No al Sumak Kawsay

Yasuní

“Lo que es de todos, debe ser protegido por todos”.

Palabras de Tarcisio Granizo, Subsecretario de Estado del Ministerio del Patrimonio de Ecuador.

Ecuador, a pesar de los grandes recursos naturales que atesora en su subsuelo, no deja de ser un país pobre. Esos recursos, si no se los explota poco pueden contribuir a la riqueza de sus ciudadanos. Cuenta con un gobierno que podemos considerar abiertamente de izquierda, si nos atenemos a las premisas europeas, y con profundas convicciones de defensa del medio ambiente.

Pero la pobreza de su gente, que exige con toda justicia, se siga cumpliendo con el plan del presidente Correa de mejorar la situación de un pueblo históricamente sediento de derechos.

¿Cómo conciliar entonces el paradigma de tener un subsuelo que reboza petróleo, que podría solucionar los problemas económicos y las aspiraciones del país, y el deseo de preservar intacta la selva del Parque Nacional de Yasuní, al este de su territorio?

La respuesta es muy complicada aunque simple: es necesario conseguir que “alguien” aporte los fondos necesarios para el despegue económico de Ecuador y que no sea necesaria la ampliación de las explotaciones petrolíferas al Yasuní. De allí nace el llamado que el presidente Correa, al frente de su gobierno y con el apoyo casi unánime de su pueblo, que denominó el Plan del Buen Vivir, el Suwak Kawsay. En palabras de su Subsecretario de Estado del Ministerio del Patrimonio, Tarcisio Granizo:

“No son ayudas o subvenciones que pedimos a los países ricos”. Llamamos a la corresponsabilidad de las naciones desarrolladas. Ellas pudieron crecer destruyendo los recursos naturales. Hoy, les mandamos una invitación para conservar el planeta”.

El gobierno ecuatoriano esperaba conseguir el 50% de los beneficios que supondría la explotación de los tres pozos que se encuentran en la zona del Parque Nacional de Yasuní, conocidos como los ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini). Pretendían que se pudiera conseguir alrededor de 3.000 millones de dólares. Que dichos fondos fueran depositados en el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), en una cuenta bloqueada y que fuera dicho organismo internacional el que se encargara de su administración.

El proyecto Suwak Kawsay era una verdadera declaración de principios  sobre el compromiso que la humanidad y los gobernantes de los países cumplieran con la tan cacareada defensa del medio ambiente y del desarrollo de los pueblos menos favorecidos.

Pero el real compromiso de los gobiernos del mundo alcanza a la ridícula suma de 13,3 millones de dólares. “El factor fundamental del fracaso del proyecto es que el mundo es una gran hipocresía”, se lamentaba el presidente Correa en el discurso en el que, casi con lágrimas en sus ojos, anunciaba al país haber dado la orden de poner en marcha el plan de explotación petrolífera de los pozos de ITT.

Poco más de trece millones de dólares, eso es todo lo que está dispuesto el mundo a dar por preservar el medio ambiente, ¡Lamentable!

En situación similar se encuentra el gobierno argentino con respecto a la explotación de las arenas bituminosas de la región de Vaca Muerta. (Invitamos a leer el post que en este blog hemos publicado bajo el título de “Vaca muerta, oportunidad o desastre”)

 

[1] Sumak Kawsay, palabras en idioma kichwa, hablada en vastas zonas de la cuenca amazónica y que significa Plan del Buen Vivir.

 

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