Simón Bolívar, ni lo uno ni lo otro.

Bolivar

Si hay una violencia justa, es aquella que se emplea

en hacer a los hombres buenos y, por consiguiente,

felices; y no hay libertad legítima sino cuando ésta se

dirige a honrar a la humanidad y perfeccionar su suerte

Simón Bolívar

Alerta…alerta…alerta que camina…

La espada de Bolívar por la América Latinal.

Simón Bolívar

 

Bolívar, como los grandes héroes, murió pobre y abandonado. Nadie se acordaba de él y de su obra, la independencia de más de la mitad de Sudamérica, cuando murió rodeado sólo de unos pocos amigos en una plantación de San Pedro Alejandrino, a las afuera de Santa Marta (Colombia). Cuando su médico le comunicó la imposibilidad de salvarlo, pronunció aquella extraordinaria frase, que le sirvió a Gabriel García Márquez[1] para describir sus últimas horas: “¿Y ahora, cómo salgo yo de este laberinto?”.

Su pensamiento y manera de obrar lo convirtieron, sin embargo, en una figura controvertida. Mussolini, en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, reivindico su figura mostrándolo como un condottiero, más un hombre de acción que de pensamiento. Hoy, al fragor de enfrentamientos políticos e ideológicos en varios países de Latinoamérica, volvemos a encontrarlo en un primer plano, haciéndolo ver casi como un revolucionario marxista.

Ni lo uno, ni lo otro. Repasemos un poco el pensamiento bolivariano para comprender su alcance y, de paso, homenajearlo como Libertador. Y nada mejor que esta frase suya para resumir su ideario.

“El Sistema de Gobierno más perfecto, es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma estabilidad diplomática”

Bolívar no escribe una obra doctrinal; su pensamiento se desgrana entre algunas cartas[2], o en discursos[3], escritos como el Manifiesto de Cartagena o en la propia obra de gobierno realizada al frente de los de la Gran Colombia, Ecuador y Perú.

Podemos resumirlo en pocas palabras, pero sería necesario profundizar en cada uno de ellos: el derecho a la educación pública gratuita y obligatoria; evitar la intromisión extranjera en las naciones americanas así como la dominación económica de las potencias sobre los países del área; impulsar una estructura jurídica de gobernabilidad, bajo un esquema de políticas sociales, donde impere el reino de la igualdad de oportunidades, respeto de la dignidad humana, defensa de la territorialidad, estimulo al desarrollo interior, protección de los recursos naturales no renovables, la nacionalización de los recursos y propone y posiblemente su máxima aspiración y fracaso, la integración energética, económica y política de los países de Latinoamérica.

Si profundizamos en estos principios podemos encontrar tanto al condottiero de Mussolini o al Che Guevara que intenta levantar Hugo Chávez. Pero posiblemente Bolívar no sea ni lo uno ni lo otro sino un hombre del siglo XIX con una amplia visión de la política a seguir en Latinoamérica, quizás inspirada en los resultados conseguidos por los Estados Unidos de Norte América luchando por un subcontinente unido y fuerte.

Pero no olvidemos nunca lo que en otra de sus frases nos recomienda:

Homobres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados, constituyen la República”


[1] El libro al que nos referimos es El general en su laberinto.

[2] La más famosa de ellas es la llamada de Jamaica, enviada desde el exilio a sus correligionarios neogranadinos.

[3] Se recomienda buscar y leer el llamado discurso de Angostura.

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