido estatus del ciudadano por una especie de nivelación general que convierte a todos los individuos en clientes reales o virtuales. Para promover su lealtad respecto a las nuevas e inamovibles jerarquías políticas, los subciudadanos se han visto obligados a romper con todas las relaciones particulares de solidaridad: religiosas, étnicas, culturales, regionales, etc. Es decir, han tenido que someterse a la voluntad de los nuevos dirigentes y abstenerse de cualquier acto que pudiera poner en duda su acatamiento a las decisiones del poder”6.

Lo que no menciona Ghalioun en ningún momento es que quienes detentan el poder político y al nueva burocracia creada en esta segunda oleada nacionalista, es una clase de nuevos privilegiados, que sustituyen a la vieja aristocracia, creando otra, y que gobiernan siguiendo quizá el modelo de los militares de Ataturk, desde arriba, y como si gobernar sus países en permanente Estado de sitio. Esta clase proviene directa y prácticamente únicamente de las fuerzas armadas, de los cuarteles. Así, tutelan permanentemente a sus ciudadanos, imponiendo medidas restrictivas al movimiento, como no se había vivido en ningún periodo precedente.

Yo mismo recuerdo en mi visita e Egipto en el año 2009, la sensación de país ocupado por los militares, con inconcebibles check points y controles militares, un altísimo número de soldados por todas partes, en un país que no se encuentra en Estado de guerra. Luego, al poco de estar, se comprende claramente que los militares no están allí para defender al país de ningún conflicto bélico, sino pura y sencillamente para defender su dictadura y privilegios, frente a su propio pueblo, potencial enemigo y susceptible a alzarse contra ellos, como efectivamente sucedió un año después con las masivas manifestaciones en la plaza de Tahrir, luego traicionada incluso por partidos de “izquierda”, que como vemos, allí provienen básicamente de la misma matriz militar, siendo el naserismo el referente clave de esta izquierda nacionalista, progresista en muchos aspectos, pero no democrática.

En los años 80, las políticas de apertura, es decir liberalización económica, llamada “intifah“, común al conjunto de países árabes, trajo aparejada la pérdida de mínimos en cuanto a seguridad social y condiciones de vida en países como Egipto, Argelia y Siria. Los militares “socialistas/nacionalistas”, fueron los grandes beneficiarios ya que, aupados y en nuevas alianzas a escala internacional, en el caso Egipcio, tras la firma del tratado de paz con Israel, recordemos que pasó a la órbita norteamericana, hicieron de los militares sesentistas y setentistas, los nuevos dueños de sus países, dado que adquirieron las empresas estatales y montaron un gran sistema de corrupción y prebendas, de tipo familiar y clientelar, que terminaron socavando la cohesión social en torno a los discursos nacionalistas y/o socialistas, ahora vacios de contenido, especialmente tras la caída de los regímenes totalitarios bajo órbita soviética y de la propia URSS, y el que las masas populares prestaran ahora oídos en mayor medida a discursos de corte islamista, que hacían hincapié en la idea de justicia, y de ayuda mutua, creando redes de apoyo sanitario y educativo, y ocupando el vacio que dejaba el Estado. Situación que dio lugar al resurgimiento del viejo partido de la Hermandad Musulmana, y de otros partidos de corte salafista y reaccionario, tan antidemocráticos como los militares que llevan 60 años como sátrapas de Egipto.

Veamos ahora para completar el cuadro, las trayectorias de las dos figuras que ocupan este artículo, como son Muhammad Naghib y Gamal Abdel Nasser. Sólo en el caso de Nasser, aporto citas de discursos y otros documentos, donde podemos ver y entender su visión y proyecto.

MUHAMMAD NAGHIB (1901-1984)

El viejo general Muhammad Naghib, nació en el seno de una familia egipcia del Alto Egipto, característica común de los militares que crearon bajo la iniciativa de Nasser, el “Comité de Oficiales Libres”, aunque nació en Jartum, Sudán7, por entonces bajo gobierno anglo-egipcio.

Para muchos Naghib fue una persona elegida por Nasser, por su prestigio como militar, como fachada para presidir el gobierno surgido de la “revolución de los Oficiales libres”, que se sublevaron contra el Rey Faruk, e instauraron la república. Para otros Naghib representa el verdadero espíritu de la revolución, y lo cierto es que fue una figura muy popular, mucho más conocida que Nasser en ese entonces, tuvo peso propio, a tal punto que muchos hechos que se le atribuyen a Nasser, fueron en realidad realizados por el general Naghib. Y me refiero específicamente a la Reforma Agraria, el 8 de septiembre de 1952, que limitó la propiedad de la tierra a 200 feddans por persona o 300 por familia. Le confisca las tierras a los grandes terratenientes, entre los que se contaba el propio Rey Faruk.

También, y todo hay que decirlo, el 12 de agosto de 1952 reprimió en la zona textil de Kafr el Dawar, manifestaciones de obreros que reclamaban aumentos de sueldos, que deja ocho muertos y más de 200 heridos.

En la mayoría de las biografías de Nasser se destaca que “fue el primer gobernante egipcio de origen auténticamente egipcio, desde la época de los faraones”, dado que desde la época de Alejandro Magno y la creación de la dinastía de origen griego de los Ptolomeos, pasando por el dominio romano, árabe, turco y británico, todas las dinastías gobernantes tuvieron origen extranjero. Sin embargo, olvidan al viejo general Naghib, que gobernó Egipto antes que lo desplazara Nasser, y es quien puede arrogarse el ser el primer “auténtico egipcio” en gobernar el país, aunque haya nacido en Sudán.

