DE LOS ESTADOS PLURINACIONALES A LOS “ESTADOS NACIÓN”. LA LLEGADA DE LAS IDEAS NACIONALISTAS EUROPEAS Y EUROCÉNTRICAS A ORIENTE PRÓXIMO

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III- DE LOS ESTADOS PLURINACIONALES A LOS “ESTADOS NACIÓN”. LA LLEGADA DE LAS IDEAS NACIONALISTAS EUROPEAS Y EUROCÉNTRICAS A ORIENTE PRÓXIMO

Por Ricardo Georges Ibrahim

 

“El olvido, e incluso diría que el error histórico, son un factor esencial en la creación de una nación, y de aquí que el progreso de los estudios históricos sea frecuentemente un peligro para la nacionalidad. La investigación histórica, en efecto, ilumina los hechos de violencia ocurridos en el origen de todas las formaciones políticas, incluso aquellas cuyas consecuencias han sido más benéficas. La unidad siempre se hace brutalmente; la reunión de la Francia del norte y la Francia del mediodía ha sido el resultado de una exterminación y de un terror continuados durante casi un siglo. La esencia de una nación es que todos los individuos tengan muchas cosas en común, y también que hayan olvidado muchas cosas. Ningún ciudadano francés sabe si es burgundio, alano, taifalo, visigodo; todo ciudadano francés debe haber olvidado la noche de San Bartolomé, las matanzas del Mediodía en el siglo XIII1”.

 Ernest Renan (1882)

 “Alcanzar una homogeneidad étnico/cultural en un Estado es compleja dado a que la mayor parte de los Estados son heterogéneos y la homogeneización es posible únicamente si se recurre a la expulsión, la eliminación o la asimilación de los extranjeros”2.

 Montserrat Guibernau (1992)

Para comenzar estas reflexiones quiero retrotraerme a la visión eurocéntrica que en los siglos XVIII y XIX produjeron un imaginario historicista y/o positivista, entre los cuales destaca Ernest Renan (1882) con su escrito “¿Qué es una nación?”, y también Hegel y todas las corrientes derivadas del romanticismo alemán. Estas fueron las fuentes que marcaron el ABC de los discursos y prácticas nacionalistas en Oriente Próximo (y también en otras partes del mundo, incluyendo Argentina), y que postularon ideas que hasta hoy prevalecen, como ser la relación entre “modernización y Estado nación”, o la de que “El destino de cada pueblo para realizarse es contar con un Estado, con una cultura y lengua única”. El precio a pagar para dicha modernización es “el olvido del pasado diverso, y la asimilación activa al Estado nación”. Desde sus perspectivas neocoloniales y eurocéntricas no fueron capaces de visualizar la complejidad organizativa y las posibilidades de una modernidad alternativa en el marco de Estados Plurinacionales, así como no supieron ver la posibilidad y la existencia real en espacios no europeos, de identidades múltiples, como círculos concéntricos en torno a pertenencias étnicas, lingüísticas y Estatales. La modernidad sólo admitía una identidad única, una amnesia colectiva y ruptura con la pluralidad social real, y la imposición por coerción de una nueva identidad nacional unificadora. Grandes dramas de genocidios, exclusiones y conflictividad en Oriente Medio se debe a la copia mecánica de estos discursos y al intento de crear Estados Nacionales “a la europea”, para “modernizarse”, por parte de los nacionalismos turco, árabe, sionista, y otros.

“Es la invasión germánica la que introdujo en el mundo el principio que más tarde ha servido de base a la existencia de nacionalidades. ¿Qué hicieron los pueblos germánicos desde sus grandes invasiones del siglo V hasta las últimas conquistas normandas del X? Cambiaron poco el fondo racial, pero impusieron dinastías y una aristocracia militar a partes más o menos considerables del antiguo imperio de Occidente, que tomaron el nombre de sus invasores3”.

Y aquí ya aporta una de sus ideas que contradicen la de libre adhesión e incluso la de naciones como confederaciones (Suiza): “¿Qué es lo que caracteriza estos diferentes Estados? La fusión de los pueblos que los componen4

Despectivamente se referirá al Estado Otomano, considerando como negativa su diversidad étnica y religiosa. Dirá, comparando a los países germánicos con “Turquía” (que no se llamaba así entonces):

“En los países que acabamos de enumerar no hay nada análogo a lo que encontraréis en Turquía, donde el turco, el eslavo, el griego, el armenio, el árabe, el sirio, el kurdo, son tan distintos hoy como en el día de la conquista. Dos circunstancias esenciales contribuyen a este resultado. En primer lugar los pueblos germánicos aceptaron el cristianismo desde que tuvieron contactos algo continuados con los pueblos griegos y latinos. Cuando el vencedor y el vencido son de la misma religión –o mejor cuando el vencedor adopta la religión del vencido- el sistema turco, la distinción absoluta del hombre por su religión, no puede producirse. La segunda circunstancia fue el olvido de su propia lengua por los conquistadores5

Aparecen ya sus ideas centrales: Fusión y olvido. Y la libre adhesión se esfuma en el realce de conquistadores que se fusionan y crean el “molde de la nación”, además imponiendo una religión “nacional”, única. Y ve al imperio otomano como atomizado, sin posibilidad de cohesión y sentido de pertenencia por su diversidad étnica y religiosa, lo cual es falso además de eurocéntrico. No ve que se sostiene por un tipo diferente de contrato social, donde el individuo forma parte de un millet que goza de autonomía, pero a la vez está muy regulada su relación con el Estado central. Tampoco ve la posibilidad de que las identidades nacionales sean múltiples y que un ciudadano que se sienta árabe, sirio, armenio o kurdo, además de ese nivel de identidad, pueda sentirse otomano. Especialmente porque una sociedad basado en el comercio lejano, tiene ciudades donde conviven y establecen lazos, muchas veces conflictivos, pero otras complementarias, diferentes etnias que se comunican a través de una o dos lenguas francas y que tienen organizaciones no solo étnicas, sino gremiales en las que pueden confluir todas. Pone como ejemplo negativo a Salónica, justamente por la gran diversidad étnica. De allí a postular la necesidad de la homogeneización de las poblaciones nacionales, hay un paso. Lo cual ciertamente implica coerción.

