EL PENSAMIENTO DE MICHEL AFLAK VS LAS POLITICAS IMPLEMENTADAS POR LOS MILITARES BAA’THISTAS

Fundador del Partido Ba'th Arabe Socialista en 1947.

Fundador del Partido Ba’th Arabe Socialista en 1947.

IV- IDEÓLOGOS DEL NACIONALISMO ÁRABE

                                                                                                                                                                                        Por Ricardo Georges Ibrahim  

 

MICHEL AFLAQ (1910-1989)

 

Procedía de una familia de la pequeña burguesía de Damasco, de confesión cristiana, de la rama Greco-Ortodoxa (la conocida como Iglesia Melkita). Su juventud la pasa en Paris, donde en 1928 estudia en La Sorbona (Paris), y junto con Salah Bitar fundan la “Unión de Estudiantes Árabes en Francia”. A su regreso a Siria, trabaja como profesor de historia en el Liceo de Damasco.

Aflaq y Bitar (éste último musulmán suní)se expresarán al principio sobre todo a través de la revista At Taliya («La Vanguardia»), en la que escriben intelectuales de distintas tendencias pero con el denominador común de su oposición al mantenimiento de los mandatos franceses y británicos en Oriente Medio. En 1936, cuando en Francia gana las elecciones el Frente Popular, los comunistas sirios rebajan el tono de sus reivindicaciones anticoloniales, lo que provoca que los nacionalistas rompan con ellos y emprendan una andadura en solitario que se concretará en 1939 con la fundación del Círculo del Renacimiento Árabe. En ese momento se une a Aflaq y Bitar otro importante personaje nacionalista, Zaki AL Arzuzi, alawita de 21Alejandreta y principal figura del Círculo del Arabismo.

El movimiento nacionalista es prohibido por el gobierno sirio en 1945, pero debe ser legalizado nuevamente un año después a causa de la presión popular. Es entonces cuando publica el primer número de un periódico que le dará nombre: Al-Ba`th, «El Renacer», que reivindica «la unidad árabe, la libertad y el socialismo» (3 de julio de 1946). Aflaq escribe en él:

«Ahora hay que crear las condiciones para la gran revolución árabe del s. XX, que permitirá a los árabes volver a entrar en la historia».

De este modo se crea el gran partido nacionalista panárabe, al que Aflaq se ha dedicado a tiempo completo desde 1943. Como el periódico, la organización se llama Hizb al-Ba`th o Partido del Renacer (conocido habitualmente en occidente como o Baath o Baaz), y se fundará oficialmente en un congreso celebrado en abril de 1947 en un salón del Café Rachid de Damasco, ante doscientos delegados sirios y gran número de observadores procedentes de Palestina, Líbano, Iraq, Transjordania.

Respecto a su ideología, propugnaba un modelo de “socialismo árabe”, progresista en muchos aspectos (laicismo, igualdad de la mujer, reforma agraria, etc.), alejado del marxismo en tanto que no era materialista histórico, sino más bien hegeliano. Veremos en algunas citas de escritos que “la doctrina”, “la fe”, “la determinación”, es decir la voluntad, (además de su énfasis en la supuesta existencia de “conceptos eternos”, “naciones eternas”, etc.) es antepuesta a cualquier pretensión de cientificismo propia del materialismo marxista. Michel Aflaq ocupó de por vida el cargo de Secretario General del Partido Baath, y fuera de eso sólo ocupó por un breve período en 1949 el cargo de Ministro de Educación en Siria, país que tuvo que abandonar posteriormente, por diferencias con los regímenes militares que gobernaron en nombre del Baath, tanto en Siria como en Irak. En la praxis política de los dos países que se declaraban “Baazistas”, los regímenes militares que asumieron el poder no le concedieron a Aflaq más que un rol legitimador y decorativo, y nunca poder político. Del exilio a Irak, donde también tiene serias discrepancias con el gobierno, que lo mantiene aislado, se va a Francia, donde muere en 1989, recibiendo en Bagdad homenajes como héroe de Estado. Se crea un mausoleo donde es enterrado, y Saddam Husein, tras su muerte, y su instrumentalización de la religión (movimientos islamistas en ascenso, como forma de oposición a brutales dictaduras laicas), además de modificar la bandera iraquí y colocarle el lema islámico,”Allah u Akbar” (Dios es el más grande) comienza a hacer circular el bulo de que Aflaq antes de morir se había convertido en musulmán suní. Era la época de la guerra Irak-Irán, y Saddam Husein quería afianzar en torno a su figura un frente suní, contra Irán.

Decir que una cosa es el pensamiento de los creadores de un partido, y otra sus derivas, sin menoscabo de las grandes críticas que pueden hacerse al pensamiento de Aflaq, entre ellas su esencialismo cultural, sus vaguedades y contradicciones, su sacralización de “lo árabe”, y en cierto modo su reducción de la cultura islámica a su componente árabe, como “cultura nacional”, además de su lenguaje farragoso y literario, que apela más al sentimiento y al mundo de las ideas, plasmado en la historia, que a la razón o a las condiciones materiales, o a su idea de “eternidad”, que le da una rigidez de “verdad revelada” a su doctrina política.

Sin duda, también el reduccionismo de la historia del conjunto de pueblos y civilizaciones anterior a la llegada de los árabes, y a los diversos pueblos que habitan hoy el llamado Mundo Árabe, a la historia árabe e islámica, haciendo de la historia nacional, prácticamente la historia de una etnia. En cierto modo invisibiliza las identidades plurales, de Oriente Próximo a “lo árabe”, con lo cual favorece una política asimiliacionista de arabización. Incluso de un plumazo parece borrar la rica historia de su propio país, Siria, y su sustrato étnico arameo, asirio y de otros pueblos, a su “arabidad”.

Pero de su pensamiento no se puede deducir que se crearían bajo la bandera del Baazismo, regímenes totalitarios, de praxis y orientación claramente militarista y estalinista, siendo que el pensamiento de su creador, aunque bastante difuso y que se asemeja más a una arenga constante que hace del nacionalismo árabe una especie de religión laica, donde se esencializa y casi sacraliza la cultura árabe y su pretendida peculiaridad (véase el lenguaje y la apelaciones que realiza en sus escritos), es un pensamiento nacionalista más cercano al humanismo, al existencialismo, e incluso compatible plenamente con ideas social demócratas, y no tanto al marxismo o a regímenes militares de Partido único.

