II- MOVIMIENTOS DE RENOVACIÓN, RESIGNIFICACIÓN IDENTITARIA E INCORPORACIÓN DE DERECHOS EN ORIENTE PRÓXIMO A FINES DEL S. XIX Y PRINCIPIOS DEL S. XX.

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II- MOVIMIENTOS DE RENOVACIÓN, RESIGNIFICACIÓN IDENTITARIA E INCORPORACIÓN DE DERECHOS EN ORIENTE PRÓXIMO A FINES DEL S. XIX Y PRINCIPIOS DEL S. XX.

Por Ricardo Georges Ibrahim

 

 

Hace mucho tiempo, un buen día los pintores orientales se encontraron con los pintores occidentales y les dijeron: vengan a participar de un concurso y aquel que pinte mejor recibirá un regalo. Diez pintores de Occidente se encontraron entonces con diez pintores de oriente y se retiraron a un lugar cerrado. Les dieron un gran muro a los pintores occidentales y un gran muro a los pintores orientales. Colocaron una cortina entre ellos para que no se vieran. Los orientales comenzaron a pintar su muro: árboles, rosas, verdor, pavos reales, agua, hombres sentados a la sombra… ¡Hermoso! Durante ese tiempo, los occidentales tomaron el pincel y recubrieron su muro sólo con laca. El concurso duró una semana. Al término de ese plazo, cuando sacaron la cortina del medio, el muro de los orientales empezó a brillar en el muro –laqueado- de los occidentales. ¡Y se veía mejor!”

Cuento Mardinense citado por George Grigore, en “L´arabe parlè á Mardin”.

¿Qué cambios de percepciones comienzan a generarse entre las élites otomanas en relación al estancamiento institucional, social, educativo, militar y tecnológico de los pueblos del Imperio y cuales las respuestas políticas y el debate de la época para incorporar las nuevas ideas y nuevas formas de pensar no tradicionales que permitieran avanzar en todas las esferas y salir de la decadencia y el estancamiento que un pensamiento sumamente conservador y tradicionalista había mantenido al Estado al margen de los avances científicos, filosóficos que llevaron a la revolución industrial a Europa y a la revolución cientifico tecnológica en el siglo XIX?

Tras haber cultivado durante varios siglos el desprecio y la indiferencia hacia Europa, a la que consideraba atrasada e inferior, el Imperio otomano descubrió a partir de sucesivas derrotas que algo había cambiado, que de pronto se hacía patente una avasalladora potencia militar y tecnológica en el campo europeo, y se ponen en marcha las primeras medidas para modernizar “desde arriba” al Imperio. Las aristocracias y élites comienzan a importar primero la estética europea en sus nuevas mansiones, moviliario y vestimenta, y se adopta el idioma francés como lengua diplomática y de cultura, sustituyendo al árabe y al persa. Y como el ámbito militar era el que más preocupaba, las primeras medidas emprendidas por el Estado consisten en traer consejeros militares europeos como asesores, entre los años 1770 a 1774.

Posteriormente, con la difusión no solo de las tecnologias europeas sino de las ideas que trajeron las elites que pudieron tener acceso a educación extranjera y frente a demandas sociales crecientes por parte de sectores nacionales de los distintos pueblos que comenzaron a hacer propias las ideas de igualdad, fraternidad y libertad e incluso posteriormente comenzarían a utilizar la imprenta para publicaciones en sus propias lenguas (esto algo más tardíamente, hacia 1880), comienza un verdadero período de reformas estructurales en tres fases, a las que se les da el nombre de Las Reformas del Nuevo Orden (Tanzimat). Quizá el antecedente previo de que los tiempos habían cambiado y que un nuevo tipo de intelectuales y funcionarios del Estado más profesionales y tecnócratas desplazarían a las instituciones y sectores tradicionalistas fue la eliminación del cuerpo de jenízaros por parte del sultán Mahmud II en 1826. Este sultán también crea las primeras escuelas secundarias bajo control del Estado (laicas) y no religiosas. Contratando especialista europeos, crea las primeras escuelas de ingenieros, de medicina, cirugía, academia naval y academia militar. Y una innovación importante fue que por primera vez escuelas superiores estaban abiertas para cualquier súbdito otomano, sin distinción de raza o religión. Y creó una Oficina de Traducción, cuya función principal era formar a los futuros intérpretes llamados a transferir la sabiduría de Europa al imperio. También se le debe a Mahmud II el cambio de indumentaria más a la europea, pero creando un estilo propiamente otomano europeizado. Así en 1829 introduce el uso del “fez”, también conocido como “tarbush”, en sustitución del “turban” (turbante), y como elemento diferencial al sombrero europeo. Nace la época de los señores con grandes bigotes, indefectiblemente sin barba, con bastón y tarbush, que podemos apreciar en fotos antiguas del siglo XIX.

A Mahmud II, le sucede en el trono el sultán Abd el Mayid I, quien en 1839 promulga una primera disposición imperial con las primeras reformas de calado, llamadas Gülhane”. Asumen la forma de leyes que se presentaban como conformes con la Sharía basadas en “la inviolabilidad de la vida, de la propiedad y del honor, y aplicables a todos los musulmanes y a todos los miembros del resto de las comunidades religiosas (millet)”. Se considera a este documento, aunque no se tratase de una Constitución, como el más antiguo documento constitucional elaborado por un país musulmán. Proponía entre otras cosas, limitar el poder arbitrario del sultán y su posibilidad de legislar en los ámbitos no concernidos por la Sharía, es decir el nuevo derecho secular llamado “qanun” (del griego canon = ley), palabra que seguimos utilizando en el árabe para referirnos a las leyes. Las libertades individuales que otorga son mínimas y los judíos y cristianos no son reconocidos como iguales a los musulmanes 1.

Pero en 1856 aparecen las segundas reformas, bajo presión de las potencias europeas y como resultado de la guerra de Crimea. Estas segundas reformas se conocen como “Islahat Fermani” y por primera vez en la historia de un Estado musulmán, al menos en papel, se garantizaba a todos los súbditos del Imperio una libertad total en la práctica de su religión, prohibía cualquier discriminación de índole religiosa, lingüística y étnica, y prometía el acceso de todos a los cargos públicos, la igualdad ante la justicia y la reforma de los códigos penal y mercantil. Todo súbdito del Imperio, musulmán, cristiano o judío, se convertía en otomano2. Esto en sí es una profunda revolución, aunque legal, ya que hasta entonces la categoría de osmanlí u otomano, estaba reservada a una clase social aristocrática que debía reunir ciertos requisitos:

1) Profesar lealtad al sultán y a su Estado.

2) Aceptar y practicar la religión musulmana y todo el sistema de pensamiento y acción que eran parte integrante de ella.

3) Conocer y practicar el complicado sistema de costumbres, comportamiento y lenguaje conocido como “la manera otomana” . De lo contrario, se formaba parte de los “protegidos” o rayas.

Siguiendo la voluntad del anterior sultán, Mahmud II, la separación de la religión y el Estado estuvo muy clara en todos los nuevos códigos de leyes adoptados luego de 1856. Se crea un Código Mercantil, a imitación del francés, y por primera vez, en el Código Penal adoptado en 1858 (tomando como modelo el código penal francés) se aceptaba como válido el testimonio de un no musulmán contra un musulmán, lo que generó resistencias para quienes veían estas medidas de igualdad como “un agravio a la Sharía”.

Se quitó del ámbito del derecho musulmán y de la jurisdicción del Sheij al Islam, un código civil nuevo, llamado Meyelle, que se aplicó en nuevos tribunales seculares, bajo el control del Ministerio de Justicia.

Simultáneamente cobraban peso las escuelas del Estado, los liceos e institutos, abiertos a todos los súbditos y en los que se educaba en francés, perdiendo las madrasas musulmanas el monopolio del que antes gozaban.

Según cita Zarcone, “La cuestión de la apostasía, por ejemplo, provocó apasionados debates. Si bien, según el derecho musulmán, la conversión de un musulmán a otra religión estaba siempre castigada con la muerte, bajo la presión de los diplomáticos europeos, fue conmutada por el exilio. Por último, la igualdad entre musulmanes y no musulmanes era considerada por los ulemas una herejía. La disociaición de 1856 fue para ellos un día de llanto y duelo3.

