IDEOLOGOS DEL NACIONALISMO ARABE: PARTE 1 AMIN EL RIHANI Y SATI AL HUSRI

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DEBATE EN TORNO A LA MODERNIDAD Y LA IDENTIDAD EN ORIENTE PROXIMO CONTEMPORANEO

IV- IDEÓLOGOS DEL NACIONALISMO ÁRABE:  EL PENSAMIENTO  DE AMIN EL RIHANI Y  DE SATI AL HUSRI

Por Ricardo Georges Ibrahim

“El estudio de las representaciones permite precisar las fronteras que separan la identidad de la alteridad. La visión de “los otros”, amigos, enemigos o simples vecinos, es lo que constituye la identidad”1.

Etienne Copeaux

Los nacionalismos árabes y regionales, tienen como meta, en la época que arranca en 1918 hasta mediados de los años 60, que es el periodo de fructificación teórica de los fundadores de estas corrientes, la descolonización. Para ello apelan a reconstruir sociedades desmanteladas y fragmentadas tras la división del Estado Otomano y la ocupación colonial europea, mediante la exaltación de nuevos elementos que permitan la cohesión social, especialmente en torno a la lengua árabe, dada la diversidad de grupos religiosos que caracterizan la zona más oriental de Próximo Oriente,  en particular Levante, Mesopotamia y Egipto. En menor medida la cohesión es buscada en torno a la historia, la geografía y la religión, pero siempre los objetivos serán la construcción de un Estado, en este caso en torno al concepto de “arabidad”, concepto que no se refiere a una “raza”, sino que es lingüístico, y se jacta de ello, pero sin embargo es histórico y partirá de renunciar de alguna manera  a su pasado preislámico, para marcar como hito fundamental del nacimiento de su “nación árabe”, la conquista y expansión de las tribus beduinas islamizadas hacia Siria y Mesopotamia, Egipto y Africa del norte. El factor lingüístico, basado en el prestigio “sagrado” de la lengua del Corán, utilizado como lengua literaria por las elites, y no en las lenguas reales, vivas y habladas de los distintos pueblos será lo determinante para postular su idea de la existencia de una “Nación árabe”, con fuerte nostalgia imperial, que añora a restaurar un pasado mitificado representado por los califatos Omeya y Abbasí, en contraposición con el pasado más reciente de dominio turco otomano, del que reniega. Esto lo distinguirá de ciertas corrientes de nacionalismo turco mucho más modernistas, de los años treinta, que, con su afán de legitimar su nacionalismo en forma “científica” (por cierto, pretensión ésta también de otros nacionalismos y otras corrientes laicas, de derechas o de izquierdas), acude a la antropología racial de Eugene Pitard y su obra “Las razas en la historia” y apela al factor racial por sobre otras consideraciones.

El nacionalismo árabe será asimilacionista y tenderá, no solo a vincularse estrechamente con el islam “árabe”, pretendiendo que el fenómeno del surgimiento de una nación árabe nace junto con  el nacimiento y expansión del islam, sino que además no reconoce en sus territorios la existencia de otros pueblos nación, aunque sí de otros grupos religiosos. En general asimilará como árabes, no solo a las poblaciones arabizadas lingüísticamente, pero en forma desigual y con muchas diferencias lingüísticas entre los diferentes árabes hablados, además de culturales, sino que todos los pueblos semitas serán considerados también “árabes”, tanto de la antigüedad (egipcios, fenicios, asirios, cartagineses, etc) como actuales (amazighs, coptos,  asirios, arameos…hasta somalís)

Esto lo distinguirá de ciertas corrientes de nacionalismo turco, de los años treinta que, con su afán de legitimar su nacionalismo en forma “científica” (por cierto, pretensión ésta también de otros nacionalismos y otras corrientes laicas, de derechas o de izquierdas), acude a la antropología racial de Eugene Pitard y su obra “Las razas en la historia”. En este caso lo que realiza el nacionalismo turco es buscar “raíces turcas” anteriores a las arias, en Europa, Mesopotamia y Anatolia, y para ello, además de considerar “de origen turco” a pueblos como los sumerios, los hititas, los etruscos y otros cuyas lenguas entonces no se decodificaron, presenta como una “prueba”, la existencia de fósiles de poblaciones braquicéfalas (como lo son las razas “amarillas” y los turcos centroasiáticos) en la región e incluso Europa, más antigua que los dolicocéfalos. Lo que se buscaba en realidad era demostrar los derechos de los pueblos turcos a habitar en Anatolia, y que no eran recién llegados de la estepa asiática.