¿Fueron quizá las alianzas militares y la forma de llegar al poder, por golpes de Estado, de los que se valieron para eternizarse en el poder, los que llevaron a la deriva de estos militares a gobernar siguiendo el modelo del estalinismo soviético, eliminando a la oposición, y fusionando Partido-Estado, con un fuerte control ideológico, o mas bien de lealtades a la figura del líder, en una verdadera orgía de culto a la personalidad, propia tan solo de los fascismos, del estalinismo y otros totalitarismos? ¿O quizá la influencia del naserismo egipcio y sus oficiales libres, que tras deshacerse de la figura clave, más democrática y que podía hacerle sombra a Nasser, Muhammad Naguib, darían un giro militar a la revolución para no devolver el poder a los políticos?

Es interesante contrastar la práctica de quienes gobernaron Irak, y aun gobiernan Siria, desde el partido fundado por Aflaq, respecto a las minorías nacionales, con políticas de arabización educativa, colocación de etiqueta ” República árabe” en el nombre de sus países, reducción de las identidades asirias/sirianas/caldeas y otras a “árabes cristianos”, persecución de las manifestaciones de la cultura kurda y matazas, en el caso de Iraq, en Halabiya, durante la guerra Irán-Iraq, con estas expresiones contrarias del fundador del partido escritas en 1955, y con las críticas que éste mismo realizara hasta los años 60, denunciando las desviaciones del partido, por el surgimiento de una nueva “burguesía militar”, con intereses propios, y cómo los acusa de desvincularse de las bases, a las que en lugar de escuchar y obedecer, manipulan con los medios de información, y contrapone la necesidad de recuperar la democracia y el humanismo, bases del partido que observa han desaparecido.

“Ahora no existen minorías ni taifas oprimidas, sino una mayoría de pueblo oprimido, que es el pueblo árabe, y una minoría opresora, que son los que colaboran con el colonialismo. El árabe, el kurdo, el beréber, el asirio, el musulmán, el cristiano, el druso, etc., son individuos del pueblo, constituyen el 90 por 100 de los individuos de la Nación árabe, están oprimidos, expoliados, por parte de una minoría que explota las situaciones corrompidas y se aprovecha de la existencia del extranjero…Nuestro entendimiento se halla muy lejos del nacionalismo nazi, que cree qu existe una raza selecta con peculiaridades especiales que hay que purificar de todo, y por tanto, oprimir a todo el que no reúna las condiciones según la ascendencia y ciertas costumbres (…)

Entendemos que nuestro nacionalismo árabe es un verdadero humanismo y, por tanto, santificamos los nacionalismos de los demás, ya que sacralizamos este sentimiento en todos los demás pueblos”1.

En 1960, en una conferencia y encuentro en Rabat con jóvenes marroquíes, expresa: “En el mundo árabe existen problemas y situaciones anormales, acumuladas, que desafían la tendencia revolucionaria del nacionalismo árabe y su autenticidad, impulsándola constantemente para que no se convierta en una realidad, en un medio, que, en principio y aparentemente, fue el primero en proclamarla. El Magreb y su especial construcción histórica, agrupando a árabes y berberiscos y aceptando luego la inmigración de un gran número de europeos al amparo del colonialismo francés; Irak y sus minorías raciales, especialmente los kurdos; Líbano y su también construcción especial, que ha dado a las diferencias sectarias y religiosas un significado cívico. Todas estas situaciones requieren una solución correctamente revolucionaria, a fin de conservar el arabismo, su integración territorial y la realización de una unidad espiritual, comprensiva y coordinada en su pueblo y entre todos, en lugar de agarrarse a las soluciones que surgen de la desesperación y que oscilan entre cortar las partes que originan estos problemas o conservarlas por la fuerza o la coacción”2.

En abril de 1956, en el discurso El combate del único destino”, dice lo siguiente sobre los nacionalismos en el mundo en procesos de descolonización: “Ha llegado el momento de la actuación de las masas en el mundo, y las auténticas masas son los pueblos de Asia y África, que han sufrido la más dura experiencia humana de esclavitud, tanto por parte del exterior como interiormente y de la injusticianacional y extranjera. Al contrario de lo que sucede en occidente, la revolución de los pueblos orientales lleva, en primer lugar un carácter libertador humano, porque va dirigida contra el imperialismo. Mientras que la injusticia en Occidente, no alcanza más que a algunas clases, el Oriente es un conjunto de naciones oprimidas; y la nación árabe es una de estas naciones oprimidas”3.

En el libro “Evolución de la Ideología Arabe Revolucionaria“, de Elyas Farah, compañero de trayectoria de Michel Aflaq, publicado por el propio Partido Ba`th, pero del comité nacional, en 1978, podemos apreciar las críticas a las derivas de los gobiernos regionales que gobiernan en nombre de dicho partido, cómo se van agudizando con el transcurso de los años, y de los congresos partidarios.

Veamos primero los Estatutos del Partido Ba`th, Árabe y Socialista, formulados en 1947, para entender los principios del partido; también las omisiones, y cosas que deja sin concretar, así como la evolución posterior, y las críticas del fundador:

Estatutos del Partido Ba´th de 1947:

Principios Fundamentales:

1. Primer principio: La unidad de la nación árabe y su libertad.

“Los árabes son una nación única que tiene el derecho natural a vivir en un estado único, siendo libres para dirigir su destino; por esto, el partido Ba`th Árabe considera:

1º El mundo árabe es una unidad política y económica indivisible, de modo que ninguna de las regiones árabes podría completar sus condiciones de vida, estando aislada de las demás.

2º La nación árabe es una unidad cultural, donde todas las diferencias existentes entre sus ciudadanos, son eventuales y falsas, y desaparecerán en cuanto despierte la conciencia árabe.

3º La patria árabe debe ser para los árabes, quienes son los únicos que tienen derecho a ordenar sus asuntos, sus riquezas y, en suma, dirigir sus destinos.

2. Segundo principio: La personalidad de la nación árabe.

La nación árabe se caracteriza por unos signos evidentes en sus sucesivos renacimientos, éstos son la fertilidad vital, la capacidad inventiva, la renovación, la revitalización; estando esta última proporcionada con la evolución de la libertad del individuo y la coordinación entre su evolución y el interés nacional. Por todo esto el partido Ba`th considera:

1º Las libertades de expresión, reunión, creencias y el arte, son sagradas y no pueden ser coartadas.

2º El valor de los ciudadanos se puede sopesar después de ofrecerles una igualdad de oportunidades, según el trabajo que realicen por el progreso de la nación árabe y por su prosperidad, sin mirar ninguna otra consideración4.

3. Tercer principio: La misión de la nación árabe.

La nación árabe tiene una misión eterna que aparece bajo formas renovadas y completadas en las diferentes etapas de la Historia. Tiene como fin renovar los valores humanos, impulsando su progreso, el crecimiento de la armonía universal y la cooperación entre las naciones. Por esto el partido Ba`th árabe considera:

1º El colonialismo y todos sus afines, son actos criminales contra los que todos los árabes luchan con todos los métodos posibles, acudiendo, dentro de sus posibilidades tanto materiales como morales, en ayuda de todos los pueblos que luchan por su libertad.

