YPF, de Yrigoyen a Perón

“Porque entregar nuestro petróleo es

como entregar nuestra bandera”

GENERAL ENRIQUE MOSCONI

 Aunque desde casi una década antes se habían detectado reservas petrolíferas en zonas del Atlántico sur argentino, será recién en el año 1907, bajo la presidencia del cordobés José Figueroa Alcorta, cuando se confirma la existencia de grandes yacimientos en las inmediaciones de la ciudad de Comodoro Rivadavia. En ese momento no se impulsó desde el gobierno nacional ninguna política clara de explotación del recurso.

Comodoro Rivadavia, se había fundado sólo seis años antes, en las costas del golfo de San Jorge, con la finalidad de asentar en ella a las autoridades de la entonces Comandancia Militar del mismo nombre, que abarcaba los territorios del sur de Chubut y los del norte de la provincia de Santa Cruz. No dejaba de ser una pequeña base militar que contaba en los alrededores numerosos asentamientos de colonos europeos. A partir de la explotación del recurso energético la ciudad creció hasta contar en la actualidad con un desarrollo urbano de cerca de 150.000 habitantes.

Es el 12 de diciembre de 1907 (algunos documentos fijan la fecha en el día siguiente) cuando el ingeniero alemán José Fuchs, contratado por el gobierno argentino, extrae las primeras muestras de petróleo pocos kilómetros al norte del poblado.

Desde ese primer momento se entabla en todo el territorio nacional una polémica política y económica con dos puntos clave de discusión: quién es el legítimo dueño del petróleo encontrado y quién puede explotarlo. Todavía hoy la polémica subsiste.

Figueroa Alcorta dictará dos días después, el 14 de diciembre, la primera normativa referida a la defensa del hidrocarburo por parte del estado. En el artículo primero del Decreto decía que: «Queda prohibida la denuncia de pertenencias mineras y concesión de permisos de cateo en el puerto de Comodoro Rivadavia territorio de Chubut, en un radio de cinco leguas kilométricas, a todo rumbo, contándose desde el centro de la población”.

La legislación vigente en aquellos años, sin embargo, consideraba que la extracción y explotación de ese tipo de recursos debía recaer en el sector privado, pero el arranque del presidente convierte a su decreto en la primera salida “nacionalista” desde los años de los caudillos federales montoneros del siglo XIX. Y esto traerá posteriormente muy importantes consecuencias políticas e ideológicas.

Roque Sáenz Peña, hijo de una familia partidaria del federal Juan Manuel de Rosas, gobernará el país a continuación de Alcorta y será el encargado de crear, junto a la ley electoral que lleva su nombre y que modernizó y democratizó la política nacional, la Dirección General de Explotaciones del Petróleo (DGEP), colocando al frente de la misma al ingeniero Luis Augusto Huergo, con el propósito que dicho organismo regule la actividad de las compañías extranjeras que ya estaban empezando a asentarse en el país. Corría el año de 1910.

Pero seis años más tarde, entre 1916 a 1922, subirá a la presidencia del país Hipólito Yrigoyen. Con él se produce el primer acercamiento de las clases populares al centro del poder. Yrigoyen, conocido como “El Peludo”, pertenecía a la Unión Cívica Radical y es el primer presidente elegido en sufragio universal en el país. Un seguidor del krausismo y de las enseñanzas de Francisco Giner de los Ríos, llegará al gobierno aupado por el voto de amplios sectores populares emergentes, que a partir de la amplia inmigración europea, fundamentalmente italianos, producida desde finales de los ’80 del siglo anterior, constituyen la incipiente clase obrera nacional, junto a pequeños agricultores y campesinos.

Hasta 1922 se seguirá explotando el petróleo por medio de empresas foráneas, que operan bajo el control de la DGEP. Pero las estadísticas muestran una productividad escasa y corren muchos rumores sobre irregularidades en la venta del hidrocarburo. Yrigoyen es asesorado por un joven militar que cumplirá un papel relevante en la historia del petróleo en Argentina: el entonces coronel Enrique Mosconi. Entre ambos desarrollarán una amplia legislación al respecto.

Será Marcelo Torcuato de Alvear, también radical y sucesor de Yrigoyen, quien llevará a la práctica la estructura planeada por Yrigoyen y Mosconi. El 16 de octubre de 1922, cuatro días después de asumir la primera magistratura, procede a eliminar la antigua DGEP y reemplazarla por un nuevo organismo: la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, y Mosconi asume la dirección del recién creado ente.

Enrique Mosconi, militar e ingeniero, transformará totalmente la situación existente. Durante los siguientes 8 años que permanece al frente de YPF centrará todos sus esfuerzos en la explotación y desarrollo de la industria petrolera.

Según la legislación de inspiración yrigoyenista se otorga a YPF el monopolio legal de todo el petróleo que se encuentre dentro del subsuelo del territorio nacional y del llamado mar continental (hasta la profundidad de 200 metros según la doctrina elaborada por las autoridades argentinas), mientras exista como Sociedad del Estado. Será a través de ella que las empresas extranjeras, Esso y Shell fundamentalmente, conseguirán permisos de explotación, pero siempre bajo las condiciones impuestas por la nacional YPF.