El odio contra los dos últimos sultánes y contra las medidas de reforma fue subiendo considerablemente en los sectores religiosos y tradicionalistas y en 1859 ulemas y jeques sufíes de la orden Nakshbendiya, la más poderosa, conservadora y ortodoxa del Islam suní, confabularon en secreto con los militares y algunos intelectuales, para derrocar al sultán y poner fin a las reformas del Tanzimat. Provocaron un levantamiento denominado Kuleli, que fue sangrientamente reprimido. También provocaron otra insurrección en el mismo periodo, cuando los ulemas llegaron declarar “daar-ul-harb” (territorio de combate) a la propia ciudad de Estambul, lo que equivalía a considerar a la capital del Imperio como “bajo el control de infieles y sometida a la yihad4.

1- Un nuevo tipo de Intelectuales entre Estambul, El Cairo y Paris.

Si quieres comprender el mundo

has de aprender la lengua de Europa.

En ella se ha desarrollado la ciencia.

No desdeñes su estudio.

Sin él, nadie puede ser un poeta perfecto.

Su conocimiento no te hace infiel.”

ZIYA BASHA

A mediados del siglo XIX surgen los conocidos como “Jóvenes Otomanos”, inspirados en los carbonarios italianos y que surgen de círculos literarios, dedicados a la poesía, muchos de ellos egresados de las nuevas escuelas seculares y otros funcionarios o personas vinculada a la Oficina de Traducción. Comienzan a leer, traducir y reflexionar en torno a las nuevas ideas políticas, filosóficas y sociales traídas de Europa, pero también del propio patrimonio histórico islámico, con lo cual asumen un lugar claramente modernizador, pero que se opone a reducir a la forma autocrática y puramente instrumental de introducir reformas desde arriba, sólo para fortalecer la cohesión y la autoridad del sultán. Critican a los burócratas del Tanzimat que no hubieran sabido resistir las presiones europeas y hubieran abierto de par en par las puertas del país a la penetración económica occidental.

Al igual que ocurriría unos años después en El Cairo, donde se dan cita los exiliados turcos y de otras etnias de Estambul, con los intelectuales de la llamada “Nahda (renacimiento) árabe”, que se inspiran e inicialmente forman parte del mismo movimiento que los Jóvenes otomanos, intentaran recuperar la tradición racionalista de los mutazilíes (la doctrina abierta que, bajo patrocinio abbasí, llevó a la civilización árabe a los mayores logros tecnológicos, sociales y culturales en los siglos VIII y XIX, con los famosos califas Harun Al Rachid y su hijo Al Maamoun). En el caso de los intelectuales turcos, se sumaba también a su bagaje la recuperación del pensamiento místico y ampliamente ecuménico del místico andalusí Sheikh “Muheddin” (El vivificador de la religión) Ibn Arabi, quien en el s. XIII deja su Murcia natal para viajar a Oriente, donde vive unos años en Konia (entonces capital del Sultánato de Rum), donde nace otra orden sufí de características similares, fundada por Yalal Eddin Rumi, la mevleví. Yamal Eddin Rumi, transmite sus enseñanzas en Konia, antes de morir en Damasco, donde también residió.

Pero todo este movimiento no era homogéneo y había desde personas que abogaban, la mayoría, por un sultánato constitucional y controlado por un parlamento, hasta quienes querían abolir directamente el califato/sultánato. Había corrientes que abogaban por transformar el Estado en una federación de pueblos, y otros que querían un Estado centralizado y con preminencia turca, en clave nacionalista, que darían origen con posterioridad al movimiento de los “Jóvenes turcos”. En un contexto mayor, entre 1882 y la primera guerra mundial, el abanico de posiciones en el seno del Estado Otomano es más amplio pudiendo añadir y de alguna manera oponer al pensamiento de preminencia “otomanista” de los Jóvenes otomanos, pensamientos nacionalistas que, aunque se habían desarrollado existían anteriormente entre algunas nacionalidades del Imperio como armenios, griegos, búlgaros y serbios, no tenía hasta entonces mayor relevancia entre los propios turcos. Sin embargo, al calor de los escritos de Ernest Renan “¿Qué es una Nación?”, publicado por este orientalista francés en 1882 y por el movimiento romántico alemán que siguiendo a Hegel vincula en forma mecánica el Estado como la “encarnación y aspiración máxima del espíritu de un pueblo”, se le da una legitimidad al “Estado nacional”, como modelo “racional”, y “natural”, herramienta única de “modernización” y de progreso de los pueblos, siguiendo el modelo francés y alemán, y poniendo como contramodelo de “atraso” e “irracionalidad”, al que “hay que superar” (léase desmembrar), al Estado Otomano (y también al Austrohúngaro), en tanto Estado plurinacional.

Es curioso que hoy incluso hay una tendencia fragmentaria para el análisis de este momento histórico en el Imperio otomano y en el Egipto en la práctica autónomo bajo los Mamelucos, El Jerife Ismail y Muhammad Ali, cuando las élites intelectuales y el tipo de reformas que se impulsan son las mismas y no puede entenderse la Nahda árabe sin entender el contexto general de las ideas y las reformas en el mundo otomano, pero las lecturas nacionalistas de la historia tienden siempre a sobredimensionar lo propio, darle un barniz de hito único, como si hubieran surgido de la nada o de la toma de conciencia (nacional) de determinados hombres, y no de las modas intelectuales, espíritu de época y circulación de ideas en el seno de un Estado Imperial como el Otomano, o en el seno de la circulación de ideas en el espacio mediterráneo. Dicho esto, para reconstruir los movimientos intelectuales de la época hay que recurrir a diferentes “historias nacionales”, donde por ejemplo, un Yamal Eddin Al Afgani, aparece mencionado tanto en las referencias a la Nahda árabe, como en la historia del nacionalismo turco, aunque vinculado al modernismo islámico, y por supuesto las ideas nacionalistas parecen irrumpir de golpe y de la nada y en todas partes, como si no fuera una ideología más, y con una historicidad concreta.

Un verdadero hito histórico para los pueblos mesoorientales, islámicos, bajo el Estado Otomano, será la última de las reformas del Tanzimat, en la que se asumen en parte las demandas de los “Jóvenes otomanos”, y se crea una primera constitución en la historia de estos países, que es la constitución de 1876, y que fue la primera constitución liberal del mundo musulmán que estableció la igualdad entre todos los súbditos del Imperio, aunque estipulaba que “la soberanía no pertenecía al pueblo, sino a Dios y a su representante, el sultán”5 y la conformación del primer parlamento con representantes elegidos (en determinadas zonas y ciudades por cierto, con sobrerrepresentación balcánica) y con representantes musulmanes, cristianos y judíos no electos. Pero esta experiencia de democracia que con todos sus límites fue pionera, fue de corta duración, ya que el sultán Abdelhamid II, con la excusa del aumento del peligro en los Balcanes y la amenaza de una invasión rusa, suspendió la constitución y disolvió el parlamento tras sólo diez meses de funcionamiento, (aunque en 1909 la constitución y el parlamento fueron restablecidos por el gobierno de los “Jóvenes turcos”, que luego disolvió el parlamento y gobernó como una verdadera dictadura que buscó occidentalizar y turquizar al Estado Otomano, desde un nacionalismo de corte fascista, es decir excluyente, militarista y responsable de limpiezas étnicas y matanzas, de la cual la más conocida y masiva fue la de los armenios, aunque simultáneamente se produjeron genocidios y destierros como el de Seyfo (por las víctimas sirianas/asirias), y matanzas y desplazamientos de griegos pónticos.

Sobre la figura del sultán Abdelhamid II hay descripciones contradictorias, desde Von Grunebaun que parece justificarlo y exaltar su figura como modernizador que se vió obligado por las circunstancias a actuar en forma dictatorial a Zarcone que resalta su faceta dictatorial sin justificación alguna, pero tanto en uno como en otro, omitiendo toda mención al las primeras matanzas de armenios y de asirios sirianos jacobitas, por milicias kurdas creadas por Abd el Hamid II, matanzas que se conocen como “masacres hamidianas” cometidas con especial virulencia en Diyarbakir y Mardin entre 1891 y 1895, como bien atestigua el investigador Yves Ternon, citando especialmente, diversos documentos consulares6.

