Desinformados

Desinformados

Estamos informados de todo pero no nos entramos de nada

Ezequiel Fernández-Moores, periodista argentino.

Hace poco tiempo se cumplió el primer año de esta aventura que empezamos con la ilusión de poder servir como señalaba Maalouf de “correas de transmisión entre dos universos”. Estábamos cansados de ese enfoque en el cual todo lo que sucede en el mundo se ha de interpretar a ojos de occidente, obviando la idiosincrasia de los pueblos. Pues bien nos gustaría en este caso acercar un extracto de un texto que creemos por su contenido y autoría de gran relevancia.

“Dos de cada tres seres humanos viven en el llamado Tercer Mundo, pero dos de cada tres corresponsales de las agencias noticiosas más importantes hacen su trabajo en Europa y Estados Unidos. ¿ En qué consisten el libre flujo de la información y el respeto a la pluralidad, que los tratados internacionales afirman y los discursos de los gobernantes invocan? La mayoría de las noticias que el mundo recibe provienen de la minoría de la humanidad, y a ella se dirigen. Eso resulta muy comprensible desde el punto de vista de las agencias, empresas comerciales dedicadas a la venta de información, que recaudan en Europa y en Estados Unidos la parte del león de sus ingresos. Un monólogo del norte del mundo: las demás regiones y países reciben poca o ninguna atención, salvo caso de guerra o catástrofe, y con frecuencia los periodistas, que transmiten lo que ocurre, no hablan la lengua del lugar ni tiene la menor idea de la historia ni de la cultura local. La información que difunden suele ser dudosa y, en algunos casos, lisa y llanamente mentirosa. El sur queda condenado a mirar a sí mismo con los ojos que lo desprecian.

A principios de los años ochenta, la UNESCO patrocinó un proyecto, nacido de la certeza de la información no es una simple mercancía, sino un derecho social, y que la comunicación tiene la responsabilidad de la función educativa que ejerce. En ese marco, se planteó la posibilidad de crear una nueva agencia internacional de noticias, para informar con independencia, y sin ningún tipo de presión, desde los países que padecen la indiferencia de las fábrica de información y de opinión. Aunque el proyecto fue formulado en términos más bien ambiguos y muy bien cuidados, el gobierno norteamericano tronó de furia ante este atentado contra la libertad de expresión. ¿Por qué tenía que meterse la UNESCO en los asuntos que pertenecen a las fuerzas vivas del mercado? Los Estados Unidos se fueron de la UNESCO dando un portazo, y también se marchó Gran Bretaña, que suele actuar como si fuera colonia de la que fue su colonia. Entonces, se archivó la posibilidad de una información internacional desvinculada del poder político y del interés mercantil. Por tímido que sea, cualquier proyecto de independencia, puede amenazar en alguna medida, la división internacional del trabajo, que atribuye a unos pocos la función activa de producir noticias y opiniones , y atribuye a todos los demás la función pasiva de consumirlas.

Poco se informa sobre el sur del mundo, y nunca o casi nunca, desde su punto de vista: la información masiva refleja por regla general, los prejuicios de la mirada ajena, que mira desde arriba y desde afuera. Entre aviso y aviso, la televisión suele colar imágenes de hambre y de guerra. Esos horrores, esas  fatalidades, vienen del mundo donde el infierno acontece, y no hacen más que destacar el carácter paradisiaco de la sociedad de consumo …

Con los países pobres ocurre lo mismo que ocurre con los pobres de cada país: los medios de comunicación masivos sólo se dignan a echarles una ojeada cuando ofrecen alguna desgracia espectacular que puede tener éxito en el mercado. ¿Cuántas personas deben ser destripadas por guerra o terremoto, o ahogadas por inundación, para que algunos países sean noticia y aparezcan por una vez en el mapa? ¿Cuántos espantos deben acumular un muerto de hambre para que las cámaras lo enfoquen por una vez en la vida? El mundo tiende a convertirse en el escenario de un gigantesco reality show.”

Patas arriba. La escuela del mundo al revés

Eduardo Galeano

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