“Una nación es un alma, un principio espiritual. Dos cosas hacen constituir esta alma. La una está en el pasado, la otra en el presente. La una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de seguir haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa6”.

Nuevamente la contradicción. Luego de hablar de lo inevitable de la violencia, por lo que se necesita el olvido, habla ahora de recuerdos compartidos, y de deseo de vivir juntos.

“Una nación es, pues una gran solidaridad constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y de los que aún se está dispuesto a hacer7”.

Aquí finalmente Renan introduce la variable del sentimiento común de cohesión y de solidaridad grupal que se desprende del compartir un sentimiento nacional.

Probablemente, más allá de su aparente contradicción Renan postule un ciclo de construcción historicista de una nación que, siguiendo lo que observa de los modelos germánicos, comienza con algún tipo de coerción/ejercicio de la violencia por parte de una dinastía o conquistadores, que asumen la religión y la lengua de los conquistados, luego opera una suerte de fusión, luego de olvido de los orígenes, y finalmente una acción continua para mantener la solidaridad interna de sus miembros mediante recuerdos (nuevos y comunes) compartidos, que motiven al individuo a querer seguir formando parte “voluntariamente” de esa Nación, y que esté dispuesto a sacrificios en función de sentir que forma parte integrante de un colectivo al que se deben lealtades y relaciones recíprocas de filia, frente a otros grupos, potencialmente enemigos (otras naciones).

El valor de los conceptos de Renan estriban básicamente en que fueron contemporáneos a la elaboración de matrices de pensamiento nacionalista en el coetáneo Imperio otomano, por lo cual esos nacionalismos estarán imbricados en parte de la huella de Renán, en parte de otros pensadores germanófilos que en el caso específico de los nacionalismos de oriente próximo, veremos.

De todas maneras la crítica general que le haría a los intelectuales europeos de esa época e incluso muchos hoy, que naturalizan y traspolan “recetas” de cómo constituir sociedades modernas y cohesionadas, partiendo de sus historias nacionales, de territorios homogéneos u homogeneizados culturalmente, donde el feudalismo y las monarquías impusieron una religión única, y luego la centralización y revolución industrial (o las dinastías medievales, según matices de cada autor) indujeron por coacción, más que por adhesión, a la homogeneización lingüística y cultural. Este marco diagnóstico aplicado a otro tipo de sociedades, como las rechazadas por Renan y otros orientalistas/racistas como “sociedades orientales o “asiáticas” (ver Marx) hace aguas por varios motivos, pero el más claro es el del conocido eurocentrismo que naturaliza, universaliza, y coloca en el cúspide de una jerarquía, a las propias sociedades europeas, y aun sentido único de identidad. Pero ¿Qué pasa cuando son los intelectuales de los pueblos mesorientales quienes asumen acriticamente determinadas ideas, sin distinguir los aspectos positivos del pensamiento modernista occidental (Declaración Universal de los Derechos del hombre, soberanía popular, ciudadanía, democracia, separación de poderes, etc.), de otros accesorios vinculados al poder, y de base incluso racista?

Renan, así como Carlyle, y muchos intelectuales de la modernidad europea, de época colonial, fueron “los hallazgos” y referencias de nuestros intelectuales de las primeras décadas del siglo XX, y fueron las ideas nacionalistas de tipo romántico, además de otras de cuño fascista, las que predominaron en la región, incluso impregnando de fuerte eurocentrismo a las propias nacientes izquierdas.

¿Pero quién fue Ernest Renan? ¿Quienes son los orientalistas y cómo influyeron sus ideas en los diferentes tipos de nacionalismos de Oriente Próximo?

1- Orientales y orientalistas.

Quien mejor “desnudó” la razón de ser de los “expertos en oriente”, coloniales, llegados del mundo de la filología y con discursos complementarios con los de los antropólogos de esa época, darwinistas sociales y tayloristas, fue el palestino Edward Said.

Said considera como “padres” de esta ideología a Silvestre de Sacy, el ya nombrado Ernest Renan, y Edward Lane. Y nos dice que, tras el desembarco de Napoleón a Egipto, y el interés despertado por las potencias europeas en “Oriente”, “Se estableció la figura del orientalista como autoridad central para Oriente; se legitimó un tipo especial de trabajo orientalista especialmente coherente; se puso en circulación en el mundo de la cultura una forma de texto de referencia que en lo sucesivo hablaría por Oriente. Y, sobre todo, la obra de los fundamentadores labró un campo de estudio y una familia de ideas que, en su momento, pudieron formar a una comunidad de eruditos cuyo linaje, tradiciones y ambiciones eran a la vez interiores al campo y lo suficientemente exteriores como para tener el prestigio del público. (…) En vísperas de la Primera Guerra Mundial Europa había colonizado el 85 por ciento de la Tierra. Decir simplemente que el orientalismo moderno ha sido uno de los aspectos del imperialismo y del colonialismo es decir algo irrefutable8.”

Continúa Said su descripción, diciendo que el orientalismo moderno incorpora una lógica sistemática de acumulación: “Acumulación sistemática de seres humanos y de territorios. Reconstruir una lengua oriental muerta o perdida significaba, en última instancia, reconstruir un Oriente muerto o ignorado; también significaba que la precisión, la ciencia e incluso la imaginación de la reconstrucción podían preparar el camino para lo que los ejércitos, las administraciones y las burocracias harían después sobre el terreno, en Oriente. En cierta medida, la justificación del orientalismo no estaba solo en sus éxitos artísticos o intelectuales, sino en su eficacia, su utilidad y su autoridad posterior.9

Podríamos también catalogar claramente al orientalismo con el racismo y las teorías de tendencia biológica de fines del siglo XIX, luego disfrazadas de culturalismo. De hecho en todos estos autores hay en esta época un marcado discurso antisemita, entendiendo por antisemita una acepción amplia y no la que se le da ahora circunscrita a los grupos étnicos de origen judío.