En el caso de los nacionalistas en el mundo árabe, los dos únicos casos en que se utiliza este discurso en alguna medida racial, pero porque representaban en esa época al conocimiento cientifico compartido a nivel mundial, es en el primer caso, el nacionalista sirio Antun Saadeh; que, sin embargo, comienza rebatiendo el argumento de los nacionalistas turcos coetáneos, (con los que comparte matriz de pensamiento filofascista, y del que sin duda también se nutre) diciendo que “en todas las poblaciones hay braquicéfalos y dolicocéfalos”, con lo cual hablar de razas puras es un desacierto, aunque sí también con pretensiones de afirmación científicas, hablará de “sulalas” o mezclas, que moldearon las naciones, para luego asumir con naturalidad una contraposición entre “sulalas superiores e inferiores, o degradadas por mezclas “menos nobles”. El segundo ideólogo que asume ciertas ideas racialistas, promoviendo el matrimonio de egipcios con europeos “para mejorar la raza”, es el socialista egipcio Salama Musa, pensador no nacionalista, que propugnaba un socialismo egipcio, inserto en el mediterráneo, asumiendo como elemento base de su nacionalismo la historia del Egipto faraónico.

En el nacionalismo propiamente árabe, aún en el caso del más otomanista Sati Al Husri, nada de esto aparece, y si aparecen menciones a la raza, es para ser descalificadas. Todos coincidirán en que “Árabe es quien habla árabe y se siente parte de una nación y cultura común”. En la mayoría de los casos, los ideólogos seguirán nutriéndose del mundo de las letras (como en la época de los Jóvenes Otomanos) y fundarán su nacionalismo sobre bases lingüísticas y literarias.

Como su realidad era ya diferente a la de la constituida República de Turquía, dado que se encontraban bajo dominio colonialista europeo, contrapondrán sus ideas de patria y nación, en los pueblos oprimidos, a los nacionalismos expansionistas del colonialismo europeo de entonces.

Y sobre todo, al igual que el nacionalismo turco, que denostaba el periodo otomano, se proponían unir la motivación patriótica a la idea de reforma y modernización, bajo las ideas de “Renacimiento” o “resurrección”(de la patria), siguiendo modelos de organización política de los Estado europeos y sus principios libertarios de la revolución francesa, aunque en algunos casos prevalezca el modelo romántico alemán, con su nostalgia del pasado preindustrial y de las acciones de grandes líderes como motor de la historia, y posteriormente se deje notar la influencia de la Unión Soviética, en forma de dictaduras “socialistas”, de cuña estalinista. No obstante, en general los padres fundadores transmiten la idea de un nacionalismo humanista y emancipatorio, (aunque en el caso de Sati Al Husri, veamos una cara mas cientificista e incluso darwinista social), no dirigido contra otros nacionalismos locales, a excepción quizá del movimiento sionista, que es claramente vivido como un movimiento colonizador europeo, similar a la colonización francesa de Argelia, aunque en algunos casos, especialmente desde mediados de los años 50, los discursos nacionalistas hayan siendo instrumentalizados por elites o nuevas burguesías militares surgidas al calor de los nuevos Estados territoriales, y la influencia sociética mencionada, que esgrimirán discursos nacionalistas, tan solo de fachada, buscando legitimar su monopolio de poder/dictaduras.

Pasemos ahora a ver en detalle los pensamientos de los fundadores o ideólogos más influyentes del nacionalismo árabe. En esta edición sólo me referiré a Amin el Rihani y Sati Al Husri, dejando para la siguiente publicación el pensamiento de Michel Aflaq.

 

AMIN AL RIHANI (1876-1940).

Procedente de los ambientes literarios, este libanes, de una familia católica del pueblo de Freyka, emigrado a los Estados Unidos a la edad de 12 años, es el exponente típico de lo que se conoce como “escritores del Mahyar” (de la emigración). Se dedicó a dar conferencias en distintas universidades americanas referidas a la situación de Palestina, y también era un ferviente nacionalista árabe, “romántico”. Fue miembro de la Academia Árabe de Damasco y de la Asociación de Poetas Americanos. Entre 1921 y 1922 realiza un largo viaje a la península árabe, de lo cual surge su fascinación y apoyo al rey de Arabia Saudita, el wahabí Ibn Saud. Este viaje lo deja atestiguado en su libro “Los reyes de los Árabes” (Muluk Al Arab). En este libro deja plasmado su apoyo a Ibn Saud, en contra de la familia Hashemí, que debía gobernar, según las promesas británicas a los árabes, que luego se demostraron falsas, un Estado Árabe con capital en Damasco, y en cambio debió retirarse a gobernar Iraq.

Su ideología era liberal, pero a la vez, veía en la monarquía la solución del “problema” de la unidad árabe que era su preocupación entonces. Sus referencias al nacionalismo del escritor ingles, Thomás Carlyle, (crítico social seguidor del idealismo alemán de Fitche), al que toma de modelo, lo sitúan también en el campo del idealismo alemán, del que bebió este escritor, y de los nacionalismos no democráticos, siendo que Carlyle, pregonaba la unidad del Estado y el motor de las sociedades, a la emergencia de líderes carismáticos y visionarios, por encima de sus propios pueblos. Para que se den una idea, Carlyle acuño las frases de “la democracia es la desesperación de no encontrar héroes que nos dirijan” y “el avance de la civilización se debe a los hechos de los individuos excepcionales y no de las masas”2. En su romanticismo, desdeñaba la sociedad moderna, industrial, y alababa la estabilidad y valores de la sociedad feudal. También entre los referentes de Rihani está el orientalista francés, Ernest Renan, el mismo que despreciaba como inferiores a los pueblos y las naciones semitas.