Al respecto de la figura de Naghib, Enrique Meneses, periodista español que vivió durante todo este período en Egipto, relata lo siguiente:

El “Comité de los 12”, tenía que salir del círculo vicioso en el que se había metido. Por un lado había creado la imagen de Naghib, por otro, había iniciado unas reformas que consideraban necesarias, pero que no podían ponerse en práctica por la resistencia que el país ofrecía a su aplicación y el deseo de Mohammad Naghib de pasar a la historia como el “amigo de todos”. El número 12 del comité se estaba convirtiendo en un estorbo, en un obstáculo que había que desplazar antes de que su imagen llegase a ser todopoderosa con las masas, Sus orígenes humildes, el hecho de ser hijo de una sudanesa y un egipcio, su edad, todo le hacía simpático a los ojos del hombre de la calle. Se le tendían niños en su camino para que los besase como si fuera un santón, y su retrato estaba pegado a las paredes de todas las chozas humildes a lo largo del Nilo Además de poder moderador, Mohammed Naghib se consideraba el personaje ideal para realizar el viejo sueño egipcio de unir a todo el Valle del Nilo en una misma nación que fuese desde la frontera de Uganda hasta el Mediterráneo. Más que la Corona de Faruk y su título de “Rey de Egipto y del Sudán”, las dos sangres que corrían por las venas de Muhammad Naghib estuvieron a punto de realizar esta fusión. En febrero de 1953, el Parlamento elegido en Khartum presentaba una mayoría de partidarios de la unión (…)

El 11 de enero de 1954, un choque entre “Hermanos Musulmanes” y “juventudes de la Liberación” en la Universidad de El Cairo (Universidad Fuad I) fue utilizado como pretexto para que Gamal Abdel Nasse prohibiese la “Hermandad”. El caso es que Muhammad Naghib, sin ser miembro de la organización, tenía numerosas amistades en ella y el golpe dado por Nasser, sin consultarle le predispuso en contra del presidente del “Comité de los 12”. Muhhammad Naghib protestó ante este por la medida tomada y pidió el derecho de veto. Aquello, para los otros once jóvenes oficiales era como solicitar plenos poderes, era la dictadura.

El Consejo de la Revolución se reunió el 25 de enero para tratar de la dimisión que ofrecía Naghib si no se aceptaban sus condiciones. Salió perdiendo el viejo general. Pero la marcha de Naghib afligió a numerosos cairotas e inquietó a las embajadas. Como hemos visto, para muchos, egipcios y extranjeros, Muhammad Naghib había llegado a simbolizar en año y medio la unión entre el viejo y nuevo Ejército, entre Egipto y el Sudan, entre el progresismo del “Comité de los 12” y el conservadurismo de los viejos políticos. Muchos creían, y el mismo Naghib se lo había confesado a Salah Salem en privado, que el parlamentarismo iba a ser restaurado y que con ello se volvería a una democracia que muchos añoraban. Pero para otros, para los miembros del “Comité”, convertido en Consejo de la Revolución, el futuro de Naghib era la dictadura militar. Por las circunstancias, porque ellos favorecían sus intereses inmediatos, varias fuerzas apoyarían a Naghib contra Nasser. La “Hermandad musulmana” jugó la carta Naghib presentándolo como el campeón del progresismo islámico contra una “junta Militar” que sería pronto una dictadura del Bikbachi Gamal Abdel Nasser. El (partido) Wafd veía en Naghib el hombre que podría, un día, devolver a la política esa atmósfera de la que no sabe privarse los profesionales. La izquierda, incluido Khaled Mohieddine, apoyaba a Naghib frente a Nasser (…)

Cuando Naghib apareció al balcón (presidencial) saludando a un pueblo delirante como jamás lo había estado en toda su historia, miles de gargantas gritaron “Allah Akbar”, aplaudiendo con ese infantilismo que caracteriza al pueblo llano de Egipto. Muhammad Naghib estaba emocionado, pero a la vez sentía en su fuero interno el cosquilleo del poder, la fuerza. Pronunció un discurso breve, pero suficiente para volver a plantear el problema por su anuncio de la próxima convocatoria de elecciones para el parlamento. Los once apretaron los dientes. Una vez más se convencían de que Muhammad Naghib no tenía intención alguna de hablar en nombre del Consejo de la Revolución, sino de sí mismo y de su propia voluntad (…)

Nasser entonces actúa con una gran habilidad. Para empezar hace creer a Naghib que está dispuesto a seguirle en sus deseos de volver al parlamentarismo y de poner fin al período revolucionario. Pero bajo cuerda se va deshaciendo de oficiales que el 26 de enero se habían presentado contra él y a favor de Naghib. En dos meses logra preparar su jugada y realizarla a la perfección ¿Qué son esos militares sin el golpe de Estado que él y sus compañeros han dado? ¿Desean volver a entregar el poder a los políticos que los llevaron a la desastrosa guerra contra Israel? (…)

La Prensa, que ahora goza de libertad absoluta con la supresión de la censura, ataca al ejército, reclama a los políticos de antaño, ensalza a la “Hermandad Musulmana” y pide el regreso de los militares a sus cuarteles. Nasser calla.

(Los militares) ahora tienen que elegir entre lo que augura Nasser o volver a sus mediocres sueldos, a sus superiores que les llevaron a la derrota de Palestina, al armamento deficiente, a los especuladores que tanta vidas y humillaciones habían costado en 1948.

El 25 de marzo, mientras los miembros del Consejo de la Revolución están reunidos en el Palacio Guezireh, centenares de milicianos de la “Guardia Nacional” pro-Nasser, avanzan por las calles de la capital pidiendo que prosiga la revolución. Pero el “Consejo” ha proclamado su disolución y todo el mundo lo sabe. Tres días más tarde, el plan de Nasser está listo. El 28 por la mañana, grupos adiestrados van convergiendo hacia la Presidencia del Consejo mientras piden a gritos que se mantenga el Consejo de la Revolución. La fiebre va en aumento, perfectamente organizada, canalizada, orquestada para brindar la función que los hombres que quieren deshacerse de Muhammad Naghib han preparado. Naghib es llevado a su casa de Helmieh, donde siente que su fin se acerca. Es un hombre abatido el que aguarda que le marquen su destino. La misma muchedumbre que en enero aplaudía la promesa de elecciones para elegir un Parlamento, ahora grita contra la libertad política, contra la libertad de prensa, contra todo lo que aplaudía tres meses antes.