Con los orientalistas de echo nace la idea de familias de lenguas, a partir de protolenguas, que pueden reconstruirse a través del proceso filológico, pero siguiendo la analogía del las clasificaciones de las especies de la biología postdarwinista.

Es la época del “descubrimiento” y fascinación por la India, que hace que si antes los europeos estuvieran fascinados con Egipto y con el hebreo bíblico, ahora lo estén con el sánscrito, como protolengua de los idiomas “arios”, europeos, opuestos a los “semitas”, con presuntos atributos negativos en relación a los anteriores, y sobre lo que construirán todo un edificio teórico, para colocarse los europeos “arios” en el puesto superior de las jerarquías de las sociedades humanas. Así, al anclaje europeo en la civilización clásica griega, se le adicionan el redescubrimiento del origen común indoeuropeo, y los “aportes” de los pueblos germánicos, en la “civilización”, al haber contribuido en el espíritu moderno presuntamente representado, por los Estados Nación y los nacionalismos liberados de ataduras religiosas.

Said menciona que antes los franceses elaboraron la idea de que “Egipto es el origen de todo” (en árabe sigue siendo popular una frase similar, seguramente originada en aquella otra francesa de “Maser oum el dunia” (Egipto es la madre del mundo), mientras que los ingleses con su presencia colonial en la India, desplazaron el eje a “la India es el origen de todo”.

En paralelo, comienzan a acuñarse entre filólogos e intelectuales europeos frases tales como “Asia tiene sus profetas, occidente sus doctores y científicos” o bien “Oriente propone, Occidente dispone” (Edgard Quinet, “El genio de las religiones”, 1832). En palabra de Said, los eruditos europeos, “al decir de Quinet, es que el Este y el oriente cumplen sus destinos y confirman sus identidades en ese encuentro entre Occidente y Oriente“. Nace así la “Actitud erudita del erudito occidental que examina desde un lugar particularmente bien elegido el oriente pasivo, seminal, femenino, e incluso silencioso y débil, y que luego lo articula para hacerle revelar sus secretos a través de la autoridad erudita del filólogo, capaz de decodificar las lenguas secretas y esotéricas, y que persistirá en Renan10“.

Y ya entrando en Renan, el teórico de los nacionalismos que veía irracional o incivilizada, la multiculturalidad del Imperio otomano, Imperio basado en características de una religión semita (la musulmana), Said dirá que cuando Renán accedió a la cátedra de hebreo, su primera lección versó sobre la contribución de los pueblos semíticos a la historia de la civilización…. concluyendo que residía en la “utilidad de su material para las investigaciones europeas“.

Siempre que Renán quería hacer una afirmación a propósito de los judíos o los musulmanes, por ejemplo, lo hacía conservando sus críticas manifiestamente duras hacia los semitas (críticas sin fundamento, excepto según la ciencia que él practicaba). Además el Semítico de Renan, pretendió ser una contribución tanto al desarrollo de la lingüística indoeuropea como a la diferenciación de los orientalismos. Para el primero (se refiere a Silvestre de Sacy), a la forma semítica le correspondía una forma degradada, tanto en un sentido moral como biológico; para el segundo (Renan), (lo semita) era una forma estable de decadencia cultural11“.

Como una rama de Oriente, creada por el ego de Renan, “el semítico no era un objeto natural -como por ejemplo una especie de mono- ni era completamente un objeto no natural o divino, como había sido considerado una vez (por los estudios bíblicos). Más bien el semítico ocupaba una posición intermedia, legitimada en sus irregularidades (la regularidad la definía el indoeuropeo) por una relación inversa con las lenguas regulares (…) Renan siempre trata de realidades humanas concretas – la literatura, la historia, la cultura, la inteligencia y la imaginación- como si se hubieran transformado en otra realidad particularmente desviada, porque son semíticas y orientales y/o que terminan en el laboratorio para ser analizadas. Por eso, los semitasson monoteístas fanáticos que no han producido mitología, arte, comercio, ni civilización; tienen una conciencia estrecha y rígida; en conjunto representan une combinaison inférieure de la nature humaine12

Lo que figura en negrita es una cita textual de Renan en su obra Historia general y Sistema comparado de las lenguas semíticas. Dirá Said sobre esta obra: “Léase una página cualquiera de Renan sobre el árabe, el hebreo, el arameo o el protosemítico y se leerá un acto de poder, por el cual la autoridad del filólogo orientalista selecciona a voluntad de la biblioteca ejemplos de discurso humano, y los remite a ella rodeados por una suave prosa europea que destaca los defectos, las virtudes, los barbarismos y las imperfecciones de la lengua, el pueblo y la civilización”.

Sobre la presunta relación entre lenguas, civilización y anatomía, postuladas por Renan, Said nos lleva a analizar toda la construcción ideológica que éste construye oponiendo binariamente las llamadas por él “lenguas orgánicas”, que serían las indoeuropeas, y las “lenguas inorgánicas”, semitas, “carentes de capacidad de regenerarse, osificadas, irregulares”. Y siguiendo a teorizaciones racistas como las de Geoffroy Saint Hilaire, sobre “la degradación de los tipos”, confirma la imagen de hombre, culturas y lenguas semitas, como una degradación en relación al prototipo indoeuropeo13.

Para finalizar, antes de adentrarnos en el pensamiento de nacionalistas turcos, árabes, sionistas, sirios, egipcios y otros, cierro el tema de Ernest Renan, con una cita suya, donde deja claro lo que pensaba de las “razas y naciones semíticas” asimilado de alguna manera, por muchos intelectuales mesorientales, pese al racismo, el desprecio y la carga negativa hacia gran parte de nuestros propios pueblos.

