¿A quién sirve la posición de Alan Woods y su corriente internacional?

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Dada la relevancia del siguiente artículo reproducimos íntegro el artículo publicado en la web de Corriente Roja, no es sólo sobre siria, sino que va al corazón del debate sobre las izquierdas.

Alan Woods escribió el pasado mes de Junio un extenso artículo sobre Siria al que queremos responder en este texto.

Se ha escrito bastante sobre Siria en estos años de revolución y guerra civil, la mayoría de la izquierda, empezando por los hermanos Castro y el difunto presidente venezolano Hugo Chávez, se colocaron abiertamente al lado del dictador Bashar al Assad y su régimen. Alan Woods (que apoya al gobierno chavista, y aparecía como asesor de izquierda del mismo Chávez) y la organización que dirige a nivel internacional, la CMI, toma el nuevo rumbo de sus posiciones partiendo de que se había colocado en un principio en apoyo a la Revolución Siria.
Para los que no hayan leído el artículo de Alan Woods el texto completo se puede leer en http://luchadeclases.org/internacional/oriente-medio/1291-ino-a-la-intervencion-imperialista-en-siria.html

Resumimos los argumentos de Alan Woods para justificar su posición con extractos de su artículo: 1. “El movimiento en Siria comenzó como una revolución popular con apoyo de masas. Si ese movimiento hubiera estado armado con un programa genuinamente revolucionario, podría haber tenido éxito en conquistar a los sectores de la sociedad que apoyaban a Assad por falta de alternativa. Sin embargo, a falta de una dirección clara, el movimiento fue secuestrado por elementos reaccionarios y lo empujó en una dirección sectaria.”

2. Aliados regionales de Estados Unidos, los baluartes de la reacción, Qatar y Arabia Saudita, han estado vertiendo dinero, armas y mercenarios a Siria desde el primer día. Su objetivo no era en absoluto ayudar a los rebeldes que luchaban por el cambio en Siria, sino por el contrario, aplastar a los elementos revolucionarios y transformar lo que comenzó como un levantamiento popular en una guerra civil con connotaciones sectarias.

3. En la medida en que toda la situación se militarizó, la lucha fue privada de todo contenido revolucionario. Quienes controlaban el dinero y las armas fueron capaces de imponer condiciones. Los salafistas y yihadistas contrarrevolucionarios, generosamente apoyados por el dinero y las armas de sus mecenas multimillonarios de Riad y Doha, tomaron el control. Eso determina la naturaleza de la llamada oposición. (Subrayado nuestro)

A partir de ahí, la conclusión es que “la Revolución Siria ha sufrido una derrota”, y lo que existe ahora es una intervención imperialista sobre el país a través de sus aliados. Su conclusión es que es indiferente qué bando gane la guerra y la tarea inmediata de los revolucionarios en Siria sería esperar tiempos mejores.

La verdad es que después de leer estos párrafos uno tiene dudas de que alguna vez Alan Woods o su corriente apoyaran la Revolución Siria. Pero a los que conocemos su trayectoria no nos extraña que haya llegado a este punto, aunque lo cierto es que esta vez ha tenido que dar un rodeo e ir adaptando posiciones, ocultando y cambiando otras para poder finalmente tener algún argumento para poder seguir con los que son su guía para la revolución internacional: el chavismo sin Chávez.