2º La humanidad es un conjunto consolidado en sus intereses mutuos y en sus valores y civilizaciones. Los árabes se alimentan en la civilización mundial y la alimentan a su vez; además, extienden su mano confraternizadora a las demás naciones, cooperando con ellas, con el fin de encontrar un sistema justo que asegure, a todos los pueblos el bienestar, la paz y la soberanía de la creación y el espíritu5.

Principios Generales:

Artículo Primero:

El partido Ba`th Árabe Socialista, es un partido árabe en general, con ramificaciones en todas las regiones árabes, que no trata la política regional, más que bajo el punto de vista del interés árabe supremo.

Artículo tercero:

El partido Ba`th Árabe Socialista, es un partido nacionalista que cree que el nacionalismo es una verdad viva y eterna, y que el sentimiento nacionalista consciente, que liga al individuo con su nación estrechamente, es un sentimiento sagrado, lleno de potentes fuerzas que incitan al sacrificio, y empujan al sentimiento por la responsabilidad y un factor de dirigir la humanidad del individuo de una forma práctica y beneficiosa.

Artículo sexto:

El partido Ba`th Árabe Socialista, es un partido revolucionario, que cree que sus objetivos principales para el resurgimiento de la nación árabe y la construcción del socialismo, no se pueden llevar a cabo, más que a través de la revolución y de la lucha, ya que depende de la paulatina evolución y conformarse sólo con la reforma parcial y superficial, amenaza con el fracaso y la pérdida de objetivos; por esto está decidido:

a) La lucha contra el colonialismo extranjero para liberar al mundo árabe total y absolutamente.

b) La revolución contra la nefasta realidad, de forma que incluya todos los aspectos de la vida, tanto intelectuales, como económicos, sociales y culturales.

c)La lucha por unir a todos los árabes en un Estado único e independiente.

Artículo séptimo:

El mundo árabe es la geografía donde habita la nación árabe que se extiende entre las montañas de tauro, las de Bechtekuía, el Golfo de Basra y el Mar Arábigo, las montañas de Etiopía, el océano Atlántico y el Mar Mediterráneo.

Artículo octavo:

El idioma oficial del estado y de los ciudadanos, reconocido en los escritos y en la enseñanza es la lengua árabe.

Artículo noveno:

La bandera de los países árabes es la de la revolución árabe que estalló en 1916 para liberar y unir a la nación árabe.

Artículo décimo:

El árabe es aquel que habla el idioma árabe, y vive dentro de la tierra árabe, aspira a vivir en ella y cree que pertenece realmente a la nación árabe6.

Años 60 y sus críticas a los oportunistas y a los militares que se apropian de la ideología de su partido:

“Esta separación ha sido el tema principal que polarizó el pensamiento árabe revolucionario en la etapa posterior a los años sesenta, en la cual la burguesía militar comenzó a obtener los resultados de su regionalismo “unitario”, su atraso “científico revolucionario”, su autoritarismo “democrático popular”, su retórica “revolucionaria” y su valentía “derrotista”, y así, a marcha unitaria socialista comenzó a precipitarse en el camino de la decadencia, causado por todo lo anteriormente expuesto”7.

“La participación popular requiere que el pueblo sea organizado y agrupado dentro de sus organismos populares, políticos y sindicales, y representado en sus instituciones, ayuntamientos y parlamentos, de forma que garantice el control de la marcha del gobierno e impulse la construcción de una base popular donde el gobierno se apoye, relacionándose social y políticamente.

La creación de esta institución democrática es una condición fundamental para reformar la lucha libertadora y progresista, con el fin de llevar a cabo los programas económicos y sociales. Además su presencia garantiza suficientemente, la tendencia de la planificación económica hacia el socialismo, incrementando sus pasos”8.

Es de destacar que observa las derivas totalitarias, desde la propia creación de la República Árabe Unida, y los métodos de gobierno militar de Nasser, y de los militares de Siria e Iraq:

“La unidad es una acción revolucionaria, que requiere desprenderse de los conceptos y métodos regionalistas en el gobierno y dejar paso libre a las mezclas y aleaciones de las fuerzas y capacidades de las dos regiones unidas. El método del gobierno, en la República Árabe Unida, condujo, hasta ahora, a dar una idea deformada de la unidad de las masas populares dentro de la república; en el campo árabe y a través de planes que dependen, en primer lugar, de la propaganda y del servicio de información, de los cuales dependían en gran manera el gobierno regional egipcio. Esta política ha perjudicado a la lucha popular revolucionaria en el resto de las regiones árabes, jugando un importante papel al motivar el decaimiento de Jordania, el fracaso de la revolución en Iraq, y la sublevación en el Líbano, así como debilita la fuerza y atracción de la idea de unidad (…)

“En esa presente situación, no existe semilla alguna de evolución hacia la democracia para conservar los logros de la unidad y ampliarlos.

Esto, aparte de los métodos de represión, opresión y tortura, pasa por alto los poderes judiciales y los métodos de tentación, corrupción y falsificación”9.

“En el polo opuesto a los movimientos populares se encontraban los imperialistas, la reacción y el poder militar.

Lo que más ayudó a la expansión de la reacción fue el método militarista que gobierna más de una región árabe, puesto que los movimientos militares no se avinieron a adoptar o cooperar con los movimientos opulares, considerándolos como adversarios e intentando liquidarlos.

Los gobiernos militares han explotado las victorias conseguidas, a fin de golpear a la idea partidista, aprovechando los aspectos negativos de la vida de ésta, para convencer a las masas de que es perjudicial y peligrosa, y obrando para reforzar a los movimientos reaccionarios, de forma que pueda hacer frente a los movimientos populares; también crearon combates paralelos y artificiales entre algunos sectores de los movimientos populares y creando divisiones dentro del mismo partido”10.

“El congreso registró la insuficiencia del partido, al destacar la importancia de la democracia como condición primordial para el desarrollo de la sociedad árabe y para lograr el éxito de la lucha árabe, protegiéndola a lo largo de todas las etapas que atraviesa, así mismo, destaca el papel del partidismo doctrinal y de la organización sindical y profesional en la vida democrática (…).

Condenar el método aparecido dentro del partido que congela el papel del pueblo y del partido en la lucha, dedicándose plenamente a adoptar o preparar los golpes de estado militares, pidiendo a la dirección nacional que trabaje decididamente a fin de alejar al partido y a su dirección de tales métodos, incompatibles con la doctrina del partido”11.