“Podemos observar cómo en todos los aspectos de la vida la raza semítica parece incompleta debido a su simplicidad. Esta raza -si me atrevo a usar la analogía- es para la familia indoeuropea lo que el carboncillo para la pintura; carece de esa variedad, de esa amplitud y de esa abundancia de vida que es condición de lo perfecto. Igual que esos seres tan poco fecundos que, tras una infancia agradable, solo alcanzan una mediocre virilidad, las naciones semíticas experimentaron su mayor florecimiento en su primera edad, pero nunca fueron capaces de la verdadera madurez”14.

De esto se desprende claramente a dónde pretende llegar y qué desea legitimar: Si los pueblos semitas carecen de capacidad de madurez, necesitan ser gobernados por quienes sí han alcanzado dicha madurez y han creado la civilización, es decir del gobierno y la tutela europeas/indoeuropea/occidental. Los alegatos contra la existencia de “antinaturales” Estados multinacionales como el Otomano, solo presagiaban y ambicionaban la fragmentación en naciones, susceptibles de ser controlada por la combinación de la fuerza y la diplomacia, y completar la ocupación del mundo de entonces por las potencias europeo-occidentales, como efectivamente ocurrió tras la Primera Guerra Mundial.

De todas formas es interesante ver cómo las sociedades bajo diferentes dominios, y con cambios estructurales que permitieron la creación de nuevos intelectuales, hicieron frente al expansionismo europeo, a la vez que intentaban modernizar sus sociedades en torno a “las verdades” consideradas “de avanzada o vanguardia” en ese momento, y que indefectiblemente surgieron en la Europa posrevolución francesa y postrevolución industrial. Muchos nacionalistas tomarán como un “paquete” en forma acrítica e incluso con toda la carga de prejuicios orientalistas y eurocéntricos, las ideas fundamentales de pensadores europeos, para volverlos contra ellos mismos, en forma de la búsqueda de nuevas cohesiones e identidades sociales, en torno a la idea de Estado-nación, que de hecho configuró el mundo actual. El Estado nación pretendía resolver cuestiones como el reconocimiento internacional, en condiciones de igualdad, la educación y escolarización en base a una lengua nacional, accesible a los sectores populares , y la secularización a través de la idea de patria, como algo común, por encima de particularismos religiosos. No obstante generó otros muchos efectos, en algunos casos limpiezas étnicas, etnocidios, desplazamientos de población, y asimilación de nacionalidades y grupos étnicos minoritarios, a los que se negaba de esta manera el derecho a desarrollarse libremente, manteniendo su lengua materna y culturas. En ese sentido las corrientes islamistas, aunque entonces premodernas, fueron mucho mas respetuosas con la idea de diversidad cultural, que las corrientes nacionalistas, porque los sistemas de organización de las sociedades islámicas, mantuvieron Millets donde cada pueblo7cultura gozó de espacios de autonomía, que ahora de alguna manera se pasaban por alto. Pero no vamos a idealizar tampoco un modelo que no asumía la igualdad de sus ciudadanos, en base a diferentes niveles de ciudadanía según criterios religiosos y clasistas.

2- La hegemonía del pensamiento nacionalista en Oriente Próximo (1908-1976).

Me he referido en el anterior artículo “Movimientos de renovación, resignificación identitaria e incorporación de derechos en Oriente Próximo a fines del s. XIX y principios del s. XX”15, a las ideas predominantes en el Imperio Otomano entre los intelectuales de la época y sus corrientes de pensamiento: Otomanistas, Nacionalistas, Panislamistas y modernistas. Hemos hablado de los clubes de pensamiento, las escuelas de traducción y grupos literarios comunes a distintas etnias englobadas en la corriente de los jóvenes otomanos, así como la relación con la Nahda árabe. Veremos ahora con mayor detalle los fundamentos de las corrientes de pensamiento posteriores y en algunos casos continuadoras de las mismas, en el periodo de la primera guerra mundial y la posguerra cuando el Estado Otomano se desmantela y da lugar por un lado a la creación de la república de Turquía, y por otro, en el caso de los países árabes orientales, a una fragmentación organizada por el reparto colonial y la creación de mandatos. Si hasta entonces los movimientos independentistas y nacionalistas árabes se dirigieron contra los otomanos, ahora lo harán contra las potencias que ocuparon y se repartieron las diferentes regiones del llamado Mundo Árabe. En este período, lógicamente desaparecen las corrientes otomanistas, surgiendo otras corrientes como el nacionalismo árabe al que quizá seria mejor llamar panarabismo, así como las primeras corrientes de izquierda y nacionalismos regionales de diverso tipo, junto con nacionalismos locales. Esto en el marco del mundo árabe oriental. Nexos entre el pasado otomano y las corrientes de reacomodamiento nacionalista e islamista que surgen entonces siguen siendo las figuras de Yamal Eddin Al Afgani, y también desde mi punto de vista, el intelectual más sólido del pensamiento nacionalista árabe, Sati Al Husri.

Sobre Al Afgani, Lo más interesante fue que de él arrancaron por igual el pensamiento tradicionalista islámico y el pensamiento nacionalista liberal. Muchos pensadores nacionalistas del mundo islámico, reconocen la influencia que ha tenido Al Afgani sobre ellos. Entre ellos el Ziya Gökalp, ideólogo principal del nacionalismo turco, y el mencionado Sati Al Husri.

Sobre este último, se trató de un intelectual otomano, nacido en Yemen, pero educado en Estambul, cuya familia era oriunda de Alepo, y que ocupó cargos prominentes en la administración otomana de la provincia de Siria, especialmente en el ámbito educativo. De formación científica y no literaria como la inmensa mayoría de los intelectuales nacionalistas de entonces y posteriores a este periodo, tanto en el mundo turco como árabe, formó brevemente parte de los jóvenes turcos, aunque luego se convirtió en el mas lúcido representante de la corriente panarabista.

