La praxe, un ritual a superar

Praxe

Portugal es un país pequeño para muchos desconocido, una de los elementos que más llaman la atención es el ambiente universitario, lo que se conoce en Portugal como la Academia. Siguen existiendo todo una serie de rituales y tradiciones que son causa de controversia en este país. Nos gustaría abordar este capítulo acercando el artículo Praxe: en la Universidad y en la vida, integrante en la cobardía” de Daniel Oliveira, publicado en el periódico portugués Expresso el 19 de octubre de 2011.

 

“Felizmente, lejos quedan aquellos tiempos en que la entrada en la universidad suponía ser “doctor”. Y que un “doctor” era una especie de título nobiliario de la República, ante el cual la plebe se postraba respetuosamente con un “señor doctor” en cada frase. La Universidad, democratizada y abierta a más gente, perdió la capacidad de ofrecer a sus miembros el prestigio social de antaño. Y fue ahí, fuera de la ciudad de Coimbra[1], donde comenzó a inventarse una tradición. La tradición académica. Hasta aquí todo correcto. Cada uno viste los trajes que escoge y nada que decir a eso[2].

Comprendo la necesidad de ritualizar ese momento de la vida. Para mucha gente la entrada en la Universidad no es una mera continuación de los estudios. Es un motivo de orgullo familiar. Resultado de enormes sacrificios de padres e hijos. En el momento en que entran en la Academia, muchos de esos caloiros (novatos) creen que conseguirán dar el primer paso en la soñada ascensión social. No seré quién juzgue esto.

Bien distinta es la praxe[3]. También esta pretende dar a ese momento una importancia que no la tiene. Es un ritual de paso sin tradición alguna en la mayoría de las facultades, también en las más modernas. En el documental PRAXIS, filmado por Bruno Moraes Cabral en diversas universidades (Coimbra, Lisboa, Santarem, Setúbal, Beja) con el consentimiento de los implicados; por tanto, no está aquello que estos mismos pueden considerar como un abuso o exceso. Lo que se ve es una sucesión de humillaciones consentidas o toleradas por quien, estando fuera de su entorno, no tiene el coraje suficiente para decir no. La estupidez alcanza niveles abyectos. Los gritos groseros, la exhibición de simulaciones de actos sexuales, el ejercicio de manera guasona del poder arbitrario de quien, por unos días, no conoce límite alguno. Todo esto impresiona a aquellos que tengan algún amor propio y respeto por su autonomía, libertad y dignidad. Pero, la cuestión es más profunda que la susceptibilidad de cada uno.

El documental no es simplemente un mero acto de voyeurismo, muestra al espectador el otro lado. Como la aplastante mayoría de los caloiros se siente bien dentro de ese papel. ¿Por qué? Porque, como ya dije, aquello marca el inicio de un momento que juzgan que cambiará su vida. Pero, sobre todo, porque los “integra”. Y no se trata de una falacia. De hecho, en aquellos rituales violentos y humillantes, conocen personas y se sienten integrados en un grupo. Sus compañeros son, en aquel momento, vejados de la misma manera. No hay discriminaciones. Son todos “maricones”, “putas”, “gusanos”. En la pasividad y obediencia, no hay distinciones. Hasta el momento en que dejen de ser caloiros el único derecho a la “dignidad” será aquel que les permitan aquellos que les maltratan. Aceptan, porque como escribía Jean-Paul Sartre “es siempre fácil obedecer, cuando se sueña comandar”.

Sí, la praxe integra. La cuestión es saber en que integra. Porque la integración no es obligatoriamente positiva. Si ella nivela a todos por abajo debe ser evitada. Ante lo que es degradante los espíritus críticos se distinguen y resisten, y no se integran.

Ingenuos nosotros, suponemos que la Universidad debería promover lo contrario: la exigencia, el sentido crítico, la capacidad de rechazar la tradición por la tradición. La Academia que acepta el espíritu bovino de la obediencia está muerta. Porque será incapaz de innovar, de poner en causa y de cuestionar al resto de la sociedad. La universidad que, a través de rituales (que tienen un significado), promueve el seguidismo y la apatía, apenas es útil para la comunidad. Es un problema para el conocimiento y para la ciudadanía.

Más allá de lo que nos llega a través de la telebasura que nos entra en casa, lo que nos impresiona es la relación que la comunidad mantiene con aquello. Son raros los que ponen en causa tan estúpida tradición sin tradición alguna. Y es normal. Vemos en el documental como las estructuras universitarias – cuerpo directivo y docente – no solo toleran sino que promueven la estupidez. Las regiones y ayuntamientos conceden medios. Las empresas de refrescos lo patrocinan. Y hasta los miembros del clero lo bendicen, ante jóvenes de caras pintadas o con plumas en la cabeza. No se trata solamente de un momento de imbecilidad de algunos jóvenes y adolescentes. Porque es aceptado por todos, fue institucionalizado y parece ser visto por todos como un momento que da dignidad a la Universidad.

Así, con pequeños gestos simbólicos, se forja el alma de ciudadanos sin fibra. Incapaces de decir no. Incapaces de distinguirse de los demás. La praxe es la iniciación de una larga carrera de cobardía. En la escuela, ante las verdades indiscutibles de los “maestres”; en la calle, ante el poder político; en la empresa, ante el patrón. La praxe no es únicamente praxe¸ es un proceso de iniciación a la dignidad cotidiana, El peor esclavo es aquel que no se quiere liberar, y que encuentra en la esclavitud la comodidad de ser como los demás. Los caloiros que aceptan la praxe no son todavía esclavos, pero están entrenando para serlo”.

 

Solo un último apunte, este ritual ha dejado en el camino más de un muerto, algunos tetrapléjicos y parapléjicos y numerosos casos de depresiones. Aparte muchos de ellos han acabado en los tribunales.


[1] La Universidad de Coimbra es la más antigua y prestigiosa universidad de Portugal  y su fama es conocida en todo el mundo lusófono, para más información, leer el post Coimbra, Universidad y Repúblicas.
[2] En Portugal, aún muchos estudiantes siguen vistiendo el traje académico (traje, capa y sombrero).
[3] Son las novatadas que se realizan sobre los recién llegados.
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