“Si la lucha de la unidad ha sido apuñalada en la República Árabe Unida y en el mundo árabe, con el establecimiento del movimiento militar y el gobierno reaccionario de la región de Siria, fue porque la marcha del gobierno de Abdel Nasser, regionalista e individualista, con un concepto erróneo, se realizaba por un camino equívoco que debilitó la unidad, permitiendo así que fuese vencida por el separatismo. (…)

La repetición de la unidad entre las dos regiones de la República Árabe Unida depende de la continuación de la lucha por el establecimiento de situaciones democráticas en estas dos regiones, siendo garantía para la renovación de la unidad, conservándola, así como para la marcha por el camino de la unidad árabe total12

“El año 1963 nos vino a descubrir nuevas contradicciones en la marcha del movimiento árabe revolucionario. (…)

Vemos claramente que los acontecimientos del año 1963, fueron una respuesta ineficaz a la recaída en la separación y a los errores de la unidad, porque la burguesía militar no pudo superarla, sino mas bien, todos los factores positivos y las disposiciones revolucionarias auténticas fueron víctimas de la desviación de la corriente, que se apoderó del movimiento árabe revolucionario sedienta de poder, aprovechando la necesidad de desarrollo intelectual como disfraz ideológico, para llevar a cabo sus desviaciones, ejerciendo una gran falsificación y modificación en la vida de la revolución árabe contemporánea, tanto a nivel práctico como teórico. (…)

Los acontecimientos de 1963, han sido una expresión del inicio de la lucha dentro del movimiento árabe revolucionario, entre la corriente de rectificación que expresa el nivel de acción histórica y el interés del proletariado árabe, por una parte, y por la otra, la corriente destructiva, que expresa el interés de la nueva burguesía, creada en el seno del poder, aprovechando los lemas revolucionarios y acabando con las verdaderas fuerzas revolucionarias”13.

“La lógica del poder, adornaba la corriente dominante, el camino de la competencia negativa, las luchas secundarias y la dispersión continua de fuerzas, el camino del egoísmo y el superior engreimiento tonto, el aislamiento y el fanatismo, rechazar el diálogo y que las reacciones ingenuas, improvisación, aventura, y el juego irresponsable con el destino árabe de apoderarse de ella.

Esta lógica ni siquiera aguantaba las indicaciones de crítica que vienen desde el interior del movimiento árabe revolucionario, silenciando cualquier voz de crítica, utilizando los medios del poder; los medios de las tentaciones, la prepresión y los instrumentos de falsificación, deformación, quemándolo, incluso hasta en su pasado, su fundador y sus masas luchadoras, que no han podido salvarse de la traición, por parte del poder dominante; sino más bien se han convertido en el objetivo del rencor de este poder y de sus crímenes.

Basándonos en todo lo anteriormente expuesto, podemos ver claramente el conjunto, censurado, de las contradicciones que caracterizan esta etapa:

1- La acción para la unidad partiendo de las posiciones regionalistas.

2- Extremismo revolucionario verbal, por las continuas posiciones deficientes en las actitudes y debilitamientos sospechosos.

3-La pretensión de representar a la clase proletaria, a través de posiciones beneficionas para el poder y de una nueva formación clasista (la clase de la burguesía militar).

4- Muchos discursos sobre a las masas, partiendo de posiciones de represión, depresión, aniquilamiento y una visión cuantitativa del pueblo.

5- Levantar el lema de apertura hacia las fuerzas progresistas, partiendo de las posiciones del egoísmo y soberbia, y de la visión paternalista, de comportamiento detestable.

6- La apertura formal, verbal y teatral del marxismo, escondido tras el odio hacia el pensamiento en forma general, menospreciando el acervo revolucionario internacional y las experiencias del movimiento árabe revolucionario en el pasado, sin abarcar la idea árabe revolucionaria.

7- Reiterar continuamente en los discursos, conversaciones y en los medios de información, las palabras: “sacrificio”, “misión”, “abnegación”, y “trabajo para las generaciones”, partiendo de las posiciones del continuo ejercicio de un narcisismo enfermo, ciego egoísmo y una constante concentración sobre sí mismo y sobre su directo interés, así como de el contraste de grandilocuentes palabras, con pequeñas actitudes.

8-Hablar sobre la moral y los valores, al mismo tiempo que el poder se lo permite todo y entre sus manos se convierte, lo más sagrado, en instrumento y pretexto, perdiéndose cualquier valor del ser humano y de los conceptos.

9-Vestir un hábito revolucionario y maquillarse de progresismo, sobre a las ruinas y residuos del sectarismo, tribalismo, conceptos retrógrados, que no han evolucionado de acuerdo con el mundo, ni el tiempo actual, ni, así mismo, con la entapa en que nos hallamos.

10- La conversión de las principales contradicciones en contradicciones secundarias, sectoriales, y de ejes, sustituyendo la estrategia por la táctica, sirviéndose de los principios para los intereses; haciendo de impresiones y reacciones, alternativas de la planificación…y otras muchas contradicciones”14.

“Por esto la represión contra las masas ha sido una política constante, llevada por el poder regionalista con el fin de ahogar las verdades que puedan descubrir su falsedad y sus desviaciones15

Finalmente en el Séptimo Congreso Nacional, en Febrero de 1964, se expresa una condena muy fuerte a los regímenes que gobiernan en nombre del Ba`th, en estos términos:

“Todas las conspiraciones se vierten con el fin de falsificar al partido Ba`th, deformándolo y cambiando su línea histórica, para que le partido Ba`ht deje de existir como partido nacionalista árabe; (…) así como para que no quede en el Ba`th ninguna relación con los conceptos de libertad y democracia, era necesario que los militares dominasen sus destinos, estableciendo en su nombre unos regímenes dictatoriales que ahogan la eficacia de las masas”16.

Pero más allá de estas críticas, lo que cabe preguntarse es si Aflaq, como ideólogo y fundador del partido no pudo hacer más, para impedir que en nombre de sus ideas se llegara este estado de situación y en qué medida se dejó arrastrar por los acontecimientos y por los dirigentes aupados al poder en nombre de su ideario. Pero tampoco me resulta clara, y es la ambigüedad que le critican otros políticos, su posición en relación al modelo de organización política. Por una parte, de sus escritos parece desprenderse, especialmente en los años 50 y 60 una apuesta por la democracia, contra el tipo de regímenes militares desconectados de las bases, salvo para manipularlas, pero sin embargo cuando habla de democracia no es claro si se refiere a un sistema pluripartidista o al modelo de los mal llamados “socialismos reales”, de partido único, vigentes en el mundo bajo influencia del Imperio ruso soviético, en China, y en muchos países poscoloniales del entonces llamado “Tercer Mundo”, modelos que desde los nacionalismos revolucionarios se tomaron a veces como “necesarios”, para producir cambios sociales profundos sin ataduras ni controles, como pensaba Gamal Abdel Nasser y el FLN argelino, movimientos ambos copados por los militares. Sin duda esta cuestión la puede aclarar quienes vivieron en Siria o Irak entonces y que pueden dar más información, vivencial, o quizá documental en árabe, sobre sus posiciones y actitud al respecto en los años que van desde mediados de los 60 hasta su muerte, en 1989.