Muhammad Naghib salía de esta prueba con su título de presidente de la República; Gamal Abdel Nasser, presidente del Consejo. Un mes más tarde, el país funcionaba ya como Nasser lo había deseado, con disciplina y sin parlamentarismo de ningún tipo”8.

Como vemos, la historia actual de Egipto, parece reescribirse y repetirse. En el episodio descrito tan brillantemente por Meneses, podemos ver el ascenso y la apropiación del Estado por una casta militar de nuevo tipo, que sigue conservando el poder más de 60 años después de haberse apropiado del Estado.

Naghib terminará siendo recluido y aislado en una casa de campo, y recién en 1972, sería liberado de su aislamiento por el entonces presidente, también militar, Anuar el Sadat. Ese mismo año se publicaron sus memorias “Yo fui presidente de Egipto”. Finalmente muere en 1984.

GAMAL ABDEL NASSER (1918-1970):

Según algunas fuentes nació un 15 de enero de 1918, en un poblado cerca de la localidad de Asiut, en el Alto Egipto, de donde era su familia. Según otras, nació en Alejandría a donde trasladaron a su padre como funcionario de correos. En la escuela secundaria de Nahda al Misría, el joven Gamal preside el “Comité de Estudiantes, participando en numerosas manifestaciones estudiantiles.

Intenta ingresar a la Escuela Militar de Abasieh, pero es rechazado, pese a sus condiciones físicas. Se inscribe entonces en la Facultad de Derecho, donde sólo permanece unos meses, ya que el gobierno del partido Wafd abre las puertas de la Academia Militar a los jóvenes de familias pobres, con lo cual a los 19 años ingresa a la academia militar en 1938.

Con compañeros de armas, llegan a desplazarse a El Cairo para escuchar al guía de la Hermandad Musulmana Hassan el Banna y comienzan así unas relaciones curiosas con esta organización, a la que por un lado no prohíbe cuando lo hace con otros partidos políticos, pero se transforma en su gran enemiga tras un intento de asesinato acaecido cuando presidía el país.

Pronto Nasser es ascendido a Capitán y se desempeña como instructor enla Escuela Militar de Abasieh. Allí recluta a muchos militares que pasarán a formar el clandestino Comité de Oficiales Libres, y conoce también a un intelectual marxista, abogado y oficial de reserva, Ahmed Fuad, que tendrá una gran influencia sobre su pensamiento.

En 1948 Nasser es ascendido a comandante y enviado al frente del Sinaí, en la primera guerra contra Israel. Allí recibe una bala cerca del corazón, pero sobrevive. Su experiencia en el frente de batalla, de donde ha sobrevivido, pero visto caer a miles de soldados mal equipados y muy mal coordinados, opera como catarsis para predisponerlo aun más contra los oficiales superiores, elitistas y poco sensibles a las necesidades de su pueblo. En este contexto, es cuando funda, en 1949 el “Comité de Oficiales Libres”, junto a otros 12 generales, entre los que se encontraría Anuar El Sadat y Mohammed Naghib.

Tras una serie de disturbios en El Cairo, un incendio provocado en una parte de la ciudad, presuntamente por los Hermanos Musulmanes, peleas a tiros entre Hermanos musulmanes y socialistas, por que el Rey Faruq aceptó bajo presión inglesa deponer a un primer ministro y nombrar a otro de su agrado, se crea en Egipto un ambiente de descontento y deslegitimidad contra la monarquía de Faruq y la influencia neocolonial inglesa que llevaba a destituir y colocar gobiernos según su agrado e intereses. En ese clima de descontento, los Oficiales Libres deciden actuar, y el 23 de julio de 1952, dan un golpe de estado, destituyen a Faruq, causaran el parlamento, y nombran a Muhammad Naguib presidente quien gobernará acompañado por el Consejo de la Revolución, integrado por él y los 12 generales del Comité de Oficiales Libres que lo acompañaban.

Un año después Nasser es quien asume la presidencia, tras purgar al popular Muhammad Naghib, y comienza a tomar medidas que lo catapultan a nivel popular, como la nacionalización del Canal de Suez, o mejor dicho de la compañia que lo administra. Profundiza la reforma agraria, con apoyo de ingenieros y técnicos que asesoran a los campesinos para organizarse en cooperativas, y emprende una política internacional activa que lo sitúan como líder entre los países del llamado Tercer Mundo, apoyando claramente los procesos de descolonización, lo que lo llevará a confrontar directamente con Gran Bretaña y con Francia, aun presente esta última potencia, en Argelia. Muere a los 52 años en 1970.

Su pensamiento lo deja plasmado en dos obras, la más importante de las cuales es “Filosofía de la revolución”, editada en 1953, y la otra es el documento “Carta de la Acción Nacional”, de mayo de 1962.

El pensamiento de Gamal Abd el Nasser a través de sus citas:

Pregunta: Sus enemigos lo acusan de ser un dictador, que concentra en usted todos los poderes dictatoriales y al Estado de ser un estado policial, neo-fascista. ¿Quieres que responder a esta acusación?

Respuesta: Nuestros enemigos pueden decir todo lo que quieran. Si por movilizar todos los consejos populares y dar lugar a la construcción de su futuro mejor se puede considerar ser un dictador, entonces soy un dictador. Pero permítanme que les recuerde que si el pastor protege a sus ovejas de los ataques de los lobos y no les deja que se las coman es un dictador tiránico para el lobo ¿Sabes quién dijo eso? Su glorioso líder, Abraham Lincoln. Se juzga diferente según varía el ángulo en el que nos fijamos en los problemas.