Dicho esto, fue el redescubridor del místico sufí Abu Allah Al Maarri, de quien tradujo algunos de sus cuartetos al inglés. En su faceta de hombre de letras (y de teatro) publicó, en árabe, dos volúmenes de ensayos, un libro de alegorías y algunos cuentos y obras de teatro.

Rihani, al igual que Khalil Gibrán, fue influenciado por el poeta estadounidense Walt Whitman, y fue quien introdujo el verso libre en la poesía árabe. Este nuevo concepto floreció en el mundo árabe y siguió al frente de la poesía árabe moderna después de la muerte de Rihani en 1940 y a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

Citas de algunas de las obras de Amin Al Rihani:

1.      PROLOGO DE ” AL MULUK AL ARAB” (Los Reyes de los Árabes) (1924)

“Tenía yo 12 años cuando por primera vez viajé a los Estados unidos. No conocía entonces más que unos rudimentos de árabe y francés, y en mi cabeza no había, sobre los árabes, más que lo que en las escuelas de párvulos libaneses les decían a los pequeños: “¡A callar, niños, que viene el beduino” El beduino y el árabe eran una misma cosa cuando la madre (estudió en un colegio de monjas) nos amenazaba con echarnos el “coco”.

Cuando me fui de mi país, tenía miedo de quien hablara árabe, odio a quien tuviera en sus venas algo de esa sangre, un odio y un miedo secundados por la ignorancia.

El único país del mundo que conocía era Francia. Pero se trataba de un conocimiento adornado con las enseñanzas de las escuelas del Líbano: Francia es el país más grande, noble, rico y alto de la tierra. Es el eje, la capital de la luz, la ciudad de la hermosura; es entre los países como el pavo real (…)

Diez años después, en América, me quedaba asombrado ante la Constitución de los americanos, su libertad de ideas, de expresión, de acción y me atemorizaba su esfuerzo material, la lucha por la vida (…) Me olvidé de Francia, excepto de su literatura.

Fue la literatura inglesa la que me hizo dirigirme a los ingleses, a los cuales encontré, en muchas cuestiones morales y sociales, más elevados que los americanos, o más a mi estilo. Conociéndolos adquirí una ayuda para la batalla que libraba tratando de conocer lo americano, ya que no me conformaba, como los demás sirios de allá, con todas las costumbres americanas. Todo gracias al filósofo Emerson, que con un libro que tiene sobre el carácter de los ingleses me fue guiando, así como me dio a conocer a Carlyle, el primero que me hizo cruzar los mares en dirección a los países árabes.

Sí, puede que parezca absurdo decir que por medio de este escritor ingles conocía Muhammad, el gran señor de los árabes, y por primera vez sentí algo de afecto e interés por éstos (…)

Después de leer el libro de La Alhambra (se refiere a “Cuentos de La Alhambra”), a mis características franco-anglo-americanas se mezcló en algo la imaginación oriental. Comencé a irme en sueños en que vivía yo su gloria pasada y ésta se me representaba viva ante mi”.

2.     LA UNIDAD ÁRABE (1924)

“El origen de la decadencia es un ácido corrosivo que viene de cuatro lados.

Pero existe un factor que se vuelve más importante que las demás causas del engaño y el fracaso, y que es la política secreta internacional. Evitemos la generalización: el acuerdo secreto -porque era secreto- entre Francia e Inglaterra, es decir, el acuerdo Sykes-Picot, la causa más importante de que fracasara la unidad árabe.

La firma de este tratado se efectuó el 15 de marzo de 1916, es decir, diecisiete días antes de que el Jerife declarase la rebelión antiturca. Y mientras Sir Arthur MacMahon negociaba sobre La Meca y hacía pactos con los árabes, Mr. Picot y el coronel Sykes llevaban a cabo el siniestro trabajo de dividir los territorios de Siria en zonas político-económicas azules, negras y rojas, aunque hoy todas son, si se puede hablar de los pueblos de esta manera, negras (…)

¿Podemos afirmar que si no hubiera habido acuerdos secretos entre Francia e Inglaterra anteriores al acuerdo entre Inglaterra y el Jerife hoy estaría realizada la unidad árabe? No hay nadie que no suponga que este acuerdo fue decisivo en el norte, en Siria y palestina, pero no fue tan decisiva su acción destructora en la Península, pues si afirmáramos esto último sólo diríamos media verdad.