A favor de Aflaq, decir que ya en los años 60 al menos vio y dejó constancia de ello, lo que a todas luces se consolidó hasta la actualidad: la emergencia de “burguesías militares”, en los diferentes países árabes republicanos, especialmente en aquellos que adhirieron al nacionalismo de izquierdas, revolucionario.

El fracaso de las ideologías nacionalistas árabes es el fracaso del Baasismo y del Naserismo, es decir, además de los factores externos para dicho fracaso, el de instrumentalizar el discurso nacionalista, con su finalidad última en la recuperación de “la unidad perdida”, simplemente para la supervivencia de los nuevos grupos civiles/militares en el poder en los Estados que gobiernan, y que pese a su retórica, gozan de privilegios y control absoluto, económico y político, en tanto nueva casta de Partido/Estado.

Curiosamente, han sido los militares que ascendieron socialmente desde orígenes campesinos y humildes, desplazando a las oligarquías terratenientes, aristocráticas y monárquicas, quienes una vez asumido el poder y generando reformas económicas redistributivas, que beneficiaron a campesinos y pequeña burguesía, quienes serán el mayor obstáculo a políticas de integración o federación con otros Estados, dado que nacen con ellos, no solo una nueva clase social, que terminará actuando como “nuevos ricos” y desideologizándose desde mediados de los años 70, quienes no estén dispuestos a dejar sus privilegios de casta abriendo el juego democrático a las fuerzas civiles. Y esto no tiene tanto que ver con el nacionalismo árabe, sino con los nuevos actores sociales emergentes. En Siria e Irak, asumiendo un discurso nacionalista árabe, mas estructurado, de intelectuales progresistas, teniendo en el caso de Siria, la peculiaridad de que los militares en ascenso son alawitas, miembros de un sector social anteriormente empobrecido, marginado y semirural, que termina actuando con espíritu de clan para controlar el ejército; en Egipto, inicialmente por la creación de un grupo del ” Movimiento de Oficiales Libres” (se nota la inspiración del Kemalismo), formado también por militares del Alto Egipto “saidíes”, provenientes de familias campesinas, que actúan frente a un ejercito cuyos mandos superiores son de origen turco, circasiano, o ingles, mientras que en Argelia, no fue tanto la impregnación de ideas nacionalistas árabes, las que asumieron sus militares, sino del marxismo. En todos los casos, actores sociales nuevos, que asaltan el poder, generan reformas sociales importantes que benefician a los sectores populares, pero no abandona el poder sino que por el contrario suplantan a las viejas clases sociales, copando el Estado para fines privados.

Sobre las retóricas de estos militares, sean de corte nacionalista, o socialista, a lo que asistimos fue a una retórica vacía de contenido y a la emergencia de estas castas militares en distintos Estados que, como es lógico, en base a las propias condiciones por ellos creadas, cualquier intento de unidad tendría pie de barro, porque ninguna de esas elites estaba dispuesta a dejarse ser gobernada por otras. Es el callejón sin salida de los nacionalismos no democráticos, militaristas y doctrinarios o de las ideas revolucionarias donde los militares sustituyen a los sectores populares como sujetos de la revolución.

Logros y fracasos del nacionalismo árabe revolucionario:

El profesor Burhan Ghalioun por una parte, tras citar los logros del nacionalismo árabe y de los regímenes que adhirieron a los principios del nacionalismo revolucionario, da una visión complementaria a la del propio Aflaq, respecto a las causas del declive de la adhesión a estos modelos, a partir de mediados de los años 70, y define a los Estados bajo estos regímenes como “Providencialistas arbitrarios”.

Por una parte dirá que “El nuevo movimiento nacionalista ofreció a los árabes, a falta de un Estado nacional, un orden regional que entrañaba cierta forma de estructuración política y un intenso sentimiento de solidaridad común. Dio a las fuerzas inconexas y a las ideas de cambio mal definidas, una dirección, objetivos claros y metas realizables. Este orden nacional fue rápidamente recompensado con la emergencia, por entre los Estados y pese a las fronteras existentes, de una conciencia nacional propia y de una voluntad común, aptas para dotar a este conjunto homogéneo, pero desarticulado, del sentido de la unidad que, desde hace quizá muchos siglos, no había podido realmente sentir.

El tipo de Estado Nacional Árabe, cualesquiera sean sus variantes ideológicas, ha sido marcado por tres grandes orientaciones: logran difusión de los temas e ideologías modernistas, progresistas o liberales entre las elites y entre las clases medias y populares; la adhesión de los equipos dirigentes y/o partidos políticos a las tesis de la independencia y del no alineamiento, o, para algunos, la política antiimperialista; finalmente la constitución, en gran escala, de las clases medias, como cimientos sociales del nuevo Estado, constitución similar tanto en los regímenes de izquierda como en los de derecha. Así es cómo se llevaron a cabo, en la sociedad árabe, los más importantes cambios de estructuras después de la segunda guerra mundial: el desarrollo de nuevos valores políticos; la mejora de la situación social de las clases populares, y la del campesinado en particular, con la realización de la reforma agraria; la elaboración de los primeros planes de desarrollo y de industrialización; la nacionalización de las compañías extranjeras; la modernización de los ejércitos, de la enseñanza pública y religiosa, y de la formación cultural y profesional; la reducción de las desigualdades sociales y entre los sexos, etc”17.

Ghalion habla de un auge en los años 60 y 70 de inversiones en recursos humanos y materiales en proyectos económicos realizados por los poderes públicos. Dirá que al comenzar los años 80 ya casi no había progresistas y moderados, sino un solo mundo que quería asentar su capacidad de absorber y consumir. Menciona la audacia que tuvo entonces el mundo árabe y la confianza en el desarrollo de los pueblos del tercer mundo, que se situó ala cabeza de reivindicaciones que lo pusieron frente a frente con los países industrializados, como en 1973, con la suba de los precios del petróleo, como mecanismo de presión colectiva, pero también cuando en 1975 el presidente argelino Bumedian planteó la necesidad de un nuevo ordeninternacional, y la urgente apertura de negociaciones Norte-Sur para intentar salvar las enormes inversiones de los pueblos del tercer Mundo, lo cual fue también un desafío a los grandes poderes económicos internacionales.