Primero queremos analizar los argumentos de Alan Woods sobre la situación en Siria. El artículo empieza haciendo énfasis en que la prensa occidental (digamos proimperialista) sólo hace mención de las acciones del gobierno, que oculta la brutalidad de los yihadistas y salafistas. Esto no es cierto, pues todos hemos visto las imágenes de las que él habla sobre el miliciano salafista que se come el corazón de un soldado del régimen. Pero Alan Woods olvida algo importante, hay una realidad que no se puede negar, el régimen está masacrando a la población siria, con bombardeos indiscriminados, ejecuciones en masa, etc… Y es por ello el responsable de la inmensa mayoría de las muertes de civiles. Nosotros evidentemente no compartimos el canibalismo, ni la tortura, pero nos preguntamos por qué Alan Woods no se refiere a lo que la prensa occidental no ha publicado sobre ese hecho macabro. En internet se pueden encontrar las declaraciones de Abu Sakkar (el que se comió el corazón) diciendo que lo hacía porque cuando capturaban a un soldado del régimen veían los videos que tenían grabados en sus móviles, donde mostraban cómo violaban a las mujeres rebeldes o asesinaban niños. Según Woods la prensa occidental sólo se ocupa de las atrocidades gubernamentales, cuando de hecho lo que ocurre es que la prensa se ocupa de amplificar las acciones de salafistas y yihadistas haciendo aparecer la guerra civil como una guerra sectaria, donde podría ser peor el remedio que la enfermedad. Cada día más noticias aparecen en ese sentido: sobre la financiación de Qatar y Arabia Saudí, sobre el Frente Al Nusra que se declara ligado a Al Qaeda. O sea, lo mismo que hace Alan Woods.

El proceso de la Revolución Siria y los salafistas

En marzo de 2011 grandes movilizaciones se desarrollaron pidiendo la caída del régimen de Al Assad. Después de 8 meses de brutal represión, la Revolución comenzó a armarse y terminó abriéndose una situación de guerra civil que aún perdura, con el país dividido en zonas controladas por el régimen y zonas liberadas. Alan Woods plantea que a partir de la militarización de la Revolución, esta se perdió al ser copada por los salafistas. Nosotros pensamos que esta apreciación es profundamente equivocada.

Primero, hay que situar quiénes están combatiendo sobre el terreno. La mayor fuerza militar rebelde en Siria es el Ejército Libre de Siria, un conjunto de milicias y batallones relativamente heterogéneos, pero que conservan un patrón común. El número estimado actual de combatientes del ELS es de 80.000 milicianos. El mayor grupo salafista es Jabhat Al Nusra, que cuenta con unos 7.500 combatientes. Como vemos, a pesar de los progresos de los salafistas en los últimos meses (gracias al apoyo internacional que tienen, frente al aislamiento del ELS), las fuerzas no sectarias son ampliamente dominantes en el terreno militar rebelde.

En segundo lugar, en las zonas liberadas con una presencia importante de fuerzas salafistas, se están dando continuamente enfrentamientos de la población con ellos. Últimamente, estos enfrentamientos han llegado a ser armados en la ciudad de Al Dana o en las zonas kurdas. Los salafistas asesinaron a un jefe de batallón del ELS y los Comités Locales de Coordinación se han pronunciado contra ellos. En Raqqa, Alepo o Idlib (las zonas liberadas más importantes) se han vivido manifestaciones en las calles por los mismos motivos. El pueblo sirio está lejos de aceptar con alegría la tutela salafista, y hay una lucha viva en el campo rebelde contra la aplicación de los preceptos fanáticos de estas corrientes.

En tercer lugar, cada viernes siguen saliendo manifestaciones por toda Siria. Aunque ya no acumulen el mismo número de manifestantes que al principio debido al exilio forzado, la gente continúa semanalmente ocupando las calles. Por ejemplo, el viernes 19 de julio, el Centro de Estadística Sirio Independiente contaba manifestaciones en 73 puntos.

Por último, queremos destacar que las organizaciones que crearon las masas sirias a partir de su movilización siguen existiendo igual que al principio. Por ejemplo, la amplia red de Comités Locales, agrupaciones que comenzaron coordinando las manifestaciones pero también toman tareas de aprovisionamiento, organización e incluso gobierno en zonas liberadas. También existe la Unión de Estudiantes Libres de Siria, decenas de periódicos libres, multitud de iniciativas de periodismo para dar a conocer en el mundo lo que pasa dentro de Siria, de ayuda humanitaria profesional como médicos, enfermeros o psicólogos voluntarios, iniciativas culturales…

Uno de los argumentos que utiliza nos ha parecido de lo más peregrino:

“En la medida en que toda la situación se militarizó, la lucha fue privada de todo contenido revolucionario. Quienes controlaban el dinero y las armas fueron capaces de imponer condiciones. Los salafistas y yihadistas contrarrevolucionarios, generosamente apoyados por el dinero y las armas de sus mecenas multimillonarios de Riad y Doha, tomaron el control. Eso determina la naturaleza de la llamada oposición”.