La otra media es que el Jerife no se preocupó entonces tanto, ni siquiera aproximadamente, por la Península como por Siria. ¿Qué había en la península sino príncipes enemigos y tribus rebeldes, desiertos y más desiertos? Siria y Palestina, la alquibla de los árabes conquistadores, tenían que formar parte del Hiyaz o viceversa. Para el Jerife no había diferencia, pues en esta unión se realizaría la unidad árabe.

¿No parece esta forma de pensar como la del que se ocupa del tejado antes que de los cimientos? Y la base, ¡Oh árabe!, no son los otros, los de Siria y Palestina, sino que está en el Nayd, el Yemen y el `Asir, en estos príncipes enemigos y sus tribus rebeldes. Si el rey Husayn influye la forma que unan su palabra con la suya, y sus ovejas marchen bajo su dirección, tendrá poder para gobernar, con las dificultades del norte, y cesarán entonces los diferentes colores de las zonas políticas. Pero él, que fracasó en Siria y Palestina, al empezar a no tener autoridad fue cuando comenzó a acordarse de la Península. Y digo esto reconociendo, sin embargo el mérito que  Su Majestad tuvo en la causa antes de ser Rey del Hiyaz.”

3.     UN BLOQUE ORIENTAL (1935)

“Puede que al pensar así me equivoque, pero hasta que las pruebas no me desmientan me mantengo en mi opinión. Los grandes estados europeos quieren el bien mutuo, al menos en sus eternas declaraciones. Pero por lo que a Oriente respecta, el bien primero y mayor lo quieren para sí mismos. Y si hay un bien menor, ¡Qué más les da que disfruten de él los orientales! (…) De esto no cabe duda.

Hay otro hecho que llama la atención de los políticos de este Próximo Oriente, ya sean árabes, persas o turcos. Y es que los estados europeos no consideran al oriente, ni a los orientales, del mismo modo que consideran a sus pueblos, o que se autoconsideran. Tienen dos medidas distintas para las virtudes patrióticas y sociales, dos balanzas diferentes para la justicia.

En efecto, estos estados siguen ambicionando extenderse por Oriente y colonizarlo, y su política continúa siendo una política colonialista, pública o secretamente, claramente o de forma velada. Cambia y se matiza en toda situación menos en la de defender sus intereses y ambiciones y preservar su influencia política y económica (…)

¿Se dan cuenta de esto los políticos de Teherán y de Bagdad? No se trata de un problema de fronteras, sino, en mi opinión, de problema oriental que ponen ambos estados a prueba. La fuerza consistiría en que ambos estados prescindieran de los estados europeos para resolver sus diferencias. Su deshonor se encuentra en que recurran a un estado o a una Liga de esos estados.

¿Qué otra cosa son el Golfo Arábigo y el agua del Mandali sino otras tantas facetas de esta causa nacional oriental? ¿Y qué tiene de bueno un río, o una parte de territorio que me diera un estado europeo, s siembra generosamente semillas de resentimiento y rencor en el pecho de mi vecino, dando mañana como fruto una nueva disputa entre nosotros? ¿No es mejor que el Iraq dé al Irán un pedazo de tierra o que el Irán le regale a Iraq un río entero, si están en relaciones de amistad y concordia y no les agita la política europea ni les corrompen las ambiciones extranjeras? (…)

Los pueblos de este Oriente Medio tienen un solo enemigo: el colonialismo europeo. Los intereses de todos los estados de Oriente Medio estriban en su independencia y dignidad nacionales. Y ninguna de estas cosas se puede preservar actualmente más que por l entendimiento y la amistad, y aún más, mediante la solidaridad y los pactos y no solo entre Turquía y el Irán, sino entre ellos y los árabes.

Uno solo de los grandes estados europeos se basta para dominarnos y hacernos perder la independencia, echando a perder nuestro patriotismo y nuestra más noble herencia nacional. ¿Qué será entonces si se alían dos o tres estados y se extienden y conspiran? ¿No obliga esto a los estados del Próximo Oriente a ser de igual modo solidarios y aliados, al menos en algunos asuntos internacionales, políticos y económicos?

Al hacer esta pregunta desearía que Bagdad, Teherán, Ankara, Riyad y San`a dieran una sola respuesta afirmativa. Si así fuese, la alianza sería una realidad. Dios lo quiera.

Entonces podríamos defender este Próximo Oriente de los peligros del colonialismo europeo. Podríamos solucionar los problemas políticos y zanjar las diferencias que entre estos estados orientales siguieran. Pero no los llevemos ante los estados extranjeros para que éstos los juzguen, porque ellos no quieren para los gobiernos y los pueblos orientales lo mismo que quieren para sí mismos y para sus pueblos.

Tened cuidado con los estados que tienen dos balanzas distintas para la justicia y desmienten todas sus declaraciones políticas con su política colonialista”.