Y sin embargo en los años 80 hubo un cambio de rumbo en todos estos países, hacia políticas de apertura económica (intifah), políticas de “puertas abiertas”, que agravaron las deudas públicas, el paro, la inflación, provocaron el colapso de muchos servicios públicos, corrupción en la administración y comenzaron a aplicarse fórmulas y políticas de ajuste, dictadas por instituciones financieras internacionales, que agravaron la situación, abriendo nuevas brechas entre ricos y pobres, tal como sucedió en otras partes del mundo (y me viene a la cabeza América Latina).

Ghalion dirá textualmente que “La frustración del proyecto unitario, la degeneración de los poderes nacionalistas en oligarquías francamente antipopulares y el colapso del campo progresista, tras la muerte del presidente Naser, pudieron más que las grandiosas ambiciones del nacionalismo árabe. (…) Lo que se quedó en llamar “Décadas de desarrollo”, es una de las experiencias históricas más frustrantes, desde los puntos de vista moral y material, que jamás hayan conocido las sociedades. La frustración de este proyecto acarreó el hundimiento de las clases medias, sobre las que se había basado el desarrollo y habían descansado el equilibrio y la estabilidad del sistema. Millones de seres humanos se encontraron de pronto, sin empleo ni perspectivas, marginados o excluidos. El famoso “consenso nacional” saltó en pedazos, sufriendo la misma suerte que los valores y consignas nacionalistas, ahogados en las reacciones de miedo, de las rebeliones aplastadas, las sangrientas revueltas llamadas “del pan”, la claudicación colectiva de las clases políticas, las irracionales retracciones”18. Cita ejemplos de desestructuración social, bajadas de los ingresos petroleros, multiplicación de la deuda y otros datos macroeconómicos que llevaron a un aumento de la conflictividad social, coincidiendo con el estallido de la guerra civil libanesa, el debilitamiento de las organizaciones sindicales y el retroceso de ideologías racionales en provecho de culturas rituales o étnicas de tipo populista.

Sobre la crisis que termina con la hegemonía del paradigma nacionalista dirá que “El aspecto más notorio de esta crisis, es la desestructuración del Estado, como marco jurídico y político general, en provecho de una red de relaciones de dependencia persona, que socava la política misma, como lugar de maduración, organización y centralización de las relaciones de autoridad, comunicación y solidaridad colectivas, es decir, también, del ejercicio del poder como proceso de toma de decisiones y de opciones objetivas”19.

“El abandono del Estado nacional por parte de las masas comienza a partir de los años setenta y tiene como correlación el colapso de las ideologías nacionalistas y socialistas y la desmoralización de las elites sociales actuantes en el seno del gobierno o de la oposición. (…) Porque este fracaso, lo ha vaciado de su sustancia política, en la medida que ha hecho que la reproducción del poder dependa casi exclusivamente del aumento de la represión. (…) El Estado se asemeja, cada vez más, a un campo privado, o efectivamente se convierte en un sector lucrativo como tantos otros, es decir, en la sede de una agrupación de intereses particulares que, en adelanté, será el rehén. (…)

La fuente del totalitarismo se halla así ligada a la concepción misma del papel histórico del Estado y de lo político. Ah haber sido colocado por el proyecto de construcción nacional en el propio corazón del proceso de crecimiento económico, modernización y formación de la nación, el estado no podía dejar de afianzarse y aumentar desmesuradamente sus poderes con objeto de reforzar su dominio de la sociedad y garantizar su monopolio sobre los recursos de ésta, tanto materiales como morales. Y si durante el primer período del auge nacional, el Estado era aceptado, es porque ejercía este monopolio, o parecía hacerlo, en interés de numerosos grupos sociales, incluso de toda la Nación, mientras que con el cambio de coyuntura internacional y el desmoronamiento de sus posiciones y de a los organizaciones sociales y populares, el Estado, es decir, esta vez, el grupo que lo controla, y por lo tanto controla el poder, comienza a utilizarlo por su propia cuenta. (…) Y en estas condiciones la excrecencia del Estado se traduce directamente en el sometimiento del conjunto de la sociedad al grupo de poder, que actúa en función de sus intereses, sin ninguna ideología, social o nacional. (…) Todo sufragio, referéndum o participación exteriores al propio Estado constituye un desafío a su soberanía y se considera una tentativa desleal y amenazadora. El principio de su autoridad es que sigue siendo la fuente de toda autoridad. Es el garante de la acción de todos: personas u organismos y no puede permitirse depender, para perpetuarse, de ninguna otra autoridad o factor exterior. En resumen: su capacidad para realizar sus objetivos e imponer su autoridad exige que sea la referencia de sí mismo. (…) Si la fuerza bruta, encarnada en el ejército y los servicios de inteligencia y de represión, “mujabarat”, constituye para todos los Estados su base real y su garantía de perennidad, son la experiencia propia y los factores locales disponibles quienes determina la manera particular como surgió esa fuerza bruta sobre la que descansa el mantenimiento del Estado. (…) Así, pues, la estructura del Estado no se ha transformado, sino que, gracias a la crisis, sus defectos se han realmente agravado. Por lo que se refiere a la toma de decisiones, siempre se trata del mismo poder: mecánico, absoluto, arbitrario y represivo, en el mejor de los casos, paternalista. (…) El precio de semejante victoria es simple: la reactivación de múltiples rivalidades, tanto anacrónicas como corrosivas, y, por consiguiente, la dislocación de la sociedad política, es decir, la destrucción de toda forma de solidaridad nacional que no dependa de esa máquina infernal en que se ha convertido el Estado, o no le competa directamente. Esto explica, además, el fin de la era de los golpes de Estado y la asombrosa estabilidad de los sistemas políticos, pese a las contradicciones acumuladas, los fracasos y la ebullición de la sociedad. Es más, la ausencia de alternativa política, creada por este proceso, engendra lo ridículo, a saber, poderes que de la noche a la mañana, cambian radicalmente de orientación política, de programa y hasta de ideología…. sin que les parezca que deben dar una explicación. (…) Esta desviación del Estado en provecho de intereses privados es el origen de la adulteración de su función, de la degeneración de sus propias estructuras y de su divorcio de la sociedad. La empergencia de soidaridades parciales y de clan se halla en esta adulteración de la función política universal, la fuente de su particular expansión. (…)