En 1891 el sultán Abd el Hamid crea regimientos de caballería ligera llamados “hamidye”, reclutados especialmente entre kurdos. Las tribus que integran estas milicias, que cobran sólo cuando están movilizadas, pueden someter y oprimir a otras tribus que no participan. Esto refuerza el poder de las tribus kurdas, quienes hacen reinar el terror, legalizando el robo, la violación y el asesinato, al gozar de impunidad legal”7.

Cabe destacar que en el viejo sistema otomano los cristianos no podían montar a caballo ni portar armas, y cuando se declaró la igualdad constitucional de todos los súbditos, desgraciadamente esta medida que hoy sería considerada “de sentido común” y un paso lógico en pos de la justicia y el igualitarismo, fue resistida y generó llamados al odio, incluso matanzas, por parte de los sectores más conservadores y tradicionalistas. Sólo entendible quizá, en la medida en que estas decisiones fueron coetáneas a la perdida de territorios otomanos en manos de las potencias coloniales europeas, de la atroz colonización de Argelia por parte de Francia, la presencia de Gran Bretaña en condominio de Egipto y los avances rusos. En ciertos sectores populares, tal como ocurriera luego con la población judía del mundo árabe y Mediterráneo oriental, apelar al chivo expiatorio y el caracterizar a las personas, no tanto como individuos sino como representante de una categoría religiosa y étnica, hizo el resto. De pronto todos los cristianos fueron sospechosos de colaboracionismo o simpatías con las potencias coloniales. Y fue justamente lo que los imperialismos de todas las épocas se propusieron, favorecer los odios y las líneas de ruptura en el seno de sociedades plurales para tener excusas y apoyos para intervenir, debilitar y dividir. Y del mismo modo que las potencias extranjeras instrumentalizaron en varias ocasiones a las minorías para sus propios fines, en el caso cristiano, valiéndose de la figura existente de “protección”, que le concedió ya desde un principio y en el siglo XVIII el sultán Solimán el Magnífico a Francia, entonces aliada; los señores feudales y las aristocracias tradicionales instrumentalizaron a las mayorías, en nombre de la religión islámica (luego lo harán también en nombre del nacionalismo), para movilizar a sectores populares en contra de un fácil chivo expiatorio, un modo de defender sus privilegios frente a los peligros que supuso la modernización, y emergencia de nuevos sectores sociales, fuera de su ámbito de influencia. De más está decir que fueron particularmente reaccionarios con respecto a cualquier iniciativa de igualdad, aunque fuera formal.

Las ideas de los Jóvenes otomanos, no tuvieron mucho calado a nivel popular, las reformas y modernización implementadas se hicieron con un fuerte carácter centralista, con lo cual “la modernidad” apenas penetró en la Anatolia profunda, Mesopotamia, provincias árabes del Imperio, y otras regiones periféricas donde el poder del Estado era más nominal que real y se delegaba a sectores tradicionales, a los que se reclutaba en forma de milicias, antes de reorganizar el ejército en forma descentralizada y absorbiendo a las milicias tribales “profesionalizadas”. En estas zonas siguió prevaleciendo el pensamiento tradicional anclado en el Islam como referencia, lo local y el espíritu de clan, tribal o sectario seguían siendo los factores determinantes a la hora de establecer alianzas, sentidos identitarios y relaciones sociales, interétnicas, interconfesionales y entre los distintos estamentos sociales.

Casi todos los estudiosos del tema coinciden en identificar cuatro grandes corrientes ideológicas en este período que va desde las reformas del Tanzimat hasta la hegemonía de los discursos nacionalistas, a partir de 1909, en el caso del último período del Estado Otomano, con el poder de los “llamados Jóvenes turcos”, que por diversos motivos terminaron imponiéndose. Pero algunas de estas corrientes de alguna manera siguen presentes en los Estados que surgen de la desaparición del Estado Otomano, bajo distintas formas, pero remitiendo a dos grandes corrientes que hoy siguen siendo las más visibles: la nacionalista, y la Islamista, aunque hayan asumido diferentes programas, organizaciones y discursos.

Las cuatro corrientes ideológicas presentes en el período que analizamos son, según Von Grunebaun, las siguientes:

  • PANISLAMISTAS: “Creían que la decadencia del Imperio era resultado del abandono de los fundamentos islámicos originales al aceptar ideas e instituciones occidentales que eran ajenas al espíritu del Islam. Ellos pensaban que el Islam mismo podía ser adaptado a la ciencia y al progreso, y que por tanto podía proporcionar las bases para un desarrollo social a todos los niveles. Por tanto sólo era necesario tomar la tecnología de Occidente, no sus “inferiores” ideas religiosas y sociales. Abogaban por la abolición de todas las reformas culturales del Tanzimat, incluidas las escuelas civiles y pedían un retorno hacia el reforzamiento de la Sharía en todos los aspectos de la vida”
  • OTOMANISTAS: “Pensaban que el Imperio sólo podía revivir si le daba a todos sus súbditos una igualdad absoluta para que se esforzaran juntos por el bien común. Algunos otomanistas abogaban por un imperio federal compuesto de millets autónomos como único medio para evitar la insurrección de los nacionalismos. Trabajaban en conexión con las diferentes sociedades minoritarias, en particular con aquellas exiliadas en Francia, logrando su apoyo en contra de Abd el Hamid con promesas de autonomía plena bajo el nuevo régimen”.
  • MODERNISTAS: “Un tercer grupo se aglutinó alrededor de diversas ideas de “occidentalización” y “modernización”, pero había divergencias entre ellos respecto al límite en que el Occidente había de servir de modelo. Los occidentalizantes más radicales pensaban que para que el Imperio alcanzase el nivel del desarrollo occidental, y también para conseguir su respeto, los modelos europeos deberían ser usados en todos los campos. Aunque los occidentalistas eran anticlericales, creían en el Islam como una fe de valores universales y muchos de ellos también aceptaban el otomanismo como el mejor medio de dar unidad al multinacional Estado otomano. Veían que su programa sólo podía ser llevado a cabo mediante la educación de todo el pueblo y postulaban la emancipación de la mujer a fin de que pudiera contribuir al desarrollo nacional. Un código civil europeo habría de sustituir a la Sharía en todos los campos, y se aprendería la rápida industrialización y mejora de las comunicaciones”.
  • NACIONALISTAS: (se refiere aquí sólo al nacionalismo turco) “Se originó mediante los estudios sobre literatura e historia otomanas. Pero como las minorías se negaban a aceptar el otomanismo y pedían la independencia, el nacionalismo turco remplazó al otomanismo entre los turcos como contrapartida turca a los nacionalismos de los musulmanes. Aunque el nacionalismo turco se desarrolló antes de 1908, no alcanzó realce mientras las minorías continuaron apoyando a los oponentes liberales del sultán, pero tan pronto como las minorías se resistieron a los primeros esfuerzos de los Jóvenes Turcos, después de que subieran al poder, para establecer el otomanismo, éste fue remplazado por la idea de un Estado otomano centralizado, organizado de acuerdo con la tradición y la cultura turcas y dominado por turcos. Muchos de los jefes de este movimiento eran turcos de Asia Central, que huyeron a Estambul cuando sus tierras habían sido invadidas por el imperialismo ruso y que esperaban conseguir ayuda otomana para liberar sus territorios”.8

2- Las iniciativas de renovación y modernización del mundo árabe, con epicentro en Egipto. La llamada Nahda árabe.

El término de “Nahda”  es utilizado especialmente como punto de partida de los movimientos nacionalistas árabes, que construyen las bases de su nacionalismo, básicamente como opuesto al nacionalismo turco y otomano. Es un concepto, a mi juicio, un poco pretencioso, a juzgar por sus resultados. Podríamos discutir si más allá de la recuperación de la lengua y la literatura árabe y del espacio de debate en torno al papel del Islam en relación a la modernidad así como del debate identitario en sus diversas vertientes étnicas y culturales, en el plano político ha significado una verdadera renovación, y de carácter “árabe”, o si sus resultados han sido más bien modestos, y algunas de las ideologías imperantes más que plantearse la modernización de un proyecto civilizatorio, terminó siendo instrumentalizado en un sentido conservador, especialmente en ese momento por los británicos, que fomentaron aspiraciones de independencia árabe del imperio otomano, para luego instalarse ellos en su lugar, con familias tradicionales árabes aliadas, retrógradas, tribales y patrimonialistas, en el sentido más amplio de la palabra como luego se confirmaría en relación a las dinastías hashemí y saudí. Pero en ese momento había un idealismo y una idea de que era posible de alguna manera “volver a un pasado idealizado”.