Pregunta: ¿Es usted comunista o está asesorado por consejeros comunistas?

Respuesta: Yo sólo sé que soy un patriota. Y también sé que todos mis consejeros son patriotas.”

Entrevista en el canal de televisión estadounidense SBS, 7 de abril de 19589.

“El Presidente no tiene nada. No tenemos una familia que gobierna. El hijo del Presidente de la República no vale más que el hijo de nadie. Tenemos una comunidad sin clases. ¿Quién es el presidente? El hijo de un funcionario, de personas, que ganaban 25 libras al mes. No es ni rey ni Sultan. Mañana, uno de ustedes va a ser presidente. “A nadie se le subyugará, ahora que ustedes han recuperado su país.”

Discurso en Mahalla El Kobra, 1 º de mayo de 196610.

“Ya he dicho, el pueblo egipcio abrigaba la esperanza de ser dueño de su destino. Pero nuestra Revolución de 23 de julio no fue o una rebelión militar, o una revolución popular. Por qué el ejército hizo esta revolución solo, sin el concurso de otras fuerzas la rechazan? Toda mi vida, he tenido confianza en el ejército cuyo deber es defender las fronteras del país. Así que ¿por qué estaba obligado a intervenir en la capital? (…)

Nos preguntamos: “Si el ejército está eludiendo su deber, quién lo hará?” ¿No formábamos parte del instrumento que el tirano utiliza para oprimir al pueblo? ¿No era ya el tiempo de volverlo contra el propio tirano? La idea esencial fue que fracasar en esta tarea sería traicionar una promesa sagrada (…)

Creí que la nación entera esperaba mucho ver saltar la primera chispa para lanzarse en apretadas filas a la gran meta (…)

El lema de la Revolución: Unión, disciplina, trabajo (…)

Una pregunta que atormenta desde hace tanto tiempo, ¿el ejército tenía el deber de iniciar la revolución? “Finalmente encontré la respuesta: sí, indudablemente”.

Extracto de “Filosofía de la Revolución”11.

“La supremacía del feudalismo combinado con el capitalismo explotador, naturalmente e ineludiblemente, permite que estas dos fuerzas dominan la acción política, y sus expresiones sean la guía para coalición a expensas de las masas sometiendo a éstas ya sea por engaño o por el terrorismo para obligar a la sumisión o rendición.

Esa democracia es una dictadura reaccionaria. La pérdida de la libertad social de las masas quita el valor a la libertad política formal otorgado por la reacción dominante de manera que la Constitución de 1923 fue un regalo y un favor del rey.

El Parlamento establecido de conformidad con esta Constitución no protegía los intereses de las personas, pero era el guardián natural de los intereses de los grupos a los que se había concedido.

Sin duda, en este Parlamento, se alzaron voces para exigir los derechos de las personas, pero en vano. Funcionaba como las válvulas de la reacción para asegurar su dictadura social y la protección de sus privilegios, por eso no vio nada de malo en dejar que en él se manifieste la indignación pública.

El sagrado derecho a votar pierde su valor cuando se ópera, por la fuerza, una ruptura entre él y el derecho al pan de cada día. La libertad para votar (…) entonces se convirtió en un fraude. Bajo estas condiciones, el derecho de voto no puede ejercerse de tres maneras:

1 . En las provincias, el voto fue una limitación indiscutible para los campesinos, obligados a votar por el propietario feudal con la tierra o según su voluntad. De lo contrario, iba a sufrir las consecuencias de su desobediencia, a partir de su expulsión de la tierra que cultiva y apenas suficiente para ganarse la vida ;

2 . En las ciudades y provincias, la compra de votos permitió que el capitalismo explotador elija a sus seguidores y sirvientes;

3 . Por último, las autoridades no dudaron, en muchas ocasiones, a recurrir al fraude flagrante cuando se manifestaron corrientes hostiles.

Las reglas electorales que requerían, entre otras cosas, un número exorbitante de candidatos, repelieron a las masas de trabajadores y se les impidió participar en las elecciones, en estas condiciones, la ignorancia impuesta de la gran mayoría, en condiciones de extrema pobreza, hizo prácticamente imposible el voto secreto, la primera garantía de su libertad (…)

La combinación de estas fuerzas (campesinos, obreros, militares, intelectuales y expresiones del capitalismo nacional), que representa a las personas que trabajan legítimamente debe sustituir a la combinación del feudalismo con el capital explotador. Es esta coalición la que puede sustituir a la democracia reaccionaria por una democracia real.

La unidad nacional, a partir de la alianza de estas fuerzas representativas del pueblo, son las que a través de la Unión Socialista Árabe deben convertirse en representantes de la autoridad y guardián de los valores democráticos sanos.

Estas gigantescas fuerzas populares que forman la Unión Socialista Árabe requieren que aseguremos la efectividad de su proyecto, que la nueva Constitución de la RAU (República Árabe Unida) incluya y garantice las salvaguardias necesarias en la forma de la organización política del Estado.

1 . Organizaciones políticas populares responsables de las elecciones directas y libres deben representar de manera genuina y equitativa, las fuerzas que constituyen la mayoría, siempre explotados y que tiene un profundo interés en la Revolución, por las privaciones que sufrieron, estas fuerzas son por su propia naturaleza el motor revolucionario (…) Como resultado, la nueva Constitución debe garantizar escaños a los campesinos y trabajadores en las organizaciones populares y políticas a todos los niveles, ya que constituyen la mayoría del pueblo, y representan a la mayoría de la gente, y ellos representarán a la mayoría de los que durante mucho tiempo les ha sido negado el derecho a dar forma a dirigir su propio destino.