 

ABU JALDUN SATI AL HUSRI (1880-1969)

El más racionalista y de formación enciclopédica del arabismo. Representante de un arabismo de raíz otomana, surgido entre las familias otomanas de origen árabe y clase social alta, nacidos o residentes en Estambul. En su caso, como he dicho, nació en Yemen, el origen de su familia era una acomodada familia de funcionarios otomanos, de origen sirio, por lo que él se educó y vivió en Estambul y formó parte del movimiento de Jóvenes Otomanos, antes de desembarcar en el arabismo, tras la desmembración del Estado Otomano. Carmen Ruiz Bravo, clasifica a Sati al Husri dentro de una categoría en el que se encuentra solo y separado de los otros nacionalistas árabes, como “el arabista metódico”, destacando su claridad expositiva, su abordaje claro y directo, su capacidad de debate y su formación científica, en un ambiente donde predominaba entre los intelectuales formaciones filológicas y literarias.

También, al igual que los ideólogos nacionalistas que se oponen especialmente a gran Bretaña y Francia, Sati Al Husri tenía, al igual que Antun Saade, afinidades con el eje Italia/Alemania, y su nacionalismo, y como todo el pensamiento nacionalista árabe (y sirio), estaba muy influido por el nacionalismo alemán.

Era un experto en temas educativos y tenía un proyecto de Nación Árabe, no basada en la raza, concepto que despreciaba por no científico, sino en la lengua. El suyo era un nacionalismo primero lingüístico, y luego basado en la historia común, en la religión, y en menor medida en la geografía y la voluntad. Por lo dicho, proponía estudiar los dialectos vivos de todas las regiones árabes, no estudiar la filología del idioma basado en libros, para descubrir semejanzas, utilización de las palabras mas frecuentes, nuevos usos que se les dan a las palabras y al lenguaje como algo vivo, en evolución, y todo a partir de un trabajo de campo inusualmente moderno para su época y contexto, muy vinculado a las investigaciones de hoy día de las ciencias sociales, especialmente la antropología. A partir de ello proponía reformar el árabe, simplificarlo y estandarizarlo en planes educativos comunes para minimizar la gran distancia existente, no solo entre los diferentes árabes hablados hoy día, sino entre éstos y el árabe clásico. En este sentido era por una parte claramente modernizador, pero también perseguía la homogeneización de las poblaciones del mundo árabe, a través del sistema educativo, asimilador. Entre sus preocupaciones no se encuentra ni mención a los pueblos no arabófonos del mundo árabe, y sus derechos, estando puesto todo su énfasis en la construcción de una Nación Árabe común, que incluyera al menos tanto a Egipto como al Asia Árabe. Respecto a su afán asimilacionista, consideraba “árabes” a todos los pueblos semitas, aunque hablaran lenguas diferentes al árabe. Una pista de su afán asimilacionista y de arabización, lo tenemos cuando opina de los asirios, como “un cuerpo extraño introducido en el Irak por los británicos”3, y recomienda al gobierno iraquí de Feysal, su dispersión. Tampoco leí entre sus escritos traducidos, preocupaciones que fueran más allá de la construcción del estado y del papel de la educación, o sobre la forma de Estado, separación de poderes o democracia. Pero no significa que no los tenga, sino que quizá se deba a lo limitado del material traducido al español, al que pude acceder.

El panarabismo para Al Husri, no contradice al panislamismo, sino que es un paso que lógicamente se debe realizar antes. Añade además que no cree factible la unión islámica a nivel político, pero sí la fraternidad islámica.

Tampoco contradice las identidades locales, sino que las asume. Así, en debates con Taha Huseyn, se pregunta ¿quién dijo que para asumir la pertenencia de Egipto al mundo árabe, deben destruirse las pirámides y el legado faraónico?, que el arabismo, (recordemos que es para él exclusivamente lingüístico), en todo caso, debe ser complementario, pero no pretende borrar el pasado. Del mismo modo, en su labor pedagógica en Irak durante el periodo en que asistió en temas educativos al Rey Feysal, consideraba a “la Nación Árabe Iraquí”, como deudora de las civilizaciones sumeria, acadia, babilonia, de árabes preislámicos, de Omeyas y Abasíes. Todo ello no obstante, no quita que haya marcado las tendencias asimilacionistas de las minorías étnico-nacionales, en su afán “arabizante”. Estaba muy metida en la mente de todos estos pensadores la idea europeizante de que Un Estado era equivalente a Una Nación, con todas las consecuencias que ello implica en detrimento de la diversidad.

También es un admirador al nacionalismo turco secular, y en sintonía con lo anterior, vió como hechos positivos de éste “la creación de un ejercito nacional, el traslado de la capitalidad, y el traslado de los armenios”4.

Escribe en su libro “Al ´uruba awwalan” (primero, el arabismo), que para que exista una unidad árabe, para realizar una labor en favor de la misma, lo primero que se debe hacer es difundir la idea de arabismo.