¿Por qué el epicentro fue Egipto??

La provincia de Egipto se mantuvo, como casi todos los territorios otomanos, en forma prácticamente independiente, pagando sus impuestos anuales al Sultán de Estambul, al que reconocían obediencia, pero puertas adentro regido por una clase dirigente de origen turco, balcánico y albanés, los beys mamelucos, que acaparaban los puestos de poder en el Estado, más allá de la figura más nominal que con poder real del gobernador. Esta era una cara de la realidad a fines del siglo XVIII en Egipto. La otra, el abismo que separaba a dirigentes de dirigidos, el hambre, y en la mayor parte del territorio el feudalismo y el tribalismo. Esta realidad estancada de los dos últimos siglos se vio sacudida con la “expedición” de Napoleón a Egipto en 1798. La dominación francesa de Egipto no fue tan dura ni duradera, como los colonialismos posteriores. Por ejemplo, gobernó a través de ulemas organizados en un consejo “diwan”, constituido para gobernar el país. Y se formaron Consejos urbanos municipales y provinciales, con elementos de la población local como complemento de la administración. La aventura francesa terminó en 1801, cuando una fuerza naval anglo-otomana desembarca en el país y Francia se ve obligada a evacuar el país. El impacto de la presencia francesa en Egipto, en sí, fue débil, pero sí hubo un impacto en Europa, porque la expedición de Napoleón, plagada de científicos, dio a conocer la riqueza de la antigua cultura egipcia a escala mundial.

Tras los franceses asume como virrey de Egipto, Muhammad Ali Pasha, gran modernizador de Egipto, que se anticipa a algunas reformas que más adelante realizaría el Estado Otomano. Este aplasta a los mamelucos en una matanza en 1811, anticipándose a lo que haría el sultán otomano con los jenízaros. Como virrey otomano de Egipto, modernizó el ejercito al modo occidental, organizando escuelas de caballería, de artillería, medicina, veterinaria y cirugía. Envió misiones de estudio al extranjero y creó con ellos una nueva burocracia. Aplicó medidas proteccionistas e industrialistas. El sueño de este virrey de origen albanés que a veces se lo considera equivocadamente como un “nacionalista árabe”, no era el de unificar a las provincias árabes del imperio en un califato con sede en El Cairo opuesto a Estambul, sino crear un imperio, tomando Estambul y sentarse en el trono del sultán otomano Mahmud II, creando su propia dinastía. Y estuvo a punto de lograrlo, porque primero conquistó y logró el reconocimiento del Estado Otomano, para anexionar a Egipto a Siria y Líbano, que gobernó como provincias durante varios años. Llegó con sus tropas a Anatolia, y entonces los británicos (que antes lo alentaron) y los rusos se aliaron con el Sultán Otomano, derrotando a Muhammad Ali Pasha en Beirut en 1839, con ayuda de la armada británica. Finalmente en 1840, firma un convenio para gobernar Egipto en forma hereditaria. Intentó repartir tierras a los campesinos, pero con impuestos tan altos, que debieron abandonarlas. Y finalmente repartió vastas extensiones a militares y parientes que crearon una nueva clase feudal latifundista. Su periodo no obstante trajo mejoras económicas en Egipto, aumentando la cantidad de tierras cultivadas, introduciendo el ferrocarril y drenando canales. De su época data la introducción del algodón de fibra larga, que bajo los ingleses se convertiría en la principal materia prima de exportación, y el arroz. Y la población se duplicó en 50 años. Nace una nueva clase de terratenientes y dirigente turco-egipcia, que se mantendría en el poder, a distancia del pueblo.

Su hijo, Said (1854-1863) y su nieto, Ismail (1863-1879), realizaron ingentes obras, que, paradójicamente llevaron a Egipto a contraer grandes deudas, que terminaron con el país bajo ocupación extranjera.

El ambiente intelectual donde se darían cita intelectuales exiliados otomanos, sirios, iraníes, magrebíes, kurdos, árabes e incluso armenios fue el Egipto del nieto de Muhammad Ali, el Jerife Ismail. Éste construyó puentes, redes ferroviarias, puertos, faros, canales de irrigación, instaló fábricas de azúcar y estimuló el cultivo de algodón, que durante la época de la guerra civil Estadounidense, dio grandes ingresos al país, aunque al final de la misma le dejó un saldo de endeudamiento y recesión. Y en 1869 inaugura el Canal de Suez, que hizo contraer a Egipto una deuda de un millón de liras egipcias. Para evitar la bancarrota, Ismael recurrió a los acreedores británicos y franceses estableciendo en el país un “control Dual” de la economía, por parte de estas potencias, para controlar la economía. Los controladores de las finanzas finalmente abogaron por la deposición de Ismail, el cual se ve obligado a dejar el poder a su hijo Tawfiq en 1879.

Pero en paralelo, la Nahda, se da en Egipto porque Ismael fomentó un amplio movimiento intelectual, favoreciendo la afluencia de exiliados. Muchos sirios emigrados, fundan junto a egipcios la prensa, abrieron un teatro y formaron la clase culta de la época. También exiliados de diversas partes del imperio Otomano, Argelia, Marruecos e Irán, encuentran refugio en Egipto. Entre ellos el iraní Yamal Eddin AL Afgani, luego expulsado por llamar a los campesinos a rebelarse contra Ismail.

El núcleo de intelectuales nacionalistas que surgen con Ismail, más sectores militares aliados, son los que inician la revolución Urabi, frente a una ley de 1880, que estipula que el 50 % de los ingresos del Estado se destinarían al pago de las deudas con las potencias acreedoras, lo cual empobreció enormemente a campesinos imposibilitados de pagar impuestos e imposibilitó el pago de salarios a militares, dándose una situación de descontento generalizado.

El movimiento fracasó, porque las potencias acreedoras temiendo las consecuencias sobre el no pago de su deuda, bombardearon Alejandría y ocuparon el país en 1882. Así, durante los siguientes 20 años, hasta 1907, Egipto fue gobernado por el Cónsul General Ingles, Lord Cromer. Y durante la primera guerra mundial, Inglaterra declara a Egipto protectorado, rompiendo todos los lazos que unían este país con el Estado otomano. Este es el Egipto en el que sin embargo se dan cita intelectuales que comienzan a debatir entre sí, y a crear el núcleo de los primeros movimientos sociales y políticos modernos.

Burhan Ghalioun, refiriéndose a la Nahda, hablará de dos factores que confluyen a finales del siglo XIX, una de esas vertientes se expresará como “un renacimiento del pensamiento racional moderno, en los centros activos de cultura árabe: EL Cairo, Beirut y Damasco”. Esta vertiente modernista, poco diferiría en sus orígenes, del de los “Jóvenes otomanos”, ya que estos intelectuales también surgen de círculos literarios, consagrados en parte en la traducción, con una producción literaria enciclopédica y abierta al mundo siguiendo de alguna forma el espíritu positivo de la época. Estos intelectuales se nuclearon en torno a “clubes de pensamiento”, un tipo de espacio de sociabilidad en el cual producir poesía, compartir y debatir traducciones y debatir sobre la propia realidad social y política. Esta nueva elite intelectual, es diferente a la de la élite tradicional constituida por ulemas y clérigos y agrupaba a hombres procedentes de todas las regiones árabes (aunque no sólo estuviera integrada por árabes), que se dieron cita en estas ciudades. Ghalioun enumera algunos de estos intelectuales: Ali Mubarak, Rifa´a Tahtawi, Jeir Eddin, Abd el Rahman al Kawakibi, Butros el Bustani, Adib Ishaq… entre otros9. El núcleo identitario, como gente vinculada al mundo de las letras que eran, fue en este caso la lengua árabe.