2 . Los Consejos Populares electos deben tener siempre supremacía sobre los órganos ejecutivos del Estado: es el orden natural que rige la soberanía y las garantías de Dirigir la acción nacional donde el pueblo sea el amo supremo, y que también es una garantía para proteger el impulso revolucionario contra la negligencia o la corrupción. El gobierno local también debe centrarse en transferir los poderes del Estado a las autoridades populares ya que son los mejor situados para conocer los problemas de la gente y más capaz de resolver.

3 . Es esencial para crear un nuevo sistema político en el contexto de la Unión Socialista Árabe movilizar a todos los elementos capaces de ocupar puestos de mando, reorganizar sus esfuerzos para cristalizar los estímulos de las masas revolucionarias de ver las necesidades de estas últimas y de contribuir eficazmente a resolverlos .

4 . El carácter colectivo de la dirección, no solo evita los abusos que podrían cometer los individuos, sino que garantiza la democracia, al mismo tiempo que se renueva constantemente la dirección. Las organizaciones de base y más particulièrrement , las cooperativas y los sindicatos pueden desempeñar un papel eficaz en allanar el camino para una democracia sana. Ellas deben constituir una fuerza grande de vanguardia (…). Es hora de que los sindicatos se una a los obreros agrícolas”12.

Extracto de Carta de Acción Nacional.

“Ciudadanos: en este día celebramos el quinto año de la revolución. Hemos pasado cuatro años de lucha. Hemos luchado para deshacernos de los rastros del pasado, del imperialismo y del despotismo; de los restos de la ocupación extranjera y del despotismo interno.
Hoy, al acoger el quinto año de la revolución somos más fuertes que nunca y nuestra voluntad es cada vez más fuerte. Hemos luchado y hemos ganado. Nosotros sólo contamos con nosotros mismos y lo hacemos con voluntad, fuerza y poder para alcanzar los objetivos proclamados por la revolución y el logro de nuestros antepasados que lucharon y se sacrificaron por sus hijos. Luchamos y sentimos que triunfaremos siempre, para consolidar nuestros principios de dignidad, libertad y grandeza, a fin de establecer un estado independiente; de una independencia verdadera, tanto política como económica.
Mirando hacia el futuro, nos damos perfecta cuenta de que nuestra lucha no ha terminado. En efecto no resulta fácil edificar nuestro poder en medio de los objetivos imperialistas y de los complots internacionales. No resulta fácil llevar a cabo nuestra independencia política y económica sin una lucha permanente. Tenemos ante nosotros toda una serie de luchas, si es que queremos vivir dignamente.
Hoy tenemos la ocasión de sentar las bases de la dignidad y de la libertad y en el futuro nuestro objetivo será consolidar estas bases y hacerlas todavía más fuertes y más sólidas.
El imperialismo ha intentado, por todos los medios posibles, socavar nuestro nacionalismo árabe. Ha intentado dispersarnos y separarnos y por eso ha creado el Estado de Israel, obra del imperialismo. (…)
Cuando Sr. Eugéne Black vino al Cairo, nos explicó que el BIRD era un banco internacional, que no se ocupaba de ninguna manera de política. En efecto, comencé a encontrar en Eugéne Black [3] al hombre que nos hacía falta, veía en él a Fernando de Lesseps [4], y mi memoria me traslada al año 1854. Mencioné al Sr. Black que teníamos nuestras prevenciones y que no queríamos más ver a Egipto ocupado militarmente por la intervención de una ocupación económica.
Por que Lesseps desiste de ciertas ventajas, Egipto ha pagado daños; Inglaterra compró las acciones del Canal en cuatro millones de libras. Hasta tiene la gracia, que se le considera una compañía internacional, un Estado dentro del Estado.
Las controversias que surjan entre la Compañía y otras instituciones dentro de los tribunales egipcios, y la amistad que ha prevalecido durante la excavación del canal se han traducido en la ocupación de Egipto en 1882.
Egipto ha sido obligado a vender su parte que ha sido comprada por Inglaterra, e Ismail quitó los beneficios de Egipto. Por lo tanto, las medidas adoptadas por Inglaterra, regresó sin ningún tipo de desembolsos.
Aquí están los hechos de la historia, y la visión que debemos impedir de nuevo estos hechos. La historia se repite, y no es posible para nosotros que dejamos que esto se repita en la historia de Egipto. Todos estamos aquí hoy para poner fin absoluto a ese pasado siniestro y si nos volvemos a lo que sucedió es al único propósito de destruirlo.
Hoy, el Canal de Suez, es una sociedad egipcia, fondos de los cuales Inglaterra agarró el 44 % de sus acciones. Inglaterra se aprovecha, hasta tiene el obsequio de los beneficios de estas acciones; los ingresos de este canal en 1955 se estiman en 35 millones de libras, es decir 140 millones de dólares, de los cuales nos quedan un millón de libras, o 3 millones de dólares. He aquí la donación de la sociedad egipcia que ha sido creada para el interés de Egipto, tal, como lo tiene declarado los firmantes.
La pobreza no es una vergüenza, pero la explotación de los pueblos sí lo es.
Recuperaremos todos nuestros derechos, todas las riquezas que nos pertenecen, y el canal es propiedad de Egipto. La Compañía es una sociedad anónima egipcia y el canal fue excavado por 120.000 egipcios que hallaron la muerte mientras realizaban ese trabajo. La Sociedad del Canal de Suez en París no esconde más que una pura explotación. Eugene Black vino a Egipto con la misma intención que Lesseps.
Nosotros construiremos una presa en Altura y obtendremos todos los derechos que habíamos perdido. Nosotros mantendremos nuestras aspiraciones y nuestros deseos. Los treinta y cinco millones de libras que cobra la Compañía, nosotros los tomaremos en interés de Egipto.
Por lo tanto, queridos ciudadanos, digo que hoy en día construyendo la presa de Altura, construiremos una fortaleza de honor y de gloria. Declaramos que Egipto entero forma un solo frente, unido, y un bloque nacional indivisible. Egipto entero luchará hasta la última gota de su sangre para la construcción del país. No daremos la ocasión a los países ocupantes del poder para ejecutar sus planes, y construiremos con nuestros propios brazos un Egipto fuerte, y es por estas razones por las que firmo hoy el acuerdo del Gobierno sobre la nacionalización de la Compañía del Canal.
Iremos hacia adelante para borrar de una vez por todas las huellas de la ocupación y de la explotación. Después de cien años hemos recuperado nuestros derechos y hoy construimos nuestro nuevo edificio, derribando un Estado que existía en el interior de nuestro Estado: el canal de Suez para el interés de Egipto y no para la explotación…
En cuatro años hemos comprobado que hemos llegado a ser más fuertes y más decididos, y al igual que pudimos destronar al rey el 26 de julio, en esa misma fecha nacionalizamos la Compañía del Canal de Suez. Realizamos así una parte de nuestras aspiraciones y comenzamos la construcción de un país sano y fuerte. No existirá en Egipto ninguna otra soberanía que no sea la del pueblo de Egipto, un pueblo que avanza en la vía de la construcción y de la industrialización, y un bloque contra todo agresor y contra las aspiraciones de los imperialistas. Realizaremos además una gran parte de nuestras aspiraciones y construiremos efectivamente este país, porque ya no existirá jamás entre nosotros ningún extraño que intervenga en nuestros propios asuntos. Somos ya libres e independientes.
Desde hoy serán egipcios como nosotros los que dirigirán la Compañía del Canal, los que utilizarán sus diferentes instalaciones y los que administrarán la navegación en el Canal, en la tierra de Egipto.”