El carácter represivo del Estado no es ni el residuo del despotismo del Estado satánico, ni menos aún el de una acción premeditada, de un cambio de equipo en el poder o de un cambio de ideología. Es el fruto de una lenta maduración y transformación del propio poder nacional, arbitrario por definición y por destino, y por consiguiente, la culminación de un largo proceso histórico. En realidad, y contrariamente al Estado despótico tradicional, al que el Estado absolutista moderno o al Estado dictatorial coyuntural, el Estado Arbitrario no es un Estado de represión. Es, al contrario, un Estado en el cual la sociedad acepta delegar todos sus poderes y sus derechos, a fin de maximizar sus posibilidades de progreso. Es un Estado misionero. Sólo aparece como dictatorial, es decir, que se reproduce por la fuerza bruta, cuando la sociedad, decepcionada por su fracaso, le retira su confianza, dejándolo así totalmente falto de legitimidad. La arbitrariedad deseada o aceptada, se vuelve entonces impuesta e injustificada y la dirección nacional o nacionalista inspiradora se transforma en coerción. La dictadura y la tiranía son la manifestación de la degeneración del poder nacional arbitrario, carismático y misionero, y por lo tanto, de la desestructuración y ruptura de todos los equilibrios provocados por el fracaso del propio Estado moderno en su intento de reconstruir a la nación en torno suyo”20.

Citas de textos de Michel Aflaq.

1.      “RECUERDO DEL PROFETA ÁRABE” (1943).

“Hace siglo y medio que el Occidente volvió a relacionarse con los árabes con la campaña de Bonaparte en Egipto, lo cual fue causa de la desastrosa vinculación, en unas tabletas, de aleyas del Corán y, escritos al lado, los Derechos del Hombre. Desde aquel momento los árabes (o los jefes extraños al arabismo) continuaron impulsando el renacimiento moderno, en esta línea deformada, puesto que forzaban y violentaban los textos de su historia y su Corán para hacer ver que los principios de su cultura y su fe no eran diferentes de los de la cultura occidental, y que habían precedido a los occidentales en promulgarlos y aplicarlos. (…)

La maniobra del colonialismo europeo no fue de llevar a la mentalidad árabe a reconocer principios y conceptos eternos, pues esta mentalidad ya los reconocía y se basaba en ellos desde que se constituyó. No, lo que hizo fue aprovechar la oportunidad que le brindaba el estancamiento de la mentalidad árabe y su incapacidad para innovar, para obligarla a adoptar el peculiar contenido europeo de estos conceptos. Nosotros no diferimos de los europeos en el principio de la libertad, sino en que la libertad signifique lo mismo que ellos entienden por ella”. (…)

Entre las concepciones europeas que invadieron la moderna mentalidad árabe se encuentran dos ideas sobre el nacionalismo y el humanismo muy equivocadas y peligrosas. La idea nacionalista pura, de Occidente, es lógica al afirmar la separación del nacionalismo de la religión, porque la religión ha entrado en Europa desde el exterior, y es, por tanto, extranjera respecto a su naturaleza y su historia: es la esencia de la mentalidad y moralidad del más allá, pero ni ha sido revelada en su lengua nacional ni expresa las necesidades de su medio ambiente, ni se ha fundido con su historia. Mientras que el islam para los árabes, no es solamente una concepción del más allá, ni tan solo una moral, sino que es la expresión más elevada de su sentimiento existencial y su forma de ver la vida, el mejor aserto de la unidad de su personalidad, en la que confluyen expresión, sentimiento e idea, reflexión, y acción, personalidad y destino. Y, además, es la forma más impresionante de su lengua y literatura, la parte más grandiosa de su historia nacional, ya que no podemos exaltar a nuestros héroes inmortales por ser árabes y dejarlos aparte por ser musulmanes. Nuestro nacionalismo es un ser vivo, de miembros complementados, que no se pueden cortar ni abrir, pues ello constituiría para él una herida mortal. La relación entre el Islam y lo árabe no es la misma relación que tiene cualquier religión con cualquier nacionalismo. Cuando en los árabes cristianos despierte su nacionalismo de forma completa, y recuperen su naturaleza original, conocerán que el Islam es para ellos una cultura nacional de la que se tienen que impregnar para comprenderla, para amarla, aspirando al Islam como a lo más preciado de su arabismo. Si bien la realidad aún se halla lejos de este deseo, la nueva generación de cristianos árabes tiene por tarea llevarlo a cabo, con valor e independencia, con orgullo y provecho, pues nada es equiparable a la arabeidad y a pertenecer a ella. (…)

“Las reformas son ramas que tienen una raíz de la que provienen, como las flores lo hacen del árbol, y esta raíz es, antes que nada, espiritual: es la fe de la nación en su mensaje, y la de sus hijos en ella. En el Islam, el origen fue la fe en una sola divinidad, de donde se derivaron todas las reformas que acontecieron y alteraron a la sociedad árabe”.

2.     “TIERRA Y CIELO” (1941)

“Inevitablemente tengo que desproveer a la frase “tierra y cielo” de su contenido religioso. Pero no hay nada más cierto que esta oposición entre dos mundos: el temporal, superficial, perecedero, y el que es esencial y perenne. El sabio y el artista tienen su cielo y su tierra: la tierra son las exigencias del cuerpo y las preocupaciones de la vida cotidiana, y el cielo son las del espíritu y la mente, y los placeres y deberes de la vida superior. (…)

La vida tiene sus leyes, que se diferencian de las de la naturaleza en una cosa: mientras que las leyes de la naturaleza se descubren una vez, las de la vida las tiene que descubrir cada individuo en su  existencia. (…)”

3.     “LA EPOCA DEL HEROISMO” (1935)

Ha pasado la página de los débiles que acogen con llantos las desgracias de la Patria y dicen “No hay más poder ni fuerza que en Dios”; la página de los aprovechados que se han llenado los bolsillos y luego han dicho: “No hay motivos para tener prisa, todo se va completando mediante un proceso lento”. La página d los traidores, que cuando están a solas reconocen que la sociedad se encuentra corrompida, pero que cuando salen al camino son los primeros en inclinar las cabezas ante el corruptor.

Y empieza una página nueva: la de los que se enfrentan con los problemas generales con mente fría y fe ardiente y proclaman sus ideas aunque se pongan ante ellos todas las gentes de la Tierra; la de los que caminan por la vida con las almas desnudas. Estos son los que conquistan la época del heroísmo. (…)

La vida de éstos será una línea clara, recta, que no presente diferencias entre el exterior y el interior, ni contradicciones entre su hoy y su ayer, pues de nadie se dice: “Sí, es un ladrón, pero sirve a su patria”; y no dirigirá una manifestación por la mañana y comerá por la tarde a la mesa de los opresores. La firmeza de opinión será una de sus características más nobles, pues en lo que creen no aceptarán la relajación ni las facilidades. Si ven que la verdad se halla en una dirección, por ellas dejarán las otras sendas, y en vez de correr por tierras de todos, reprocharán su error y corrupción a aquel que les parezca que los tienen. Son severos consigo mismos, severos con los demás, y si descubren un error en su pensamiento, lo reconsideran sin temor ni vergüenza, porque su objetivo es la verdad, no ellos mismos. Y si descubren que la verdad se halla en un lugar, el hijo negará a su padre, si es preciso, y el amigo se irá de junto a su amigo.