El último periodo del Imperio Otomano tuvo la marca del nacionalismo turco, desde 1908. Hay autores que piensan que los fuertes nacionalismos griego, búlgaro y armenio de aquel entonces, empujaron a los intelectuales turcos a explorar también la senda del nacionalismo, dejando atrás el otomanismo. Otros intelectuales consideran, por el contrario, que fue el nacionalismo turco, con sus intenciones de turquizar el Imperio y centralizarlo, lo que empujó a los otros pueblos, en especial a los árabes, a querer separarse del mismo. En cualquier caso separaciones traumáticas, donde los nacionalismos para afianzarse recurrieron a la demonización del otro, y a construirse en oposición al otro. Así durante las generaciones siguientes para los turcos los árabes “cometieron una traición” al apoyarse en británicos y franceses para lograr su independencia, mientras que para los árabes fue fundamental el giro dado por el Sultán al reconocer la tutela italiana sobre Libia y otros territorios del Magreb, a los que no pudo defender de las apetencias europeas, así como la turquización.

En 1906, como escisión de los Jóvenes Otomanos o producto de sus disensiones, nacen los Jóvenes Turcos, que en 1907 que crean el Comité de Unión y Progreso, que les sirve de plataforma. En 1908 toman el poder, en un momento en que se torna casi imposible mantener el Imperio. Bulgaria se declara independiente; Austria Hungría se anexiona Bosnia-Herzegovina en 1908; Italia invade Libia en 1911, y en 1912-1913 se producen ataques antiturcos en Macedonia.

“El nuevo Gobierno, en lugar de caminar hacia una política descentralizadora, adopta una política centralista. Pero no sólo el centralismo sino el nacionalismo turco, basado en las ideas de Ziya Gökalp, empiezan a predominar en la nueva orientación. El factor nacionalista turco, en estos momentos, será la gota que colme la situación y haga desbordar al Imperio”16.

Pero lo cierto es que también el último periodo otomano estuvo signado por matanzas, la mas conocida el genocidio armenio y las menos las acaecidas por otras etnias en el mismo periodo: griegos pónticos en el Mar Negro, y asirios/sirianos en el sudeste (Vilayeto de Diyarbakyr y Hakkari). También hubo matanzas por parte de griegos, búlgaros y armenios hacia campesinos turcos en algunas regiones de Anatolia y zona del lago Van y desplazamientos de personas de diversas etnias con motivo de las guerras, especialmente bosnios llegados desde las Balcanes, y tártaros, turcomanos y kurdos, de territorios bajo dominio ruso, que se refugian en el Imperio Otomano, desde Crimea, la frontera ruso/turca/iraní, e incluso Asia central. La realidad fue que frente a las sublevaciones, la represión de los Jóvenes turcos, especialmente bajo las órdenes del ministro de Guerra Enver Bey, se dirigieron hacia la eliminación física o el desplazamiento de grupos étnicos enteros, sin distinciones ideológicas entre quienes se levantaron contra el poder otomano siguiendo idearios nacionalistas y apoyados por potencias europeas, y quienes se mantuvieron neutrales. Lo cierto es que, como dice Carmen Ruíz Bravo:

“Mientras se reorganizan los poderes europeos, el Imperio Otomano camina lánguida, pero inexorablemente, a su desaparición por fragmentación”. Los países resultantes, experimentarán la adquisición de las actuales nacionalidades como un proceso de reducción, de desintegración, de pérdida y la que fue nación núcleo del Imperio, se quedará totalmente aislada del resto y pasará por un largo período de reconstrucción nacional”17

 

3- Los Nacionalismos en el mundo árabe oriental, a partir de 1918.

Cronológicamente el nacionalismo árabe es posterior al nacionalismo turco y armenio, pero no obstante comenzaré centrándome en los nacionalismos en la región arabófona oriental, que desde el Cairo a Damasco y Beirut, se convirtieron en escenarios de diálogos y polémicas entre distintas corrientes de pensamiento, de las cuales la nacionalista árabe se impuso hasta fines de los años 70 como corriente mayoritaria.

Comencemos viendo los aspectos generales, antes de pasar a identificar a los “padres fundadores” del nacionalismo árabe con sus variantes. Estos teóricos y modelos llegan no obstante a la actualidad, ya que los teóricos de referencia, en algunos casos fundaron partidos políticos en el poder o en alianza con los grupos de poder. Excluyo de este análisis a los partidos de matriz islámica, que dejo para otro artículo.

A partir de 1900 y hasta 1952, Carmen Ruíz Bravo identifica cuatro grandes tendencias intelectuales en el mundo árabe oriental (Mashrek):

  • Panislamistas.
  • Nacionalistas
  • Panarabistas.
  • Internacionalistas.

Dirá que a su vez, además de existir entre ellas relaciones de diversa índole, dentro de cada tendencia, se marcarán posturas tradicionales, reformistas, liberales, etc.

Abdallah Laroui, por su parte en “La ideología árabe contemporánea”, habla de tres tipos de hombre, con tres modos de enfocar la realidad:

  • El tradicional.
  • El liberal y
  • El tecnócrata.

Finalmente Anuar Abdel Malek, divide el siglo XX en varias fases, subdivididas en varias etapas donde en cada una de ellas ha predominado una ideología:

 Los comienzos de siglo XX y la preguerra: Vacilaciones entre panislamismo, otomanismo y nacionalismos.

2º La primera guerra mundial: Desaparece el otomanismo. Surge un cierto arabismo. Se mantiene el nacionalismo y el panislamismo.

3º La post guerra hasta 1930: Declive del panislamismo. Auge nacionalista. Se mantiene un cierto arabismo. Primeros indicios de socialismo.

4º 1930-1940: Pugna nacionalismos/panarabismo. Se extienden las ideas socialistas. Cierto resurgir del panislamismo.