Gran polemista, dialoga a través de artículos y publicaciones con personajes políticos vivos y muertos, rebatiendo sus ideas, en pos de su pensamiento panarabista. Así, criticando una frase famosa del líder nacionalista egipcio Saad Zaglul, fundador del partido Al Wafd, entonces ya muerto, quien refiriéndose a la idea de unión árabe la descalificó diciendo “Si se suma un cero a otro cero, ¿qué resulta?” contrapone en 1954, que también existen fracciones, y que se suman.

En otra obra suya “¿Ma hiya el qaumiyya?” (¿Qué es el nacionalismo?), recupera en los primeros capítulos la historia de las ideologías nacionalistas en Europa, poniendo énfasis en el pensamiento nacionalista francés y alemán, afirma aquí su tesis acerca de la vinculación de lengua y nación, al que luego le siguen capítulos sobre la relación del nacionalismo con la voluntad, la economía y la religión. Finalmente se detiene en el desarrollo de las ideas de los que considera los pensadores sobre temas de nacionalismo más importantes: Ernest Renan, Stalin y Al Afgani5.

Algunas citas de textos de Sati Al Husri:

1.      “EGIPTO Y EL ARABISMO. CARTA ABIERTA AL DOCTOR TAHA HUSAYN” (1939)

Creo que el llamar a los egipcios a unirse con los demás países árabes no contiene, bajo ningún aspecto, una urgencia a que renuncien a su egipcianismo, ni les exige -oculta o claramente- que renuncien a él, sino que añadan a su sentimiento egipcio particular un sentimiento árabe general y que actúen por el arabismo al lado de lo que hacen por lo egipcio. ¿Tiene usted alguna prueba de que esto sea una “exigencia absurda” o que indique que el arabismo y el egipcianismo son dos contrarios irreconciliables, dos factores contrapuestos? (…)

Permítame que le pida que me aclare qué entiende usted por “faraonismo”. ¿Se refiere usted a adoptar la civilización egipcia? ¿O a enorgullecerse de la cultura faraónica? ¿O se refiere usted a un resurgir de la lengua, la literatura, la religión y la política faraónica? (…)

¿Se le ha pasado a usted que la oposición y colisión no se producen más que entre cosas que se dan a un mismo nivel, en un mismo mundo, y que la idea del arabismo que actúa en el siglo XX -para las próximas generaciones- no puede oponerse a las ruinas que quedan como herencia de un pasado remoto de más de cinco mil años? Las pirámides, con todas las ruinas faraónicas, no impiden que Egipto esté plenamente unido con los demás países árabes en lo lingüístico. ¿Es qué podrían impedir su unión con aquellos países también en lo político? (…)

Yo soy de los que creen en la unidad árabe y la proclaman no sólo movido por los sentimientos, sino teniendo en cuenta también el interés, y por eso al leer que usted dice “el interés hace marchar a los pueblos”, me dije “Y este interés es el que hará marchar a los egipcios hacia la unidad árabe, más pronto que tarde” (…)

Le agradezco desde lo más profundo de mi corazón sus llamadas a la unificación de la cultura entre los países árabes, porque creo que la unificación de la cultura es uno de los factores más importantes que disponen la marcha de los diferentes tipos de unificación. Y digo sin vacilaciones: “Garanticemos la unidad cultural y yo os garantizo las demás formas de unidad” (…)

2.     “CONSTITUTIVOS ESENCIALES DEL NACIONALISMO” (1951)

“Ninguna investigación científica -derivada de verdades históricas y los descubrimientos de la ciencia humana- deja margen para creer en la existencia, sobre la superficie terráquea, de una sola nación que verdaderamente se derive de un solo origen. Podemos afirmar, con total seguridad, que la unidad de origen y de sangre, en la nación que fuere, no es más que una de tantas fantasías como se apodera de la razón y las mentes y que no se basan en ninguna prueba. Es conveniente, sin embargo señalar que la creencia en la unidad de origen influye grandemente en las almas, aun cuando vaya en contra de la verdad y la realidad.

Uno de los factores más importantes de los que llevan a creer en la unidad de origen y a sentir el parentesco, en los pueblos, es la unidad de lengua y la comunidad de historia.

La lengua es el vínculo espiritual más importante de los que unen al individuo con los demás porque es, en primer lugar, medio de entendimiento entre gentes, y en segundo lugar, instrumento del pensamiento del individuo; finalmente el vehículo de transmisión de ideas y adquisiciones de padres a hijos, de antepasados a descendientes. Por esto encontramos que la unidad de lengua se da como una forma de unidad en el sentir y el pensar que vincula a los individuos mediante una larga y complicada serie de lazos intelectuales y sentimentales (…)

Cuando una nación pierda su lengua y hable otra habrá perdido la vida, y será absorbida por la nación de la que se haya tomado su nueva lengua. No exageramos al decir que la lengua es el espíritu y vida de la nación, su más importante constitutivo y peculiaridad.

La historia es como el sentimiento y la memora de la nación. Se puede decir que los recuerdos históricos aproximan a las almas y hacen que entre ellas exista una especie de parentesco espiritual”.