Fragmento del discurso de Gamal Abdel Nasser presentado en la Plaza de la Liberación en Alejandría, el 26 de julio de 1956, sobre la nacionalización de la Compañía Universal del Canal Marítimo de Suez13.

“También debo decirles que no estamos todavía un estado socialista. Nos encontramos en una etapa de transición del capitalismo al socialismo. Para el socialismo no es simplemente nacionalizar alguna usina, sino también, y sobre todo, ser un autosuficientes y establecer en la sociedad la justicia (…)

Dijimos que habíamos llegado al final del feudalismo. Cualquier persona que haya sido privada de una o 10 feddans sólo puede ser hostil a la revolución y el socialismo (…) Sus armas son los susurros y la calumnia.

La sociedad socialista está en su fase de evolución (…) logrado superar los vestigios del feudalismo, el capitalismo y la burocracia (…) ¿Cuál es la solución?

¿Masacrar a los capitalistas, a los reaccionarios y sectores feudales para acabar con ellos y sus fechorías? Obviamente no. La solución es que todas las fuerzas socialistas se agrupen para hacer frente a todos los intentos de las fuerzas reaccionarias que tengan la intención de aprovechar cualquier oportunidad o el más mínimo error de atacar el socialismo”.

Inauguración 2ª sesión de Asamblea Nacional, 12 de noviembre de 196414.

“La democracia y el socialismo son una y la misma extensión de la acción revolucionaria. Democracia es la libertad política, el socialismo la libertad social. Es imposible separarlos. Estas son las dos alas de la libertad verdadera. Sin ellos o sin uno o el otro, la libertad no puede volar hacia el horizonte de la esperanza (…)

La democracia política sólo puede ejercerse cuando una clase domina a la otra porque la democracia significa literalmente “poder del pueblo”, el poder y la soberanía de todas las masas.

La lucha natural e inevitable entre las clases no puede ser ignorada o negada pero la paz se debe establecer entre ellos por la abolición de las diferencias entre ellos en el contexto de la unidad nacional.

El comienzo de la acción revolucionaria organizada demostró la experiencia de que la revolución iba a ser la responsable de liquidar la reacción, despojarla de todas sus armas y prevenir cualquier intento de su parte para recuperar el poder y movilizar organizaciones frente al Estado para servir a sus intereses.

La reacción tiene los poderes del Estado y los medios para resistir, si es privado, utiliza el poder del dinero y si este poder es arrancado , entonces utiliza su aliado natural del imperialismo. Los intereses de la reacción son opuestas a las de las personas, ya que monopolizan la riqueza. Es por esto que es posible la lucha pacífica entre las clases sólo si comenzamos por privar a la reacción de todas sus armas.

Descartando conflicto, se abre la posibilidad a una solución pacífica en la lucha de clases. Pero la difusión del conflicto no se niega las contradicciones entre las demás clases populares (…). Si dejamos que el conflicto persista, la guerra civil, con todos los males que implica para el país, sería la única solución cuando a nivel internacional aumenta la intensidad de las luchas y la Guerra Fría amenaza con convertirse en más violenta.

Debe tirarse abajo la combinación de reacción y el capitalismo explotador. A continuación, debe abrirse el camino a la democracia que opera una armonización democrática entre las fuerzas populares que trabajan y que consiste en los trabajadores, campesinos, militares, intelectuales y el capitalismo nacional.

Extracto de la Carta de Acción Nacional, de 196215.

Sobre la unidad del mundo árabe:

El mundo árabe es una región, una vía estratégica de importancia mundial (…) Somos parte de África del Norte y ella es una parte de nosotros mismos; también pertenecemos, a la gran árabe que se extiende desde la costa atlántica, de los Atlas a las montañas de Mosul. Aquí, como allí, somos hermanos, hijos del mismo padre y la misma madre. La distancia es grande entre nosotros, pero nos aúnan los mismos sentimientos, la comunidad de origen, los lazos de la religión y el marco del lenguaje para comunicarnos entre nosotros  (…)

En nuestra larga historia, cuando nuestros padres dejaron corazón de Arabia, y salieron a la conquista de Palestina, Egipto , Cirenaica , Kairuán y Fez, a orillas del Atlántico y al norte, a Córdoba, Sevilla , Lisboa y Lyan en la tierra de Francia. Ninguno de ellos regresó a Arabia porque no se sentían extranjeros en los países conquistados – Los habitantes de estos países no los han hecho sentir como extraños entre ellos: Es así como la costa atlántica se convirtió en el límite occidental de la gran patria árabe.