5º De la Liga Arabe a 1952: Ambigüedad: expansión triunfante del panarabismo, consolidación de los Estados Nacionales, vinculación del socialismo al militarismo18.

En resumen, los finales del siglo XIX tuvieron un predominio islámico otomano; los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial registran la expansión de los nacionalismos locales y los posteriores a 1945 se presentan bajo el signo del panarabismo socializante.

Para analizar los años que van desde 1918 hasta 1952, tendré como referencia al magnifico trabajo de investigación de Carmen Ruiz Bravo, quien en su libro “La controversia ideológica Nacionalismo árabes/nacionalismos locales”, traduce textos de algunos de los exponentes más relevantes del período, algunos de los cuales fundaron partidos políticos, como es el caso de Michel Aflak, Antun Saade o Musa Salama, mientras que en otros casos, aunque no cristalizaran en formaciones políticas, sus exponentes son referencia obligada del pensamiento árabe contemporáneo.

Cuando Turquía se une a Alemania e Italia en la 1º Guerra Mundial, preocupada por detener sobre todo el avance ruso, es cuando las provincias árabes evoluciona a favor de una alianza anti-eje, que culmina con la campaña militar conocida como “La gran revuelta árabe” (Al Tawrat al arabiyat al kubra) dirigida por el Jerife Husayn de La Meca, aliados con Gran Bretaña, quien les había prometido al bando árabe un Estado unificado que contuviera todas las provincias árabes de Asia.

Este es el primer gran fracaso que sufre el nacionalismo árabe, al ver sustituido su proyecto de “Un Estado Árabe” (circunscrito a Asia, por cierto), por una multitud de pequeños Estados creados por las potencias vencedoras de la primera guerra mundial. Recordemos que las promesas hechas a los árabes por esas potencias, eran falsas y el reparto colonial estaba acordado de antemano, como pudo confirmarse cuando Rusia, luego de la revolución bolchevique de 1917, dan a conocer pactos secretos, en los que ya se acordaba dicho reparto. También las intenciones reales y las maniobras franco/británicas, quedan aún más en evidencia con la declaración de Balfour, de crear un hogar nacional judío en los mismos territorios que entonces eran considerados parte de Siria, prometidos como parte del reino árabe independiente.

En la famosa Revuelta Árabe, retratada por el británico Lawrence, en “Los siete pilares de la Sabiduría”, asimismo, base de una conocida película, se muestra a los árabes como totalmente dependiente de la figura y liderazgo de Lawrence, idea en la cual ya podemos ver el relato Europeo, donde los occidentales son el “principio activo y los “asiáticos”, el “principio pasivo”, poco más que un escenario y unos decorados donde la historia están para girar en torno al protagonista, occidental. La realidad es que en dicha revuelta, no intervinieron sólo beduinos desorganizados, como se muestra en el relato, sino oficiales sirios e iraquíes, que formaban parte de los cuerpos árabes del ejército otomano. Realmente los británicos no estaban interesados en el éxito de una independencia que podría alentar revueltas en la India bajo su mandato y poner en peligro sus accesos, como el del Canal de Suez.

El fracaso de la revuelta árabe o mejor dicho la instrumentalización de la misma, desviándola de sus objetivos, no debería extrañarnos, porque fue el modo clásico de actuación de las potencias europeas en época colonial. Pero en el mundo árabe, tras los más que pobres resultados de las independencias fallidas, se generó un gran debate sobre las causas de este primer gran fracaso. Hay quienes ven los fallos en la falta de unidad de mando y objetivos de la familia hashemi, otros directamente en sus rencillas dinásticas y falta de compromiso e interés por parte de esta familia para crear un Estado moderno como pretendían muchos intelectuales y sectores sociales ilustrados árabes. En cualquier caso, este episodio muestra y marca, la bifurcación del incipiente movimiento nacionalista árabe en dos sectores irreconciliables, uno de tipo dinástico, conservador, tradicional, y otro de tipo modernista, constitucional, ciudadano.

4. La Revolución egipcia de 1919.

Egipto llega a un acuerdo con Gran Bretaña y accede a la independencia, convirtiéndose Ahmad Lutfi Al Sayyid en héroe local. Hablamos de un nacionalismo local y de características modernas, pero que tras este logro en Egipto moviliza las luchas de otras regiones árabes bajo dominio francés y británico.

Mientras en Siria, se produce la derrota de Maysalun contra Francia y Gran Bretaña, por la que el rey Faysal, proclamado rey de lo que sería hoy la Gran Siria e Iraq, debe salir exiliado a Irak, dejando Siria y Líbano en manos francesas.

Es en el Mahyar (los emigrantes) donde surgirán intelectuales que mantienen viva la llama del Arabismo, tanto en Francia como en Estados Unidos, tomando como modelo los ideales de la Revolución Francesa y la democracia americana con sus sistemas federales. De América proviene Amin Al Rihani, cristiano, de origen libanés, quien por un lado tiene un discurso liberal y anticolonialista de talante romántico, y realiza un viaje a la península arábiga, donde describe la vida de los reyes árabes de entonces y comienza a tomar partido a favor de una unidad árabe de los países asiáticos, con el monarca Ibn Saud como rey de este Estado árabe (en oposición a los partidarios de la unión bajo la familia hashemí).

Comienza la época en que cobran auge los nacionalismos locales egipcio y sirio. Retrocede el panislamismo y el Islam tradicional, y con ellos la idea del califato, especialmente porque en Turquía se produce la revolución de Ataturk que anula el califato y crea una república sobre bases laicas y modernas. De esta forma los sectores antes panislamistas, deben reacomodarse, para lo cual se nutren de nacionalismo árabe, teniendo como antagonistas a los nacionalismos locales. En 1925 Ali Abd al Raziq publica “El Islam y los fundamentos del gobierno”, siendo una obra reformista islámica clave, porque cuestiona las bases islámicas del califato, con argumentos extraídos del propio Islam y desde ideas nacionalistas liberales.