3.     “EL NACIONAISMO ARBITRARIO QUE PROCLAMAN LOS SEGUIDORES DE ANTUN SAADE ” (1951)

Reflexiones sobre la constitución y métodos del partido:

Al comienzo de la Constitución del Partido Nacionalsocialista Sirio se dice “El Partido Nacionalsocialista se fundó para interrelacionar al legislador, que hace un llamamiento al nacionalismo sirio y a los que aceptan esa llamada, y se basa en que el que fije los fundamentos del renacimiento nacionalsocialista sirio sea el líder del partido durante toda su vida, mientras que los miembros del partido que recojan su llamada y sus principios defiendan su causa y apoyen totalmente las decisiones y actuaciones constitucionales del líder”.

(…) El legislador, que el que ha hecho el llamamiento, es el único que tiene derecho a tomar nuevas decisiones y sus seguidores no tienen más que someterse y apoyarle durante toda su vida.

Las condiciones para entrar en el partido, las precisa el artículo 9 de la mencionada Constitución -promulgada por el propio legislador Antun Saade-, cuyo texto dice “cualquier sirio -varón o hembra- pueden entrar en el Partido Nacionalsocialista Sirio con tal que cumpla los siguientes requisitos:

  1. Haber cumplido los dieciocho años.
  2. No haber pasado de cuarenta.
  3. No haber cometido crimen contra la sociedad o la nación.
  4. Creer en el nacionalismo sirio y adherirse a los principios del Partido Nacionalsocialista Sirio y al régimen de éste.
  5. Estar dispuesto a prestar el siguiente juramento: Juro por mi honor, mi verdad y mi credo adherirme al Partido nacionalsocialista Sirio con toda mi devoción, con auténtica determinación y adoptar con fe sus principios nacionalsocialistas, para mí y mi familia y como lema para mi casa; y guardar sus secretos, no divulgarlos de palabra, o por escrito, con dibujos o inscripciones o por ningún otro medio ni método, ni voluntariamente ni presionado de ninguna forma, y guardar sus normas y leyes, someterme a ellas, respetar sus decisiones, someterme a ellas, ejecutar todo aquello que se me confíe con total lealtad y exactitud, velar por su interés, apoyar a su líder y autoridad. Juro no traicionar al partido, ni a ninguna de sus ramas o individuos, y prestar toda la ayuda que pueda a cualquier miembro activo del partido cuando lo necesite, así como cumplir mis deberes hacia el partido exactamente. Todo esto lo juro yo…”

En este artículo hay varios puntos que llaman la atención y exigen una reflexión detenida:

1º La Constitución exige que el miembro no tenga más de cuarenta años. ¿Por qué? Los cuarenta años, en la mayoría de las constituciones del mundo, son la edad mínima para ser elegido en las asambleas de notables y senado. Y por esta constitución son el límite máximo para entrar en el Partido. ¿A qué responde esto? ¿Se debe a que los que han pasado de esta edad no comprende, no saben, o a que no se pliegan, no se confunden?

2º Parece ser que el que se adhiere al partido no sólo se ata con sus cadenas a sí mismo, sino también a su familia, ya que jura “adoptar los principios del partido con fe para sí y para su familia y como lema de su casa”. Completamente igual que el musulmán o el cristiano, que imponen su religión a sus hijos, todo aquel que se adhiera al Partido Sirio tiene que imponer los principios del partido a sus hijos…. y, aún más, a todos los individuos de la familia (no sé si con esto se incluyen madre, padre, hermanos, tíos y tías).

3º Parece que el juramento incluye el guardar los secretos del Partido. Por consiguiente, el Partido tiene secretos, y secretos muy importantes, que ningún miembro debe divulgar ni de palabra, por escrito o dibujo o grabado, ni por ningún otro medio. Estos secretos sonde un carácter tal que exponen a aquel que los conoce a opresión y odio y se le pide al que los conoce que no confesará, aunque se ejerzan sobre él toda clase de presiones. Entre éstas se incluyen, naturalmente, las que proceden de la seguridad pública y en ocasiones las investigaciones judiciales. ¿Por qué? Las cosas que se conocen sobre el asesinato de Riyad al Sulh en Amman y de Adnan al Maliki en Damasco dan una respuesta efectiva a esta pregunta.

Para formarse una idea clara de cómo ve la gente al “legislador” y “autor del llamamiento”, Antun Saade, nos conviene observar las “reuniones conmemorativas” que se celebran cada año la noche del primero de marzo. El objeto y el espíritu de tales reuniones se manifiesta con toda claridad en el comunicado público hecho por el jefe de entrenamiento y publicado en el periódico del Partido, con esta ocasión en 1951:

“Saludos a la Siria Nacionalsocialista.

