Latinoamérica, buscando la unión.

“La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres,sino inexorable decreto del destino”

Simón  Bolívar

América Latina se encuentra en uno de los momentos más dulces en sus dos siglos de historia, por primera vez desde que se produjera la independencia de la metrópoli, deciden y dictan su futuro sin esperar el visto bueno de ninguna potencia imperialista, con perdón de la influencia china y de las reglas del capital.

La influencia que están alcanzado los países de Latinoamérica es notable, ya no es el patio trasero de nadie. Tienen voz y se hacen escuchar, aunque lo que digan no guste en occidente, han recuperado soberanía y, porque no decirlo, dignidad.

En este clima de recuperación de la iniciativa y dentro de un mundo global, han surgido en las dos últimas décadas una serie de acuerdos entre países que han llevado a la formación de distintas alianzas de índole político-económico:

  1. Alianza Bolivariana para América y Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP): los países que lo forman son: Antigua y Barbuda, Bolivia, Cuba, Dominica, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas y Venezuela.
  2. Alianza del Pacífico (AP): la última en crearse y cuyo acuerdo marco de constitución se llevó a cabo el pasado mes de junio, la conforman: Chile, Colombia, Méxijo y Perú y se encuentran como observadores Costa Rica y Panamá.
  3. Mercosur: la alianza pionera, compuesta por: Argentina, Brasil y Uruguay. En estos momentos Paraguay se encuentra suspendido por la violación que se produjo con el derrocamiento del ex–presidente Fernando Lugo. Los miembros asociados son Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela que pasará a ser miembro pleno el próximo 31 de julio.

Cada una de estas uniones tiene unos sellos de identidad bien marcados. Existen una serie de características que nos permiten comprender a grandes rasgos estas alianzas. En primer lugar, el ámbito geográfico, Mercosur y el ALBA-TCP miran al Atlántico, excepto en el caso de Ecuador y Nicaragua y la AP da a la fachada pacífica. En segundo lugar, el origen de la unión, por un lado aquella cuya raíz es de índole político e ideológico, como es el caso del ALBA-TCP, o por el contrario aquellas que se basan en las relaciones comerciales y económicas como son los caso del Mercosur y la AP. Otra característica que se puede apreciar, es que en los casos del Mercosur y el ALBA-TCP, las políticas que siguen en estos momentos sus dirigentes son de tendencia izquierdista y populista (entendiéndose este término desde el punto de vista americano, movimientos próximos a los planteamientos de la izquierda por contra a los europeos), y por otro lado, en el caso de la AP lo conforman países que siguen políticas de derechas, salvo el caso actual del Perú.

Estas uniones podrían parecer a simple vista un intento de reproducir el modelo de la Unión Europea (UE). Pero estaríamos obviando todos los rasgos culturales que diferencian un continente de otro y por supuesto la historia de Latinoamérica y el proceso que siguió esta hacia su emancipación, que fue dirigida por una elite de criollos liberales afrancesados (para ampliar, véanse los post, Los caballeros racionales y Las logias lautarianas), Francia era por entonces la vanguardia del progresismo. Son estos mismos criollos liberales los que sueñan con una América unida bajo un mismo mando, siendo la Gran Colombia planteada por Simón Bolívar el germen de esta idea.

Que confluyan o no en una gran alianza americana es algo que solo ha de concernir a los distintos pueblos de América, pero una América unida y cohesionada con un sola voz, podría jugar un papel muy importante en lo que devenga en un futuro. Esta tarea no será fácil, el laboratorio de pruebas europeo está a punto de estallar por los aires, y no creo que fuese concebible una unión a la europea, donde Brasil haga de Alemania y Méjico de Francia. De hecho, son estos factores, los que han provocado roces entre Argentina y Brasil en el Mercosur, o que Méjico decida junto a otros países con un potencial menor al suyo ir por otro lado, creando una alianza donde tenga la voz cantante y que sirva de contrapeso a la influencia que está adquiriendo el Mercosur.

La unión sería buena siempre y cuando, el reparto de las cuotas de poder y la dirección en la que se muevan las políticas no dependan únicamente del potencial económico. Si esto se produce, en lugar de una unión de los pueblos de la América Latina sería la ampliación de las fronteras del mercado brasileño. Al fin y al cabo eso es la UE, un lugar donde cada cual cumple el papel que asigna Alemania, que cuando sacia su expansionismo permite la entrada de nuevos países para seguir creciendo, subvenciona a los países para que lleguen al punto en el que puedan comprar sus productos y cuando vienen mal dadas, allá se pudran, sino que le pregunten al arco de países del Mediterráneo.

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