Es la primera vez que leemos que cuando una revolución se militariza pierde su contenido revolucionario. Los revolucionarios la verdad es que siempre pensamos lo contrario, para destruir un régimen es necesario destruir la piedra clave del régimen, y de todo estado burgués, que son sus fuerzas armadas. Para ello las masas se arman o consiguen que las bases del ejército se pasen al lado de la revolución y así militarmente acaban con el régimen. Por eso una revolución que consigue destruir las fuerzas armadas del régimen pone en cuestión al mismo Estado. Una revolución que ha dejado intactas a las fuerzas armadas no puede pasar de una revolución democrática y no tiene posibilidades de avanzar a una revolución social.

Con todo esto queremos concluir que la Revolución Siria está viva, y que las facciones salafistas son minoría a todas luces. Decir como hace Alan Woods que el dinero y las armas están en manos de los salafistas y que por eso los esfuerzos de los revolucionarios son en vano es el mayor desprecio que alguien que se llama a sí mismo marxista ha podido hacer a las masas pobres y a los explotados del mundo. Es evidente que si tienen dinero y armas es más difícil pero si ese fuera el elemento determinante nunca habría habido ninguna revolución en el mundo, pues siempre el dinero y las armas estuvieron en manos de la minoría burguesa.

¿Es Al Assad laico o progresista?

Alan Woods reconoce en su texto que el gobierno sirio hace atrocidades, en artículos anteriores de su organización se denuncia a Al Assad como un gobierno capitalista que realiza planes neoliberales. Sin embargo en este último artículo Woods desliza, al criticar al islamismo rebelde, que el régimen sirio es progresivo:

“La victoria de los yihadistas representaría la reacción en su forma más negra y más cruel. Esto significaría la liquidación de todas las conquistas de los últimos 50 años, empujando lo que era un país civilizado con condiciones de vida aceptables a la barbarie. Significaría un baño de sangre salvaje de limpieza étnica contra los alauitas, cristianos y laicos. El lema “¡alauitas a la tumba, cristianos a Beirut!” nos da una advertencia razonable en cuanto al carácter y a las intenciones de los yihadistas. Su objetivo es provocar una guerra de exterminio Sunnita / Chiíta”.

Ya hemos respondido a una de las principales argumentaciones en las que se basan quienes defienden que la Revolución Siria sería un proceso reaccionario al estar encabezada por los salafistas. Ahora queremos devolver la pregunta: ¿Y el bando gubernamental? ¿Es laico y progresista?

A pesar de que una parte de la izquierda quiera venderlo así, respondemos que no. No lo es en el fondo, pero tampoco se preocupan de esconderlo en la forma. Así es como el muftí de la República leyó una fatua por televisión llamando a la yihad para defender el régimen, así es cómo los generales del ejército sirio llaman a los jóvenes a enrolarse para luchar “en el nombre de Hussein” (hijo de Alí, figura central del islam chiita) y así es como tras la conquista de Qusayr, lo primero que hicieron las tropas pro-gubernamentales es desplegar una bandera ofensiva sobre una mezquita sunnita. Los bombardeos del gobierno habían destruido en abril ya al menos 800 mezquitas, para sembrar el miedo pero sobre todo, el odio sectario.

Pueden decir esto es causa de la guerra y como reacción contra los salfistas, pero el régimen sirio tampoco antes de la guerra era laico:

En realidad el régimen sirio no es un estado laico en el que no importe la religión, o no, que uno profese. Los jefes religiosos tienen un gran papel en el régimen sirio. El régimen además fomentó la división y se apoyó en una de las facciones musulmanas, los alauitas (10% de la población) para controlar el ejército y las instituciones del estado. Está prohibido el matrimonio civil por lo que solo pueden casarse entre sí los que provengan de la misma religión. Los kurdos sirios fueron masacrados y discriminados durante décadas, solo con el inicio de la revolución les concedió la ciudadanía para tratar de neutralizar a este sector.