Al celebrar la nación un acontecimiento de su historia no se queda en los límites temporales que rodean el acontecimiento o que lo abarcan en un determinado marco temporal. Al celebrar el aniversario del primero de marzo celebramos toda la vida, con su poder, su expansión, su plenitud, sus valores y la progresión renaciente que ha dejado y deja a nuestra generación (…) Al celebrar la nación el aniversario de uno de sus grandes hombres no hace más que celebrar una de sus propias cualidades, un orgullo que tiene y la coloca en el empíreo de las naciones superiores. Cuando celebramos el aniversario del nacimiento del líder, en él celebramos la entrada de la vida, buena, ilimitada. Saade no es para nosotros un héroe que haya ganado una batalla, o un poeta que haya compuesto una malhama, un literato que haya escrito un libro. No simplemente es para nosotros la imagen de la vida, encarnación de su valores, que habla por su boca y expresa su voluntad (…)

Hijos de Siria, ¿Para quien es la vida?: Para nosotros.

¿Para quien vivimos?: Para Siria

¿Quien es nuestro jefe?: Saade

¡Viva Saade! ¡Viva!

¡Viva Saade! ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!”

(…) Las enseñanzas de Saade son para sus seguidores la fuente primera y última de investigación y pensamiento, y los esfuerzos que desarrollen se litarán a ser una búsqueda de mayor comprensión de sus enseñanzas porque “descubren así las realidades del ser, la vida y el arte”. Su procedimiento para descubrir verdades se parece mucho al que seguían los investigadores medievales cuando se remitían en todo a los libros excelsos o a las obras de Aristóteles, dejando de analizar, comentar, o interpretar los textos y palabras que en dichos libros y obras se decían.

Los seguidores de Antun Saade manifiestan lo que creen en este terreno de la forma más clara: las enseñanzas del líder “descubren todas las verdades”. No simplemente “las realidades de la política y la sociedad”, sino también “las del ser, la vida y el arte”.

4.     “CULTURA ARABE Y CULTURA MEDITERRÁNEA”

“Señoras y señores:

Todos ustedes saben que algunos escritores y pensadores de esta ciudad (Beirut) empezaron , hace ya tiempo, a emplear con frecuencia el nombre del Mediterráneo, atribuyéndole una cultura y civilización propias y construyendo sobre ello una nueva “teoría cultural” que tenía una clara meta política.

¿Qué valor tiene esta teoría desde un ángulo científico? ¿Existe algo que se pueda llamar verdaderamente “cultura del mediterráneo”?

(…) La civilización ha llegado a una fase en la que es necesario llamarla “Civilización contemporánea” o “Civilización del siglo XX”.

Vista así, rápidamente la civilización del Mediterráneo, es una fase de la civilización a la cual llegó la humanidad antes de estos últimos siglos y de las grandes transformaciones que en ellos se han producido (mencionó antes la extensión de la civilización europea al continente americano y el desplazamiento del Mediterráneo al Atlántico). Ha quedado detrás, lejos de nosotros. Pero no olvidemos que la lejanía no se mide por el número de siglos transcurridos, pues aunque éstos no son pocos, están llenos de súbitas transformaciones y cambios totales y básicos que agrandan el abismo existente entre ellos y nosotros.

Vivimos ahora en una época excesivamente rápida, en la que el hombre ha visto durante su breve vida unos progresos y evoluciones como no había visto la humanidad en los siglos anteriores en una larga cadena de generaciones.

No hay que olvidar que la civilización del Mediterráneo antes mencionada no conocía el microscopio, el telescopio, el telégrafo, el teléfono, el fósforo, la bencina, el aluminio, el radium, el nylon, ni siquiera imaginaba las comunicaciones por barco, tren, coche y avión, ni las consecuencias científicas e intelectuales producidas por ellos, ni captó las revoluciones sociales que acompañan o se siguen de estos movimientos.

Por todas estas razones podemos afirmar de nuevo que la civilización del mediterráneo fue muy breve y minúscula en comparación con la cultura contemporánea. Podemos afirmar, sin vacilar, que orientar hacia ella las miradas es un movimiento claramente reaccionario.

Vivimos en el siglo XX y tenemos que hacer todo lo posible para adoptar la civilización de este siglo en su forma más elevada, desde sus centros más evolucionados, en sus mejores fuentes (…) sin limitar nuestra mirada a los horizontes del Mediterráneo”.

1COPEAUX, Etienne. “Espaces et temps de la nation turque. Analyse d`une historiographie nationaliste 1931-1993. Introduction. Pág. 22. Edit. Mediterranée. Francia 1997.

2CARLYLE, Thomas, en Historia de la revolución Francesa. Historia de federico II de Prusia.

3RUIZ BRAVO, Carmen.“La controversia ideológica Nacionalismo Árabe/Nacionalismos locales”  Capítulo Tercero “Los pensadores Nacionalistas”. Pág. 120. Instituto Hispano Arabe de Cultura. Madrid. 1976

4Ver RUIZ BRAVO, Carmen. Ob. Cit. Capítulo Tercero “Los pensadores nacionalistas”. Pag. 125

5Ver RUIZ BRAVO; Carmen. Ob y cap. Citados. Página 131.

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