Pero la otra vertiente que confluye y a la vez diverge con ésta en otros puntos, es la de los grupos que ponen el foco identitario en el Islam, como marco de referencia. Pero en un abanico heterogéneo, porque había modernistas islámicos, cuyas referencias al Islam fueron más culturales que religiosas, mientras que otros tuvieron como referencia al movimiento wahabí, que Ghalion considera “renovador”, y como una “revancha del Islam árabe al misticismo popular turco”10. Dirá no obstante que “el wahabismo es el origen del Islamismo moderno en todas sus formas: reformismo modernista, fundamentalismo e integrismo”11. De ser cierto, quizá sea una particularidad del mundo árabe, pero por lo pronto en muchos aspectos, especialmente viendo el Islam político hegemónico hoy en el mundo árabe, no me parece que sea correcto considerarlo racionalista o moderno. Muchos de sus elementos más bien me parecen chovinistas y reaccionarios.

Pero en este marco, el sirio Abd el Rahman el Kawakibi, postula la “necesidad de recuperar el cargo califal, por parte de los árabes”, un nuevo califato árabe, por ser los árabes para él, “los auténticos depositarios del mensaje divino, él mismo entregado en idioma árabe”. Este Califa tendría un poder espiritual más que político. Estos modernistas islámicos eran constitucionalistas.

En la misma línea se encuentra Muhammad Abduh, discípulo de Yamal Eddin Al Afgani.

Abduh, ademas de postular la idea de devolver la lengua árabe a su antiguo esplendor (en la línea de síntesis entre nacionalismo árabe e Islamismo de muchos de estos intelectuales), tuvo por discípulos a Qasim Amin, que luchaba por la emancipación de la mujer, Ahmad Lutfi Al Sayyid, que luchaba por las virtudes cívicas y la vida política liberal y constitucional, y Saad Zaglul, dirigente egipcio que encabezaría la revolución por la independencia de 1919, y fundador del partido Al Wafd.

Pero esta idea de Califato, fue incluso cuestionada por otros intelectuales que bebían del Islam como referencia política. En 1925 Ali Abd el Raziq, publica una obra sobre el califato donde sugería que, puesto que el fin de la misión profética no era fundar un Estado, era aceptable cualquier forma de gobierno y no había ninguna obligación específica de aceptar el califato como forma del gobierno Islamico12.

También se pueden mencionar a otros referentes ideológicos islámicos, vinculados a corrientes sufíes, y que luchan contra el colonialismo occidental, en Argelia, Marruecos, Túnez y Libia. Entre ellos el Emir Abdel Kader de Argelia o los sanusíes en Libia y Túnez. Mientras los Islamistas arabistas dirigen su deslegitimación hacia el califa y el Estado otomano, en el Magreb la lucha es directamente contra el colonialismo, con lo cual estos movimientos, federaciones de ulemas, tarikas, veían al Estado otomano como a un aliado.

Ghalion dice que la mayoría de los intelectuales de la Nahda árabe, defiende en este período su “otomanidad”, viendo en el sultán otomano una referencia para la lucha contra la presencia colonial e imperialista occidental, especialmente la británica. Otros se sienten “egipcios”, “sirios” y/o “árabes”, etc. Mientras que otros “islámicos” como ideología de referencia nacional y más social y política que religiosa. No obstante comienzan a debatir y a escribir en torno a temas como los de “patria”, “igualdad”, “libertad”, “constitucionalismo” y “nacionalismo”, “solidaridad”, “justicia”, “equidad”.

Recién se impondrán las ideas nacionalistas árabes (y nacionalistas regionales), cuando asuman el poder del Estado otomano los Jóvenes turcos, e inician políticas de turquización y su entrada en la primera guerra mundial genere mayores niveles de pobreza, mortandad, y descontento social.

Cuando los Jóvenes Turcos tomaron el poder en 1908 y pusieron en marcha su política de “turquización” en las provincias árabes, permitieron a los jefes políticos árabes considerar una política de descentralización de las provincias árabes como medio de reivindicación de sus propios derechos. De este período data la creación de sociedades secretas como Al ´Ahd y Al Fatat, algunas de las cuales lucharon por la independencia total (del Estado Otomano), mientras que otras como Al Lamarkaziyya, lo hacían por la autonomía dentro del Imperio. Los años de la guerra de 1914-17 provocaron una crisis de conciencia. Muchos árabes querían separarse del imperio y fundar un Estado árabe con un rey árabe, quizá el Jerife Husayn de La Meca. Otros pensaban en términos de un Líbano independiente bajo la protección francesa, mientras que unos terceros como George Samné , creían en una Siria independiente sin relación con ninguna de las otras provincias árabes”13.

La crisis de este movimiento y la decepción vendría, tras la caída del Imperio, dado que su lugar lo ocupan las potencias coloniales europeas, que imponen una nueva realidad de reparto colonial de los territorios mayoritariamente árabófonos, con monarcas títeres, sacudiendo las ilusiones depositadas por estos intelectuales en los franceses y británicos, de sustitución del poder otomano por un poder árabe o musulmán unificado. Cuando finaliza la primera guerra mundial vendría el reparto colonial de los países arabófonos asiáticos, mediante el Tratado de Sykes-Picot, Declaración de intenciones Balfour (creación de Israel), Tratado de Sevres, y de Lausana, que delimitaron las fronteras de los países existentes hoy. Se implanta si el Modelo de “Estado nación”, y fronteras que dejan a grupos étnicos en bolsones entre diversos países, que recurren para su legitimidad a hacer gala de discursos nacionalistas árabes o Islamistas, en el caso de las monarquías del golfo. En ningún caso democráticas. Las independencias acontecidas tras la segunda guerra mundial no alteraran este panorama, pese a intentos de unión, que estarán destinados al fracaso de antemano, dado que la historia confirmará que ninguna integración regional puede hacerse desde Estados bajo dictaduras o monarquías, con intereses propios, vinculados a la permanencia de ellos en el poder. O las integraciones se realizan desde Estados democráticos, comenzando por sentar las bases de uniones económicas, para avanzar en otros aspectos (uniones aduaneras, libertad de circulación, proyectos y administraciones conjuntas), o se sigue el camino de los voluntarismos de corte fascista o estalinista, que fueron los modelos que terminaron imponiéndose en el seno del nacionalismo árabe, donde se creyó que un Estado fuerte (y dictatorial) de vanguardia, unificaría al resto de territorios y Estados, como fue el caso Aleman bajo Bismark. Pero en esos casos y ante una veintena de Estados, todos quieren ser “el dictador que inicie la (imposible) reunificación”.

3- El colonialismo europeo en la periferia otomana: de Argelia a Sudán.

La expansión occidental y occidentalización subalterna del mundo se torna ideología dominante en una Europa que realiza una revolución industrial y una revolución de las ideas a partir del desarrollo del positivismo la revolución tecnológica que facilita las comunicaciones (el telégrafo, barcos a vapor, primeros vehículos, ferrocarril, etc.) más el auge de la biología con Lamarck, y luego los descubrimientos de Darwin. En lo social comienza la secularización del mundo y la creencia en la ciencia y el progreso como un desarrollo lineal. Y en Antropología y sociología se crean las primeras disciplinas con una impronta claramente racista, que clasificaba a la humanidad en tres categorías, “Salvajes, bárbaros y civilizados”. Los civilizados eran los propios europeos, y el resto de la humanidad, (también las mujeres), eran considerados como en un estadio inferior de humanidad, al que los europeos tenían “la misión” de civilizar. Por supuesto que solo se trataba de un discurso legitimador del colonialismo e imperialismo conocidos, para explotar a otros seres humanos desde una readaptación y sustitución de la esclavitud vigente hasta poco tiempo atrás, con nuevas formas de explotación. En este contexto, nacen también los discursos orientalistas y racistas, que oponen “el genio ario”, a “la pesantez y estancamiento semitas”. Alemanes, ingleses, belgas, franceses, italianos, compartirán estas ideologías, que, por un lado pretendían “llevar la civilización (y de paso su poder) a todos los rincones del mundo, pero por otro, se reservaban el derecho a gobernar dadas las supuestas “taras congénitas” naturalizadas y presuntamente biológicas, de los pueblos indígenas, necesitados de tutelas para humanizarse hasta donde puedan. Muchos orientalistas que veían como “retrasadas” a la sociedad otomana, por originarse en una “religión semita como el Islam”, incapaz de progresar… serán también los primeros teóricos europeos del nacionalismo y el Estado nación. Convenientemente para ellos, en relación al “progreso”, los Estados plurinacionales eran “anacrónicos “y deberían dar lugar a “un Estado para cada pueblo”. La mayoría de estas ideas eran compartidas por derechas e izquierdas e incluso las de la “misión civilizadora” de Europa aplicada en forma de colonialismo, también por Marx y por Engels.