Hoy éstos son pocos. Mañana quizá sean menos, cuando choquen con las dificultades que les esperan y vean que las lamentaciones descienden sobre ellos, y las maldiciones se alzan en contra suya. Pero el futuro es suyo, porque manifiestan los sentimientos de millones de gentes a las que la injusticia ha cortado la lengua. (…)

Cuando los albores de esta nueva época llenan el horizonte, queremos que en todos nuestros sentimientos nobles, nuestros talentos superiores, y no en un solo sentimiento estrecho, se encuentren el renacer y el despertar. Ya no volverá a satisfacernos oír que tal persona es patriota si no es al mismo tiempo humano, alma virtuosa, de generosa moral, pues si el espíritu patriótico no está acompañado de estas cualidades no es más que simple xenofobia.

Y no es eso lo que pretendemos. No pedimos la independencia para aislarnos de los demás pueblos y levantar un dique que nos separe de la cultura humana. No aspiramos a la libertad para vivir en el caos o volver a las tinieblas de la Edad Media. Pedimos la independencia y la libertad porque son, antes que nada, de derecho y de justicia, y porque son también el medio para liberar nuestras cualidades superiores y nuestras fuerzas creadoras, únicas para realizar en este pedazo de tierra, que es nuestro país, nuestra meta -y meta de cada hombre-: la humanidad perfecta (al insaniyyat al kamila).”

4.     “LA RIQUEZA DE LA VIDA” (1936)

“Si se me preguntara por qué me inclino hacia el socialismo, contestaría: lo que de él deseo no es un aumento de la riqueza del trabajador, sino de la riqueza e la vida, y lo que me preocupa no es tanto la igualdad de las gentes en el reparto de comida como que a cada individuo se le proporcione la liberación de sus capacidades y fuerzas. (…)

Nunca he considerado al socialismo sólo como medio para satisfacer a los hambrientos y vestir a los desnudos, porque no me importa el hambriento sólo orque esté hambriento, sino por las posibilidades que en él se encuentran y que no se manifestarán porque el hambre cese. No me parece que comer sea un fin, sino un medio para que el hombre se libere de las necesidades animales y proceda a realizar su deber humano. (…)

Si se me pidiera que definiera el socialismo, no lo recitaría en los libros de Marx y de Lenin, sino que diría: Es la religión de la vida y la victoria de la vida sobre la muerte. Porque nos abre las puertas de la acción por la sociedad y permite que todos los dones y cualidades de a humanidad se abran, liberen, utilicen. Consiste en proteger el predominio de la vida sobre la muerte, no dejando a ésta más que la carne seca y los huesos cariados”.

 

1Ver Carmen Ruiz Bravo. Obra citada. Capítulo cuarto. Apartado “La Raza”. Pág 188. Aqui toma estas citas del escrito “Sabil”, pág. 175.

2FARAH, Elyas. Ob. Cit. Capítulo X “La ideología árabe revolucionaria y la experiencia de la unidad”. Pág. 193. Cita de Aflaq de “Por el Bat`h”, pág. 292-294

3FARAH, Elyas. Ob. Cit. Capítulo VIII “La unidad de lucha y la lucha por la unidad”. Pág. 112.

4FARAH, Elyas, “Evolución de la Ideología Arabe Revolucionaria” Partido Ba`th Arabe Socialista. Capítulo V “El concepto revolucionario de la unidad árabe”. Principios Fundamentales. Pág 63. Editorial Minuesa. Madrid, 1978.

5FARAH, Elyas. Ob y cap. Citados. Pág. 64.

6FARAH, Elyas. Obra y cap. Citados. Págs 64 a 66.

7FARAH, Elyas. Ob. Cit. Capítulo X “La ideología árabe revolucionaria y la experiencia de la unidad”. Pág. 177. Cita de Aflaq de “Por el Bat`h”, pág. 52.

8FARAH, Elyas. Ob. Cit. Capítulo XI “La etapa de los años sesenta: la contradicción entre la unidad y su estado”. Pág. 194 y 195. Cita de Aflaq de “La lucha del Bat`h”, Tomo IV pág. 125.

9FARAH, Elyas. Ob. Cit. Capítulo XI “La etapa de los años sesenta: la contradicción entre la unidad y su estado”. Págs. 196 y 197. Cita de Aflaq de “La lucha del Bat`h”, Tomo IV págs. 131-179

10FARAH, Elyas. Ob. Cit. Capítulo XI “La etapa de los años sesenta: la contradicción entre la unidad y su estado”. Pág. 201-202. Cita de Aflaq de “La lucha del Bat`h”, Tomo IV pág. 181-219

11FARAH, Elyas. Ob. Cit. Capítulo XI “La etapa de los años sesenta: la contradicción entre la unidad y su estado”. Págs. 202-203 Cita de Aflaq de “La lucha del Bat`h”, Tomo IV pág. 181-219

12FARAH, Elyas. Ob. Cit. Capítulo XII “La ideología árabe revolucionaria frente a la separación”. Pág. 210 Cita de Aflaq de “La lucha del Bat`h”, pág. 15.

13FARAH, Elyas, Ob. Cit. Capitulo XIII “La ideología árabe revolucionaria y la experiencia de la unidad tripartita”. Págs. 238-239

14FARAH, Elyas, Ob. Cit. Capitulo XIII “La ideología árabe revolucionaria y la experiencia de la unidad tripartita”. Págs. 240 a 242

15FARAH, Elyas, Ob. Cit. Capitulo XIII “La ideología árabe revolucionaria y la experiencia de la unidad tripartita”. Pág. 248

16FARAH, Elyas. Ob. Cit. Cap. XIV “La etapa de los retrocesos”. Pág. 276

17GHALIOUN, Burhan “Estado contra Nación: La Crisis del Mundo árabe”. Colección Africa Internacional. IEPALA. Madrid 1992. Capítulo “Los fundamentos éticos” Sección 10. “El fracaso del radicalismo”.

18GHALION, Burhan. Obra y cap. Citado.

19GHALIOUN, Burhan. Obra citada. Capítulo 12. “El fin del nacionalismo”.

20GHALIOUN, Burhan. Obra y capítulo citados.

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