Otro grupo de nuestros antepasados que se había ido al mismo tiempo desde el corazón de Arabia, se ha dirigido a Damasco, Homs, Alepo, llegando a los ríos Tigris y Éufrates, a Mosul y más allá . Ninguno regresó a su lugar de origen y las montañas de Mosul se convirtieron en la otra frontera de nuestro país.

La flota árabe navega desde hace siglos trece y medio en este mundo árabe que va desde el Océano Índico hasta el Mediterráneo y las montañas de la cordillera del Atlas a Mosul, y no cesará de estar flotando (…)

Más adelante, otras formaciones de la civilización árabe formadas por las tribus Beni Hilal, Beni Sulayman, Beni Morr, y algunas otras tribus kahtaníes y adnaníes fueron distribuidos en el territorio de la patria árabe , reedificándola sobre sus escombros, estableciendo nuevos lazos, dejando su simiente, y recitando los versos de Corán. Ellos han dejado monumentos de cada país, y en cada uno, sus descendientes y familias que continúan alzando la voz en el minarete en sus llamadas a la oración, recitando sus alabanzas a Dios.

Cuando los galeones árabes fondearon en Sicilia, al sur de Italia , para implantar sobre las ruinas del paganismo latino, la civilización islámica, había sobre los puentes y edificios magrebíes, Targas del Sahara, orientales con turbante del país de Antioquía, elegantes yemeníes del sur de Arabia y egipcios de tez morena egipcia que hacían su entrada desde su Nilo. Todos bajo la misma bandera, todos eran árabes, porque el árabe era su lengua; todos eran musulmanes porque su profeta era Muhammad.

Las divisiones internas debilitaron a los musulmanes de Andalucía, que se retiraron hacia el norte de África y Egipto, la gran marea árabe fue menguando en las provincias andaluzas, y todos estos emigrantes a África del Norte y Egipto, fueron considerados como árabes, por los historiadores y los políticos, debido a su lealtad al Islam a pesar de su ascendencia española o sus antepasados godos.

En 5 º siglo de la Hégira, una explosión de odio lanza las cruzadas de Europa contra los árabes (…); Los cruzados atacaron Granada en Andalucía, Jerusalén en Palestina, Antioquía en Siria, Damietta en Egipto y Cartago en Túnez porque para ellos, todos los países eran árabes.

Bueno, ellos dijeron ¡la verdad! Todos estos países son los nuestros: que somos parte de ellos y son una parte de nosotros mismos. Por lo tanto de qué se irritan los líderes europeos, cuando decimos eso, que han dicho ellos antes que nosotros.

Sus espadas lo han dicho en la guerra, sus naves en los mares y sus aviones en el aire. Sus embajadores y ministros lo han dicho en los convenios, tratados y discurso parlamentarios. Sus académicos, sus escritores y dramaturgos tienen la palabra en sus diarios en sus libros y en sus obras de teatro.

¿Por qué están tan irritados hoy, cuando, en Egipto, declaramos que cualquier árabe está en su propio país: el norte de África es una parte de nosotros mismos y nosotros somos parte de África del norte? (…)

Ellos tendrán que aprender, lo quieran o no, que cualquier país donde se habla el árabe es nuestro país y nuestro país debe ser libre; musulmanes de diferentes partes del mundo son hermanos y los hermanos deben ayudarse en el dolor y la dificultad, que cada hermano africano y al prójimo es desigual y todo vecino de África tiene el derecho de rescatar a su vecino que le asegure la prosperidad , la seguridad y la libertad, y que los amos de Europa han vuelto a repetir las palabras de Inglés poeta : “Oriente es Oriente y Occidente es Occidente y nunca los dos se reunirán”, y hoy es el momento para nosotros para hui decir: dadas las ambiciones de Occidente, ¡nosotros, el Oriente, formamos un solo pueblo!

Estos son los cuatro pilares de nuestra política en esta parte del mundo. No tienen ningún fanatismo religioso, racial o territorial, porque nuestra religión es universal, porque nuestra raza, fue la primera en anunciar la fraternidad de la humanidad en la tierra, no se puede seguir cualquier llamada al mal (…)

¿Pueden los líderes , grandes y pequeños , del mundo occidental creer estas verdades antes de ser barridos por una ola destructiva, que sea demasiado tarde y exclamar: ” ¡Ah, si hubiéramos aceptado la alianza con los musulmanes”.

Extracto del prólogo de la obra Nasser Amin Shakir Al Sayid Arián hay Mustafa Amin: “El Norte del África, en el Pasado, el Presente y el porvenir ” El Cairo 195416.

Sobre los cristianos orientales:

“Cuando los Estados árabes se unieron, dispuestos a enfrentar a los indomables cruzados, de hecho, las Cruzadas fueron nada más que el colonialismo bajo otro nombre y no se dirigieron a otra cosa que la dominación y opresión, (…). Los cristianos árabes no fueron engañados por las pretensiones de las Cruzados porque creían en el nacionalismo árabe (…) y se alzaron junto a sus hermanos musulmanes, en la defensa de una idea, la del nacionalismo árabe. Y cuando el peligro amenazaba a la nación árabe se unieron tras los príncipes para enfrentar al enemigo común del imperialismo occidental que había invadido sus tierras en nombre de los cruzados”.

Discurso del 20 de marzo de 1958, en El Cairo17.