En el mundo mesooriental, los franceses toman la iniciativa de invadir y ocupar la provincia otomana semindependiente de Argelia en 1830, conquista que duraría hasta 1846, en la cual se arrasa al país y se vence la resistencia del Emir Abdel Kader, jefe de una confederación de tribus y de la hermandad sufí Qadiryya14.

Las políticas de colonización francesas son las mismas que vimos con toda su brutalidad en la Sudáfrica del Apartheid y en el actual Israel y se basaron en aplicar conceptos “nuevos” de administración de los colonizados, tales como el refoulement o cantonement (confinamiento de los “nativos” en las comarcas menos fértiles), protectorat (mantenimiento de las instituciones “tradicionales” al lado de una “modernización” simultánea) y assimilation (concesión de los derechos civiles franceses a las elites).

Cuatro leyes regulaban las relaciones jurídicas y económicas de la población indígena. Por el sénatus-consulte de 1863 fueron disueltas las tribus, repartidas las tierras que poseían y transformadas las parcelas resultantes de la división en propiedades individuales. El sénatus-consulté de 1865 declaraba franceses a todos los habitantes de Argelia. Los musulmanes obtuvieron el derecho a ingresar en la administración civil y en el ejército, así como el derecho al voto si renunciaban a su status jurídico en favor del Código Napoleónico. El status jurídico de los musulmanes fue definido poco ayuda de un derecho penal especial, el Code de l´indigénat (1874). Con el fin de ampliar la base política de la administración civil, se otorgaron plenos derechos de ciudadanía a la comunidad judía (Décret Crémieux, 1870)15.

Los conflictos entre campesinos y colonos, se saldaban a favor de estos últimos por la aplastante fuerza del ejército. Así un movimiento de campesinos de la Cabilia, empobrecidos por malas cosechas y a punto de perder sus tierras a manos de colonos, fue aplastada en 1872 por 80.000 soldados franceses. En 1870 había ya 225.000 colonos franceses instalados en Argelia. Los municipios con mayoría francesa elegían ellos mismos a sus alcaldes, en tanto que en los restantes, los funcionarios eran nombrados.

Para que se den una idea de lo que implicaba apra la vida de las personas el hecho colonial, y sus (im) posibilidades de progreso:

La colonización de Argelia se llevó a cabo de modo bastante brutal. Los casi 100.000 colonos allí asentados hacia 1848 recibieron sus tierras, en la mayoría de los casos, después de la deportación de los musulmanes que las trabajaban antes. El general Bugeaud declaró en 1846 que con las expropiaciones había prEstado un servicio a su país y que se hallaba por encima de los reproches d ella prensa. La fórmula clásica para aludir a las relaciones entre los franceses y los norteafricanos se pronunció en 1892 en el Conseil Superieur argelino (órgano consultivo del gobernador general): “La raza árabe es inferior e ineducable”. Hasta 1954, fecha en que estalló la lucha por la independencia, la población musulmana de Argelia (cerca de 6.300.000 personas) estaba confinada en las dos terceras partes del suelo cultivable, pero escasamente fértil, en tanto que aproximadamente 4.500 colonos se repartían el tercio restante. El mínimo necesario para la alimentación de una familia son 25 hectáreas; el 73 % de la tierra en propiedad de musulmanes se hallaba dividido en parcelas de extensión inferior a 10 hectáreas, y el 80% de la tierra en manos de los colonos se repartía en granjas de más de 100 hectáreas de extensión.”16

El modelo seguido por Francia en Argelia animó a esta potencia a tomar como protectorado, junto con España, al hasta entonces independiente Estado Jerifiano (actual Marruecos), creando legislaciones separadas para indígenas y colonos para mantener a las poblaciones separadas, además de intentar ya en el siglo XX crear un código tradicionalista separado para la población Amazigh, siguiendo el conocido “divide et impera”. Las leyes referidas incluso a la prohibición de entrar quienes no sean musulmanes a las mezquitas del Magreb, vigentes en muchos países hasta hoy son parte de esta legislación francesa separatista, en este caso pensada para “evitar conflictos”.

Italia también se suma a la empresa colonial en Libia (ya estaba en Etiopia), en 1911, también aplicando leyes segregacionistas y de confinamiento a la población nativa y la entrega de tierras a colonos. Las potencias coloniales se pusieron de acuerdo para apoyarse mutuamente contra el imperio otomano, favoreciendo o las ocupaciones. Como curiosidad la guerra de Libia fue un motivo de emigración de muchos árabes medioorientales de Siria y Líbano a América Latina, que desertaron del ejército otomano.

Argelia y el Magreb fueron los primeros países en ser ocupados por las potencias europeas. Tras la primera guerra mundial, le seguirían los países árabes orientales. De las luchas contra estos colonialismos, llevada adelante por lo general por nuevas clases sociales emergentes, nuevos intelectuales educados en occidente, se gestarán los modelos de Estado territoriales y las formas de gestión de los mismos por parte de los movimientos nacionalistas árabes, en general y en una primera etapa modernizadores, y por las viejas familias tradicionales que devienen en monarquías implantadas por Gran Bretaña, en los territorios que estuvieron bajo la órbita de esta potencia.

Un caso atípico, muy similar a la revolución de los babis en Irán, se dio en Sudán, donde la resistencia a la ocupación británica no fueron las nuevas clases emergentes vinculadas a la administración ni la burguesía comercial, sino un movimiento popular de tinte mesiánico, liderado por Muhammad Ahmad, autoproclamado “mahdi” (aquel que está guiado por Dios), en 1881. Este movimiento llegó a tomar Jartum y a infligir derrotas a los británicos, pero el Mahdi muere en 1885 y los ingleses, dejaron gobernar a los lideres de este movimiento durante unos años, hasta que decidieron reconquistar Sudán, en 1893, con ayuda del ejercito Egipcio desde el norte, y fuerzas francesas y belgas desde el sur. Formalmente Sudan fue anexionado a Egipto y cogobernado junto a los ingleses, por varias décadas. Incluso el rey Faruq de Egipto, se hizo llamar “Rey de Egipto y el Sudan”17.

4- El Irán Qayar: misma época, pero una evolución política e institucional totalmente diferente a la del Estado Otomano.

Desde el siglo XV, cuando la dinastía turcomana Shaffaví, vinculada a los Kizilbachis (cabezas rojas) chiíes duodecimanos, toma el poder en Irán, y le da el carácter atípico de un Estado donde un cuerpo de ulemas es la base de la legitimidad de un gobierno, y donde el chiismo se transforma en la religión del Estado, es de algún modo un Estado en el cual el Oriente Próximo suní, entonces representado por el Imperio Otomano, compite y confronta hasta el día de hoy, anatemizándose mutuamente como “herejes” y estableciendo una especie de guerra fría regional entre Estados “islámicos”, tomando a sus respectivas fracturas religiosas como “el legitimo Islam” e instrumentalizándolo con fines de hegemonía. Algo parecido a las guerras europeas de religión entre católicos y protestantes en los siglos XVI y XVII.

Sobre esta dinastía, nace como una cofradía sufí heterodoxa, con el mismo nombre (Shafaví), inicialmente con ideas que llegaron en sus versiones más extremas a deificar a Ali (primo del profeta musulmán Muhammad, y que para los partidarios del isla Chiita, uno de los sucesores legítimos del profeta, el cual fue asesinado). La dinastía en cuestión, una vez en el poder, predicó la infalibilidad de quienes detentan el poder, especialmente el suyo, de carácter divino, creó y se legitimó por un estamento conservador de ulemas, que caracteriza la estructura social iraní aun hoy, aparcó toda idea igualitarista inicial de los kizilbachis, y se dedicaron a perseguir con especial virulencia a los sufíes y a los suníes y curiosamente el primer Estado chií, una vez en el poder, lo ejercieron desde una praxis de ortodoxia islámica. Otra curiosidad, ya en el plano militar, fue que así como en esta época los otomanos crearon el cuerpo de los jenízaros, a partir de niños cristianos secuestrados en las Balcanes, y educados en el Islam, dándoles el poder militar, los iraníes durante las sucesivas dinastías, reclutaron niños armenios y georgianos a los que Islamizaron y convirtieron en jefes militares y cuerpos de elite.