Si quedaba alguna duda sobre el régimen de Al Assad, sólo hay que mirar a sus aliados para despejarla definitivamente. Sobre el terreno, las tropas de Hezbollah sirven como tropa terrestre del régimen. Hezbollah traducido significa literalmente “Partido de Dios”.
En la arena internacional el principal apoyo de Al Assad es la República Islámica de Irán, con su ayatolá (que traducido significa señal de dios) como “líder supremo”.

Es ridículo querer justificar el apoyo a la dictadura de Bashar porque ésta supusiera un bando “laico” que enfrenta a “islamistas reaccionarios”. En realidad, es el régimen quien más esfuerzos hace en convertir la Revolución en un enfrentamiento sectario, para así debilitarla.

Tampoco con los palestinos de Siria (que provienen de los refugiados del año 48) Bashar ha tenido contemplaciones. Todos sus discursos en apoyo a Palestina se han ido definitivamente al basurero de la historia cuando inició los bombardeos al campamento de Yarmuk, donde vivían más de 150.000 personas entre palestinos y sirios, y que continúan hoy día. Los palestinos de Siria son parte de la revolución porque como el conjunto de la población siria sufren la misma miseria y falta de libertades.

¿50 años de conquistas?

Esto es lo segundo que llama la atención de la afirmación de Alan Woods ¿Por qué será que si el país venía, según Alan Woods, de 50 años de conquistas, era un país “civilizado” y había condiciones de vida aceptables, el pueblo sirio masivamente se levantó contra el régimen?

Solo unos meses antes, el 1 de Marzo de 2013, Fred Weston, también de la corriente de Alan Woods, explicaba en un artículo la naturaleza del régimen de Al Assad (http://www.luchadeclases.org/internacional/oriente-medio/1181-regimen-de-al-assad-que-se-ha-convertido.html), con su crecimiento del desempleo, principalmente de la juventud, el peso preponderante del sector privado o la caída del poder adquisitivo, o sea una situación semejante a la del resto de los países de la región. “La verdad, sin embargo, es muy concreta: no hay un gramo de antiimperialismo en el régimen de Al-Assad. No hay nada progresista en él que pudiera de alguna manera justificar el que los socialistas le otorguen al régimen, incluso el más crítico de los “apoyos críticos”.”

Alan Woods si fuera serio debería, antes de embellecer al régimen que apoyan sus amigos bolivarianos, decir que su propio compañero estaba equivocado y demostrar, si es que pudiera, los 50 años de conquistas. Recordemos que son 50 años de dictadura militar, donde ya el padre del actual dictador, del que fue su heredero, había realizado masacres con miles de muertos.

La falta de una dirección revolucionaria al gusto de Alan Woods

Es típico de los propagandistas el criticar a las masas por no hacer lo que sus esquemas tienen predeterminado. Eso hace este artículo, aunque ya lo habíamos visto en otros textos sobre la revolución siria de los últimos meses de su corriente. Así nos lo presenta el artículo de Woods:

“El movimiento en Siria comenzó como una revolución popular con apoyo de masas. Si ese movimiento hubiera estado armado con un programa genuinamente revolucionario, podría haber tenido éxito en conquistar a los sectores de la sociedad que apoyaban a Assad por falta de alternativa. Sin embargo, a falta de una dirección clara, el movimiento fue secuestrado por elementos reaccionarios y lo empujó en una dirección sectaria.”

En algo estamos de acuerdo, en Siria no hay una dirección revolucionaria que tenga como eje la revolución socialista. Pero las masas sirias si tienen un programa revolucionario: la derrota del régimen sanguinario de Bashar el Assad. Hace falta el programa de la revolución social y hace falta construir el partido revolucionario que promueva ese programa, pero eso se hace desde las trincheras de la revolución, tal y como esta se da en la realidad.