YPF pasará a ser, junto a la explotadora nacional de la URSS, las únicas empresas estatales que a nivel mundial realizarán todas las actividades que giran alrededor de la explotación petrolera: exploración, extracción, refinamiento, transporte y comercialización.

El pensamiento profundamente nacionalista del general Mosconi quedará evidente en dos aspectos capitales: la consolidación y ampliación de YPF buscando la creación de una gran empresa en manos del fisco para poder hacer frente a reclamos individuales que pudieran ir contra los intereses generales del país.

El segundo aspecto relevante se refiere a una pionera concepción del trabajo que tiene el ya general-ingeniero. La atención integral del trabajador: junto al empleo se procuraba la obtención de la vivienda, la educación de sus hijos e incluso el tiempo libre. Pero la labor de YPF se amplió también con la movilización de ingentes recursos destinados a la creación de infraestructuras: se abrieron cientos de kilómetros de caminos, se mejoraron las comunicaciones, se instalaron cientos de escuelas en las poblaciones creadas alrededor de las explotaciones petroleras, se construyeron barrios obreros.

Pero fijémonos ahora en el desarrollo político que, paralelamente a la explotación industrial, representó la figura del general Mosconi. Las dos citas que se señalan a continuación pintan de cuerpo entero su ideario:

«No queda otro camino que el monopolio del Estado pero en forma integral, es decir, en todas las actividades de esta industria: la producción, la elaboración, el transporte y el comercio […] sin monopolio del petróleo es difícil, diré más, es imposible para un organismo del Estado vencer en la lucha comercial las organizaciones del capital privado

«Resulta inexplicable la existencia de ciudadanos que quieren enajenar nuestros depósitos de petróleo acordando concesiones de exploración y explotación al capital extranjero, para favorecer a éste con las crecidas ganancias que de tal actividad se obtiene, en lugar de reservar en absoluto tales beneficios para acrecentar el bienestar moral y material del pueblo argentino. Porque entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera.»

Leyendo estas frases no resulta nada raro que tanto el general Perón, tres veces presidente de la Argentina, y el venezolano Hugo Chaves, en la actualidad, se digan seguidores de la doctrina elaborada por Mosconi. Sus ideas influyeron también en la creación del Conselho Nacional do Petróleo (CNP) brasileño, el germen de la poderosa Petrobras actual y de otras empresas nacionales como los Yacimientos Petrolíferos Bolivianos.

Pero Mosconi no logra, a pesar de sus esfuerzos, conseguir materializar su máxima aspiración: el autoabastecimiento petrolero de Argentina. Su tarea será retomada bajo los dos primeros gobiernos del general Perón, entre los años 1946 a 1955, aunque este tampoco lo conseguirá.

Aunque la aparición de Perón en la escena política argentina se debe a una serie de hechos muy diversos, uno de ellos los principales lo constituye la creación del llamado Grupo de Oficiales Unidos de la que formaba parte, una logia que tiene como objetivo terminar con la llamada “década infame”, una década plagada de fraudes y sucesivos golpes de estado.

Las bases ideológicas de este segundo movimiento de masas se edifica, entre otros elementos, con los viejos principios del yrigoyenismo, o el pensamiento del general Mosconi, permanentemente citado por Perón a lo largo de todos sus años de gobierno.

Perón tampoco logra el autoabastecimiento petrolero a pesar de los grandes esfuerzos que se realizan. La falta de recursos suficientes y el boicot declarado de la industria norteamericana que le niega el abastecimiento de repuestos y maquinarias serán las principales causas del fracaso, a pesar de los acuerdos que realiza con algunas productoras norteamericanas.

El autoabastecimiento seguirá siendo la asignatura pendiente de la empresa petrolera. Cuando a finales de los ’50, el correntino Arturo Frondizi al frente de una escisión de la Unión Cívica Radical y contando con el apoyo electoral del Movimiento Peronista, proscripto tras el golpe de estado que derrocó a Perón en 1955, conseguirá hacer realidad el tan buscado anhelo nacional: que el petróleo producido dentro del territorio fuera suficiente para cubrir la demanda interna.

El precio que debe pagarse es la incorporación al proceso de producción petrolífera de grandes compañías extranjeras, aunque siga siendo YPF quien estará siempre a la cabeza de las mismas.

El panorama no cambiará en muchos años. Exactamente hasta finales de la década de los ’80, cuando asume la presidencia Carlos Saúl Menem. Durante su primer mandato presidencial (1989-1995) el deterioro económico del país es muy profundo y, ante la influencia directa del Fondo Monetario Internacional, comienza proceso de privatización de las principales empresas que estaban hasta ese momento en manos del estado: YPF será una de las “víctimas” de esa política que, como se había establecido en sus estatutos fundacionales, dejó de ser una Sociedad del Estado.

Pero eso es otra historia.

Al margen de los avatares económicos sufridos a lo largo de su historia, YPF ha representado siempre, en el ideario del pueblo argentino, especialmente entre sus clases más populares, la lucha por su independencia, por su autodeterminación como pueblo. Más que una empresa se la considera como un auténtico estandarte y no son pocos los que hoy en día recurren todavía al espíritu de Mosconi a la hora de elaborar política.

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