Otra peculiaridad iraní, es que a pesar de ser la lengua culta y oficial el persa, sus dinastías de gobierno, desde el s. XV han sido de origen turco azerí o mongolas.

En definitiva, los shafavíes le darán su impronta y carácter nacional a Irán, reconocibles a día de hoy, pero al momento histórico que nos ocupa, gobernaba el país otra dinastía también de origen turcomano azerí, los Qayar.

A diferencia del Imperio Otomano, apenas ha habido reformas modernizadoras en el s. XIX en Irán. Alguna reforma tibia, circunscrita a profesionalizar el ejército en la frontera con Rusia, con consejeros europeos, y poco más, iniciativa del Príncipe Abbas Mirza, que no continúan tras su muerte.

El Shah Nashi Al Din, que reinó 48 años, desde 1848 a 1896, en 1850 aplasta brutalmente la conocida como “revolución de los babis”, sometiendo a los sobrevivientes a torturas y ejecuciones masivas. Entre las víctimas se cuenta la famosa poetisa Qurat al ´Ain (consolación de los ojos). Los Babis fueron miembros de un movimiento mesiánico, fundado por Sayyid ´Ali Muhhammad, más tarde llamado “bab”, “lapuerta”. Predicó en contra de la corrupción y venalidad de los ulemas, apelando a una mayor igualdad, mejor tratamiento a mujeres y niños, garantías para la propiedad privada, libertad de comercio y reducción de las tasas de impuestos arbitrarios, y reunió a una enorme cantidad de seguidores que inquietaron a las autoridades y a los ulemas. Los sobrevivientes, debieron abjurar, esconder su fe o exiliarse, y la mayoría se exilió en Bagdad. Luego de la muerte de su fundador (fue fusilado), el grupo se dividió en función de dos liderazgos. La mayoría de los fieles en torno al liderazgo de Baha ullah, fundan la religión Bahaí. Muchos siguen hoy viviendo en forma clandestina en Irán18.

Curiosamente, la limitada reforma modernizadora de Irán se vincula a este hecho, ya que quien las introduce es el Primer ministro escogido por Shah Nashi Al Din, para reprimir las revueltas Babis, Mirza Taqi Jan “Amir Kebir”. Como no podía ser de otra manera, la reforma fue básicamente militar. Reorganizar al ejército sobre bases occidentales, dando énfasis al adiestramiento militar europeo. Y el otro cambio fue la creación de una Escuela Superior de Teherán, conocida como “Dar el Funun”. Durante muchos años esta fue la única escuela superior de Irán, ya que el Shah Nashi Al Din, temía los “efectos perturbadores de la educación moderna” y no quiso fomentar su difusión. Bajo los auspicios de esta escuela superior se publicaron los primeros libros de texto persa modernos y se tradujeron al persa libros occidentales. Destituido en 1851 por presiones de la corte, terratenientes y los ulemas, Mirza Taqi Jan , fue asesinado por el Shah en 1852.

Otra curiosidad respecto a la forma de gobernar y descentralizar el Estado: “Los Qayar nunca establecieron una burocracia asalariada, sino que vendieron muchos gobernadores en subastas periódicas al mejor postor y los gobernadores así elegidos subarrendaban a su vez los cargos menores y así hasta llegar al funcionariado que practicaba la extorsión fiscal (…). Los Qayar no pusieron nunca en práctica un sistema que fomentara la prosperidad nacional. Como los funcionarios tenían que pagar para conservar sus puestos y no sabían por cuánto tiempo iban a estar a su cargo la zona, se veían así impelidos a cometer extorsiones sin pérdida de tiempo”19.

Incluso “Los puestos de aduana se vendían al mejor postor y los jefes de aduanas locales competían entre sí para asegurarse el tráfico de mercancías, ofreciendo tarifas inferiores al ya bajo 5% ad valorem”20.

Entre 1860 y 1870 Gran Bretaña y Rusia se disputan el conseguir concesiones económicas. “La primera de ellas fue la concesión a los ingleses de construir telégrafos en 1860. Luego la concesión de 1872 al varón ingles Julius de Reuter, por el cual el concesionario obtenía no sólo los derechos exclusivos para construir ferrocarriles y líneas tranviarias, sino también la exclusiva de explotación de casi todas las minas, la construcción de obras de regadío, la implantación de un Banco Nacional, y de toda clase de empresas agrícolas e industriales, todo por unos pagos y porcentajes del beneficio relativamente pequeños. Lor Curzon aludió a estas concesiones comoel más competo y extraordinario abandono de los recursos industriales de un reino en manos extranjeras jamás imaginado”21.

No fueron las únicas concesiones: a los rusos les otorgaron permiso de pesca en sus aguas del Mar Caspio. Al Rio navegable Karun, lo abrieron a la libre navegación internacional, y lo más escandaloso y que generó posteriormente revueltas fue la concesión en monopolio absoluto sobre la producción, venta y exportación de todo el tabaco iraní a un súbdito británico en 1890. Esto generó indignación en tanto en círculos burgueses, como de los ulemas, que provocaron revueltas, un movimiento de boicot al consumo de tabaco en 1891, y la expulsión del pensador Yamal Eddin Al Afgani22.

Pero en este período se producen algunas otras reformas menores… como la creación de un cuerpo de cosacos iraníes al mando de oficiales rusos, y la creación de un sistema postal moderno, a iniciativa del Shah, tras un viaje que realizara a Europa.

El descontento social por parte de algunos intelectuales se canaliza en periódicos fundados por exiliados en Estambul y en Londres. Yamal Eddin Al Afgani, un reformador islámico, iraní según Von Grunebaun, pero de origen afgano, recorre Teherán, Estambul y El Cairo, de exilio en exilio, tras un viaje a la India inglesa, tomó un odio visceral hacia el colonialismo e imperialismo británico y en sus exilios pregonó la necesidad de una modernización a la par que de la lucha contra el imperialismo. Fue una figura de prestigio que aparece vinculado tanto con el movimiento de los Jóvenes Otomanos, como con los intelectuales de la Nahda Arabe en Egipto así como por sus iniciativas y cartas a los ulemas iraníes para posicionarlos contra el poder del Shah y las escandalosos concesiones a rusos y británicos. Al Afgani fue a Estambul como huésped del Sultán Abdel Hamid, que le impidió seguir publicando ataques contra el Shah, pero le animó a difundir propaganda panislamista entre los iraníes y otros chiíes. Funda en esta ciudad, con este fin un círculo iraní panislamista cuyos dos miembros más sobresalientes fueron dos babis azalíes que ahora se habían convertido en radicales librepensadores: Mirza Aga Jan Kirmani, autor y editor del “Ajtar” y su amigo y poeta Shaij Ahmad Ruhi. Este círculo envió numerosas cartas a ulemas chiíes de Irán exhortándolos a que se declararan leales al Sultán otomano. Un seguidor de Al Afgani, según se dice, aleccionado por éste, asesinó de un disparo al Shah Nashir Al Din un 1 de mayo de 1896, asumiendo el trono otro personaje cruel, el príncipe Muzafar Al Din Shah. Habló de la necesidad de unir a la oposición religiosa y no religiosa contra las usurpaciones occidentales. Murió de cáncer en 1897, aunque también hay rumores de envenenamiento. Parte de su vida (incluyendo este rumor), aparece en el magnifico libro de Amin Maalouf “Samarcanda”. 23.

El nuevo Sha, permitió la apertura de nuevas Escuelas secundarias, llamadas Rushddiye, siguiendo la terminología otomana y nombró al liberal y reformador Amin al Dawla, primer ministro.