Ciertamente, una buena parte de los revolucionarios sirios se pueden encuadrar políticamente como islamistas moderados. ¿Cómo podríamos pedirles que las masas fueran izquierdistas si la mayor parte de la izquierda mundial está apoyando a quienes las masacra? Gran parte de la culpa del avance de los salafistas, o del avance del islamismo político, la tiene la misma izquierda que condena la Revolución por ello. ¿Cómo puede ser tan hipócrita Woods de acusar a los sirios de no seguir la dirección política que él propone cuando ha colaborando con el difunto presidente Chávez, conocido amigo y colaborador de la dictadura?

Las revoluciones se dan como se dan, no siguen un patrón determinado. Hay que mirarlas objetivamente, como se estén desarrollando. Las masas sirias se levantaron primero pacíficamente pero al verse reprimidas y asesinadas tomaron las armas para defenderse y para acabar con el régimen. El pueblo sirio no pudo construir una dirección revolucionaria al gusto de unos o de otros. La tiene que ir construyendo en medio de los bombardeos del gobierno y en un escenario en el que hay muchos intereses en juego. Y en medio de todo esto están construyendo sus propios organismo de poder: los comités locales, su Ejército Libre Sirio, sus organizaciones de Estudiantes Libres… Con todas sus debilidades y fortalezas. Es un proceso vivo que debería ser conocido y apoyado por todos los trabajadores y pueblos del mundo.

El antiimperialismo de Alan Woods

Dejamos prácticamente para el final lo que fue la justificación del texto al que criticamos, las declaraciones de Obama en el sentido de que iban a suministrar armas directamente a la oposición siria. Declaraciones y declaraciones que no se ha cumplido. Pero para Alan Woods esto es un escándalo pues significaría la intervención imperialista. De hacerlo sería para la guerra no se decantara claramente a favor del régimen como estaría ocurriendo en las últimas semanas.

Nosotros hemos denunciado precisamente lo contrario. El imperialismo está interviniendo hace tiempo en el conflicto sirio y lo ha hecho principalmente a favor del gobierno. El embargo de armas hasta ahora solo ha beneficiado a la dictadura, que se sigue armando a través de países como Rusia e Irán, de los suministros de combustible de Venezuela y del apoyo económico también de China y que cuenta sobre el terreno con la verdadera intervención extranjera, la de Hezbollah. Esto porque la política del imperialismo, que hasta hoy no ha cambiado, ha sido la de que la oposición negocie una transición con el régimen, que acabe dejando intactas las bases del actual, seguramente sin la presencia de Bashar el Assad. Al imperialismo lo que le preocupa es la inestabilidad de la región y lo Assad la habían garantizado los últimos 40 años, siendo los puntales junto al régimen egipcio de la supervivencia del Estado de Israel.

Por otro lado los aliados (como los reconoce Alan Woods) más directos del imperialismo en la región, Arabia Saudí y Qatar, están financiando a las facciones islamistas, con el claro objetivo de desvirtuar la revolución y debilitar a las masas sirias. Digamos de paso que ni Qatar ni Arabia Saudí suministraron nunca armamento pesado a las milicias que apoyan no fuera a ser que derrocaran al régimen demasiado deprisa.

Y ¿por qué no tienen derecho a recibir armas de EEUU o Europa los rebeldes sirios? Las masas sirias tienen derecho a poder armarse, vengan las armas de donde vengan. Recordemos que durante la Guerra Civil, o revolución española, toda la izquierda exigía el fin del embargo de armas que habían decretado las “democracias” europeas. El gobierno de la república española le pedía armas a Francia e Inglaterra. El pueblo sirio tiene el mismo derecho, de lo contrario, como hasta ahora los únicos que se arman hasta los dientes son las fuerzas armadas de la dictadura y en mucha menor medida las milicias salafistas.

Esta izquierda termina haciéndole el juego al imperialismo para aislar a la Revolución, haciéndose eco cuando declara que armará a los rebeldes pero olvidándose de que nunca lo hace.