Sobre Siria tras la separación:

“Sobre los recientes acontecimientos siento que son una oportunidad maravillosa para que nuestros enemigos que quieren una batalla entre los hijos de Siria y el pueblo de Egipto, nos enfrentemos entre sí (…)

Es un hecho: he parado las operaciones militares que se habían comprometido para apoyar a las masas en la lucha contra los separatistas sirios. Yo les digo a todos ustedes, qué pasa si yo empujo hacia la guerra, (…) ¡cuando de lo que se trata es no permitir una guerra civil!

Una condición fundamental de mi aceptación de la unión, en febrero de 1958, fue que sea por unanimidad. No puedo aceptar que unidades militares sirias se enfrenten al pueblo sirio en su lucha. El ejército sirio tiene grandes responsabilidades frente al enemigo común. Estoy a favor de la unión, todos ustedes saben, pero yo pensaba que tenía que prepararse lenta y gradualmente a lo largo de varios años.

Tuve que ceder en 1958 por la voluntad del pueblo sirio (…). En tres años y medio de unión , el trabajo se ha hecho , como rara vez en la historia de Siria. Esto no se hizo por gloria personal, pero sí hay que hacer un reconocimiento de las inversiones que realizamos, como muestran los números”.

Discurso tras la ruptura de la unión con Siria. El Cairo, octubre de 196118

“Creemos que no puede haber identidad de puntos de vista u objetivos con el régimen fascista en Siria que ha traicionado el espíritu de la Carta de la Unidad Federal Tripartita de 17 de abril, que ha ejecutado por un pelotón de fusilamiento a patriotas nacionalistas presos o en el exilio acusándolos de ser pro-nasserista.

Nuestro acuerdo con Siria sigue en vigor, pero no tenemos nada que ver con el actual Baas (…). El Partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baas) merece ser llamado el Partido de la reactivación del separatismo árabe… La condición para la edificación de la unidad árabe es la organización de un movimiento nacionalista árabe unificado que agrupe a todas las fuerzas patrióticas. Se requiere una gran cantidad de perseverancia. Tenemos que prepararnos en todos los frentes: militar, económico y nacional”.

Entrevista en Le Monde, del 24 de julio de 1963, tras la tentativa fracasada de golpe de estado en Siria por parte de unionistas con Egipto, y la represión consiguiente19.

1 MENESES, Enrique. “Nasser, el último faraón”. Capítulo II “Los hombres y el país”. Pág. 144 y 145. Editorial Prensa Española. Madrid. 1968.

2 Pueden leerse dichas críticas en el siguiente: enlace: https://entretierras.net/2013/11/14/iv-ideologos-del-nacionalismo-arabe-parte-2-el-pensamiento-de-michel-aflaq-vs-las-politicas-implementadas-por-los-militares-baatistas/

3 Ver al respecto el libro de Enrique Meneses “Nasser, el último faraón”, publicado en 1968, capítulo VII “El nuevo Nasser”, pág 226. Editorial Prensa Española.

4 VON GRUNEBAUN, Gustave. “El islam II. Desde la caída de Constantinopla hasta nuestros días”. II Problemas actuales. Pág 347. Editorial Siglo XXI . México 1996.

5 MENESES, Enrique. “Nasser, el último faraón”. Capítulo VV “EL nuevo Nasser”. Págs. 227 y 228. Editorial Prensa Española. Madrid. 1968.

6 GHALIOUN, Burhan. “Islam y Política. Las traiciones a la modernidad”. Capítulo 9, “La crisis política”, págs. 99 y 100. Ediciones Bellaterra. 2000. Barcelona.

7 Sudán significa en lengua árabe “País de los negros”, y esta denominación se aplicaba en forma genérica a toda el África al sur del Sahara, luego, se aplicó como nombre a la región nilótica, donde se une el Nilo balnco con el Nilo Azul, y aún más al sur, en regiones habitadas por poblaciones negras arabizadas o mestizas, nubios, dinkas, azande y otros grupos étnicos nilóticos.

8 MENESES, Enrique. “Nasser, el último faraón”. Libro II, Capítulo 1. “El comité de los 12”. Págs 136 a 139. Editorial Prensa Española, Madrid. 1968.

9 En “La visión nassérienne”. Recopilación de textos de Paul Balta y Claudine Rulleau. “Nasser par lui-même”. Pág. 48. Sindbad Editions. Paris. 1982.

10 Citado en “La visión nassérienne”. Por Paul Balta y Claudine Rulleau.

11 Recogido en Obra citada de Paul Balta y Claudine Rullea .pag 57 a 60.

12 Extracto de capítulo 5 de la Carta de Acción Nacional, 1962. En La Vissión Nasserien, Paul Balta y Claudine Rulleau, pag.s 122 y 123. Sindbad Editions. Paris. 1982

13 Puede encontrarse por internet el discurso completo en  http://socialismonacionalrevolucionario.blogspot.com.es/2011/10/discurso-de-gamal-nasser-declarando-la.html

14 Recogido por Paul Balta y Claudine Rulleau, en “La visión nassérienne” Pág 144 y 145. Ediciones Sindbad, Paris, 1982.

15 En La Vission Nasserien, Paul Balta y Claudine Rulleau, pag.s 126 y 127. Sindbad Editions. Paris. 1982

16 Texto recogido en “La vision Nassérienne”, de Paul Balta y Claudine Rulleau. Págs 179 a 182. Ediciones Sindbad, Paris, 1982.

17  Texto recogido en “La vision Nassérienne”, de Paul Balta y Claudine Rulleau. Pág 183. Ediciones Sindbad, Paris, 1982.

18 Texto recogido en “La vision Nassérienne”, de Paul Balta y Claudine Rulleau. Págs 184 y 185. Ediciones Sindbad, Paris, 1982.

19 Texto recogido en “La vision Nassérienne”, de Paul Balta y Claudine Rulleau. Pág. 186 Ediciones Sindbad, Paris, 1982.

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