Habrá que esperar hasta 1905 para que algo comience a cambiar, cuando un grupo de mullahs y de artesanos se refugiaron en la Mezquita Real de Teherán, para exigir la creación de una “Cámara de Justicia” representativa, al que el monarca accedió, pero luego no concretó. En 1906 hubo brotes de sociedades y sentimientos revolucionarios y el intento de expulsión de Teherán de dos predicadores revolucionarios, levantó a miles de personas y paralizaron Teherán. Los manifestantes consiguieron la formación de una Asamblea representativa. La primera maylis (asamblea), la única que había de ser nombrada según la clase a la que se pertenecía, se abrió en octubre de 1906. La constitución se demoró más por la falta de la firma del Shah, que finalmente la firmó antes de morir en 1908. El modelo de constitución fue tomado de la constitución belga. La misma garantizaba la libertad de prensa y de asociación. Pero en junio de 1908 el nuevo Shah, Muhammad Ali Shah, dio un golpe de Estado, cerró el parlamento y ejecutó a líderes nacionalistas.

Una fuerza armada revolucionaria comenzó a avanzar desde el norte, convergiendo con la tribu bajtiar en Teherán en 1909. El Shah se refugia en Rusia, y es nombrado Shah su hijo menor de edad, con Nashir al mulk como regente. Se abre nuevamente el parlamento, bajo un nuevo sistema de representación única. Poco duraría, dado que Rusia dio un ultimatum a Irán para que no pueda contratarse a extranjeros sin el consentimiento ruso, a raíz de un episodio por un nombramiento de un americano para controlar las finanzas. La asamblea no lo aceptó, pero dada la movilización militar rusa, el gobierno disuelve el parlamento en 1911 y acepta las condiciones de esta potencia. Así termina la segunda experiencia constitucionalista/parlamentaria de Irán, casi tan breve como la primera. Recién en 1914 se elige una nueva asamblea.

La historia iraní seguirá signada por la dependencia extranjera, rusa y británica durante los años posteriores a la primera guerra mundial. Reducida la influencia rusa después de la Revolución bolchevique, la parte norte de Persia, Azerbaiyán, se convertirá en una República Soviética, mientras que el resto del país pasará a ser de facto un protectorado británico.

Dirá Von Grunebaun que “El poder independiente de los jefes tribales, terratenientes, miembros de la corte y sobre todo de los ulemas, se mantuvo mucho más fuerte en Irán que en Egipto o en el Imperio otomano, y la fuerza de estos intereses tradicionales y la falta de determinación de los Qayar ayuda a explicar por qué los esfuerzos de modernización fueron mucho más débiles en el Irán del Siglo XIX que en cualquier otra región del Oriente Próximo24.

5- A modo de epílogo.

Mientras por un lado una clase culta e ilustrada promovió inicialmente ideas de igualdad, democracia e identidades plurales, las demandas nacionalistas y separatistas de las minorías, siguiendo el espíritu de la época, que buscaban crear su propios Estados Nacionales, condujo también al crecimiento del movimiento nacionalista turco, que tomó el poder en 1908 y profundizó el desgarro social, en su afán de mantener el control territorial, y organizar el Estado como un Estado bajo exclusiva identidad y hegemonía turca. La entrada en la primera guerra mundial, en alianza con Alemania y Japón y lo que supuso en cuanto a desmantelamiento del Estado Imperial, tratados de Sevres y de Lausana mediante, que crearon los Estados árabes modernos “de diseño”, el Mashrek, por obra y gracia de burócratas ingleses y franceses que se repartieron como mandatos los territorios, y la creación de la República Turca, por las luchas mantenidas en forma clandestina por Mustafa Kemal “Ataturk”, consolidarían la emergencia del paradigma nacionalista en toda la región, reforzado por las luchas nacionales de los pueblos colonizados por los colonialismos europeos en el Magreb, la lucha contra los británicos en el Egipto “bajo mandato”, y la irrupción del Naserismo, harán que los modelos nacionalistas sean hegemónicos en el Próximo y Medio Oriente, hasta mediados de 1970, como por otra parte sucedió en la mayor parte del mundo tras los procesos de descolonización y el ascenso de nuevas clases y grupos sociales (especialmente pequeña burguesía y militares). No obstante las corrientes Islamistas continuaron creciendo den distintas líneas, generalmente en la oposición, denunciando especialmente los abusos del “faraonismo” y reivindicando ideas de justicia e identidad. Tanto entre las corrientes nacionalistas de los distintos pueblos de Oriente próximo, así como en las islamistas, han coexistido líneas políticas democráticas, como totalitarias. En el nacionalismo, desgraciadamente para nuestros países se impusieron corrientes de inspiración fascista o estalinista, incluso una praxis combinada de abas, y entre los islamistas, las corrientes integristas de orientación wahabi/salafí, descarnadamente retrógradas al calor de la marginación y exclusión social de sectores populares y como forma de oposición a dictaduras seculares que traicionaron su proyecto modernizador. El caso iraní sigue sus sendas particulares, creando un particular orden social basado en un Estado teocrático que tutela la sociedad con métodos totalitarios, y un discurso impregnado de antimperialismo y tercermundismo.

Las tradiciones inspiradas en el Islam político democrático siguen estando ahí, y gobiernan hoy en Turquía y Túnez, pero en forma muy frágil y también con aspectos cuestionables. Del diálogo entre sociedad civil, movimientos sociales, partidos nacionalistas democráticos, partidos Islamistas democráticos y las marginales izquierdas democráticas (también han prevalecido las izquierdas totalitarias de cuño soviético y maoísta), dependerá la construcción de un futuro diferente en Oriente próximo.

Pero estas historias y debates las dejo para próximos artículos.

RICARDO GEORGES IBRAHIM

1Ver al respecto el trabajo de THIERRY ZARCONE, “El Islam en la Turquía actual”. Biblioteca del Islam Contemporáneo Nº 28. Barcelona, España, 2005.

2Ver,ZARCONI, Thierry.Ob. Cit. Capítulo 3 “Las luces” otomanas: un liberalismo musulmán en los siglos XIX y XX.

3ZARCONI, Thierry. Ob cit. Cap. 3 pag. 79

4Ver ZARCONI, Thierry, Ob y cap. citados.

5ZARCONE, Thierry. Ob. Cit. Capítulo 3 “Las luces otomanas”. Sección “El Islam entre el constitucionalismo y el absolutismo”. Pág. 88

6Ver al respecto el Libro de Yves Ternon “Mardin 1915: Anatomía patológica de una destrucción”. Paris. 2002.

7YVES TERNON; Obra citada. Capítulo IV “Las masacres hamidianas en el vilayeto de Diyarbakir.

8VON GRUNEBAUN, Eduard. “El Islam II: Desde la caída de Constantinopla hasta nuestros días”. Cap. 1. “El Imperio otomano y la Turquía moderna”. Págs. 116 y 117.

9Ver GHALIOUN, Burhan, “Estado contra Nación. La crisis del mundo árabe”. Cap. “La emergencia de una Nación”. 1992.

10GHALIOUN, Burhan, Ob. Cit. Cap. cit. Pág. 2.

11GHALIOUN, Burhan. Ob. Cit.

12Ver VON GRUNEBAUN, E. El Islam II. Desde la toma de Constantinopla hasta nuestros días. Cap. 5. Pág 326.

13VON GRUNEBAUN. “El Islam II. Desde la toma de Constantinopla hasta nuestros días”. Cap. 5. Pág. 328.

14El Emir Abdel Kader es encarcelado por los franceses, pero tras su liberación se radica primero en Bursa y luego en Damasco, donde muere en 1883. Admirador del maestro sufí Sheikh Muheddin ibn Arabi, se aloja en la que fuera su casa en Damasco. Su libro más famoso se refiere a comentarios sobre este místico. El alienta en Sira al conocimiento de este místico del siglo XIII.

15Ver a VON GRUNEBAUN, E. Ob. Cit. Cap 6. África Septentrional. Pag. 376.

16VON GRUNEBAUN, E. Ob. Y cap. citados. Pág. 378

17VER VON GRUNEBAUN. Ob. Cit. Cap 5. El mundo árabe oriental, de Egipto a Sudán (Incluido Sudan). PAGS 121 A 124

18Ver VON GRUNEBAUN, “El Islam. Desde la caída de Constantinopla hasta nuestros días. Cap. Iran y Afganistán. Pags. 155 a 158.

19VON GRUNEBAUN, E. Ob. Cit. Cap.2 Pág 160.

20VON GRUNEBAUN E. Ob. Cit. Cap. 2, pág 160

21VON GRUNEBAUN E. Ob. Cit. Cap. 2, pág 161

 

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