Un curioso olvido en todos los textos de Alan Woods y de su corriente

Fred Weston denunciaba el pasado mes de marzo a los partidos comunistas por apoyar al régimen de Bashar el Assad, incluía incluso una declaración del Partido Comunista Israelí que decía que era preferible El Assad a un triunfo de los rebeldes. Como dijimos más arriba el colaborador de Alan Woods explicaba que el régimen de Bashar el Assad no tenía nada de antiimperialista ni progresista. Pero casualmente denuncia a los partidos comunistas pero no nombra ni a los hermanos Castro, al régimen cubano, ni por supuesto al venezolano de Chávez o su heredero Maduro.

Pero pongámonos en que Alan Woods tiene razón y que la revolución hoy está derrotada, nos cabría peguntarle entonces qué papel ha tenido la izquierda y sobre todo el gobierno al que él tanto defiende en que se haya llegado a la situación. ¿Por qué Alan Woods no dice nada sobre el papel de Chávez y el régimen castrista en la situación siria? ¿Podría ser diferente?

Ambos gobiernos se ha declarado amigos de Bashar al Assad, y Venezuela le suministra directamente el combustible que nutre a los tanques y a la aviación Siria. Ambos gobiernos son los que han encabezado la campaña de intoxicación informativa sobre la Revolución Siria. Son los que apoyaron las tesis de que las manifestaciones y la revolución eran una conspiración del imperialismo. Esa “izquierda” que declara a Bashar un antiimperialista, un defensor del pueblo palestino y enemigo de Israel, hasta humanista y socialista le han llamado. Son estos personajes de los que Alan Woods y sus amigos se olvidan los que ha ayudado al aislamiento de la Revolución Siria a nivel internacional, a que los trabajadores y pueblos del mundo no hayan salido en apoyo a la revolución como sí ocurrió con Túnez o Egipto. Y a la vez son los que han contribuido como decimos a que el pueblo sirio vea con desconfianza a la izquierda pues ve que gran parte de la “izquierda” apoya a la dictadura.

No negamos que se pueda cambiar de posición. Cualquier persona tiene derecho a hacerlo si le convencen los argumentos y sobre todo si la realidad, que es la que da y quita razones, demuestra que lo que uno defendía era equivocado. Lo que no es correcto es querer aparecer como que se apoya a la revolución para a continuación hacer todo lo posible por desprestigiarla, usando los argumentos precisamente del imperialismo, y tratar de desmoralizar a los revolucionarios llamándoles a la derrota.

Alan Woods con su artículo demuestra una vez más que ha abandonado el marxismo que dice defender. Los marxistas, como no puede ser de otra manera, estamos con la revolución, estamos incondicionalmente con el pueblo sirio, por la derrota de la dictadura y haremos todo lo posible, por muy humildes que sean nuestras posibilidades, de rodearles de solidaridad internacionalista.

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6 comentarios to “¿A quién sirve la posición de Alan Woods y su corriente internacional?”

  1. Es una verdadera vergüenza humana. Las grandes potencias, son las que están en guerra. Pero son los sirios los que están padeciendo en sus propias carnes, las pérdidas de vidas humanas inocentes, el desastre y sufrimientos humanos. !!POR FAVOR QUE DEJEN DE ENGAÑARNOS MÁS.

  2. Maravilloso , verdades como puños

  3. Madre mía «…Hace falta el programa de la revolución social y hace falta construir el partido revolucionario que promueva ese programa, pero eso se hace desde las trincheras de la revolución, tal y como esta se da en la realidad…» Ahora entiendo el despropósito de este artículo desde un punto de vista de clase. ˘No me puedo quitar de la cabeza «…hace falta construir el partido revolucionario que promueva ese programa, pero eso se hace desde las trincheras de la revolución». Así está la revolución en Siria. Primero hacemos la revolución sin partido ni programa, que oye, eso, mejor lo hacemos en las trincheras no vaya a ser un éxito la revolución.

  4. Anda he encontrado este articulo y mirado ahora ¿no os da vergüenza de lo que ponéis en el?
    O esperáis que el tiempo haga olvidar estas cosas

  5. Leyendo el artículo en la actualidad, se puede llegar a la conclusión que; Alan Woods os ha dejado en bragas, él si ha entendido a Marx, vosotros no.

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