Otro hecho se suma a la abolición del Califato, para dar un duro golpe al panislamismo: el fracaso del Congreso de La Meca, convocado por el wahabí Ibn Saud, con aspiraciones a asumir como Califa, pero en el cual no se llega a ningún acuerdo, concluyendo el congreso tan solo con un acuerdo de conceder la “Guardia de los Santos Lugares”, al jerife mequí Ibs Saud, desplazando en cierto modo al jerife Husayn.

Egipto mantiene entonces sus propias peculiaridades y experiencia independentista al margen del arabismo.

En la zona asiática del próximo oriente, en cambio los movimientos nacionalistas sí mantuvieron elementos de arabismo, ya que al revolución que realizaron contra los turcos, tuvo esta idea como base. A pesar de la derrota del movimiento, y la fractura de la región, sigue existiendo un núcleo fuerte de nacionalistas que siguen defendiendo en sus escritos sobre la necesidad de la unidad. Entre ellos Qustantin Zurayk, Amin AL Rihani, y Muhammad Yamil Bayham. Podríamos calificar a estos intelectuales como que perseguían la unidad de una Siria que llamaban “natural” o “histórica”, pero con carácter árabe. Este nacionalismo se enfrentaba a una serie de pequeños nacionalismos en los que se había dividido el país, siendo el más poderoso el nacionalismo libanés, que se consideraba no árabe para no incluirse en la Gran Siria.

Para comprender el Estado en que queda reducida Siria después de habérselas prometido unida e independiente, basta ver cómo fue el reparto franco-británico de la zona: entre 1920 y 1922 Francia crea seis unidades independientes. Al sur se han creado Jordania y una especial situación para Palestina, donde en virtud de la Declaración Balfour, se establecería un hogar nacional judío. Al norte, la zona de Mosul, se revela particularmente codiciable, no decidiéndose su destino hasta 1924, en que pasa a formar parte del Iraq, que ha sido ocupado por los británicos. El Líbano, pretende formar una nacionalidad independiente, y se va creando un núcleo independentista y nacionalista, especialmente vinculada a determinados grupos cristianos. En 1919 el jefe de la delegación libanesa en la Conferencia de Paz, patriarca Ilyas Muwaky, pide la independencia total para el Líbano (que no se le concede) a cambio del Mandato francés sobre toda Siria. La característica inicial de este nacionalismo libanés, que tiene como “enemigo” directo al nacionalismo sirio, es renunciar o negar los caracteres árabe y musulmán, acudiendo en ocasiones al fenicianismo, o al mediterraneismo. Al lado de esta corriente, coexiste una tendencia favorable a la unidad de toda Siria, que apoya las conclusiones del Congreso General de Sirios de Bayt Yasin, de 1928, en que se pide la unidad de la “Siria Natural”19.

En el Iraq bajo dominio británico, que seguía luchando tardíamente por su independencia, surgiría uno de los grandes teóricos del arabismo, el mencionado Sati Al Husri, que hablaba árabe con acento turco y tras residir en Siria es luego llamado por Feysal a Irak, donde se radica y escribe, aunque siguió una vida itinerante.

La península arábiga, se encuentra encerrada en sí misma, gozando de una independencia incomunicada. El pensamiento allí no produce ningún gran ideólogo.

Tras la independencia, gana en Egipto el partido Wafd y alcanza popularidad el líder Lufti Al Sayyid, defensor del lema “Misr lal misriyyin” (Egipto para los egipcios), que sería también copiado como lema por el libanés Antun Saade, con su “Siria para los sirios”.

Por su parte hay muchos sirios afincados en Egipto, y también conforman numerosos partidos. Tienden a una matización árabe y a ser puente entre Siria y Egipto. Son sirios egipcianizados, que serán un verdadero fermento político y cultural que aproxima a intelectuales de ambas zonas.

Una curiosidad respecto a los nacionalismos en el mundo árabe, es que en ellos han tenido mucho peso intelectuales de las minorías cristianas. A pesar de su poco peso demográfico, tuvieron acceso a educación moderna y en diversas lenguas, en colegios fundados por misiones católicas y protestantes. En estos casos y época, los cristianos, especialmente sirios y libaneses, asumieron la historia sagrada del Islam y el profeta de esa religión, Muhammad, como elemento secular de la historia árabe, y como parte de la espiritualidad del pueblo árabe, creador de una cultura islámica, en paralelo a la práctica religiosa, y una nación árabe.

Otra curiosidad de esta época es la relación de los descubrimientos y redescubrimientos arqueológicos (especialmente entre 1920 y 1939), con las identidades nacionales. En este caso no vinculado al nacionalismo árabe, pero sí al nacionalismo egipcio, fenicianismo en Líbano (y también en Túnez) como un nacionalismo separado del sirio, y también sin dudas aportando un nuevo orgullo nacional a otros nacionalismos locales o regionales, como el mediterraneismo, y los nacionalismos iraquí, persa, el armenio, el hebreo y el asirio.

5. 1930 a 1945.

En estos años aparecen nuevos partidos, se forma una ideología panárabe poderosa y comienza a difundirse el socialismo. Es la época de la guerra de Palestina, y las independencias de Líbano y del Iraq y de la creación de la Liga de Estados Árabes (1945). Entre los partidos que se forman en esta época en el Oriente árabe, se encuentran el Baath (Resurgimiento o Resurrección), fundado por Michel Aflaq, en Siria. En los mismos años Antun Saade funda el Hizb al Watani al Ishtiraki al Suri o Partido Nacional-Socialista Sirio, en Líbano. Entre los numerosos partidos libaneses aparece Al Kataeb al Lubnaniya (Falanges Libanesas), en Palestina el Partido Árabe Palestino, el Partido de la Reforma y el Partido de Defensa Palestino (Hizb al Difa al Filistini).

Aflaq y Saade comparten el hecho de ser cristianos, pero mientras el primero con formación francesa, propugna la unión de todos los Estados Árabes, Saade, profesor de la Universidad Americana de Beirut, propugna la unión de lo que considera la “Siria histórica”.

En cambio las Falanges Libanesas pretenden ser un partido nacionalista libanés, de ideología tradicionalista y anclando aparte de su legitimidad en el pasado fenicio de Líbano, además de ser un partido confesional vinculado a la comunidad maronita exclusivamente.

El partido de Saade y las Falanges Libanesas, cada una a su modo, comparten idearios fascistas, laico y pansirio el primero, confesional y puramente libanés el segundo. Pero también en esta época se crea en Egipto otro partido de inspiración fascista Misr Al Fatat (La Joven Egipto), cuyo nombre y pensamiento remite al modelo de los Jóvenes Turcos. Y en Palestina, la difusión del fascismo es clara en el concepto de nacionalismo del que es portadora la corriente mayoritaria del sionismo, no toda, caracterizada por su racismo y agresividad, y la creación de un ejército clandestino el Haganah, famoso por sus métodos terroristas y masacres cometidas en aldeas palestinas.

Además de estas corrientes, en Egipto nace el primer partido socialista recién en 1920, el Partido Socialista Egipcio, fundado por el cristiano copto Salama Musa.

Por supuesto en Egipto así como en el resto de países árabes, tienen presencia partidos de corte islamista, como Los Hermanos Musulmanes, partido fundado por Hasan Al Banna, en 1927.

6. 1945-1952.

En esta etapa se establece por parte de las Naciones Unidas la partición de Palestina, aceptada por Jordania y rechazada por otros Estados Árabes. Convengamos que entonces dos tercios de la población de este territorio era árabe, mientra que el tercio restante era mayoritariamente población inmigrante de origen judío.

Carmen Ruiz Bravo menciona como característica de este período (su libro llega a analizar sólo hasta 1952), que los cambios de la estructura social en los países árabes recién independizados, especialmente el mayor acceso a educación, el surgimiento de nuevas clases de funcionariado de clases medias en los nuevos Estados, y cierta industrialización, lleva a la creación de los primeros sindicatos y a la toma de una mayor conciencia política por parte de las masas, que comienzan a organizarse, rompiendo en cierto modo el periodo precedente de élites aristocráticas que cultivan las artes y las letras y que discuten sobre “lo político”.

Por la extensión, que no permitiría profundizar como pretendo en las matrices de los pensamientos nacionalistas en el mundo árabe y oriente próximo, dejo para siguientes entregas, el desarrollo de las ideas y algunos textos de los fundadores de las diversas corrientes de pensamiento nacionalista, como los nacionalistas árabes Amin el Rihani (1876-1940), Abu Khaldun Sati Al Husri (1880-1969), Michel Aflaq (1910-1989); el nacionalista sirio Antun Saade (1904-1949), y los mediterranistas y egipcianistas Taha Hussein (1889-1973) y Salama Musa (1887-1958), éste último, fundador del primer partido socialista en el mundo árabe, en Egipto. En entregas posteriores me referiré al nacionalismo turco y otros nacionalismos de oriente próximo, de matriz ideológica occidentalista.

1 RENAN, Ernest “¿Qué es una Nación?” (1882). Prólogo de 1889. Editado en Madrid, Instituto de Estudios Políticos. 1957. Págs. 84/85

2 GUIBERNAU, Montserrat. Ob. Cit. “Identidad Nacional y cultura: un análisis crítico de la teoría del nacionalismo de Ernest Gellner”. Pág.104. Antropología. Revista de Pensamiento Antropológico y Estudios Etnográficos Madrid: Asociación Madrileña de Antropología, 1992 núm. 9

3 Ob. Cit. Pág. 79

4 Ob. Cit. Pág. 80

5 Ob. Cit. Págs. 80 y 81.

6 Ob. Cit. Pág. 106

7 Ob. Cit. Pág. 107

8SAID, Edward. “Orientalismo”. Segunda Parte “Estructuras y reestructuras del orientalismo”. “Fronteras trazadas de nuevo, temas redefinidos, religión secularizada”. Pág. 173.Editorial Debate S.A.2002, España.

9SAID, Edwuard. Obra y cap. Citados. Pág 174.

10SAID, Edward, Obra citada. “Silvestre de Sacy y Ernest Renan: la antropología racional y el laboratorio filológico”. Pág. 192.

11SAID, Edward. Obra y capitulo citados. Página 196.

12SAID, Edward, Obra y capítulo citados. Pag 197. Aqui el entrecomillado y en negrita es una conclusión de Renan, tomada de su obra “Historie Generale et systeme comparé des langues sémitiques”, donde reflexiona sobre las presunta relación entre la lingüística y la anatomía.

13Aqui Said nos remite nuevamente a la obra ya citada de Renan. Ver SAID, E. Obra citada, pag 199.

14SAID, Edward. Ob. Cit. “El Estudio y la experiencia de Oriente: los requisitos de la lexicografía y la imaginación”. Pág. 207. La cita corresponde a Obras completas de Ernest Renan (1885) cap 8. Pag 156.

15Ver https://entretierras.net/2013/10/10/ii-movimientos-de-renovacion-resignificacion-identitaria-e-incorporacion-de-derechos-en-oriente-proximo-a-fines-del-s-xix-y-principios-del-xx-por-ricardo-georges-ibrahim/

16RUIZ BRAVO, Carmen. Ob. Cit. Cap 2. Pag. 66

17RUIZ BRAVO, Cármen. “La controversia ideológica Nacionalismo Arabe/Nacionalismos Locales. Oriente 1918-1952”.Instituto Hispano Arabe de Cultura. Madrid. 1976. Págs 64 y 65.

18Ver RUIZ BRAVO, Cármen. Ob. Cit.Capitulo segundo.

19Ver RUIZ BRAVO, Carmen. Ob. Cit. Pag 85.

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